El documento discute la naturaleza ambivalente del deporte y su capacidad para transmitir tanto valores positivos como negativos. Señala que la simple práctica deportiva no es suficiente para fomentar valores, sino que se requieren programas específicos. También presenta diferentes perspectivas éticas sobre el valor del deporte y la competición, desde su potencial para promover la excelencia humana hasta su capacidad para generar comportamientos poco éticos cuando prima sólo la búsqueda de la victoria.