La psicología humanista surgió en la década de 1960 como una alternativa al psicoanálisis y al conductismo, enfatizando la capacidad del ser humano para elegir y crecer. Sus principales representantes incluyen a Maslow, quien se centró en la autorrealización, y Rogers, quien desarrolló la terapia centrada en el cliente. Aunque la psicología humanista careció de métodos rigurosos, enfatizó la experiencia subjetiva y las potencialidades positivas de los seres humanos.