La crisis de 2007 reveló problemas estructurales en la economía española como una excesiva dependencia de la construcción y los servicios, un sistema educativo desconectado del mercado laboral, y un crecimiento ligado a los ciclos económicos. La crisis provocó un aumento del paro al 21.29% de la población activa, especialmente entre los jóvenes. Se necesitan reformas para lograr mayor flexibilidad laboral, formación centrada en competencias, y una educación superior armonizada en Europa bajo el Espacio Europeo de Educación Superior.