La estructura agrícola española ha evolucionado de una tradicional basada en mano de obra numerosa y tecnología atrasada con bajos rendimientos y producción para autoconsumo, a una actual más intensiva con menos trabajadores pero más productiva y tecnificada orientada al mercado. El tamaño de las explotaciones también ha cambiado, con una mayor concentración de la tierra en grandes explotaciones. La población rural es ahora escasa y envejecida, aunque algunas zonas rentables han experimentado un repunte debido a otras activ