La estructura del estado moderno se compone de elementos físicos, étnicos, psíquicos, culturales y políticos que son fundamentales para su permanencia. La población, que incluye tanto nacionales como extranjeros, es esencial para la existencia del estado, y su cohesión se manifiesta a través de la nacionalidad y el orden jurídico. La soberanía del estado, entendida como la autoridad suprema y el control sobre su territorio y población, ha evolucionado históricamente, reflejando la relación entre poder y derechos en la sociedad.