Nerón ascendió al poder tras el envenenamiento de su tío Claudio por parte de su madre Agripina. Gobernó de forma cruel, ordenando el asesinato de su madre y su esposa, así como la tortura de cristianos. Reconstruyó Roma después de un gran incendio pero también saqueó templos. Finalmente fue depuesto por el Senado romano y se suicidó ante la proclamación de un nuevo emperador.