Santa Catalina Labouré tuvo una aparición de la Virgen María en 1830. La Virgen estaba de pie sosteniendo un globo que representaba al mundo. Llevaba anillos con piedras preciosas que emitían rayos de gracia. Le pidió a Catalina que acuñara una medalla milagrosa que otorgaría gracias a quienes la llevaran con fe.