Maximiliano llegó a México en 1864 para gobernar como emperador, aplicando políticas liberales pero manteniendo la religión católica. Trató de desarrollar el país pero tuvo conflictos con los conservadores y la Iglesia. Finalmente, Napoleón III retiró su apoyo militar debido a problemas en Europa, dejando a Maximiliano sin apoyo, quien fue juzgado y ejecutado por los republicanos en 1867.