Dios se revela a Moisés en el desierto a través de una zarza ardiente, encargándole la misión de liberar al pueblo de Israel de Egipto. Al preguntarle Moisés por su nombre, Dios se presenta como 'Yavé', señalando su naturaleza eterna y única. Este nombre, esencial para la invocación divina, fue un privilegio exclusivo otorgado a Moisés y a través de él al pueblo de Israel.