La escuela maternal francesa fue creada por Pauline Kergomard, quien defendía una escuela más estimulante para el desarrollo de los niños pequeños. Kergomard enfatizaba la importancia de que las maestras estuvieran bien preparadas y seguras de los contenidos, y que usaran ejemplos cercanos a la vida diaria de los niños. También creía que la enseñanza debía ser vocacional, con amor, paciencia y una explicación sencilla pero efectiva para los niños.