El manierismo surgió en Italia en el siglo XVI como una ruptura con los cánones clásicos del Renacimiento. Las obras manieristas se caracterizaron por ser inestables, tensas y desequilibradas, con figuras retorcidas y composiciones irregulares. En pintura predominaron los colores fríos y las formas exageradas, mientras que en escultura hubo una tendencia a lo monumental y lo serpenteante. La arquitectura manierista se distinguió por su decorativismo, tensión en las formas y uso arbitrario de