Durante el reinado de Isabel II, el liberalismo moderado se consolidó entre 1843 y 1868, aunque excluyó a los progresistas del poder debilitando el régimen. Se estableció una nueva constitución en 1845, se firmó un concordato con la Iglesia en 1851, y se reformó la administración pública mediante la creación de la Guardia Civil y otras medidas. Entre 1854 y 1856 hubo un breve periodo progresista que propuso nuevas leyes pero no se consolidó. Finalmente, la inestabilidad política y las revueltas social