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PALABRAS EN EL SILENCIO.
            USO E INTERPRETACIÓN DE LA COMUNICACIÓN NO VERBAL
                            EN LA OBRA DE AURA

                               Alejandra Patricia Gómez Cabrera




La comunicación es un proceso medular en el diseño y consolidación de la experiencia en
sociedad. Sin embargo, el proceso comunicativo no sólo se limita al discurso verbal, sino
también a una amplia gama de formas de expresión e interpretación de la realidad las
cuales tienen un valor significativo mayor que las palabras para la interacción social.


En el plano narrativo, destaca el interés en torno a la comunicación no verbal como un
proceso medular en la capacidad expresiva, estilística y comunicativa del texto tanto en la
actividad creadora del personaje, como en su recreación a través de la experiencia
lectora. Si uno se detiene a reflexionar en este sentido, descubrirá que el ambiente
objetual y sensorial de los personajes, aunque silencioso, no es un eco mudo, sino un
contexto lleno de significados insertos en el texto de manera explícita –descritos a través
del relato- e implícita -dispuestas en la imaginación del receptor-.


Aura, la obra más emblemática del narrador y ensayista Carlos Fuentes, está construida
de manera que los persones interactúan más allá de las palabras; de hecho, la textualidad
es sólo un pretexto del que emana un abanico multidimensional de significados que
enriquecen la experiencia de imaginar la historia y de revivir las emociones de sus
personajes a través de la disposición literaria de los entornos; los olores, los sabores y los
colores; la experiencia táctil; los gestos, las posiciones y la proximidad de los cuerpos; los
ruidos y el propio silencio.


Para identificar el uso e interpretación de la comunicación no verbal en esta novela,
retomo, a manera de paráfrasis, algunas de las secuencias narrativas de la historia en las
que predomina el lenguaje sin palabras, a propósito de destacar su importancia en el
actuar de los personajes y el sentido de ellas en la impresión lectora.
La disposición del entorno, es uno de aspectos que más influyen en la delicadeza y
elegancia de esta obra. Carlos Fuentes, minuciosamente se detiene a trazar los detalles
de los sitios en los que se lleva a cabo la acción. Y en efecto, los personajes responden
emotivamente a ese entorno. En ocasiones, refiere los detalles naturales del medio y
otras veces, los rasgos arquitectónicos, la plasticidad del diseño y la historicidad de la
época.


El inicio de la obra es uno de los puntos más ilustradores en este sentido. Sin darte
cuenta partes de la cafetería sucia y barata, al barrio bullicioso y agitador. De la
tranquilidad para reflexionar en una oportunidad de trabajo, a los empujones entre los
pasajeros apretujados en el trasporte. Vas leyendo la rutina de la cotidianidad, aburrida en
momentos, pero necesaria para entender lo que está por venir.


El rechinido de una puerta, te trasporta a una época antigua y oculta entre el matiz de lo
añejo: números sobrepuestos en los azulejos de las entradas, diseños carcomidos por el
moho, bellezas arquitectónicas convertidas en establecimientos. Una nostalgia parece
anidarse entre las páginas. Tras de Felipe, se cierra la puerta de Donceles 815 y una
inmensa obscuridad, abre la oportunidad de jugar con los sentidos.


Desde este instante, la oscuridad se convierte en uno de los elementos primarios para
caracterizar el escenario y excitar el temor, la incógnita y la pasión en el lector. En la
oscuridad de las habitaciones, los ojos de Felipe son sus manos y los sonidos ocasionales
que se escuchan entre el silencio. Felipe se guía entre los pasillos por el sonido de la voz
chillona de la señora Consuelo, luego, por el conteo presuroso y el sentir en sus pies de
los escalones, más tarde, por lo asperidad de las paredes.


Una sutil luz de veladoras, permite visualizar la disposición de los objetos en la habitación
de la señora Consuelo los cuales, psicológicamente te llevan a sentir desagrado, asco y
lástima por la mujer que vive allí. Costras de pan y colchas revueltas entre la cama,
frascos blanquecinos y medicinas dispuestas asimétricamente, platos sucios al pie de la
cama, roedores andando sigilosamente y al centro, una anciana.
Te das cuenta que el medio parece estar dotado por un sin número de códigos que limitan
la interacción. El medio no sólo está oscuro, sino además sucio, enfermo y desalineado.
Se necesita a alguien en esa atmósfera abominable que estimule vivacidad, que esmere a
Felipe a quedarse a trabajar y a ti, a continuar leyendo. En ese momento, los ojos verdes
de Aura rompen con la sofocación e incomodidad para darle un poco de alegría,
satisfacción y relajación a la estancia.


La percepción de calidez y familiaridad, centra la atención, ya no en los muebles de caoba
o en la inmensidad de los pasillos, sino en las intenciones de la joven Aura. El entorno se
vuelve más personal e intimo. Lo que llegue a interesar en el entorno, será porque está
especialmente construido y adaptado a la presencia de Aura. Este hecho, asimismo,
consagra un antagonismo férreo entre Felipe y Consuelo, por la salvación, primero, y
luego, por el enamoramiento. A partir de aquí, el uso y significación de la comunicación no
verbal, también está marcado por contrastes.


En esta interacción con un mayor grado de privacidad, el color es uno de los elementos
que, semióticamente, adquiere relevancia. Allí está el verde de los ojos inmensos de Aura
y el de su vestido, ambos característicos del objeto de deseo de Felipe. Opuestamente
está el blanco de las canas de la anciana Consuelo, de los edredones de su cama y de su
camisón. El verde marca la intención de bondad e intimidad, mientras que el blanco
aguarda la maldad y futilidad.


Además del color, otro aspecto de la comunicación no verbal antagónico es el sonido.
Ruidos estruendosos y chillones como la voz de la señora Consuelo y las lamentaciones
de los gatos en el patio enmarcan un sentimiento de estrés y desagrado; por su parte,
ruidos armónicos y melodiosos como el sonar de la campaña para llamar a comer, el
sonar de la falta de Aura y el vals entre susurros de amor, refieren el placer y
enamoramiento. El silencio juega un aspecto fundamental como elemento neutral:
algunas veces para enfatizar el miedo y desasosiego, otras para subrayar la idea de goce.
El tacto es otro elemento de contraste en esta narrativa y está dispuesto
cronológicamente. Durante el primer acercamiento entre Felipe y Aura, éste la describe
como una muchacha con la piel suave y ansiosa, no mayor a los veinte años. En la
siguiente aproximación, él refiere que es una mujer de cuarenta años, con el cabello
negro y una sonrisa turbia. En el último contacto, habla de una pequeña mujer, con los
senos flácidos y el pelo blanco. El elemento de contraste es la madurez.




EFECTOS DEL TERRITORIO Y EL ESPACIO PERSONAL
Intrusiones territoriales: 1) violación, implica el uso irrespetuoso de un territorio ajeno, 2)
invasión, de naturaleza más abarcadora y permanente; intento de apoderarse del territorio
ajeno, 3) contaminación, profanación del territorio ajeno, no ya con nuestra presencia,
sino con lo que dejamos atrás de nosotros.




FORMA
En ese jardín oculto tras las sombre, el olor al moho podrido parece salir de las páginas.
Ese jardín oculto entre las sombras, de pronto adquiere forma y color. Moho antiguo verde
Del