La globalización ha impulsado la dispersión industrial, permitiendo que empresas se ubiquen en países en desarrollo para reducir costos, aunque pocas naciones dominan la producción, especialmente en alta tecnología. Las políticas neoliberales han facilitado esta expansión, favoreciendo a grandes transnacionales y creando una concentración de poder industrial sin transferencias significativas de tecnología a los países anfitriones. China ha desarrollado su industria a través de zonas francas y una estrategia de apertura económica que ha propiciado su crecimiento en sectores como el textil y la tecnología, estableciéndose como un competidor global clave.