El aislamiento es un mecanismo de defensa psicológico que separa los pensamientos y sentimientos asociados a un evento estresante para reducir su impacto emocional, permitiendo que la persona continúe funcionando normalmente. Consiste en interrumpir las conexiones entre un recuerdo desagradable y los sentimientos relacionados para mantener la carga emocional débil. Un ejemplo es cuando alguien narra un suceso doloroso sin mostrar emoción.