La alta montaña presenta un entorno hostil con condiciones extremas de frío, baja presión de oxígeno y radiación solar, lo que puede afectar la salud humana. La fauna está adaptada a estas condiciones, incluyendo especies como el sarrio y la perdiz nival, mientras que la vegetación presenta mecanismos de adaptación únicos, como un porte almohadillado para crear microclimas. Entre las especies vegetales destacan la retama blanca y la violeta del Teide, que prosperan en este biotopo exigente.