La parábola de la semilla describe el proceso de crecimiento espiritual como un proceso gradual e imperceptible que solo Dios puede dar. Los creyentes deben sembrar la semilla de la Palabra pero solo Dios puede hacerla crecer en el corazón de las personas. El proceso espiritual es como el crecimiento natural de una planta, pasando por distintas etapas hasta alcanzar la madurez y cosecha final.