Pauline Kergomard renovó la escuela infantil pública francesa en el siglo XIX al promover el desarrollo de la voluntad y la personalidad del niño a través del juego, las actividades al aire libre y el respeto por la curiosidad natural del niño, en lugar de ejercicios demasiado escolares. Sus ideas se centraron en dejar que los niños observaran y preguntaran, y en que los maestros planificaran lecciones pero no dominaran las explicaciones. Estas ideas fundamentales sobre el desarrollo infantil todavía se