El formalismo ruso surgió a principios del siglo XX como una corriente crítica que se centraba en el análisis de los elementos formales del lenguaje literario. Se desarrolló en tres corrientes principales en Moscú, San Petersburgo y el Instituto Nacional de Historia del Arte, que aunque inicialmente independientes, complementaban sus enfoques lingüístico, poético e histórico. Rechazaban la estética romántica en favor de una concepción técnica de la creación literaria, centrándose en cómo la