La autora creció en un hogar adventista con sus abuelos pero se alejó de la iglesia cuando vivió con sus padres no adventistas. Tuvo una vida difícil que incluyó matrimonios fallidos y la pérdida de un hijo, lo que la llevó a buscar a Dios. Dos estudiantes adventistas la invitaron a reunirse con su club en la universidad donde trabajaba, y comenzó a recibir estudios bíblicos que la llevaron a ser bautizada seis meses después. Ahora desea compartir su fe con otros