El documento describe el hablar en lenguas como un don espiritual dado por Dios para edificar a los creyentes y la iglesia. Se menciona que el hablar en lenguas es una señal del bautismo en el Espíritu Santo y que permite alabar, bendecir y orar a Dios aunque no se entiendan las palabras. El documento anima a los creyentes a disfrutar de este don espiritual tal como lo hicieron los cristianos en el Nuevo Testamento.