La psicología humanista surge en la primera mitad del siglo XX como reacción al conductismo y al psicoanálisis, enfatizando la dignidad y el potencial humanos. Se centra en la experiencia subjetiva individual y considera al ser humano como consciente, libre y capaz de crecimiento. Dos de sus principales representantes fueron Gordon Allport, quien defendió la orientación idiográfica, y Rollo May, que analizó el dilema del hombre entre sujeto y objeto.