Paula, Beatriz y Tania.
El cisma de occidente fue un mal
entendido temporal aunque obligo a
la iglesia a buscar durante 40 años a
su verdadera cabeza, fue alimentado
por la política y las pasiones y fue
terminado por el ensamble de los
concilios de Pisa y Constanza. Esta
división religiosa, que es mucho
menos seria que el cisma de
oriente, será examinada en su
origen, su desarrollo, los medios
empleados para terminarla y su final
en 1417, mediante la elección de un
solo papa.
La lucha entre Roma y Aviñón fue causa de un mal
mayor: el gran cisma, que dividió a la cristiandad
durante 39 años.
Se produce cuando a la muerte en el año 1378
de Gregorio XI -que había trasladado a Roma la
sede papal desde Aviñón-, los cardenales
romanos eligieron como sucesor al italiano
Urbano VI.
La oscuridad del problema estaba en que la
clave de la legitimidad de uno u otro papa
dependía de algo tan difícil de comprobar
como la validez de la elección de Urbano VI.
El Gran Cisma de Occidente se
debió principalmente a la
rivalidad entre los cardenales
franceses y los italianos; cada
partido quería un Papa de su
respectiva nación. Así se llegó a
establecer el doble papado, uno
en Roma y otro
en Aviñón, opuestos entre si, que
dividieron la
cristiandad, ocasionando un
profundo descontento en la
Iglesia.
A la muerte de Gregorio XI, se reunieron los cardenales
residentes en Roma sin esperar a los ausentes; eran 11
franceses, 4 italianos y un español, Pedro de Luna. El
pueblo romano se reunió en la plaza vaticana pidiendo un
Papa romano. En la mañana del 8 de abril, los cardenales
eligieron un italiano, que tomó el nombre de Urbano VI.
Diez días después los cardenales asistieron a la
coronación y prestaron obediencia al nuevo Papa. Muy
pronto el carácter intemperante de Urbano VI con los
cardenales, el disgusto de muchos de estos porque el
Papa no quería volver a Aviñón y los apremiantes
requerimientos del rey de Francia crearon una situación
peligrosa que terminó en cisma.
Un grupo de cardenales franceses se alejó de Roma
cuatro meses más tarde y publicó un manifiesto
proclamando inválida la elección de Urbano VI por falta
de libertad; luego procedió a la elección de un nuevo
Papa, que tomó el nombre de Clemente VII, el cual fijó su
residencia en Aviñón.
Al ocurrir la muerte de Urbano VI, los cardenales de Roma eligieron sucesivamente a Bonifacio IX (1389-
1404), a Inocencio VII (1404-1406) y a Gregorio XII (1406-1415). Los cardenales de Aviñón hicieron lo
mismo a la muerte de Clemente VII, eligiendo a Pedro de Luna, que tomó el nombre de Benedicto XIII. A
pesar de haberse comprometido a renunciar, si fuera necesario, para poner término al cisma, no
cumplió su palabra cuando llegó el caso. Por el contrario, mejores deseos manifestaron los Papas
legítimos.
Los serios perjuicios causados por el cisma a la Iglesia, movieron a muchos a ponerle fin. La Universidad
de París propuso tres procedimientos:
1°) la abdicación de los dos Papas;
2°) La reunión de un concilio para decidir autoritariamente;
3°) un compromiso entre todos para someterse a la decisión de un árbitro. Prevaleció el segundo. La
mayor parte de los cardenales de Gregorio XII y Benedicto XIII convinieron contra la voluntad de ambos,
celebrar un concilio en Pisa en 1409. A él asistieron 34 cardenales y numerosos obispos y teólogos y
embajadores de las naciones. La celebración se basaba erróneamente en el principio de la superioridad
del concilio sobre el Papa, teoría muy extendida entonces.
El anhelo de la cristiandad [2] de acabar
con el cisma, se logró en el concilio de
Constanza, al que dio todo su apoyo el
emperador Segismundo. Se llegó a
obtener primero la renuncia de Juan
XXIII y luego se le obligó a mantenerla, y
también renunció Gregorio
XII [3], después de reconocer al concilio.
Sólo el Papa Luna se negó a abdicar, por
lo que fue depuesto, retirándose, al
verse abandonado de casi todos, a la
fortaleza de Peñíscola en España.
Entonces (11 de noviembre) se eligió
a Martín V (1417-1431) a quien
reconocieron todas las naciones de la
cristiandad. El nuevo Papa se propuso
juntamente con el Concilio, la reforma
de la Iglesia, pero el asunto se estancó
por causa del conflicto surgido entre el
Papa y los que sostenían la superioridad
del Concilio. Más afortunado fue Martín
V en la empresa de imponer su
autoridad y pacificar a Roma y a los
Estados Pontificios, para lo cual se rodeó
de buenos colaboradores, como
Capranica y Cesarini.
El cisma de Occidente

El cisma de Occidente

  • 1.
  • 3.
    El cisma deoccidente fue un mal entendido temporal aunque obligo a la iglesia a buscar durante 40 años a su verdadera cabeza, fue alimentado por la política y las pasiones y fue terminado por el ensamble de los concilios de Pisa y Constanza. Esta división religiosa, que es mucho menos seria que el cisma de oriente, será examinada en su origen, su desarrollo, los medios empleados para terminarla y su final en 1417, mediante la elección de un solo papa.
  • 4.
    La lucha entreRoma y Aviñón fue causa de un mal mayor: el gran cisma, que dividió a la cristiandad durante 39 años. Se produce cuando a la muerte en el año 1378 de Gregorio XI -que había trasladado a Roma la sede papal desde Aviñón-, los cardenales romanos eligieron como sucesor al italiano Urbano VI. La oscuridad del problema estaba en que la clave de la legitimidad de uno u otro papa dependía de algo tan difícil de comprobar como la validez de la elección de Urbano VI.
  • 5.
    El Gran Cismade Occidente se debió principalmente a la rivalidad entre los cardenales franceses y los italianos; cada partido quería un Papa de su respectiva nación. Así se llegó a establecer el doble papado, uno en Roma y otro en Aviñón, opuestos entre si, que dividieron la cristiandad, ocasionando un profundo descontento en la Iglesia.
  • 6.
    A la muertede Gregorio XI, se reunieron los cardenales residentes en Roma sin esperar a los ausentes; eran 11 franceses, 4 italianos y un español, Pedro de Luna. El pueblo romano se reunió en la plaza vaticana pidiendo un Papa romano. En la mañana del 8 de abril, los cardenales eligieron un italiano, que tomó el nombre de Urbano VI. Diez días después los cardenales asistieron a la coronación y prestaron obediencia al nuevo Papa. Muy pronto el carácter intemperante de Urbano VI con los cardenales, el disgusto de muchos de estos porque el Papa no quería volver a Aviñón y los apremiantes requerimientos del rey de Francia crearon una situación peligrosa que terminó en cisma. Un grupo de cardenales franceses se alejó de Roma cuatro meses más tarde y publicó un manifiesto proclamando inválida la elección de Urbano VI por falta de libertad; luego procedió a la elección de un nuevo Papa, que tomó el nombre de Clemente VII, el cual fijó su residencia en Aviñón.
  • 7.
    Al ocurrir lamuerte de Urbano VI, los cardenales de Roma eligieron sucesivamente a Bonifacio IX (1389- 1404), a Inocencio VII (1404-1406) y a Gregorio XII (1406-1415). Los cardenales de Aviñón hicieron lo mismo a la muerte de Clemente VII, eligiendo a Pedro de Luna, que tomó el nombre de Benedicto XIII. A pesar de haberse comprometido a renunciar, si fuera necesario, para poner término al cisma, no cumplió su palabra cuando llegó el caso. Por el contrario, mejores deseos manifestaron los Papas legítimos. Los serios perjuicios causados por el cisma a la Iglesia, movieron a muchos a ponerle fin. La Universidad de París propuso tres procedimientos: 1°) la abdicación de los dos Papas; 2°) La reunión de un concilio para decidir autoritariamente; 3°) un compromiso entre todos para someterse a la decisión de un árbitro. Prevaleció el segundo. La mayor parte de los cardenales de Gregorio XII y Benedicto XIII convinieron contra la voluntad de ambos, celebrar un concilio en Pisa en 1409. A él asistieron 34 cardenales y numerosos obispos y teólogos y embajadores de las naciones. La celebración se basaba erróneamente en el principio de la superioridad del concilio sobre el Papa, teoría muy extendida entonces.
  • 8.
    El anhelo dela cristiandad [2] de acabar con el cisma, se logró en el concilio de Constanza, al que dio todo su apoyo el emperador Segismundo. Se llegó a obtener primero la renuncia de Juan XXIII y luego se le obligó a mantenerla, y también renunció Gregorio XII [3], después de reconocer al concilio. Sólo el Papa Luna se negó a abdicar, por lo que fue depuesto, retirándose, al verse abandonado de casi todos, a la fortaleza de Peñíscola en España. Entonces (11 de noviembre) se eligió a Martín V (1417-1431) a quien reconocieron todas las naciones de la cristiandad. El nuevo Papa se propuso juntamente con el Concilio, la reforma de la Iglesia, pero el asunto se estancó por causa del conflicto surgido entre el Papa y los que sostenían la superioridad del Concilio. Más afortunado fue Martín V en la empresa de imponer su autoridad y pacificar a Roma y a los Estados Pontificios, para lo cual se rodeó de buenos colaboradores, como Capranica y Cesarini.