La encíclica aborda la crisis ecológica desde una perspectiva integral, argumentando que no hay separación entre la crisis ambiental y la crisis social. Propone una "ecología integral" y una "conversión ecológica" que implique cambios en los estilos de vida hacia más sobriedad y solidaridad, reconociendo que todo en el universo está interconectado y debe ser protegido con especial atención a los más vulnerables.