Morin argumenta que la educación debe enfocarse en (1) enseñar a pensar pensando, más que en el conocimiento puro, y (2) formar mentes bien ordenadas capaces de organizar saberes y darles sentido, en lugar de simplemente acumular información. También sugiere que la filosofía puede contribuir a un espíritu problematizador mediante el ejercicio de la duda y la búsqueda.