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En las últimas semanas, dos movimientos sociales han creado diversos niveles de polarización social en México
la lucha del pueblo de Tlanepantla, Morelos, por que se reconozca su derecho a elegir a sus gobernantes con su
propias leyes, sus tradiciones y su cultura, y la lucha de los braceros mexicanos de la década de los 40 por que s
lesdevuelvaeldineroqueentrelosbanquerosnorteamericanosyloscorruptosgobernantesmexicanoslesrobaron
Ambos movimientos han sacado a la luz la impresionante incapacidad de la clase política mexicana. Lo
cual ha significado abonar más en la ausencia de legitimidad de los actos de gobierno.
En Tlanepantla hemos visto cómo la actuación de los partidos políticos ha sido el factor esencial par
generar una división en una comunidad que se distinguía por haber logrado una serie de consensos para crea
una relación democrática entre gobernantes y gobernados.
Al no respetarse los usos y costumbres de la comunidad y al registrar todos los partidos diversos candidato
a la presidencia municipal esa lógica se rompió, lo cual ha permitido la escisión en la comunidad y la posterio
represión en contra de ese pueblo por parte del gobierno del estado y los diversos cuerpos policíacos.
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Primero de enero de 1994, San Cristóbal de las Casas, Chiapas ANTONIO TURO
Altamirano, Chiapas, 3 de enero de 1994 MARCO ANTONIO CRU
Atrás se deja ver esa innegable vocación de los partidos políticos por pisotear los derechos conquistados
en su angustia por obtener unos puntos más en los resultados electorales. Y, al mismo tiempo, su vocación por
impedir expresiones de autonomía que permitan sacar la conclusión de que la sociedad se puede gobernar por
sí misma, sin intermediarios.
El caso de los braceros es igualmente revelador: desde el poder se han dado muestras permanentes para
dejar claro dónde se ubican sus prioridades. Han decidido utilizar el dinero público para “rescatar” a los banque-
ros por medio del Fobaproa y a los grandes constructores por medio del rescate carretero; para no hablar del botín
que han puesto en manos privadas por medio de los Pidiriegas, con lo que se avanza en la privatización de los sec-
tores energéticos (en especial el petróleo y la electricidad) y al mismo tiempo se están pagando intereses suma-
mente altos por medio de los impuestos de la ciudadanía. Entre estas tres deudas estamos hablando de alrededor
de 125 mil millones de dólares, es decir el 20 por ciento del Producto Interno Bruto de México.
Pero, no están dispuestos a reconocer la deuda que tienen con decenas de miles de braceros mexicanos.
Cuando se trata de rescatar a los dueños del dinero y verdaderos hombres de poder, entonces no hay tardanza.
Destaca también la reacción de Andrés Manuel López Obrador al criticar la acción de uno de los grupos
de braceros de tomar el rancho de la familia Fox, señalando que no hay que minar lo más sagrado de las institu-
ciones del país: la investidura presidencial, y que “no hay que astillar la silla del poder”. Con esta declaración,
este señor que se da por muerto para la contienda electoral del 2006, deja en claro cuáles son sus auténticas preo-
cupaciones: la investidura presidencial y la silla del poder. Nadie puede decir que no habla claro.
Hace unos meses, en las páginas de nuestra revista Durito nos dijo lo siguiente: “Sólo hay una variación,
cuando el rebelde topa con la Silla del Poder (así, con mayúsculas), la mira detenidamente, la analiza, pero en
lugar de sentarse va por una lima de ésas para las uñas y, con heroica paciencia, le va limando las patas hasta que,
a su entender, quedan tan frágiles que se rompan cuando alguien se siente, cosa que ocurre casi inmediatamente”.
Estas son las dos lógicas: cuando la izquierda tradicional comienza a ver la posibilidad de sentarse en la silla
del poder entonces se preocupa por que nadie la astille, que nadie la lime. Su idea es sencilla, si antes fue necesa-
rio el movimiento social para acercarse a la posibilidad de “tomar” el poder (que para ellos es una silla, una casa o
un palacio), cuando ya se piensa que se acerca ese momento, el movimiento social no tan sólo es inútil sino moles-
to; “hay que ganar sin que se molesten los rivales, es más, mejor sin que se den cuenta”.Así piensan.
Por eso, López Obrador se escandaliza porque un grupo de campesinos tome el rancho del presidente, no
por el actual sino por el próximo que sueña que va a ser él.
Tlanepantla y los braceros son otros síntomas de lo que está pasando abajo y muchas veces más abajo que
abajo. Estos síntomas nos hablan de un rencor acumulado en el pecho, de gente que también ha dicho ¡Basta!
Mientras tanto la clase política se regodea en sí misma. Inventa y crea un escenario político en el que todo
se define por una especie de feria de las vanidades. Se regodean en pensar que la agenda nacional se mueve en
función de esas vanidades; se parecen a esos señores obesos que van a la playa, se acuestan y solamente ven su
ombligo. Y cuando regresan hacen una larga narración sobre los colores que tenía el mar y el tipo de oleaje que
había. Creen conocer el mar y lo único que realmente conocen es su ombligo. Pues bien hay que dejarlos que
sigan obsesionados con esa parte de su cuerpo.
Lo fundamental se encuentra abajo. Abajo los colores son cada vez más diversos y por lo tanto, cada vez
más ricos y la marea está subiendo. Los caracoles zapatistas dieron la señal de arranque para dar un salto cuali-
tativo en el proceso de organización social. Lo que veremos en el futuro próximo será el estallido de más sínto-
mas, colectivos que, con sus propias ideas, cultura, política y tradición, harán su experiencia en el proceso de
organizar su vida sin intermediarios.Autonomía es la palabra.
Rebeldía.Año 2, número 16, febrero del 2004.
Director: Sergio Rodríguez Lascano. Subdirectora: Adriana López Monjardin
Consejo editorial: Javier Elorriaga Berdegué, Raúl Jardón, Gloria Muñoz Ramírez, Fernando Yáñez Muñoz.
Fotografías: En este número se muestra la primera parte de la Exposición Fotográfica Colectiva “69 Miradas contra Polifemo”.
En internet: www.revistarebeldia.org y correo electrónico: redaccion@revistarebeldia.org Impresa en:
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La campaña EZLN: 20 y 10,
el fuego y la palabra cul-
minó el 12 de enero con el
Encuentro “El zapatismo y
la sociedad civil”, convoca-
do por la revista Rebeldía y
realizado en el Museo de la
Ciudad de México. A través
de 22 intervenciones se ex-
presaron distintas voces que
provienen de los mundos del
pensamiento, la poesía, la
música, la historia, la cultu-
ra, las creencias religiosas,
la participación política, los
pueblos indígenas, la inves-
tigación, e incluso de las
opiniones críticas que han
surgido en el seno del propio
EZLNEZLN
20 y10
EEll zzaappaattiissmmoo yy llaa ssoocciieeddaadd cciivviill
Yo no soy pesimista, no quiero ser pesimista, no puedo ser pesimista. Soy poseedora de una gran fe y una
gran esperanza. Quiero luchar, quiero seguir luchando a pesar de todos los años que ya cargan mis
espaldas, que no son pocos; quiero seguir luchando con optimismo, sin amargura, con alegría, como lo
hacen los hermanos zapatistas, que han sufrido por muchísimo tiempo, mucho más que nosotros.
Palabras de Rosario Ibarra, integrante del Comité Eureka y madre de un desaparecido político.
Destrucción del Palacio Municipal de Altamirano, Chiapas, 3 de enero de 1994 FRANCISCO MATA
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Destrucción del Palacio Municipal de Altamirano, Chiapas, 3 de enero de 1994 MARCO ANTONIO CRUZ
es marcha, es manifestación, es caravana, es plantón y es fies-
ta. La palabra zapatista nos invita a bailar. ¿Bailaremos,
sociedad civil? Bailaremos. La palabra zapatista y el zapatis-
mo nos invitan a hacer música con ellos. ¿Haremos música
con ellos? Haremos música con ellos.
El poder del dinero nos dice: la palabra no importa, no
tiene valor, utilízala solamente para conseguir lo que necesi-
tas, lo que quieres; utilízala para ganar dinero; di libertad
cuando quieras esclavizar, di democracia cuando quieras
imponer tu dictadura, di libertad cuando quieras tener a la
gente como autómatas. El zapatismo ha regresado el valor a
la palabra, que la palabra tenga corazón, que nos haga sentir,
que la palabra nos haga pensar, que tenga cabeza, que la pala-
bra nos haga actuar, que vuelva, que siga caminando como
palabra. La poesía es palabra zapatista también, pues su pala-
bra no solamente nombra, también sugiere, transforma, tiene
cabeza, tiene corazón y también hace actuar.
El poder del dinero nos dice: no pintes, la pintura no exis-
te; vende, vende, anuncia, vende. El zapatismo es creación, son
las pinturas murales que podemos ver en Bonampack, en la
pintura mural que cuenta las historias, son la infinidad de carte-
les, de murales que pueblan todas las paredes de los Aguasca-
lientes y ahora de los Caracoles; son los graffiteros que están
luchando y diciéndole a la gente: si la calle es un espacio públi-
co, si la calle es de todos, ¿por qué solamente nos venden
cosas? ¿por qué no podemos llenarla de dibujos, de preguntas,
de sueños? ¿por qué no podemos contar nuestra historia? La
palabra zapatista es celebración, es celebración de la vida en
resistencia, es un baile de todos los que sobran, los que sobran
para el poder del dinero; es un baile de los que somos más, de
todos los que somos más en el mundo.
ejército mexicano. La conmemora-
ción de los diez años del levantamien-
to zapatista fue también un espacio de
reflexión acerca de la emergencia de
la sociedad civil, que en 1994 se
encontró en las plazas y las calles,
empeñada en detener la guerra y la
barbarie del gobierno contra los pue-
blos indígenas chiapanecos. En las
siguientes páginas recogemos algu-
nas de estas intervenciones y frag-
mentos de otras más, buscando dar a
conocer las que siguen inéditas.
Palabras de Roco, vocalista del grupo
Maldita Vecindad:
La palabra zapatista es flor y canto, In
xóchitl, In cuícatl, flor y canto del que
hablaba Nezahualcóyotl, flor y canto,
palabra sagrada, vivencia cotidiana
de los hombres, como lo dice el poeta
náhuatl Natalio Hernández. Flor y
canto es la concepción indígena de la
vida como acto creativo, la vida como
celebración, como acto colectivo de
celebración; la vida entonces es
danza, la vida es música, la vida es
poesía, la vida es pintura, la vida es
una fiesta, una fiesta cotidiana.
El poder del dinero nos dice: la
música es aquella tonada machacona
que se repite hasta el cansancio, esa
tonada que a fuerza de repetirse acaba
por gustarnos. La palabra zapatista es
música, que como toda buena música
está formada de sonidos y de silen-
cios, como toda buena música nos
invita a participar, haciéndola junto
con ellos. El poder del dinero nos
dice: no bailes, marcha disciplinada-
mente a la guerra; no bailes, fórmate
en la fila del banco; no bailes, vete
con prisa, corre por las calles, trabaja.
La palabra zapatista es danza, es baile
de marimba toda la noche, es caminata,
¿Bailaremos, sociedad civil?
Vivimos en el mundo de la comunicación masiva, la era electrónica de fibras
ópticas, era en que la noticia es divulgada al instante... Ojalá esto realmente
nos acercara unos a los otros, pero estamos en un proceso de deshumaniza-
ción aterrador, no nos conocemos, no sabemos el nombre de nuestro vecino,
no nos saludamos en la calle, y dicen nuestros compañeros en los altos de
Chiapas que así como el que viene de la ciudad no conoce la montaña, el que
está en la montaña tampoco conoce la ciudad y no puede moverse bien en
ella. En este gran país pluricultural, no nos conocemos los mexicanos. El
movimiento zapatista ha sido un movimiento de orientación, de acercamien-
to, de cohesión, de hermanamiento de nuestra sociedad, en el momento pre-
ciso en que el mundo es víctima de ese golpe devastador, aniquilador de
culturas y costumbres que nos ha dado la globalización. El movimiento
zapatista ha logrado el rescate de nuestra fortaleza y unión, que es nuestra
identidad, el orgullo de ser quienes somos y de saber quiénes somos.
AngélicaAragón, actriz.
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El zapatismo nos invita a entrar a este baile, a esta cele-
bración, y junto con la poesía nos hace una pregunta que
sigue estando en nuestros corazones: ¿podemos imaginarnos
un mundo donde quepan muchos mundos? ¿podemos, al ver
la semilla, ver claramente al árbol que vive dentro de ella? El
zapatismo, como flor y canto, como la vida, como un acto
creativo, colectivo, nos invita a vivir y a reflexionar cada uno
de nuestros segundos en arte.
El tiempo es dinero, dice el poder. No. El tiempo es arte,
el tiempo es vida, contestan los zapatistas, y es por eso tal vez
que la palabra zapatista, donde más resonancia ha tenido es en
todo lo que es el medio cultural: los poetas, los músicos, los
pintores. También donde más incide es en los jóvenes, en los
jóvenes urbanos, en todos estos jóvenes que sabemos y senti-
mos que la manera como vivimos, como hablamos, como nos
vestimos, todos nuestros usos y costumbres, son nuestra vida
en sí. No queremos luchar por un mundo donde eso sea acepta-
do, es nuestra vida misma la que va construyendo ese mundo.
Como es desde la música desde donde ha tocado la pala-
bra zapatista el corazón de muchas gentes y en especial el mío
y el de los músicos con los que he trabajado, traigo una can-
ción para celebrar, así como vimos en esa manifestación de
hace diez años que estaba llena de canciones y de pinturas y
de música y de tambores y de alegría. Bien dicen los zapatis-
tas: la rebeldía, la resistencia, es una fiesta, es una celebra-
ción. Y yo traigo una canción para celebrar, en memoria de
esos diez años, con todos ustedes, la presencia y la continui-
dad de esa memoria del porvenir que es el zapatismo. Esto se
llama “Caracol”.
Palabras del filósofo Luis Villoro, quien participó en el
encuentro con un mensaje enviado por escrito:
Hace diez años resonó un grito: “¡Ya basta!” El “¡Ya basta!”
zapatista no era sólo una exclamación de rebeldía contra un sis-
tema que se negaba a escuchar, era también un llamado al des-
pertar de una nación. La voz del zapatismo era el anuncio de un
giro radical en nuestra manera de sentir y pensar la nación.
Su llamado hacía callar la algarabía discordante en las
disputas en las cámaras; con un gesto de desdén, hacía a un
lado el lamentable espectáculo de la rebatinga por un pedazo
de poder. El grito zapatista de hartura daba un portazo a la
farsa. A la vez, era un llamado al despertar del verdadero
México que ocultaba la farsa.
Frente a la lucha de partidos y facciones, frente al apego
a sus intereses, el llamado del zapatismo descubría de nuevo
Desgajar la voluntad de dominación
el México auténtico: el país real, for-
mado por comunidades de hombres y
mujeres concretos, que se relacionan
en redes de servicio recíproco, en la
realización compartida de valores
comunes, cotidianos. Es el pueblo
real, el que desdeña participar en la
farsa, el que aún guarda la dignidad
como un valor, el que rechaza el poder
disfrazado de codicia.
Porque hay un México real, vivo
aún en la solidaridad de los pueblos,
en la moral social de la convivencia y
del respeto recíproco. Es el México
que opone el afán de lucro y el interés
por dominar, al “mandar obedecien-
do” de las comunidades.
El grito zapatista era una afirma-
ción de rebeldía. Pero no por querer
remplazar un poder por otro. La clave
que distingue al zapatismo de cualquier
otro movimiento rebelde es el rechazo
radical de todo afán de poder. Su men-
saje más profundo es la negación del
poder para sí. Al no querer el poder
para sí, desgaja de cuajo la voluntad de
dominación. El poder que postula es el
de los hombres y mujeres en comuni-
dades concretas; es el que reside en la
sociedad real, ajena a toda dominación.
“Para todos todo, nada para nosotros”.
Esa es la significación profunda
del mensaje zapatista. Dice que la
comunidad real sólo se alcanza en la
medida en que pueda rechazarse el
poder.Yla realización de la comunidad
es el fin que da sentido a una nación.
¿Utopía? No. Rebeldía perma-
nente contra una realidad desgarrada.
Afirmación de la voluntad de cons-
truir una auténtica nación.
Tal es el proyecto ético que debe
orientar la marcha paulatina hacia una
sociedad sin dominación, en el reco-
nocimiento a todas sus diferencias.
Ese es el proyecto de una comu-
nidad ajena al poder, el proyecto del
zapatismo.
personas ajenas, pero hoy estamos recuperando poco a poco
nuestro territorio, gracias también a nuestros hermanos zapa-
tistas, que nos han encendido una luz del sur hacia el norte.
Por eso queremos agradecer a nuestros hermanos zapa-
tistas ese entusiasmo, porque sin ellos, la organización de
ellos, todavía no encontraríamos el camino por dónde salir.
Las Juntas de Buen Gobierno hasta allá nos han llegado, lo
hemos analizado, traducido a nuestra lengua, para adaptarlo
en nuestro pueblo. Y nosotros apenas estamos renaciendo,
nos falta mucho por aprender, pero aquí estamos, aún segui-
mos vivos después de 500 años de resistencia.
Palabras de José Carrillo de la Cruz,
wixárika de la Comunidad San Sebas-
tián Teponazhuatlán, Municipio Mez-
quitic, Jalisco:
Yo les traigo la palabra y el
sentimiento de mi pueblo,
mi región, mi comunidad.
Hace diez años, éramos
pueblos muertos, no tenía-
mos voz ni voto en las
comunidades. Si no fuera
por nuestros hermanos
zapatistas, hoy estuviéra-
mos como antes. Hoy me
ven vestido, porque esto es
mi vestuario, pero antes no
nos atrevíamos a salir así de
nuestro pueblo por temor a
ser objeto de curiosidad.
Estaban nuestras comuni-
dades tan pisoteadas por
¿Por qué estamos aquí? ¿Para celebrar los
20 y 10 años de la lucha del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional? ¿Para
conmemorar la marcha del 12 de enero de
1994, esta movilización masiva de la
sociedad civil? Sí, sí, claro que sí, pero
eso no es lo importante. No estamos aquí
solamente para festejar la lucha de los
indígenas de Chiapas, para expresar
nuestra solidaridad con ellos. Estamos
aquí más bien porque reconocemos que
su lucha por la dignidad es nuestra lucha
por la dignidad, su lucha para vivir es
nuestra lucha para vivir.
John Holloway,
pensador y escritor crítico.
A diez años de la
erupción del volcán
indígena
en Chiapas
Nosotros también llevamos más de un año viviendo en resistencia, eso
quiere decir que estamos impulsando el mismo proyecto histórico de los
pueblos indígenas. Estamos impulsando en los hechos los derechos que
tenemos como pueblos originarios. En nuestras comunidades hay dos
tipos de gobierno, el gobierno tradicional y el gobierno constitucional.
Nosotros supuestamente estamos fuera del Estado, pero en nuestras
comunidades gobiernan nuestras autoridades tradicionales elegidas en
asambleas comunitarias.
Estoy viendo que hay mucha gente que le gusta pensar, que le
gusta reflexionar la realidad y qué bueno, está bien; pensamos noso-
tros, pues, que la teoría debe de surgir de la práctica. Entonces es tiem-
po de actuar nuestro papel como actores de nuestro destino, como
actores principales para el desarrollo de nuestras comunidades.
David Valtierra,
amusgo del municipio autónomo de Xochistlahuaca, Guerrero.
FRIDA HARTZ
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Toma del Palacio Municipal, Las Margaritas, Chiapas, enero de 1994
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Mensaje escrito, enviado por el politólogo Lorenzo Meyer al
Encuentro “El zapatismo y la sociedad civil”:
El trasfondo.
Desde el arranque mismo de la construcción del Estado
nacional mexicano al inicio del siglo XIX los cimientos fue-
ron mal puestos. Los diseñadores de la nueva nación esta-
blecieron, como principio fundamental, la igualdad jurídica
de todos los miembros de la comunidad nacional recién crea-
da, pero desde el inicio y hasta hoy esa igualdad resultó una
ficción, una construcción ideológica que chocó con una
añeja realidad social donde la desigualdad en todos los
órdenes era la gran regla política, económica, social y cul-
tural.
Por trescientos años, la Nueva España —pieza clave del
imperio español deAmérica— se estructuró partiendo de una
dicotomía tan básica como brutal: por un lado estaba la lla-
mada “república de los españoles” o gente de razón y por el
otro las “repúblicas de indios” con personas que por su natu-
raleza estaban, supuestamente, impedidas de alcanzar un
grado de desarrollo moral e intelectual similar al de los euro-
peos. Los mestizos no estaban contemplados en el orden ini-
cial pero en la práctica fueron situados en algún punto
intermedio de los dos polos originales, el de “los de razón” y
los “rústicos” permanentes.
Formalmente México dejó de ser un país de indios, pero
en la práctica estos permanecieron y dieron una gran lucha
por preservar su identidad y propiedades comunales e incluso
por extender su autonomía. Al doctor Luis Mora, el ideólogo
del liberalismo mexicano original, y como a tantos otros libe-
rales, le pareció apropiado que en la nueva república se elimi-
nara el concepto de “indio”. Al final, esta visión se impuso
pero no logró eliminar del todo eso que consideró un elemen-
to de atraso y premodernidad: lo indígena.
La Revolución Mexicana insistió en la igualdad políti-
ca y jurídica de todos los mexicanos, pero reconoció la pro-
piedad comunal de la tierra y diseñó programas especiales
para esos descendientes de los “mexicanos originales” que
se encontraban hasta el fondo de la pirámide social, progra-
mas elaborados por no indígenas e impuestos casi sin con-
sulta con los destinatarios. En todo caso, la idea era asimilar
a los indios al México mestizo hasta que la “moderniza-
ción” exitosa los hiciera desaparecer y lo indio quedara
simplemente como historia y símbo-
lo pasado de la identidad.
Hace diez años.
El Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) hizo su aparición
justo cuando el proceso de “moderni-
zación” mexicana en su fase neolibe-
ral se encontraba en la cúspide, en su
momento de gloria nacional e interna-
cional. Y por eso y de inmediato hizo
dos contribuciones fundamentales y
muy positivas al proceso de desarro-
llo político del país.
Por un lado, la crisis política desatada
por el EZLN en un año electoral
(1994) obligó al gobierno de Carlos
Salinas a aceptar una reforma electo-
ral que, por primera vez, abrió la posi-
bilidad de que en México hubiera un
órgano electoral autónomo que per-
mitiera que el proceso electoral pasa-
ra de ser una formalidad a algo
realmente sustantivo. Si el PRI fue
obligado a dejar “Los Pinos” en el año
2000, una parte de la explicación se
encuentra en el EZLN y en la movili-
zación política que impulsó en una
amplia zona geográfica y social del
país.
La otra contribución del EZLN
fue hacer visible e insoslayable la per-
sistencia de la injusticia histórica ori-
ginal sobre la que se había fundado la
república: la división entre un país
sobrexplotado, humillado en extremo
y discriminado de manera sistemática
—el México del 10 por ciento más
pobre, el México de los indios— y el
otro país, donde también campea la
explotación, la humillación y la dis-
criminación, pero no en el grado
extremo que los indicadores de la
pobreza y atraso social muestra que
prevalece en las zonas indígenas de
Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz,
Hidalgo, Nayarit o Chihuahua, por
sólo mencionar algunos ejemplos
dramáticos.
Los cimientos de México
fueron mal puestos
8
Fragmentos de lo dicho por el general Francisco Gallardo:
¿Por qué llama la atención de la opinión pública inter-
nacional la insurrección chiapaneca? ¿En qué se distingue de
otros conflictos o movimientos armados del resto del mundo?
Las condiciones de pobreza y marginación no explican
por sí solas el surgimiento de una insurrección armada. Una
situación de opresión y autoritarismo tampoco basta para que
El EZLN ha hecho ya una gran
contribución al desarrollo político,
social y cultural de México, pero ni la
democratización de México ha avan-
zado más allá del ámbito electoral —
necesario e indispensable pero
absolutamente insuficiente— ni lo
que queda de las comunidades indíge-
nas ha recibido de la autoridad el
cambio que justamente ha demanda-
do en sus condiciones económicas,
sociales y jurídicas. Todo ha sido
insuficiente.
El EZLN ni puede ni debe ser el
responsable del cambio. Esa socie-
dad urbana que con tanto entusiasmo
se movilizó en el inicio del 2001 por
el llamado de los nuevos zapatistas a
favor de una autonomía indígena
real, es a la que le corresponde hacer
ahora el esfuerzo mayor. El esfuerzo
del 2001 fracasó, pero es una obliga-
ción de todo el México democrático
insistir en apoyar la demanda de una
autonomía indígena real y, sobre
todo, en exigir las grandes reformas
del Estado y del modelo económico,
para superar la injusticia original.
Dentro de seis años se cum-
plirán dos siglos de que se iniciara
en México la lucha por la inde-
pendencia, pero el proyecto del cura
de Carácuaro y Necupétaro, don
José María Morelos, de hacer de la
recuperación de la soberanía mexi-
cana la palanca para disminuir en
nuestro país los extremos entre la
opulencia y la pobreza extrema —la
realidad creada por el sistema colo-
nial— aún es sólo una meta y muy
distante. El EZLN, en medio de
enormes carencias y a un costo social
demasiado alto, ya hizo su tarea por
lograr enmendar el error de origen
con que nació México. Ese esfuerzo
nos obliga al resto a hacer más de
lo que hasta ahora hemos hecho al
respecto.
“Pero no sólo dijeron ¡Ya Basta! con los fierros. También se organi-
zaron para darse sus propias leyes, gobernarse a sí mismos, educarse,
cuidar su salud, garantizar el abasto y practicar la autogestión. Para
hacer realidad sus sueños, pues.”
Luis Hernández Navarro, analista político.
¿Qué trataba de ocultar
el alto mando militar?
1 de enero de 1994, Subcomandante Insurgente Marcos,
San Cristobal de las Casas, Chiapas
CARLOS CISNEROS/LA JORNADA
se levanten en rebeldía grupos sociales. Para que se diera el
levantamiento armado en Chiapas, se conjuntaron dos tradicio-
nes de lucha. De un lado, la herencia de la guerrilla de los seten-
ta, curtida por la experiencia de la opresión. Del otro, la
resistencia indígena chiapaneca que se mantiene desde el siglo
XVI.Ambas tradiciones coincidieron en un momento histórico
caracterizado por una pérdida de expectativas, propiciada por
la farsa salinista de que ingresábamos al primer mundo.
Pero no se trata de una vanguardia revolucionaria que se
monta en una clase social oprimida para abanderar una revo-
lución, sino de un movimiento de sublevación en el que la
sociedad civil organizada y su élite que la dirige vivieron un
proceso de fusión que, a través de un aprendizaje mutuo, con-
siguieron estructurar un ejército simbólico que, con rifles de
madera cargados con proyectiles de razón, hirieron mortal-
mente al sistema político mexicano.
Quiero platicarles una anécdota del impacto que tuvie-
ron las armas que utilizaron los zapatistas en contra del ejér-
cito mexicano, donde varios de mis compañeros perdieron la
vida.
Un día de abril de 1994, aparece
en todas las instalaciones del ejército
y en la prisión militar del Campo
número Uno —lugar donde estaba
realizando un estudio de campo para
elaborar mi tesis de maestría sobre la
reforma del ejército— una pancarta
de difusión mensual llamada Tres de
Diana. En ella aparecían fotografías
de una veintena de militares que
serían condecorados por decreto pre-
sidencial, con bombo y platillo en
ceremonia militar, por haber muerto
en combate en Chiapas.
El evento fue presidido por el
coamandante supremo de las Fuerzas
Armadas, Carlos Salinas de Gortari;
el general Antonio Riviello Bazán,
secretario de la Defensa; el almirante
Ruano Angulo, secretario de Marina;
el Dr. Jorge Carpizo Mc Gregor,
secretario de Gobernación, el gabine-
te en pleno, los familiares que iban a
recibir la orden de honor y más de 20
mil efectivos militares.
Poco después de este gran acon-
tecimiento donde se enarboló el honor
del ejército y la memoria de los caídos
por la patria, llegaron a la prisión
varios militares procesados por diver-
sos delitos. Decepcionados del ejérci-
to, platicaban sus tribulaciones y las
persecuciones de que eran objeto.
¿Qué era lo que trataba de ocul-
tar el alto mando militar con este
encarcelamiento masivo?
Concluí que varios de los caídos
habían sido muertos en un enfrenta-
miento entre dos batallones de infan-
tería, provocado por negligencia o con
toda intención desde el Estado Mayor
de la Defensa Nacional, en esa época a
cargo del general Tomás Enrique Sal-
gado Cordero, secretario de Seguridad
Pública en la gestión del regente Oscar
Espinoza Villarreal y responsable
directo del asesinato de los jóvenes de
la colonia BuenosAires.
9
Carretera a Rancho Nuevo, Chiapas, 3 de enero de 1994 FERNANDO CASTILLO
supuestamente muertos en combate con los zapatistas, para
sorpresa del Consejo de Guerra y de los asistentes militares,
quienes son llevados a ese gran circo para recibir un mensa-
je ejemplificador. El militar en el patíbulo fue absuelto y
dado de baja por indigno de pertenecer al ejército, además
con la advertencia de no hablar porque socavaba la discipli-
na militar y la “honorabilidad” del alto mando.
Tanto el militar liberado, como los muertos y sus deu-
dos condecorados quedaron abandonados a su suerte. Los
políticos y militares responsables, viven en la impunidad bajo
el manto protector del gobierno federal.
Con todo respeto a los muertos y deudos de un lado y
de otro, compañeros, compañeras, esto se los comento para
que vean en manos de quién está la defensa de la soberanía
nacional.
Finalmente, vaya un reconocimiento a la lucha indíge-
na, que ha permitido la apertura de espacios democráticos en
nuestro país, y un absoluto repudio al poder corrupto e insen-
sible que nos gobierna.
Fragmentos de las palabras del poeta chiapaneco Juan
Bañuelos, quien fue integrante de la Comisión Nacional
de Intermediación, Conai.
En el año 2004 no hay más opciones intermedias, no hay
izquierdas ni derechas, sólo pobrísimos y multimillona-
rios. No existe más, en esta nueva confrontación, el tér-
mino mediación: o se está a favor o se está en contra de
los indígenas. Quiere el gobierno reeditar la batalla ideoló-
gica y de medios de comunicación que bien maneja (y
mejor que el PRI de hace una década), sin atender las
causas que lo originaron y sin reconocer como interlo-
cutores a sus principales actores, los indígenas, porque
según el gobierno ya no existe un conflicto armado.
Pero al contrario, hoy el ejército mexicano es un actor
político, a veces visible otras veces invisible en la gue-
rra de Chiapas, y si crecen la tensiones en la región y a
nivel internacional, no nos extrañe la influencia de los
militares norteamericanos en la estrategia y acción de
nuestra armada, como está sucediendo en otros países,
no vaya a ser que los indígenas mayas sean convertidos
en terroristas.
El colmo del cinismo y la sir-
vengüenzada; uno de los militares
encarcelados estaba acusado de insu-
bordinación causando la muerte al
superior, se acercó a que lo asesorara,
… me dio su expediente, al revisarlo,
me percaté que al superior a quien le
había causado la muerte aparecía en
la lista de los condecorados.
Entonces, ¿cómo que caído en
combate?
Al confirmar esta gran bajeza
de la autoridad militar me dio una
gran rabia, por estar bajo el mando
de una caterva de mentirosos y cri-
minales. Durante el procedimiento,
se aportó como prueba la pancarta
del acuerdo presidencial que conde-
coraba con gran pompa a los militares
En el 2004,
ya no existe el
término mediación
Carretera San Cristóbal de las Casas-Rancho Nuevo,
Chiapas, 3 de enero
10
FABRIZIO LEÓN/LA JORNADA
Según sabemos también, el Congreso de la Unión no
supervisa los presupuestos militares para la defensa nacional,
menos sabe o intenta investigar de los grupos paramilitares y
de las guardias blancas de los caciques chiapanecos o de otro
grupo civil militarizado. Si ya hay paz en Chiapas ¿qué espe-
ran para actuar el señor Fox y el señor Salazar Mendiguchía
en el estado, para que regresen esos miles de soldados a sus
cuarteles?
Los mexicanos bien sabemos que es la continuación
del racismo, de la corrupción y del despotismo del poder sin
ningún respeto a la dignidad humana. Este es el momento en
que la sociedad civil debe actuar como ya ha empezado,
creo, en Monterrey, para reforzar la iniciativa de los indíge-
nas mayas que se inició hace diez años, para luchar contra
un gobierno que está vendiendo nuestra soberanía al mejor
postor.
Cuando en las comunidades del sureste oímos frases,
quejas, demandas, que se han vuelto trilladas para el gobier-
no o que no las oye: “él me cortó la oreja izquierda”, “yo le
quité el ojo derecho”, “él me sacó siete dientes”, “esos mili-
tares violaron a mi hija”, “esos soldados le cosieron el culo
a mis dos sobrinas”, “esos tipos quemaron nuestros culti-
vos”, “él me cosió los labios para que no hablara”, “a ese le
saqué el corazón y se lo puse boca abajo”, “con su machete,
aquél me sacó el hígado”, “me bebí su sangre”. Somos,
somos todavía los huérfanos de Acteal, cuando oímos todo
esto al recorrer las comunidades de los Altos de Chiapas,
situación mantenida por militares y paramilitares gobiernis-
tas, y descubrimos que en Chiapas la vida del hombre ha
dejado de ser la medida de la existencia y de que hay una
guerra, una guerra que el gobierno niega, argumentando que
la causa son “los conflictos interco-
munitarios”, que son parte de la gue-
rra de baja intensidad que el
gobierno promueve.
En Chiapas se vive una tragedia,
lo quieren borrar, pero aún así, para
los habitantes de la Selva y de los
Altos de mi estado, el origen de la
libertad todavía está en la respiración,
por eso luchan por la igualdad, el aire
es para todos y la libertad de respirar
es la primera acción notable de la dig-
nidad.
Amigos de la sociedad civil de
México y del mundo, no temamos ser
tocados por lo desconocido, aprenda-
mos a defender una y otra vez los
derechos humanos de todo el país y
del planeta. En este momento sobre
todo, no temamos tocar la carne inde-
fensa del agredido, cuando nos mez-
clamos entre la gente por una causa
justa se pierde el temor al agravio y
nace la comprensión por los demás.
Amigos de la sociedad civil, hoy nos
toca reiniciar lo que empezaron los
indígenas. La aparición de la sociedad
civil ciertamente es enigmática, pero
de pronto nace donde antes no había
nada. Cuando un gobierno traiciona
la voluntad popular y vulnera los
Sin ser el factor único, el levantamiento del EZLN y su posterior evolución política
favoreció la conciencia y la organización de muchos de los pueblos indios de México; faci-
litó el surgimiento de una nueva conciencia en el país respecto a los derechos y significado
de los indígenas; animó el crecimiento y la participación de la sociedad civil; retó a la
sociedad política a buscar caminos nuevos; incidió en algunos de los pocos avances en la
reforma del Estado. Hizo más visible la necesidad de transformación de la situación de las
instituciones y de las relaciones sociales y económicas, evidenció las graves deficiencias
del sistema político mexicano y el largo camino que falta por recorrer para tener una demo-
cracia digna. Exigió una respuesta responsable, todavía pospuesta, a las causas del conflic-
to, por parte de los poderes del Estado. Cuestionó a las iglesias sobre su disponibilidad
histórica en la búsqueda de la justicia; puso en la palestra internacional el tema de los pue-
blos indios y la denuncia del sistema neoliberal y sus consecuencias.
Samuel Ruiz, ex-obispo de San Cristóbal de las Casas,
quien presidió la Comisión Nacional de Intermediación.
11
12
Una democracia desde abajo
El EZLN, a fuerza de dirigirse a la sociedad civil, ha hecho de
ella un sujeto social, un actor político, un protagonista de acon-
tecimientos nuevos. La sociedad civil ha devenido el principal
espacio para la potencial expansión y transformación cualitati-
va de la democracia, en países con regímenes formalmente
democrático-liberales.Porello,aldirigirsealasociedadcivil,el
Ejército Zapatista está indicando el espacio donde se encuen-
tran las mayores posibilidades de democratización del país.
La idea de democracia elitista está emparentada más con
la noción de mercado que con la de ciudadanía. En ella la socie-
dad civil está integrada por votantes, esto es, por consumidores
cautivos, y los partidos políticos desempeñan el papel de
empresarios que ofrecen personal distinto en cada elección,
previamente seleccionado por ellos. En el modelo elitista, la
democracia se agota en el voto y a partir de ese momento la
sociedad civil no vuelve a interesarle a los líderes políticos. A
esta concepción de democracia de las élites, para las élites y
por las élites, el EZ propone una propuesta de conceptos articu-
lados que combina democracia social, democracia directa,
democracia participativa, y democracia representativa, en
otras palabras: los zapatistas proponen una democracia desde
abajo, desde las comunidades indígenas y los poblados rurales,
desde los barrios y las colonias, desde los sindicatos y las orga-
nizaciones urbanas, desde los grupos ciudadanos y las ONG, o
sea, una democracia del pueblo, de la sociedad civil.
Dra. Paulina Fernández, politóloga.
derechos, las calles, todas las calles,
adquieren una sola dirección, la direc-
ción espontánea del pueblo reunido y
su crecimiento es la primera carac-
terística de ese pueblo reunido, por-
que la Nación no soporta más engaño
ni miseria.
Por ultimo, que debió ser el pri-
mer punto en esta conmemoración de
los diez años de la erupción volcánica
indígena, el poder económico sigue
en manos de la oligarquía y de la
potencia del norte, la pobreza aumen-
ta en México y en el mundo, por lo
tanto, la sociedad debe transformar su
acción mas allá de lo partidos políti-
cos, en luchas de liberación nacional
en contra de las oligarquías con apa-
riencias de legitimidad y combatien-
do el totalitarismo imperialista del
señor Bush y sus limpiabotas enAmé-
rica Latina. Empecemos amigos, por
favor, por descubrir dentro de la
sociedad civil una ética política de los
mexicanos y hagamos entre todos un
proyecto auténtico de Nación, todos,
todos juntos. Esas son mis palabras,
gracias.
Pero el EZLN hizo mucho más, y de lo mucho que hizo queremos destacar dos triunfos
para el camino de la humanidad. Organizó el primer movimiento de los pueblos llamados
etnias, o considerados como minorías étnicas, o conocidos como “nacionalidades”, el pri-
mer movimiento mundial de los pueblos indios por un mundo mejor en que prive la demo-
cracia, la justicia y la libertad. E hizo otra aportación más, también de carácter mundial:
con los Caracoles esbozó la práctica de un gobierno que es potencialmente mucho más que
regional, mucho más que nacional o continental. El 6 de julio de 2003 anunció el fin de los
Aguascalientes, esos magníficos foros de discusión de lo universal y lo local, y su sustitu-
ción por los Caracoles, nuevas estructuras de poder regional hechas para fortalecer las
autonomías de pueblos que antes estaban separados y que se unen a fin de decidir sobre su
destino en materia de educación y cultura, de alimentación y vivienda, de salud, seguridad
y “buen gobierno”, proyecto que llevan a la práctica hoy en una región de Chiapas, y que
mañana otros y otros y otros más llevarán también a la práctica en distintas partes de Méxi-
co y el mundo, con las más variadas aportaciones de los pueblos indios y no indios, minori-
tarios y mayoritarios, sean de los países periféricos o centrales.
Dr. Pablo González Casanova,
investigador universitario, quien fue también integrante de la Conai.
Mensaje enviado al Encuentro “El zapatismo y la sociedad
civil” por José Saramago, Pilar del Río, Eduardo Galeano,
Danielle Miterrand, Manu Chao y Ramón Chao:
La tierra se nos rompe por muchos sitios. A las terribles
catástrofes naturales que asuelan regiones enteras hay
que sumar las que causan algunos hombres ante el
silencio pavoroso de tantos otros: éstas, las evitables,
pretenden reducirnos a todos a la condición de siervos
y a la más espectacular de las sumisiones. El poder ha
comprendido que sembrando miedo controla hombres
y pueblos, economías y beneficios. Nos quieren insta-
lar en la era de la resignación silenciosa, del acata-
miento de sus injustas leyes, en la decrepitud de un
sistema que para persuadir tiene que utilizar el pánico
y la amenaza sistemática ante la falta de otros argu-
mentos.
Sin embargo, no todos los hombres han bajado la
cabeza ante las patrañas del poder: los zapatistas, que
hace diez años nos mostraron que México y el continen-
te americano eran mayores de lo que oficialmente se
enseñaba y nos querían hacer creer, están ahí, y hoy,
como hace años, son un ejemplo de que la insurgencia
es posible, de que no todo está perdido.
Los hombres y las mujeres que en Chiapas empe-
zaron a hablar para asombro de quienes tenían planifi-
cado el decenio, hoy tienen existencia y voz ante el
mundo, son ellos y por ellos, y está lección sostenida no
puede acallarse. Porque la tierra se rompe cada día por
muchos sitios, sí, pero en algunos se construye.
Ojalá que el silencio que quieren
imponernos no ahogue la voz de los
indígenas zapatistas, de los pueblos
que luchan. Ojalá que los demás, los
que estamos fuera, no perdamos la
capacidad de oír, entender, colaborar,
agradecer. Como humildemente agra-
decemos diez años después.
Tal parece que las luchas de los explotados y oprimidos no han servi-
do para nada. Es precisamente esto lo que los poderosos nos quieren
hacer creer. Y no es cierto… Veo el enorme papel que desempeña el
EZLN, la repercusión mundial de su actuación, en un momento en
que los poderosos quieren hacernos creer que ya se acabó la historia,
que ya no hay posibilidad de pugnar por un mundo de todos y para
todos. Ahí veo y saludo el gran mérito del EZLN, con sus 20 y 10
años de lucha, con su fuego y su palabra.
Juan Brom, investigador universitario.
La tierra se nos rompe
13
Ocosingo, Chiapas, 4 de enero de 1994 FERNANDO CASTILLO
14
que son grupos terroristas además,
que son unas cuantas personas que no
tienen base social. Ejemplos claros
que los puedo dar: desde el 1 de enero
de 1994, los medios de comunicación,
algunos publicaban la verdad, pero
también hubo otros quienes inventa-
ban mentiras y así mal informaban a
la gente y diciéndonos que nosotros
no somos mexicanos, que somos
extranjeros, que somos un grupo
terrorista.Yya más después aquí en lo
años más adelante del 1 de enero tam-
bién empezaban a informar, a decir en
los radios, en la televisión, en los
periódicos, en las revistas, que ya los
zapatistas ya se murieron, que ya no
existen, que ya no tenemos credibili-
dad, que ya no tenemos base social,
que el subcomandante Marcos ya está
muerto, que ya se murió, que los
comandantes David, Tacho y otros
comandantes que ya se rajaron, que
ya están trabajando pues su tierra,
El sistema de televisión intergaláctica, presenta al compañero
Insurgente Adolfo del servicio de transmisiones del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional, en la mesa “Zapatismo y
medios de comunicación”.
Buenos días, buenas tardes, buenas noches.
Hermanos y hermanas de México y del mundo:
Soy el Insurgente Adolfo del servicio de radio transmi-
sión, también soy locutor de Radio Insurgente allá de la zona
selva fronteriza. Nosotros los de Radio Insurgente es nuestro
deber recordarles a los trabajadores de los medios de comuni-
cación del planeta tierra que nosotros los zapatistas luchamos
por el derecho a la información. Esto es una de nuestras trece
demandas.
Sabemos muy bien que los malos gobernantes tratan de
comprar a los medios de comunicación para que informen
mentiras y oculten la verdad, beneficiando al poder del dine-
ro. Por eso, les pedimos a los medios de comunicación que no
se dejen de comprar, que ya es tiempo de hablar e informar la
verdad, lo que sucede en México y en el mundo. Por ejemplo,
las luchas por la libertad que se hacen en otros países pobres.
En estas luchas por la libertad que se hacen en otros rincones
del mundo, no lo informan toda la verdad. En la radio, la tele-
visión, el periódico, comienzan a publicar de una manera
muy diferente, diciendo que no son luchas revolucionarias,
EZLNEZLN
20 y10
Habla el Insurgente Adolfo
Carretera San Cristóbal de las Casas-Rancho Nuevo, Chiapas, 3 de enero de 1994 FABRIZIO LEÓN/LA JORNADA
dedicándose a la producción, que ya
dejaron a un lado la lucha zapatista.
Esto ustedes lo saben muy bien, a los
que lo hicieron que esto es una menti-
ra, son cosas falsas pues, que prepara
el mal gobierno junto con los medios
de comunicación como para despres-
tigiar al EZLN.
Por eso hoy les hacemos un lla-
mado a todos los trabajadores de los
medios de comunicación: que trabajen
por el interés del pueblo y que no tra-
bajen por el interés del gobierno —
porque todo esto lo hacen porque son
comprados y son controlados por el
mal gobierno—, y así serán queridos
porque van a publicar, van anunciar
noticias de la situación real sin inven-
tar ni ocultar nada, absolutamente
nada. Así serán bienvenidos en todas
partes. Estoy haciendo este llamado a
los medios de comunicación: la radio,
la televisión, la prensa y los otros
medios que existen, que ya es tiempo
de hablar la verdad y no inventar más
mentiras.
Nosotros los de Radio Insurgente
decimos cosas reales, publicamos
cosas que le interesan a la gente, que le
sirvan para desarrollar su mentalidad y
su pensamiento, que ayuden pues a
desarrollar en todo tipo de pensamien-
to que ellos quieran pensar para hacer
sus trabajos. Allá donde yo trabajo en
la zona selva fronteriza, pues realmen-
te el programa en que yo trabajo a la
gente le ha gustado muchísimo, por-
que hablamos no sólo de los zapatistas,
hablamos de las diferentes organiza-
ciones o partidos políticos y de las
diferentes comunidades zapatistas y
no zapatistas. Sabemos muy bien que a
la gente el programa donde trabajo les
ha gustado muchísimo. Hasta los sol-
dados también comentan de que qui-
sieran pues que trabaje Radio
Insurgente las 24 horas, que no sola-
mente por horas que esté trabajando; y
también a los soldados hemos enviado mensajes para ellos
especialmente, también canciones revolucionarias que les
dedicamos a los soldados para que se den cuenta de la situación
real, que ellos también están sometidos sólo por ganar dinero,
mientras su familia también quiere la liberación; que también
ellos son pobres.
Aunque ahorita allá donde yo trabajo en la zona selva
fronteriza, en las montañas, los pueblos y los animales, las
aves, los tigres, los changos, etcétera, están de luto, porque el
día 4 de octubre del año 2003, como a las 21 horas empezaba a
llover y entre relámpagos y rayos, pues le tocó la desgracia a
los aparatos de Radio Insurgente. Entonces la causa de su des-
gracia y de su muerte de los aparatos de Radio Insurgente, que
en esos momentos fue porque un rayo persiguió un radio
comunicación, impactando sobre la antena y pasando sobre el
radio, también las instalaciones de Radio Insurgente le tocó; o
sea, todos los aparatos quedaron totalmente quemados y esto lo
sentimos mucho, porque los pueblos realmente ya estaban
acostumbrados de escuchar Radio Insurgente; ya saben exacta-
mente qué hora iniciamos y qué horas terminamos. Entonces
todos los días sábado y domingo estaban totalmente pendien-
tes, porque esos días transmitíamos nosotros en la zona selva
fronteriza. Porque realmente Radio Insurgente —comentan los
compañeros y no compañeros—, es diferente que otras esta-
ciones, porque todo lo que hace Radio Insurgente en otras esta-
ciones no se escucha, ahí no pasa ese tipo de programa. Porque
este es un programa que está interesado para el bien de todos
los hermanos y hermanas que viven en el planeta tierra. El
único problema es que no logramos llegar, mandar nuestra
señal en todo el mundo, pero adonde llegaba, sí hicimos todo lo
posible para hacer que se alegre la gente, porque ustedes saben
que nosotros los zapatistas estamos en resistencia, estamos en
guerra. Pero cuando escuchas una música en un radio que te
levanta el ánimo, entonces, también nos ayuda muchísimo y
eso es lo que hacía Radio Insurgente y, es ahí como entonces
desgraciadamente ahorita, pues no está funcionando ahí en esa
zona lo que es Radio Insurgente.
Pero no se pongan tristes, ya conseguimos otro aparato y
vamos seguir transmitiendo lo que quedó pendiente. En ese
radio donde transmitíamos allá por la zona selva fronteriza era
la frecuencia del 99.7 mega hertz en FM, entonces de todo esto
no nos hace rendirnos, no le tenemos miedo de lo que sea de la
muerte, de por sí todos somos unos pasajeros en este mundo.
Pero lo más importante es morir luchando y no rendirse jamás.
Dondequiera que nos sorprenda la muerte bienvenida sea.
Esto fue la voz de Radio Insurgente que transmite desde
algún lugar de las montañas del sureste mexicano, gracias
hermanos y hermanas.
15
EZLNEZLN
20 y10
16
Habla la Insurgenta Angelina
Rancho Nuevo, Chiapas, 14 de febrero de 1994 EMILIANO THIBAUT
Los Altos, Chiapas, febrero de 1994 ANTONIO TUROK
17
El Sistema Zapatista de Televisión Intergaláctica presenta a
la compañera Insurgenta Angelina, del Servicio de Transmi-
siones del EZLN en la mesa zapatismo y medios de comuni-
cación.
Muy buenos días, buenas tardes y buenas noches.
Hermanas y hermanos de México, soy una compañera
Insurgenta Angelina, soy locutora de la Radio Insurgente,
que transmite desde algún lugar de las montañas del sureste
mexicano. Es un trabajo en la Radio Insurgente, pues cuan-
do iniciamos la transmisión así con el enchufe muy pobre,
no tenemos buenos equipos pero sí sirve para el pueblo. Ya
después fue mejorando poco a poco y como yo, como mujer,
soy locutora, ni conozco ningún equipo, ni una grabadorita.
Ya después iba aprendiendo poco a poco, pues espero que sí
voy a valer mi trabajo y sirve para el pueblo. Entonces como
ahorita trabajamos más y ahorita escuchan varias personas:
escuchan los zapatistas o no zapatistas, hasta los soldados y
tienen volumen en sus radios, les gustan las canciones revo-
lucionarias, músicas tradicionales y otras canciones tam-
bién como cumbias, tropicales, todas las transmitimos,
también de amores y esas sí les gustan a los muchachos, los
jóvenes. Y es la que solicitan cuando mandan sus saludos,
hasta mandan sus saludos a sus novias a Radio Insurgente y
se alegran bastante escuchando todos los días. Hasta llegan
20, 25 saludos; saludan a sus familiares, a sus mamás, a sus
papás los que no están cerca ahí, y nosotros como locutor,
locutora, transmitimos todos. Y así es la Radio Insurgente,
como en otras radios estaciones no lo transmiten así, ni lo
pasan las canciones, ni lo pasan todos sus saludos, o sea,
nada pues. En la Radio Insurgente sí lo pasamos todos, por
eso a los compañeros zapatistas o no zapatistas les gusta
bastante. También lo producimos nuestro propio programa,
lo editamos, lo armamos, hasta cuentos también los arma-
mos, le ponemos ruidos o todo pues, lo que le conviene a un
cuento.
Así trabajamos en la Radio Insurgente, y también traba-
jamos un locutor cada día, y un locutor-locutora tiene queha-
cer, tiene que buscar su canción, las complacencias, las que
piden los compañeros y compañeras. Y estamos así mezclan-
do pues, como poner músicas, seleccionar las canciones,
pasando saludos, pues así alegre.
Y esperamos también que ustedes así lo hagan; formen
su radio que sirva para el pueblo, que no sea para el gobierno;
es lo que queremos pues como indígenas. Y transmitimos
noticias, son las mejores noticias pues, en la Radio Insurgente
no transmitimos como quiera, transmitimos donde son ciertos,
comunicados, demandas; todo lo que
sucede en el pueblo sí lo transmiti-
mos. Es así pues lo que hacemos en la
Radio Insurgente, y también como
mandan sus saludos y le pasamos
todo en un día, hasta 20, 25 como
digo, los pasamos todos. Hasta piden
sus canciones revolucionarias, can-
ciones revolucionarias que les gustan
bastante, hasta los priístas. Sí pues,
así escuchan en la Radio Insurgente y
pues por eso, me da mucho gusto
decirles, contarles cómo trabajamos,
y para que sepan también ustedes
cómo trabajamos, cómo nos organiza-
mos. Y así trabajamos cada día, y
transmitimos quince horas cada día.
La gente no quiere que lo apagamos la
transmisión, quiere que esté así trans-
mitiendo diario hasta en la noche,
pues como tiene el horario y lo apaga-
mos. Hasta el siguiente día otra vez se
transmite, pues como ya saben qué
hora inicia, qué hora se cierra, pues la
gente también está… ya saben pues a
que hora termina la transmisión. Pues
así, hasta mandan saludos al Subco-
mandante Insurgente Marcos, y man-
dan saludos a los niños chiquitos, y
las niñas también hasta mandan flores
para él. Pues así les gusta muchísimo,
hasta los comandantes, comandantas
y mandan saludos y para que escu-
chen pues sus saludos donde quiera
que estén —dicen los niños—, esos sí
mandan los saludos, pues los com-
pañeros donde trabajamos en la
Radio Insurgente.
Es así compañeros y compañe-
ras. Me da mucho gusto de platicarles
este día, pues espero que sí estén muy
contentos y alegres.
Muy buenas noches y buenas tar-
des o buenos días. Pues me da mucho
gusto saludarles a todas y todos,
muchísimas gracias por escuchar mi
voz. Soy la compañera que soy Insur-
genteAngelina. Muchísimas gracias.
Algunas tendencias del
neoliberalismo
Sergio Rodríguez Lascano
Selva Lacandona, Chiapas, insurgentes zapatistas, 1994 ARTURO TALAVERA
Comandante Tacho, Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 ARACELI HERRERA
18
Desde hace ya varios años se ha veni-
do desarrollando una polémica —
algunas veces implícita y otras
explícitamente— para tratar de
desentrañar la lógica con la que fun-
ciona esta nueva fase del capitalismo
(neoliberalismo). No tanto a partir de
sus “grandes” paradigmas (limitación
del papel del Estado, en especial en el
terreno de la regulación; proceso de
privatizaciones; eliminación del Esta-
do social o benefactor; desregulación
de la fuerza de trabajo; etcétera), sino
en función de su ubicación en rela-
ción con otras fases del capitalismo.
Esto ha generado una inflación
de interpretaciones: la que plantea
que el proceso de globalización de la
producción y del mercado generó una
reestructuración productiva, política
y social que ya concluyó y, por lo
tanto, que lo que hoy estamos vivien-
do es el surgimiento de un nuevo
Imperio, nada más que éste no tiene a
ningún Estado o grupo de Estados
como fuerza dominante sino a la
nueva organización del capital
(Negri-Hardt).
O la de aquellos que, reivindi-
cando la vieja idea braudeliana del
sistema-mundo, no consideran que se
viva una nueva fase de la organiza-
ción del capital y analizan lo que está
pasando como una continuidad de ese
sistema-mundo (Walerstein,Arrighi).
O la de aquellos que consideran
que el neoliberalismo no es otra cosa
que el perfeccionamiento del sistema
imperialista y que las características
esenciales de éste se mantienen como
tales (Amin, Petras).
Esto no nos debería sorprender
mucho; normalmente la teoría marcha
siempre con retraso de las grandes
transformaciones sociales.
El problema es trabajar con sis-
temas cerrados que busquen la conse-
cución de un nuevo concepto teórico,
acabado, cuando lo que se está viviendo es el fin de una era
pero no está claro todavía el inicio de qué. O bien, fortificar
nuestras ciudadelas para impedir que nada nuevo se cuele al
interior del castillo y simplemente repetimos las mismas con-
cepciones, en una historia circular carente de novedad.
Quizá sería preferible ir despacio y, en lugar de caracte-
rizar, tratar de desentrañar las tendencias fundamentales que
hoy se están expresando en el marco de la dominación del
capital, siguiendo el método propuesto por los zapatistas: “En
nuestras reflexiones teóricas hablamos de lo que nosotros
vemos como tendencias, no hechos consumados e inevita-
bles. Tendencias que no sólo no se han convertido en
homogéneas y hegemónicas (aún) sino que pueden (y deben)
ser revertidas”1.
La declinación estadounidense
y los ciclos del capital
En el marco del debate del que hemos hablado se ubica otro:
en cada fase que ha vivido el capital ha existido una locomo-
tora que ha jalado al resto del ferrocarril. El problema es que
varios de los teóricos que están escribiendo sobre la situación
actual del capitalismo hacen énfasis en el proceso prolongado
de declinación del imperio norteamericano, incluso algunos
de ellos llevan treinta años repitiendo esta visión.
Efectivamente, si uno analiza los datos fríos del com-
portamiento de la economía de ese país no habría duda en lle-
gar a esa conclusión:
“En 1950, EEUU proveía la mitad del producto bruto
mundial, contra sólo el 21% actual. El 60% de la producción
manufacturera en 1950 venía de EEUU, y en 1999 sólo el
25%. La proporción de EEUU en el comercio —la parte de
más rápido crecimiento en la economía mundial— era del
24% en 2001, mientras la Unión Europea tenía el 23% —un
40%, si se contaban las exportaciones intra-Unión Europea
(…)
“De las cien mayores corporaciones del mundo en el
año 2000, evaluadas según sus inversiones extranjeras, 23
eran americanas. Juntos, Alemania, Francia, Reino Unido y
Holanda, con un producto bruto combinado, de siete déci-
mos del de los EEUU, tenían 40, Japón tenía 16. Durante
los 1990s, la participación de las multinacionales de EEUU
en las ventas al extranjero de las cien más grandes multina-
cionales decrecieron del 30 al 25 %, y la participación de
las compañías con base en la Unión Europea creció del 40
al 46%.
“En el 2001, el 21% de los stocks mundiales de inver-
sión directa eran norteamericanos, comparados con el 47%
19
20
propias del capitalismo. Estamos
hablando de todo lo que fue conocido
bajo el nombre de “socialismo real”
en el centro y el este de Europa, pero
no únicamente, sino también de
China. Un poco menos de una tercera
parte de la humanidad ha sido reinte-
grada a las leyes del mercado
generándose un mercado mundial
capitalista como nunca antes se había
visto. El resultado está a la vista: tan
sóloAlemania, hasta 1999, ha inverti-
do 10,025 millones de euros en la
industria manufacturera de la Repú-
blica Checa, Hungría, Polonia, Eslo-
vaquia, Rumania, Bulgaria y la
ex-Yugoslavia; de los cuales 3,071
están destinados a la industria auto-
motriz. Con una mano de obra de 341
mil obreros, de los cuales 68 mil están
ubicados en la industria automotriz, el
75 por ciento de los cuales —con
excepción de Polonia— son exporta-
dos hacia Europa occidental. El otro
ejemplo lo podemos ubicar en China
donde la inversión japonesa pasó de 5
mil millones de yenes en 1985, a 159
mil millones de yenes en el 20013. Si
bien en un inicio una buena parte de
las inversiones fueron destinadas a la
producción de bicicletas, desde hace
cinco años estamos viendo cómo esa
inversión se diversifica, incluso hacia
sectores claves como la industria
automotriz. China es ahora el merca-
do más grande, afuera de Alemania,
de los automóviles Volkswagen. Si
una de las características fundamenta-
les que permiten los reascensos de la
economía capitalista es la transforma-
ción de las relaciones no capitalistas
(precapitalistas o poscapitalistas) en
función de la relación trabajo asala-
riado-capital, como nunca antes en la
historia del capitalismo eso ha sucedi-
do en los últimos diez años y, sin
embargo, eso no ha repercutido en un
nuevo ciclo del capital.
de 1960. Durante 1996-2001, el 17% de toda la nueva
inversión directa en el exterior vino de EEUU y el 16% de
Gran Bretaña; juntos, Francia, Bélgica y Luxemburgo
tenían el 21%.
De las 25 grandes fusiones y adquisiciones (M&As) en
los EEUU en 1998-2000, cinco fueron capturadas por multi-
nacionales extranjeras (tres británicas, dos alemanas). De las
veinte mayores corporaciones comprometidas en M&As
internacionales entre 1987 y 2001, sólo dos fueron norteame-
ricanas (General Electric y Citigroup)”2.
Sin embargo, esta declinación se da en medio del mayor
dominio hegemónico que se haya expresado en la historia del
capitalismo. Efectivamente, en el terreno de la competencia
económica, la caída del Muro de Berlín liberó a los grandes
capitales de las viejas ataduras y se inicio una lucha sin cuar-
tel por los mercados. La inexistencia de una locomotora que
jale al conjunto de los vagones está íntimamente relacionada
con la inexistencia de un “nuevo orden mundial”.
Esa inexistencia explica la otra inflación de interpreta-
ciones sobre el ámbito de los conflictos: se inició con la
visión eufórica del “fin de la historia” (entendida como el fin
del conflicto), para pasar posteriormente a la “guerra de civi-
lizaciones”, y llegar finalmente a la “guerra de globalizacio-
nes”, entre otras. Desde luego, todas estas visiones tienen
como común denominador un interés particular de alguna
agencia del gobierno norteamericano.
La realidad es, sin embargo, más compleja. La declina-
ción del imperio norteamericano es quizá el elemento factual
más evidente, pero no es el único ni el más importante. El
hecho más significativo es que estamos viviendo una larga
fase de declinación mundial del capitalismo como tal, en lo
que tiene que ver con sus tasas de crecimiento, sus tasas de
acumulación y sus tasas de ganancias. Si comparamos las
tasas de crecimiento del capitalismo mundial veríamos cómo
estamos lejos de los años de gloria. De 1914 a 1945 el creci-
miento económico promedio de los países industrializados
fue de 2 por ciento, de 1945 a 1970 se viven los años dorados
del capitalismo y la tasa de crecimiento fue de 5 por ciento,
mientras que de 1973 a la actualidad el crecimiento ha sido de
1.8 por ciento.
La teoría de los ciclos largos de la economía también
está en cuestión. Más aún si tomamos en consideración que
una serie de elementos fundamentales que siempre fueron
vistos como la clave para el relanzamiento del ciclo económi-
co se han cumplido:
a. La existencia de un proceso de reorganización del
capital a partir de la integración al mercado mundial capita-
lista de una gigantesca región que no funcionaba con las leyes
b. Una nueva reorganización del
trabajo. El proceso de flexibilización
laboral para crear nuevos estándares
productivos —por medio de la intro-
ducción de la polivalencia y de la eli-
minación de una serie de conquistas
obreras y desde luego de un ataque
formidable al salario real de los traba-
jadores—, junto con la puesta en pie
de una nueva división internacional
del trabajo —que ha significado un
proceso de dislocación de la fuerza de
trabajo—, han sido los mecanismos
esenciales para lograr un incremento
sustancial de la tasa de explotación y
la tasa de beneficio. En primer lugar,
ese proceso de dislocación permitió
que las trasnacionales crearan una
serie de fábricas de punta en varios
países subdesarrollados. Los ejem-
plos son variados: las fábricas de la
Ford en Hermosillo o de la General
Motors en Ramos Arizpe, Coahui-
la; o las fábricas de bicicletas en
Ghana o en China; o las acereras en
Corea, que generaron la crisis y
quiebra de varias acereras en el
Estado Español o en Francia; o las
fábricas textiles en China, nos
hablan de ese proceso.
Por otro lado, el mismo Claude
Pottier nos da una serie de datos
reveladores: mientras que en 1983
las empresas trasnacionales con
base en los Estados Unidos conta-
ban con 2,871,900 trabajadores, sus
filiales en los países subdesarrolla-
dos contaban con 1,357,700 traba-
jadores. En el año 2000, estas
mismas empresas contaban con
2,904,500 trabajadores en Estados
Unidos —lo que significó un incre-
mento de únicamente el 1.1 por cien-
to—, mientras que la mano de obra de
esas empresas en los países subdesa-
rrollados fue de 2,162,900, lo que sig-
nificó un incremento de 59.3 por
ciento4. La ansiedad por buscar mano
de obra barata para garantizar niveles de explotación más
altos ha significado el traslado de una buena parte de las
industrias hacia países con niveles salariales muy bajos
(México con salarios de 1.3 dólares la hora; el Caribe y Cen-
troamérica con salarios de 1 a 1.5 dólares y más espectacular-
mente China y la India con salarios de 60 centavos de dólar la
hora). A pesar de ese proceso de sobreexplotación esto no se
ha traducido en un nuevo relanzamiento del capitalismo.
c. La introducción de nueva tecnología que acorte los
procesos productivos y sustituya el trabajo vivo por el trabajo
muerto. La biotecnología, la informática, la ingeniería gené-
tica, etcétera, junto con la nueva organización del trabajo han
acortado como nunca los tiempos de producción de las mer-
cancías. Muchas veces nos encontramos con inventos que ni
siquiera tienen el tiempo suficiente para su introducción al
proceso productivo, porque en el ínterin entre su creación y
aplicación se descubren otros más avanzados. Como nunca la
ciencia y la educación están subordinadas a los procesos pro-
ductivos, haciendo realidad las palabras de Federico Engels,
cuando dijo: “Hasta ahora se ha alardeado de lo que la pro-
ducción le debe a la ciencia pero es infinitamente más lo que
la ciencia le debe a la producción”.
d. Y el punto esencial en los análisis de los ciclos que
planteaba que la fase creciente del capitalismo solamente se
podía explicar en función de grandes derrotas de los trabaja-
dores, en especial de los que estaban en el centro del proce-
so productivo. Estas derrotas se produjeron, no sólo en lo
que tiene que ver con la caída del muro de Berlín (no porque
añoremos a esos viejos regímenes dictatoriales sino porque
21
Bases de apoyo zapatistas, Chiapas, agosto de 1994 ARACELI HERRERA
22
Pues bien, a pesar de todo esto
no se ha podido desencadenar una
nueva fase de crecimiento generaliza-
do de la economía capitalista y mucho
menos la edificación de un nuevo
orden mundial. Creo que las causas
son muy variadas:
a. Por un lado, todo ese impre-
sionante proceso de reestructuración
productiva está limitado por la
misma esencia de esta fase del capi-
talismo. Atrás se encuentra un típico
proceso de sobreacumulación y de
sobreproducción de mercancías. Un
ejemplo claro lo podemos observar
en el sector automotriz. Como ya
señalamos, la dinámica de creación
de fábricas de automóviles se ha
extendido por todo el mundo, en
especial hacia Europa del este y
China. Sin embargo, este sector
clave para el crecimiento económico
por su carácter multiplicador vive,
desde 1990, un incremento que no
tiene comparación con la creciente
inversión. De 1961 a 1970 el creci-
miento de este sector fue de 6.2 por
el muro se cayó aplastando a millones de seres humanos, en
especial a los trabajadores del campo y la ciudad), sino tam-
bién en lo que tiene que ver con las condiciones de vida de
los trabajadores de todo el mundo. La reorganización del
trabajo ha implicado la pérdida de una serie de conquistas
de los trabajadores en el terreno salarial, contractual y en la
vida cotidiana (seguridad social, servicios, habitación, edu-
cación, etcétera). La ofensiva global del capital no fue para-
da en su momento y esto ha significado una afectación
global a los trabajadores y a los pobres del mundo. Simple-
mente pensemos en ejemplos como la situación social en los
Estados Unidos: “A nivel social, sin embargo, el sueño nor-
teamericano, lejos de recuperarse, ha dado paso a una socie-
dad más dividida social y racialmente. El 1 por ciento de la
población recibe el 12.2 por ciento de los ingresos y contro-
la el 34 por ciento de la riqueza; el 9 por ciento siguiente, el
21 por ciento de los ingresos y posee el 34.7 por ciento de la
riqueza; mientras que el 90
por ciento restante (y hay
que tomar en cuenta que el
peso del tercio superior es
determinante) sólo recibe
el 66.6 por ciento de los
ingresos y posee el 31.3 por
ciento de la riqueza. Si se
aplica el índice Gini —el
índice Gini mide la desi-
gualdad, de 0 (igualdad
absoluta) a 1 (todo en
manos de una única perso-
na)— el resultado es de
0.496 para la renta y 0.366
para el patrimonio (…). El
12.7 por ciento de la pobla-
ción de los Estados Unidos
vive por debajo del índice
de pobreza absoluta, cifra
que llega al 36.7 de todos
los niños negros y el 34.4 de todos los niños hispanos”5.
La búsqueda por los salarios bajo no sólo ha significa-
do un proceso de sobreexplotación de la mano de obra de
los países pobres, sino un empobrecimiento absoluto de los
trabajadores de las grandes metrópolis. A esto hay que agre-
gar el persistente y constante proceso de integración a la
lógica del capital y la construcción de la gramática de la
resignación de la inmensa mayoría de la izquierda mundial:
de Blair a Lula, de Jospin a Fernández Huidobro, de
Schröeder a López Obrador.
Selva Lacandona, Chiapas, 1994 ÁNGELES TORREJÓN
ciento anual en promedio, mientras
que de 1990 a 2000 el crecimiento
fue de únicamente 1.3 por ciento y de
esa fecha a la actualidad se ubica por
debajo del 1 por ciento. Esto a pesar
de que se producen más automóviles
que nunca. Así, por ejemplo, se cal-
cula que entre 2003 y 2006 llegarán a
los Estados Unidos 708 mil nuevos
automóviles de las fábricas trasna-
cionales de Asia, lo cual incremen-
tará el ya de por sí alto número de
automóviles que no se venden en ese
país. Se calcula que de los 16 millo-
nes de automóviles que año con año
llegan al mercado norteamericano, 4
millones no son vendidos; lo que
implica una sobrecapacidad del 25
por ciento6. En la revista The Econo-
mist, imposible de ser acusada de
anticapitalista, se señaló lo siguien-
te: “Debido a la enorme sobre inver-
sión, especialmente en Asia, el
mundo está saturado de sobrecapaci-
dad productiva de chips para compu-
tadoras, acero, coches, textiles y
productos químicos (…) la industria
automovilística, por ejemplo, tiene ya una capacidad no uti-
lizada del 30 por ciento, pero se siguen construyendo nue-
vas fábricas en Asia (…) No parece que este exceso de
capacidad vaya a desaparecer rápidamente, porque las
empresas con problemas financieros siguen teniendo incen-
tivos para mantenerse en funcionamiento, incluso con pér-
didas. El exceso de oferta mundial está empujando a la baja
de los precios. La devaluación no puede desaparecer la
sobreproducción, simplemente traslada el problema a
otros”7. Los incentivos de los que nos habla esa revista tie-
nen que ver con los procesos de corrupción que los gobier-
nos de todos los países llevan a cabo para favorecer a tal o
cual empresa, partiendo de la idea de que el incremento en
la competencia lo que ha creado es la idea de que no se
puede abandonar el mercado, a lo más que se puede llegar es
a la dislocación de la fábrica de un país a otro para buscar
mejores condiciones y mejores “incentivos”.
b. La burbuja finan-
ciera, desde hace ya algu-
nos años, comienza a ser un
grave problema del capital.
La autonomía del capital
rentista creó la imagen de
que lo que se estaba vivien-
do era un nuevo ascenso
del capitalismo mundial.
Aún más tomando en con-
sideración que el proceso
de privatizaciones que se
vivió en el ámbito interna-
cional favoreció el desarro-
llo de la burbuja financiera.
Sin embargo, se trataba de
un gigante con pies de
barro. Ya con la crisis de
México en diciembre de
1994, o del sudeste asiático
y Rusia en 1997, pero más
claramente en el crash del Nasdaq (índice que mide las
acciones de lo que se ha llamado pomposamente como la
“nueva economía”, o sea los sectores productores de alta
tecnología) en el año 2000, la crisis comenzó a desplazarse
hacia los Estados Unidos y las metrópolis europeas.
“Entiéndase que la reproducción ampliada del capital y la
acumulación se hacen más lentamente, pero no el movi-
miento de centralización y concentración del capital. Favo-
recidos por las políticas de liberalización, de desregulación
y de privatizaciones, los grandes grupos industriales han
23
Subcomandante Insurgente Marcos, 17 de noviembre de 1994,
Guadalupe Tepeyac, Chiapas
JESÚS RAMÍREZ
24
En cuanto a una teoría sobre el
capitalismo actual, la cuestión es que
el proceso es todavía muy inicial.
Sacar conclusiones terminantes y
definitivas no sólo es apresurado, sino
profundamente equivocado. El
mundo se mueve en medio de una
gran inestabilidad; las certezas de
ayer se muestran como limitadas y al
mismo tiempo no es posible sacar
conclusiones finales. Más aún si
tomamos en consideración que, como
nunca, la teoría del derrumbe del
capitalismo por sus propias contradic-
ciones internas es totalmente ilusoria.
Efectivamente, lo abrumador de la
dinámica y de estas tendencias nos
puede llevar a buscar refugio en
teorías pasadas o a la búsqueda de
nuevas, que cuentan con una carga
ideológica profunda pero que no
resisten la prueba de los hechos. Es
preferible tener una paciencia impa-
ciente. En tanto entendamos que el
movimiento antagónico al capital
está, todavía, en una fase inicial. Lo
más probable es que de los nuevos
conflictos y las nuevas movilizacio-
nes salgan las herramientas teóricas
no sólo para elaborar una teoría, sino
para algo más trascendental: cambiar
al mundo.
Notas:
1.Subcomandante Insurgente Marcos: “El
mundo: Siete pensamientos en mayo del
2003”. Revista Rebeldía No 7.
2. Richard B. Du Boff: “La hegemonía de
EEUU: declinación constante y peligro perma-
nente”. Monthly Review. Traducción de F.
García M. para Globalización, Sociedad y
Cultura.
3. Claude Pottier: “Les multinationales et la
mise en concurrente des salaries”. Editorial
L’Harmattan 2003.
4. Claude Pottier: (ídem.).
5. G. Búster: “My name is Dubya and I’m my
father’s son”. Viento Sur No 55.
6. The Economist: “The world in 2004”.
7. The Economist: 22 de febrero de 1999.
8. Francoise Chesnais: Herramienta No 23.
9. Subcomandante Insurgente Marcos: “Otra
geografía” Revista Rebeldía No 5.
podido retrasar el momento en que los efectos de la baja tasa
de acumulación se hagan sentir. Las quiebras espectaculares
que se suceden en los Estados Unidos deben ser considera-
das a la luz de este hecho (…) Para estimular la cotización
bursátil de sus empresas, los dirigentes de los grandes gru-
pos norteamericanos no han vacilado en endeudarse y ocul-
tar la magnitud del endeudamiento para inflar sus ganancias
trimestrales. Lo hicieron con la activa complicidad de los
banqueros, analistas financieros y auditores de cuentas y
con la complicidad activa de los organismos reguladores.
Una especie de gangrena relacionada con el carácter rentista
de las finanzas recorre a los Estados Unidos”8. Con el caso
de Parmalat y Danone es obvio que el asunto no se restringe
a los Estados Unidos. La captación bursátil que fue vista
como un motor de la economía capitalista se está convir-
tiendo, poco a poco, en uno de sus mayores problemas. La
posible conjunción de una fuerte recesión productiva con un
crash financiero se plantea como una de las posibilidades
viables de esta nueva fase del capitalismo. En ese escenario,
quien menos pinta es el viejo Estado-Nación.
c. Todo esto en medio de una competencia a rajatabla de
las diversas empresas trasnacionales. Esa competencia no
apunta a un nuevo orden mundial, sino a un gran desorden.
Los mecanismos regulatorios, tanto nacionales como interna-
cionales, evidencian su total incapacidad. La Organización
Mundial del Comercio ha fracasado constantemente en llegar
a una serie de acuerdos mínimos que permitan la creación de
una lógica interna. El mundo se asemeja más al paisaje previo
a la primera guerra mundial que al bucólico que intentó
diseñar George Bush a principios de los años 90.
Frente a esta dinámica, en esta fase del capitalismo se
está utilizando la guerra como el mecanismo de definición
de los procesos. La guerra busca solventar las contradiccio-
nes en el seno de los grandes capitales (de eso se trata la
guerra en Afganistán y en Irak; responder a la pregunta:
¿Qué empresas o grupos de empresas controlan las reservas
estratégicas del petróleo y del gas?). Y también, de una
manera fundamental, es una guerra contra la rebeldía, la
insumisión, contra el “otro”. “En las épocas modernas el
Estado Nacional es un castillo de naipes frente al viento
neoliberal. Las clases políticas locales juegan a que son
soberanas en la decisión de la forma y altura de la construc-
ción, pero el Poder económico hace tiempo que dejó de inte-
resarse en ese juego y deja que los políticos locales y sus
seguidores se diviertan… con una baraja que no les pertene-
ce (…) En la nueva Torre, la arquitectura es la guerra al dife-
rente, las piedras son nuestros huesos y la argamasa nuestra
sangre”9.
Luis de la Peña Martínez
la rebelión discursiva del zapatismo
La voz alzada:
25
Bases de apoyo zapatistas, primero de enero 2003, San Cristóbal de las Casas, Chiapas YAZMÍN ORTEGA CORTÉS
Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 RICARDO DENEKE
26
priísta de Zedillo y, luego, el panista de Fox) habrían de
seguir.
Así, el Hoy decimos: ¡Basta!, se convirtió lo mismo
en un llamado fraternal y combativo a los muchos mexica-
nos que se encontraban en desacuerdo con el gobierno de
Salinas de Gortari y el sistema político que representaba,
pero además se hizo a nombre de esos muchos. Se levantó
la voz de unos para hablar (más que gritar) en voz alta por,
para, y a esos muchos. La insurrección iniciada el 1 de
enero de 1994 en Chiapas, aparte de ser un levantamiento
armado, fue, y ha sido desde esa fecha, una insurrección de
las palabras. Una rebelión contra el orden discursivo impe-
rante en el ámbito sociopolítico de México. La toma del
poder de la palabra por aquellos a quienes durante muchos
años les había sido negada la posibilidad de usarla para
mostrarse ellos mismos como sujetos “de palabra” (así
como durante la época de
la Conquista se discutía si
los indígenas eran sujetos
de “razón” y, por tanto,
susceptibles de ser evan-
gelizados). Los indígenas
chiapanecos del EZLN,
más que decir que se
“empoderaron“, se “empa-
labraron” (si se me permi-
te acuñar este otro
cacofónico neologismo).
Y desde entonces, el
zapatismo ha ido definien-
do su voz junto a otras
voces. Ha creado un len-
guaje propio y diferente a
la vez, porque ha sabido
conjugar la multiplicidad
de las voces (en ocasiones
discordantes) de distintos sectores y agrupaciones en su
propio discurso.
Tal es el caso del vocero (o portavoz) de la Comandan-
cia del EZLN, el Subcomandante Marcos, quien en sus dis-
tintos textos ha llevado a través de su voz la voz de los otros.
¿Quién habla (y escribe) en realidad bajo el seudónimo de
Marcos? ¿Un único sujeto que algunos identifican con un
profesor de filosofía? ¿Aquién pertenece esa voz enmascara-
da? Las “máscaras discursivas” de Marcos, como por ejem-
plo esos personajes como El Viejo Antonio y Durito, ¿a
quiénes representan? Ya que de eso se trata, precisamente: de
la representación de los otros por medio de un tipo de discurso
La insurreción de las
palabras y las muchas voces
del zapatismo
Desde su irrupción en enero de 1994,
el movimiento zapatista ha generado
un proceso de producción discursiva
va-riado y prolífico. De este modo,
una de las características del discurso
zapatista es su heterogeneidad, esto
es, la diversidad de sus orígenes, por
lo que tendríamos que referirnos a sus
“mu-chas voces”. Ya en la Primera
Declaración de la Selva Lacandona
(en realidad, una declaración de gue-
rra en contra del gobierno de Carlos
Salinas de Gortari) firmada por la
Comandancia General del EZLN, se
hablaba en nombre de los millones de
explotados y desposeídos del país.
Todo esto en el marco socioeco-
nómico que representaba el ingreso
de México al Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos y
Canadá, con lo que se daba inicio al
proceso de “globalización” de nuestra
economía y a las políticas “neolibera-
les” que los gobiernos (primero, el
Guadalupe Tepeyac, Chiapas, octubre de 1994 MARCO UGARTE
“polifónico”, donde la voz del “autor” se entrecruza con la de
sus personajes, o donde su voz es la de uno más de esos per-
sonajes. Es la de Marcos, en su anonimato (o seudoanonima-
to) una palabra multiplicada, amplificada, que aunque
parezca hablar a nombre propio (como lo indica su firma al
final de los textos), en verdad funciona como otra voz más en
ese coro de las muchas voces.
Red, malla o tejido de voces que conforman la textu-
ra, o sea, el entramado o trama de los textos. Como esa red
que el zapatismo ha ido tejiendo de a poquito (paciente o
testarudamente, como se quiera ver) con las otras voces
que han sido convocadas por ellos para participar en las
distintas acciones dialógicas como las Consultas Públicas
(que hasta antes de las de ellos, nadie se atrevía a imple-
mentar), las Convenciones Democráticas o los Encuentros
Intergalácticos, las Mesas de Diálogo, la creación de los
Aguascalientes o los Caracoles, o la asistencia a las mar-
chas multitudinarias como la “Del color de la Tierra”,
etcétera. Pluralidad discursiva que surge desde abajo y
transversalmente, y que busca, a través del intercambio de
la palabra, llegar al acuerdo, a los acuerdos.
Con todo, la variedad discursiva del zapatismo es el
resultado de una mezcla de distintos lenguajes (y de len-
guas, por supuesto) que han dado origen a la aparición de
este singular fenómeno comunicativo y cuya combinatoria
parece obedecer más a una lógica de lo fragmentario y
polimorfo (como la lógica propia del deseo) que a la
homogeneidad autoritaria de la institución, para emplear
un oposición señalada por Michel Foucault en relación
con el funcionamiento de los discursos y sus mecanismos
de control. En estos discursos el lenguaje de la política se
acerca al de la literatura subversivamente, y viceversa: las
fronteras entre distintos “géneros discursivos” tienden a
desaparecer. El lenguaje de los mitos y las leyendas se
actualiza por medio de textos en los que lo oral y lo escrito
se empalman, así como éstos lo hacen con el lenguaje de
los modernos medios audiovisuales. Y sin embargo, esta
significación dispersa y derramada que rebasa los límites
impuestos a las formas y el sentido de los discursos, no es
un mero capricho estilístico o de ornamentación, sino que
representa una actitud madura hacia las implicaciones y
las consecuencias éticas y políticas del uso de los discur-
sos no sólo como una forma de referencia a los hechos de
la realidad social sino ante todo como una forma de trans-
formación radical de esta misma realidad. Por lo que, más
que descubrir la “eficacia de los discursos”, podemos
decir que el zapatismo ha entendido que hay que ponerla
en práctica.
Apalabrarse o dar (una
oportunidad a) la palabra:
la concepción dialógica del
discurso zapatista
La palabra es causa, medio y fin: a
partir de ella, a través de ella y orien-
tados hacia ella es que nos comunica-
mos, es decir, formamos una
comunidad. La palabra es el puente
que nos conecta, que nos hace transi-
tar de una a otra persona, de una
colectividad a otra. Somos un diálogo
constante, aun cuando monologamos,
como M. Bajtín nos lo ha revelado, al
definir a la palabra desde una pers-
pectiva trans-linguística más que
lingüística.
En nuestro léxico contamos con
una palabra que es utilizada tradicio-
nal y popularmente para designar una
forma de compromiso o acuerdo ver-
bal: apalabrar. Así, al dar nuestra
palabra, quizá el más preciado de
todos los bienes (y el más peligroso,
según la fórmula enunciada por Höl-
derlin y retomada por Heidegger), nos
comprometemos, que significa que
hacemos una promesa a alguien o con
alguien. Donar la palabra, darla en
prenda, empeñarla, entregarla, endeu-
darla, supone una relación de inter-
cambio y reciprocidad. Doy mi
palabra, recibo la palabra y devuelvo
la palabra de y a los otros (como lo
plantea el esquema propuesto por
Marcel Mauss en su Ensayo sobre el
don). Me apalabro siempre con otro.
Estoy de acuerdo, pacto, trato y con-
trato con mi palabra y con la de otros
(verbos compromisorios denominará
a éstos Austin, o comisorios, Searle).
Por eso, los llamados Acuerdos de
San Andrés (nombre de la población
chiapaneca donde se signaron dichos
acuerdos el 16 de Febrero de 1996)
fueron deshonrados por el gobierno
federal al faltar a su palabra. Y por
27
28
largo de diez años de comenzada la insurrección que los
diera a conocer en todo el mundo. Han sabido que el diálo-
go es un proceso complejo, que la simetría del diálogo
implica también, para decirlo con I. Lotman, su asimetría.
O por lo menos, esa forma de simetría especular, como la
llama el mismo Lotman, como la del verso palíndromo, o la
de esa figura retórica preferida por el zapatismo como lo es
el oxímoron, donde los contrarios se funden y el silencio
habla, la oscuridad brilla, las máscaras muestran y la resis-
tencia es una forma de vida que hace de los zapatistas “sím-
bolos vivientes”, que parecen encarnar a su modo la
propuesta de Pierce de que “todo símbolo es un ente
viviente”.
La palabra como espejo o cristal, como materia refle-
jante (y reflexiva) o refractora, o como Marcos escribe en su
Introducción a un texto titulado “El mundo: siete pensamien-
tos en Mayo del 2003”, originalmente aparecido en la revista
Rebeldía y publicado después por La Jornada:
“Conforme se van deteriorando los calendarios del
poder y las grandes corporaciones de los medios de comuni-
cación titubean entre los ridículos y las tragedias que prota-
goniza y promueve la clase política mundial, abajo, en el
gran y extendido basamento de la Torre de Babel moderna,
los movimientos no cesan, y aunque aún balbuceantes,
empiezan a recuperar la palabra y su capacidad de espejo y
cristal. Mientras arriba se decreta la política del desencuen-
tro, en el sótano del mundo los otros se encuentran a sí mis-
mos y al otro que, siendo, diferente, es otro abajo”.
Es el “excedente del otro”, para volver a Bajtín, quien
en un “borrador”, conocido como “El hombre ante el espejo”
afirmaba:
“Yo no miro al mundo con mis propios ojos y desde mi
interior, sino que yo me miro a mí mismo con los ojos del
mundo, estoy poseído por el otro”.
Y así más adelante del texto ya citado, Marcos señalará
las consecuencias de comprometer la palabra:
“Nosotros creemos que la palabra deja huella, las hue-
llas marcan rumbos, los rumbos implican definiciones y com-
promisos. Quienes comprometen su palabra a favor o en
contra de un movimiento, no sólo tienen el deber de hablarla,
también el de “agudizarla” pensando en sus objetivos. “¿Para
qué” y “¿contra qué” son preguntas que deben acompañar a la
palabra”.
Esto supone a su vez una crítica a eso que Marcos ha
denominado, en un texto titulado “Otra geografía”, precisa-
mente, como la “otra geografía de las palabras”, y en el que se
indica el papel que los medios de comunicación juegan como
aliados del poder:
eso, los zapatistas han preferido en
varias ocasiones el silencio que dialo-
gar con quien no cumple con su pala-
bra. O mejor dicho, con su silencio es
que le responden.
Y así es como el zapatismo ha
hecho de su palabra (pero también de
su silencio) no sólo un arma de lucha
sino además un motivo para la lucha.
Los zapatistas nos han hecho ver y oír
(sobre todo a quienes nos dedicamos
a los estudios del discurso) el funcio-
namiento de la palabra, las conse-
cuencias y efectos de hablar, de
simplemente hablar unos con otros.
Cuestión en apariencia banal pero que
supone no pocos riesgos, tal como se
lo pregunta Foucault en su Orden del
discurso: “…¿qué hay de peligroso en
el hecho de que las gentes hablen y de
que sus discursos proliferen indefini-
damente?”
Y es el mismo Foucault quien
nos recuerda que se puede hablar de
cualquier cosa y que no cualquiera lo
puede hacer (“tabú del objeto, ritual
de la circunstancia y derecho exclu-
sivo o privilegiado de quien habla”
llamará a esta tripleta de prohibicio-
nes que controlan los discursos en
toda sociedad). Como sucedió con la
polémica generada cuando los zapa-
tistas y otros grupos de indígenas
intentaban (y finalmente lo lograron
el 28 de Marzo del 20001) hablar en
la tribuna principal del Congreso de
la Unión para defender la “Iniciativa
de Ley de los Derechos y la Cultura
Indígenas” propuesta por la Cocopa
(siglas de la Comisión para la Con-
cordia y Pacificación), luego de una
marcha que recorrió parte del país,
conocida como la Marcha del Color
de la Tierra.
¿En qué condiciones es pues
posible dialogar? O mejor, cómo,
con quién y para qué dialogar? Esto
lo han aprendido los zapatistas a lo
“Las palabras cambian y también las imágenes (…)
Hoy es en las portadas de las revistas, periódicos y noticieros
televisivos y radiales, que el dogma guarda la memoria de sí
mismo en las hemerotecas, y se asegura de servir de coartada
para los continuadores de la pesadilla fundamentalista…”
“…las palabras cambian su geografía, no dicen ya lo
que dicen, sino lo que quieren ellos, los que son poder, que
digan”.
Es pues este el panorama discursivo al que se enfrenta el
zapatismo: por un lado buscar el acercamiento con aquellos
que buscan también desde sus propias realidades e intereses
el cambio social que beneficie a los muchos, y por otra, la
confrontación con el discurso de esa minoría de poderosos y
sus aliados ideológicos, todo ello, en diferentes espacios, que
llevan de lo local y regional a lo nacional e internacional (y
viceversa).
Sin embargo, lo anterior no implica un proceso sencillo
y cómodo, donde la noción de “diálogo” estuviera definida
desde siempre, sino que se ha ido construyendo en la práctica
cotidiana de los zapatistas, lo que no excluye tampoco errores
o conflictos con aquellos con quienes se intente o se ha inten-
tado dialogar. Como ocurrió cuando bajo el lema de “Darle
una oportunidad a la palabra”, a propósito de la posibilidad
de un debate entre Marcos y el juez español Baltazar Garzón,
se propuso un encuentro entre los diferentes actores sociales
y políticos del país vasco. Ni el debate ni el encuentro fueron
realizados, pero quizá esto sirvió para mostrar la forma como
el zapatismo ha buscado interlocutores incluso a nivel inter-
nacional al solidarizarse con otros movimientos sociales,
como es el caso de los piqueteros argentinos o los distintos
movimientos “globalifóbicos” (o si se quiere mejor llamarlos
“altermundistas”) que luchan porque saben que “otro mundo
es posible”, o por “un mundo donde quepan muchos mun-
dos” para decirlo en lenguaje zapatista (o para decirlo tam-
bién con el título del libro de John Holloway, por Cambiar el
mundo sin tomar el poder). De este modo, el lema “Darle una
oportunidad a la palabra” (no exento de ecos lennonianos por
aquello del Give peace a chance) podría significar: crear las
condiciones (subjetivas y objetivas) para poder apalabrarse y
llegar así a acuerdos.
Y esto sucede hasta entre los mismos zapatistas y en
relación con quienes se han propuesto dialogar con ellos. El
diálogo no ha sido fácil, aunque lo parezca. Porque para
hablar unos con otros hay también que aprender a escuchar y
a ser escuchado. Quizá ésta sea la lección que el zapatismo ha
aprendido y ha hecho aprender a otros. Lo que Marcos ha
definido como “el principal acto fundamental del EZLN”. O
sea, el aprender a escuchar y hablar. Proceso que describe
29
tanto con respecto a su vinculación
con la “sociedad civil” como con los
pueblos indígenas, en uno de los tex-
tos de la serie de comunicados titu-
lada “Chiapas: la treceava estela”
donde se replantea la estrategia de
diálogo de los zapatistas con las agru-
paciones, en especial con las orga-
nizaciones no gubernamentales
asistencialistas, que se han solidariza-
do con ellos:
“Nosotros aprendimos a escu-
char y hablar, al igual, imagino, que la
sociedad civil. También imagino que
el aprendizaje fue menos arduo para
nosotros. Después de todo ése había
sido el origen fundamental del EZLN
(…) ¿Cuánto tiempo tardamos en dar-
nos cuenta de que teníamos que
aprender a escuchar y después a
Subcomandante Insurgente Marcos, Guadalupe Tepeyac,
Chiapas, octubre de 1994
MARCO UGARTE
30
como las posibilidades que presupone todo diálogo (sea este
interpersonal, intergrupal, intercultural o internacional) y que
permite cruzar o por lo menos rozar las fronteras semióticas,
como las llama Lotman.
Y así es como Marcos nos detalla la forma como se
toman los acuerdos entre los zapatistas, a propósito de la
creación de los “Caracoles”, que sustituyen a los “Aguas-
calientes”: “…desde la curva más externa del caracol se
piensa en palabras como ‘globalización’, ‘guerra de domi-
nación’, ‘resistencia’, ‘economía’, ‘ciudad’, ‘campo’,
‘situación política’ y otras que el borrador va eliminando
después de la pregunta de rigor: ‘¿está claro o hay pre-
gunta?’. Al final del camino de fuera hacia adentro, en el
centro del caracol sólo quedan unas siglas: ‘EZLN’. Des-
pués hay propuestas y se dibujan, en el pensamiento y en el
corazón, ventanas y puertas que sólo ellos ven (…) La palabra
dispar y dispersa empieza a hacer camino común y colecti-
vo. Alguien pregunta: ‘¿Hay acuerdo?’ ‘Hay’, responde
hablar? No estoy seguro, han pasado
ya no pocas lunas, pero yo calculo
unos dos años al menos. Es decir, lo
que en 1984 era una guerrilla revolu-
cionaria de corte clásico (…) para
1986 ya era un grupo armado, abru-
madoramente indígena, escuchando
con atención y balbuceando apenas
sus primeras palabras con un nuevo
maestro: los pueblos indios”.
Esta dificultad y com-
plejidad del diálogo quedará
representada mediante la
figura del caracol, una ima-
gen metafórica que sintetiza
un proyecto ético-político a
la vez que una concepción
simbólica de la comunidad y
de la comunicación entre
quienes la conforman, la que
es expuesta por Marcos utili-
zando una mezcla de recur-
sos retóricos y estilísticos
que van de la reiteración
léxica y rítmica (que produ-
ce una suerte de eco, simu-
lando el sonido del caracol)
hasta la sinestesia donde los
sentidos se confunden:
“…dicen que dicen
que decían que con el cara-
col se llamaba al colectivo
para que la palabra fuera de
uno a otro y naciera el acuer-
do. Y también dicen que
dicen que decían que el cara-
col era ayuda para que el
oído escuchara incluso la
palabra más lejana. Eso
dicen que dicen que decían.
Yo no lo sé. Yo camino contigo de la
mano y te muestro lo que ve mi oído y
escucha mi mirada. Y veo y escucho
un caracol, el pu´y, como dicen en
lengua de acá”.
La espiral del caracol marca un
recorrido que lleva de afuera hacia
adentro y de adentro hacia fuera,
Selva Lacandona, Chiapas, 1994 EMILIANO THIBAUT Mayor Moisés, Guadalupe Tepeyac, Chiapas
afirmando la voz colectiva. De nuevo se traza el caracol,
pero ahora en camino inverso hasta que sólo queda, llenan-
do el viejo pizarrón, una frase que para muchos es delirio,
pero para estos hombres y mujeres es una razón de lucha
‘un mundo donde quepan muchos mundos’. Más despueci-
to una decisión se toma”.
De este modo, en la práctica discursiva del zapatismo
se concibe al diálogo no sólo en su aspecto “polifónico” y
“heteroglósico” (para abusar un poco del buen Bajtín),
como entrecruzamiento de las múltiples y hasta encontradas
voces que participan en la toma de decisiones políticas,
sino también el diálogo es considerado en función de los
distintos destinatarios a quienes el discurso va dirigido, o
para decirlo con Ch. Perelman, la “heterogeneidad de los
auditorios”, o como la ha denominado el español Tomás
Albaladejo, la poliacroacis. Según este último: “La oratoria
política se caracteriza por la poliacroacis, es decir por la
audición múltiple, por la multiplicidad de posiciones de la
interpretación que es llevada a cabo
por el auditorio retórico”.
Y muestra de ello fue la serie
de discursos pronunciados por los
comandantes zapatistas en la inau-
guración de los Caracoles en agosto
de este 2003, en la que se dedicó un
determinado discurso a un tipo de
destinatario específico como lo fue-
ron los pueblos indios de México,
los campesinos, las muje-
res, los jóvenes, y los pue-
blos del mundo en general,
una buena costumbre que
el zapatismo tiene de iden-
tificar y de identificarse
con sus posibles recepto-
res.
De tal manera que el
movimiento zapatista ha
generado con sus discursos
(que también son acciones)
una situación inédita, por
lo menos en nuestro país, al
hacer de su palabra y con
su palabra, como ya se dijo,
una forma de interacción
social y política eficaz, que
convoca y provoca a otros a
participar con sus propios
discursos (lo que no es
poca cosa) en la toma de
decisiones colectivas: una
de las características de una
auténtica vida democrática.
Nos ha enseñado a escu-
char y a reconocer el poder
de la palabra más que la
palabra del poder, el poder
de poder apalabrarnos, y
también nos ha enseñado a darle una
oportunidad a la palabra de cada uno
de nosotros, que a la vez somos
otros.
Nota:
Luis de la Peña Martínez es Profesor de Teoría
del Discurso en la Escuela Nacional de Antro-
pología e Historia (apalabrar@yahoo.com).
as, 2 de febrero de 1995 JESÚS RAMÍREZ Subcomandante Insurgente Marcos,
Selva Lacandona, Chiapas, junio de 1994
RAÚL ORTEGA/LA JORNADA
31
culturayzapatismo
32
Hace 10 años nos levantamos contra
el gobierno que decía que no existíamos,
y cuando hablamos nos quiso callar
con sus cañones. Pero aquí estamos.
Ni nos callamos ni nos fuimos.
Representante comunitario,
en territorio rebelde.
En estos festejos de los 20 y 10 años del EZLN, a
final de cuentas, lo que estamos celebrando son los
10 y 20 años de la renovación de la vieja lucha con-
tra la cultura dominante, contra esa cultura de ado-
ración al dinero y desprecio por la dignidad
humana. Después de haber pasado por un largo
periodo histórico de desaliento en el que los dueños
del capital proclamaban a los cuatro vientos el fin
de la historia y nos aseguraban que vivíamos en el
Antonio Ramírez Chávez
Zapatismo y Creatividad
Convención Nacional Democrática, Guadalupe Tepeyac,
Chiapas, agosto de 1994
JORGE CLARO
cultura y zapatismo
33
mejor de los mundos posibles y que no había posi-
bilidad ni cabida de otros mundos, ahora, en esta
nueva etapa, vemos en la lucha que renació en la
Selva Lacandona, que la imaginación y la poesía
son posibles y tienen un lugar, incluso en el queha-
cer político mismo. El EZLN ha planteado y aplica-
do una nueva manera de hacer política. Esta forma
ha crecido y, desde hace tiempo ya, rebasa las fron-
teras del país como un viento esperanzador. Pero,
aunque respiremos estos aires de esperanza, no
debemos, como se dice, bajar la guardia. En ese
ánimo quiero ofrecer aquí algunos puntos acerca
del artista y su quehacer. Espero que, aunque sea
modestamente, aporten algo para una necesaria
discusión y, por tanto, sirvan para la reflexión
colectiva.
Existen muy variadas ideas de lo que el artis-
ta es, pero desde que la burguesía puso el pie en el
escenario de la historia, ha venido incubando una
idea muy peculiar de este hacedor. La imagen del
artista que la clase dominante nos viene transmi-
tiendo a lo largo ya de varios siglos, aquel sencillo
trabajador, el hábil artesano de carne y hueso, a
devenido en un ser especial, casi divino: un “sabe-
lotodo” que no requiere de vivir otra realidad que
la del arte mismo, pero entendiendo el arte como
un producto ajeno al suceder social y político. A la
fecha, no pocos productores artísticos abrazan esta
concepción justificando así el desinterés que
manifiestan por lo que acontece en la sociedad que
les tocó vivir. Pero el artista, si artista es, de alguna
forma estará absorbiendo su entorno y, si el arte es
cultura, y la cultura siempre ha requerido de criti-
carse a sí misma para no sufrir estancamiento,
entonces el artista verdadero es un agente de con-
tracultura. De la misma manera, frente a la cultura
impuesta por los señores del dinero, el zapatismo
es una fortísima expresión contracultural.
Es bien sabido que la actividad del arte está
intrínsecamente ligada al concepto de libertad, y
que así como la libertad es una necesidad humana
irrenunciable, también lo es el arte. Para nosotros
queda claro que éste no sólo es derecho y necesi-
dad de un grupo de elegidos porque, igual que de
aire y de alimento, todos requerimos de eso que
llamamos “arte”, o sea, todos necesitamos decir-
nos, y decirle poéticamente al otro, cómo vemos el
mundo... y cómo lo quisiéramos. Por medio de esa
crítica poética nos humanizamos. El poder es ene-
migo de toda crítica y para él no hay más poética
que la máxima ganancia; es por eso que poder y
cultura se contraponen. En la medida en que uno se
fortalece, proporcionalmente el otro se debilita.
Así, todos los días vemos que el poder no puede
Construcción del Aguascalientes, Guadalupe Tepeyac, Chiapas, julio de 1994 RAÚL ORTEGA/LA JORNADA
culturayzapatismo
34
ver más allá de la cerviz doblada de sus apologis-
tas; y el agraviado por él a veces no es escuchado
ni por sus iguales. Esto lo digo tomando prestadas
por unos momentos algunas ideas de Luis Hernán-
dez Navarro; en esta línea, pensemos en los miles
de zapatistas que se presentaron ante la nación y el
mundo aquel 1 de enero de 1994. Desde entonces
ellos tuvieron que derrumbar tremendas barreras
para comunicarnos las ofensas sufridas. Desde los
primeros días pudimos ver en los indios rebeldes
de Chiapas la generosidad, la creatividad en sus
acciones y palabras. Los rebeldes lograron ser
escuchados y vistos por nosotros en virtud de la
manera de decir las cosas; nos sacaron del letargo
y, ante la imposibilidad de diálogo con el mal
gobierno —ese viejo sordo y ciego—, su imagina-
ción política construyó un puente de comunica-
ción con la otra parte del pueblo agraviado. Y así,
en ese diálogo nos ha contado viejas cosas con un
lenguaje sorprendentemente nuevo que bien haría-
mos en analizarlo quienes nos movemos en el
terreno del arte. Ellos, los zapatistas de Chiapas,
han generado con su andar creativo amplísimas
redes de comunicación en las que, a la vuelta de los
últimos diez años, hemos visto crecer un cúmulo
de manifestaciones realizadas por colectivos,
organizaciones sociales, grupos e individuos.
Música, fotografía, páginas web, videos, radios
independientes, carteles, literatura, teatro, poesía y
pintura, han venido surgiendo del propio movi-
miento zapatista, en la zona de guerra y fuera de
ella, dentro del país y en el extranjero y, a pesar de
esta avalancha cultural, el gobierno mexicano se
ha empeñado en ignorarlos, e ignorarnos a todos
los inconformes, a pesar de la nitidez de las
demandas planteadas. Pero la resistencia sigue.
Ahora, me parece importante y necesario que
revisemos qué tan a fondo estamos yendo en esa
resistencia los que intentamos hacer arte. Quisiera
señalar, al menos, algunos problemas que percibo
en el ámbito de la pintura: una primera reflexión es
que no pocos compañeros han hecho innumerables
trabajos, kilómetros de pinceladas y brochazos que
no hacen sino repetir esquemáticamente la imagen
de todo un ejército de personajes-símbolos sin
aportar nada nuevo en cuanto a su factura. Este
tipo de obras no va más allá de la incorporación del
tema del zapatismo; se ha producido un verdadero
aluvión de pinturas que repiten hasta la saciedad
un montón de imágenes descriptivas, con una
lamentable pobreza de recursos plásticos al repre-
sentar encapuchados, Zapatas, Marcos (con pipa
para que no sea confundido), Ches, etcétera, etcé-
tera, en un discurso visual que está estancado en
las viejísimas maneras de la “Escuela mexicana de
pintura” o del “Taller de gráfica popular” (por cier-
to, muy otros y aportadores son, en general, los
resultados en los murales colectivos realizados por
los no-pintores de las comunidades de la zona
zapatista). Me permito decirlo así: más vale hacer
un verso bien sentido y construido de manera que
conmueva, que hacer mil cuartillas que repitan
hasta el aburrimiento lo que la realidad a secas nos
muestra con mayor elocuencia. De este modo,
independientemente de las buenas intenciones que
desde luego existen en los autores de dichos traba-
jos, en la casi omnipresencia de sus obras se perci-
be el engolosinamiento con la cantidad en
detrimento de la calidad. Siempre es bueno dete-
nerse, aunque sea por un momento, para mirar y
pensar sobre lo que está uno haciendo. En el arte
como en la política es sumamente necesario anali-
zar lo ya hecho para discutir, con más y mejores
elementos, planteamientos nuevos.
Hay otra vertiente sumamente importante a
desarrollar por el artista plástico. Me refiero a que,
independientemente de plasmar el sentir indivi-
dual o grupal del pintor, hay que avanzar el trabajo
en el sentido de generar entre la población no pin-
tora el entusiasmo por pintar su sentir; con activi-
dades concretas el pintor profesional puede
destapar, hacer visible esa necesidad del arte que,
insisto, está allí, aunque atrofiada por mil factores
que, como virus, flotan en los aires del sistema.
Urge seguir reivindicando espacios para la expre-
sión artística; comunicarnos con el otro en las
calles de las ciudades y los pueblos con formas
renovadas, esto es algo que se necesita para tentar
a los demás, al hombre y la mujer que no tiene al
arte como su forma de expresión cotidiana, para
que también ellos nos digan su sentir. Dentro de
esta idea, en la ciudad de Guadalajara, nos pareció
importante convocar a hombres, mujeres, niñas y
niños a pintar una macro-manta de 1.80 de ancho
por 400 metros de largo en marzo del año pasado.
La gente atendió al llamado y, acompañada por
cultura y zapatismo
35
algunos pintores profesionales, con material con-
seguido en donación aquí y allá, se puso con pres-
teza a pintar toda la mañana repudiando la
invasión de Estados Unidos a Irak. Por la tarde se
realizó una nutrida marcha por las principales
calles de la ciudad mostrando la enorme serpiente
de manta pintada (nuestra obra colectiva), hasta
llegar al consulado norteamericano y envolverlo
materialmente por sus cuatro costados entre el
fuerte estruendo de las percusiones de jóvenes
músicos, consignas, el danzar vigoroso de bailari-
nas y un sin fin de figuras emblemáticas de cartón
y hule-espuma. De esa manera la gente se sumó en
aquella ocasión al repudio mundial contra el
mayor poder militar y económico del mundo. En
una de las ciudades que tanta fama tiene de conser-
vadora, la gente envolvió con coraje y rebeldía
hechas pintura, música y palabra, a la representa-
ción “diplomática” del poder imperial. Este es sólo
un ejemplo que nos tocó vivir de manera directa,
sólo un ejemplo.
Por último, veamos lo siguiente. Rehuir al
tema para evitar caer en el “panfleto” es la actitud
que ciertos artistas plásticos adoptan, es por eso tal
vez que algunos prefieren relacionarse con el
movimiento zapatista de una manera extra-
artística, por la vía de diversos tipos de apoyos.
Una actitud solidaria, plausible desde luego, pero
ciega en cuanto a ver al zapatismo como un movi-
miento cargado de propuestas creativas, que lanza
retos a la imaginación y al arte. Aparte de todo, no
hay que dejar de señalar que el panfleto tiene una
función específica y que a todo movimiento social
le es necesario en determinado nivel... pero la
dinámica de las necesidades no tiene porqué ago-
tarse en él. Con riesgo de ser reiterativo hay que
decir que el tema no es el problema; finalmente, si
pinto al subcomandante Marcos, al comandante
David, a Zapata o a Votán, lo que hay que ver es
cómo lo hago. Importa el qué, pero el cómo es
fundamental. Lo importante es profundizar, afir-
mar la vida en el arte... y el arte en la vida. A mi
modo de ver allí tenemos una gran tarea por reali-
zar. Porque al poder hay muchas formas de enfren-
tarlo, y una de ellas es con nuestro trabajo, por eso
debemos empeñarnos en crecer nuestra obra en
calidad, es decir en profundidad, y reafirmarnos
con ella como seres humanos.
Ante el poder, que siempre está ocupado en
controlar nuestras mentes y nuestros corazones, no
veo otra alternativa que resistir:
Contra la destrucción, la actividad creadora.
Guadalajara, Jal., enero de 2004
Convención Nacional Democrática, Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 OMAR MENESES
36
militando
Las huelgas de 1958-559:
una confrontación de
ccllaasseeccllaassee Edmundo Jardón Arzate
Convención Nacional Democrática, Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 RICARDO DENEKE
Selva Lacandona, Chiapas, 1994 JULIO CANDELARIA
37
militando
La historia de los ferrocarriles en México no se
resume, aunque sí es un presagio, en aquella con-
cesión de la última etapa de Antonio López de
SantaAnna en el poder, consistente en la construc-
ción de un “camino de fierro” que cruzaría el Istmo
de Tehuantepec —comunicando el litoral del
Golfo de México con el del Pacífico—, bajo el
control del ejército de los Estados Unidos deAmé-
rica, cuyas tropas tendrían en todo el tiempo el
derecho de transitar la zona.
Presagio porque ese “camino de fierro” está
dentro de los proyectos de modernización englo-
bados en el Plan Puebla-Panamá que, de materiali-
zarse, no sólo partirá a nuestra República en dos,
sino que dejará del otro lado —junto con Centro-
américa— a un apreciable número de etnias, al
Ejército Zapatista de Liberación Nacional o a sus
sucesores y, por supuesto, a codiciadas riquezas
naturales, como los hidrocarburos, las selvas tropi-
cales, las corrientes fluviales y sus potenciales
energéticos, el uranio, etcétera.
Los ferrocarriles sirven para transportar mer-
cancías y personas; para abatir la economía de
autoconsumo y estimular la economía mercantil;
para ir del mercado local al regional y de ahí al
nacional; para impulsar la producción manufactu-
rera y ampliarla y para incrementar y diversificar
el consumo de bienes o servicios. La construcción
y el funcionamiento de los ferrocarriles represen-
taban, al entrar el siglo XX, la generación de la
mitad del ingreso per capita de los mexicanos.
Atodo esto hay que añadir un elemento sin el
que todo lo anterior carecería de sentido: los traba-
jadores. Si de los ferrocarriles hablamos, hable-
mos de los trabajadores ferrocarrileros.
Como otros de su clase —de la hoy desapare-
cida del lenguaje cotidiano y político-sociológico
y filosófico, clase trabajadora, obrera o proleta-
ria—, los ferrocarrileros mexicanos se organiza-
ron en sociedades mutualistas cuya finalidad
principal era ahorrar colectivamente para auxiliar
individualmente al socio que lo requiriese en casos
de enfermedad. Pero la relación originada en el tra-
bajo común conduce a algo más que a la solidari-
dad elemental; lleva a la identificación de
problemas no individuales, sino colectivos, comu-
nes, originados por lo que el patrón, el empresario,
el dueño, impone como reglas laborales sin tomar
en cuenta a los trabajadores, que son quienes tie-
nen que acatarlas hasta que descubren la trampa y
deciden luchar para salirse de ella.
Así, se dieron las tempranas huelgas de los
ferrocarrileros de la estación de Toluca en 1877
contra los capataces yanquis y la de los rieleros del
Ferrocarril Central a los que se obligaba a trabajar
después de la hora convenida. Los trabajadores lo
entendieron bien: a nuevas condiciones, nuevas
organizaciones. De las mutualidades se pasó a las
uniones y a los círculos y esa entonces llamada
“plebe intelectual” esparció peligrosas ideas con-
tra Porfirio Díaz y sus “científicos”, calificando al
régimen de “extranjerismo desmesurado”.
El 26 de mayo de 1911 por la noche, acom-
pañado del presidente del Ferrocarril Mexicano,
Porfirio Díaz subió al “carro pullman” del tren que
los transportó al puerto de Veracruz para abando-
nar el país.
A partir de ese momento, no sería uno, sino
muchos quienes viajarían en tren: “los de abajo”,
los de “la bola”, “los revoltosos”, “los pelados”,
“la plebe”, “los gañanes”, “los payos”, “la india-
da”, sin la compañía de ningún presidente de nin-
guna empresa ferrocarrilera. Y hasta vendría a
haberlos quienes dejaron de ser rieleros y decidie-
ron hacer el viaje cono revolucionarios. El más
renombrado de entre ellos, el por muchos motivos
temible Rodolfo Fierro.
Las concesiones a las empresas estadouni-
denses para que construyesen, manejasen y explo-
tasen los ferrocarriles dejaron secuelas
inesperadas. Los ferrocarrileros recibieron la
influencia directa de los gringos en dos sentidos:
Por un lado estaba la acentuada discriminación en
los salarios, en el otorgamiento de viviendas y en
los servicios médicos; muy por encima en favor de
los extranjeros de los que por esos y otros concep-
tos se otorgaba a los mexicanos. O, mejor dicho,
no les otorgaban porque, aparte de los salarios
hasta diez veces inferiores a los percibidos por los
extranjeros y del disfrute que tenían ellos de los
cargos de mayor responsabilidad administrativa,
de manejo de equipos complicados y de conoci-
mientos y responsabilidades tecnológicas, los
mexicanos eran relegados al desempeño de labo-
res secundarias, carecían de cualquier prestación.
Eso fue un aporte a la actitud en un principio de
38
militando
En 1933, los ferrocarrileros constituían el
estamento más numeroso entre los de carácter
industrial de toda la República y su radio de
influencia se dejaba sentir en todo el movimiento
obrero. Entre 1932 y 1933, se celebró el IV Con-
greso Nacional Ferrocarrilero, y en febrero de ese
último año se fundó el Sindicato de Trabajadores
Ferrocarrileros de la República Mexicana que tuvo
como secretario general a Elías Terán Gómez, un
comunista.
Luego, el primer acto de nacionalización en
gran escala y en el área industrial realizado por el
gobierno de Lázaro Cárdenas fue el de la nacionali-
zación de todas las líneas ferroviarias existentes en
el país en 1937, encomendando la administración
de las mismas a Margarito Ramírez, el maquinista
que ayudó a escapar a Álvaro Obregón, disfrazado
de fogonero, de la Ciudad de México, cuando los
carrancistas se le venían encima en 1920.
Con la creación del sindicato ferroviario, las
tendencias socialistas proliferaron causando alar-
ma en los centros del poder económico y político
de Estados Unidos y en los que tenían como
capitán indiscutible en lo político a Plutarco Elías
Calles, y en lo económico al “grupo Monterrey”,
con los Garza Sada, los Elizondo, los Lagüera, los
Salinas, los Prieto, etcétera. Y, en estante aparte, a
los concesionarios anglo-holandeses-estadouni-
denses del petróleo y a los accionistas de los fun-
dos mineros.
Pero los tiempos cambiaron con la decisión
de Lázaro Cárdenas de nombrar como su sucesor
a Manuel Ávila Camacho y el giro a la derecha
llegó al extremo cuando, en 1948, el gobierno de
MiguelAlemán decidió deshacerse de los dirigen-
tes nacionales del sindicato ferroviario, que
habían promovido diversas acciones apoyando a
los sectores populares que luchaban contra la
carestía de la vida.Arbitrariamente, y con la inter-
vención de contingentes policíacos, fueron expul-
sados de sus oficinas sindicales en la Avenida
Hidalgo 59 de la Ciudad de México, Rogelio Flo-
res Zaragoza y Emilio Pineda, así como decenas
de dirigentes en todas las secciones del país. Jesús
Díaz de León, dueño de un rancho de cría de caba-
llos de raza, de donde le venía el apodo de “el cha-
rro”, queda al frente de la secretaría general,
sujeto a la “asesoría” de Alfredo Navarrete, un
antiextranjerismo, luego de antiyanquismo y, en el
extremo, entre quienes recogieron una porción del
anarquismo floresmagonista y le adicionaron los
elementos de que disponían de socialismo, a una
posición antiimperialista.
El otro lado fue el reverso de la medalla.
Entre los trabajadores gringos había quienes en su
país pertenecían a organizaciones sindicales y,
aún más, quienes militaban políticamente en el
socialismo estadounidense que, influido por las
ideas de Marx y Engels, llegó a tener importancia
a fines del siglo XIX y principios del XX. De ellos
los trabajadores ferrocarrileros mexicanos apren-
dieron las formas de organización, de agrupa-
miento, que iban más allá de las mutualidades. En
1912 se creó la Confederación Obrera de Mecáni-
cos; en 1913, la Unión de Conductores, Maquinis-
tas, Garroteros y Fogoneros. Poco más adelante la
Confederación de Gremios Mexicanos, un avance
hacia la desaparición de los agrupamientos por
gremios, tendencia que se reforzó en la década de
los 20, a raíz de la huelga de 1926-27, encabezada
por Hernán Laborde, quien logró la incorporación
de los rieleros del Ferrocarril del Sudpacífico a
esa huelga y a la Confederación de Transportes y
Comunicaciones.
Detenido en Altamira, Tamaulipas, Laborde
fue traído a la prisión de Santiago Tlatelolco como
paso previo a la aplicación de la "ley fuga" contra
él. Pero se declaró en huelga de hambre, lo que
suscitó el reforzamiento de las movilizaciones
populares e intervenciones de Adalberto Tejeda,
Lázaro Cárdenas, Heriberto Jara y Francisco J.
Múgica ante Emilio Portes Gil, intervenciones que
sirvieron para que éste convenciera al presidente
Plutarco Elías Calles para que renunciara al turbio
plan de matar a Laborde.
Una vez libre, el mismo año de 1928, Labor-
de ganó la diputación federal por el distrito de Jala-
pa, Veracruz, postulado y apoyado por el Partido
Ferrocarrilero Unitario y por una fracción del Par-
tido Laborista. Después, sería desaforado por
haber mostrado desde la tribuna de la Cámara la
bandera que César Augusto Sandino envió con un
mensaje escrito en la misma exaltando al Partido
Comunista, y porque se opuso a la visita a México
del entonces presidente electo de Estados Unidos
deAmérica, Herbert Hoover.
39
militando
instrumento de la presidencia de la República que,
en tiempos de Cárdenas, fue uno de los que enca-
bezaron las luchas contra los empresarios y contra
Calles.
Ese año de 1948 todavía no se creaba el Par-
tido Obrero Campesino Mexicano (POCM), pero
su núcleo representativo ya existía integrado por
Hernán Laborde, Miguel Ángel Velasco, Valentín
Campa, Consuelo Uranga, Máximo Correa, Pedro
Reséndiz, Juan Gallardo, Francisco Sánchez,
Guadalupe López, Vicente Ojeda, Ricardo Gue-
rra, Miguel Miriedas, Luciano Cedillo, Francisco
Leal Zamora, Rogelio Flores Zaragoza, Emilio
Pineda, Amós Salinas, Manuel Martínez, Luis
Chávez Orozco, Alberto Bremaunz, Demetrio
Vallejo y el autor de estas líneas, todos ellos
miembros del Comité Central de Acción Socialis-
ta Unificada.
Mientras tanto, el régimen alemanista reformó
el artículo 27 Constitucional, ampliando los lími-
tes de la “pequeña propiedad” para encubrir lati-
fundios y creando el “amparo agrario” para que los
latifundistas tuvieran más armas legales para evi-
tar ser afectados. Fue una contrarreforma agraria
que luego sería imitada y llevada a su clímax con
las nuevas “reformas” constitucionales impuestas
por el señor Salinas de Gortari.
Lombardo Toledano, Enrique Ramírez y
Ramírez, Rafael Carrillo, Luis Torres, al lado de
Dionisio Encinas, Jorge Fernández Anaya, Carlos
Sánchez Cárdenas y Fernando Granados Cortés
(los cuatro últimos del Partido Comunista), asu-
mieron la defensa de esos actos del gobierno de
Miguel Alemán, aduciendo que se creaban nuevas
condiciones legales para impulsar la reforma agra-
ria y que interrumpir la producción de cualquiera
de las ramas de la industria petrolera equivalía a
ayudar a desbrozar el camino para el retorno de las
empresas imperialistas.
Las reformas al artículo 27 pronto presiona-
ron y en todas direcciones a la economía nacional.
La imposición de Fernando Amilpa en la Secre-
taría General de la CTM,
condujo a la separación del
sindicato ferrocarrilero de
esa central y a la creación
de la Central Única de Tra-
bajadores (CUT). La inter-
vención del ejército contra
los petroleros en Azcapo-
zalco presentó como “nor-
mal” —con los medios
periodísticos justificando
el suceso— el “charrazo”
del 24 de octubre de 1948,
con militares disfrazados
de civiles y con decenas de
auténticos agentes policía-
cos.
La ofensiva contra los
“conspiradores comunis-
tas” iba en serio. Se trataba
de expulsarlos de todos los
sindicatos y de todas las centrales de trabajadores,
ferrocarrileros por delante.
Y siguieron mineros, petroleros, telefonis-
tas, electricistas, azucareros, etcétera, quedando
pequeños núcleos en la industria hulera, ya fun-
dado el Partido Obrero-Campesino; en la de texti-
les del DF y en Veracruz junto a los estibadores
incorporados al recién fundado Partido Popular,
el de “nuevo tipo” anunciado por Lombardo,
cuya organización quedó a cargo de cuadros del
Partido Comunista que nunca retornaron al gru-
po dirigido por Encinas, lo mismo que los del
La Realidad, Chiapas, octubre de 1995 YURIRIA PANTOJA MILLÁN
40
militando
reconsideración entre los maestros de las escue-
las primarias y secundarias, militantes del PCM,
de los planteamientos de Lombardo avalados por
la dirección encabezada por Dionisio Encinas.
Con Othón Salazar como su líder, poco a poco se
fue gestando en el magisterio un movimiento en
demanda de mejores salarios y una inevitable
confrontación con los líderes oficiales.
El “tortuguismo”
Y entre los ferrocarrileros las cosas también se
iban moviendo, cambiando. En el auge de la cons-
trucción de vías férreas, durante la dictadura de
Porfirio Díaz, se expidió un reglamento destinado
a regular los desplazamientos de los trenes en
camino, según fuesen de pasajeros o de carga e,
igualmente, para su manejo en los patios adjuntos
a las estaciones más importantes de la red, mismas
que aumentaron en la medida en que el medio de
transporte más avanzado de la época adquiría pre-
ponderancia en la vida económica del país. En ese
reglamento se disponía que los desplazamientos
de las locomotoras de camino o de patio, así como
los convoyes o trenes, no debían rebasar la veloci-
dad de 10 kilómetros por hora dentro de las áreas
de los patios.
noroeste de la República en los estados de Naya-
rit y Sonora, con notable ascendiente entre peo-
nes agrícolas y cañeros. De pilón, apenas en
proceso de formación el partido de “nuevo tipo”,
Lombardo fue expulsado de la CTM y, aunque
nunca se oficializó, del PRI. Tenía que rectificar
y aceptar, como siempre a regañadientes, algún
entendimiento con los comunistas. No con los del
Partido Comunista que lo seguían, sino con los
comunistas de Acción Socialista Unificada —
cuando la Mesa Redonda de Marxistas— y, en
1949, del Partido Obrero-Campesino. Lo hizo
tangencialmente. Fue a la prisión de Lecumberri
a visitar a Luis Gómez Z., —secretario general
de la CUT, cuyo sindicato más importante era el
de los ferrocarrileros, y
contra el que se centraba la
ofensiva gubernamental—
preso junto con Valentín
Campa. Tangencialmente,
pues, la visita a Gómez Z.
fue entendida por quienes
tenían como secretario
general a Hernán Laborde,
como una propuesta de
alianza opuesta a los ya
para entonces conocidos
como “líderes charros”,
por la generalización del
apodo de Jesús Díaz de
León, conservado por el
sistema como secretario
general ferrocarrilero.
Siguieron seis años de
“charrismo”, de dóciles y
bien retribuidos dirigentes
sindicales que se apresuraron a “cerrar filas” en
apoyo al gobierno deAdolfo Ruiz Cortines.
Pero otros fenómenos se iban gestando. La
dura experiencia de los mineros de Nueva Rosita,
Cloete y Barroterán, todavía en la etapa de
Miguel Alemán; la liberación de Gómez Z. a un
año de su encarcelamiento; la prolongación del
proceso y de la privación de la libertad de
Valentín Campa, junto con el encarcelamiento
de Carlos Sánchez Cárdenas, del POCM, y de
Mario Rivera, del PCM, tras la agresión militar-
policíaca del 1 de mayo de 1952, condujeron a la
Selva Lacandona, Chiapas, insurgentes zapatistas, 1994 CECILIA CANDELARIA
41
militando
Nadie se acordaba de ese reglamento y en la
práctica, las mejores técnicas tanto en carros de
pasajeros y de carga, lo mismo que en las locomo-
toras, condujeron a acelerar el manejo del equipo,
tal vez desde que el pueblo en armas se percató de
la utilidad de los ferrocarriles.
Nadie, no. En las reuniones de activistas y
dirigentes del POCM, Luciano Cedillo, trenista de
Torreón, mostró un ejemplar del reglamento y,
puesto que seguía estando en vigor, lo único que
había que hacer era respetarlo tal cual como un
arma de lucha que por delante planteaba un
aumento en los salarios, pero que tenía como obje-
tivos principales probar el grado de aceptación que
se tenía entre todos los trabajadores del gremio, o,
visto desde otro ángulo, el desgaste de los dirigen-
tes “charros”. Fue el “tortuguismo”. Simultánea-
mente, en Monterrey y en Torreón, los
trabajadores de patio, peones de vía, guardacruce-
ros, garroteros, maquinistas, comenzaron a seguir
el reglamento. Y en una hora, los patios estaban
congestionados no sólo por la inmovilidad de
locomotoras y convoyes, sino porque los tapones
impidieron la entrada y salida de trenes de pasaje-
ros y de carga.Aesas plazas se incorporaron en las
siguientes horas las estaciones de México, Queré-
taro, Morelia, Guadalajara, Ciudad Juárez, Nuevo
Laredo, etc.
En 24 horas todo el sistema ferroviario del
país estaba paralizado, sin que en las gerencias, ni
en el sindicato, ni en la Secretaría del Trabajo, ni
en la presidencia de la República se supiera qué
hacer. Menos todavía desde que se hizo saber al
encargado del poder ejecutivo federal que los “agi-
tadores”, soliviantaron a los trabajadores usando
un reglamento de la época de Porfirio Díaz.
Los informes del espionaje policíaco no
servían para entender el porqué de esa sorpresiva y
generalizada paralización. Los ferrocarrileros que-
daron incluidos entre los millones de trabajadores
que recibieron un aumento de 10 por ciento en sus
salarios, al que accedieron empresarios y gober-
nantes que, aunque no compensaba la deprecia-
ción de los sueldos reales originada por la
inflación particularmente aguda en los precios de
los artículos alimenticios populares, se esperaba
sirviera para menguar el efecto de la devaluación
monetaria.
Tras la devaluación y los estira y afloja en los
meses de mayo, junio y julio, el secretario del Tra-
bajo, Adolfo López Mateos, tuvo que vérselas con
una inconformidad que amenazaba con romper el
control ejercido sobre los trabajadores urbanos y
rurales pues, con todo y el mismo, hubo 32 mil
emplazamientos a huelga en todo el país, aunque
nada más estallaron 160, los de mayor trascenden-
cia en las industrias textil y cinematográfica y, en
el área rural, superando las objeciones de Lombar-
do Toledano, trabajadores de la Unión General de
Obreros y Campesinos, dirigida por Jacinto López
y Lázaro Rubio Félix, afín al Partido Popular, ocu-
paron miles de hectáreas de tierras en poder de los
latifundistas de Sinaloa y Sonora.
Todo eso lo entendían y pudieron dominarlo,
cada cual en su ámbito de acción: el presidente de la
República, sus colaboradores y achichincles en los
sindicatos, igual que los empresarios, pero el “tortu-
guismo” legal de los ferrocarrileros era un problema
que se salía del marco.
Se le vio como extemporáneo, ya que se inició
en septiembre, cuando quedaban atrás las marejadas
de la inconformidad y los dirigentes “charros”, para
alivio del gobierno y de la iniciativa privada, habían
podido reunir a más de 250 mil trabajadores en
torno al Monumento a la Revolución, en respaldo a
la política del presidente Ruiz Cortines.
Tampoco era suficiente para desentrañar su
propósito real, el pliego de demandas hecho llegar
al gerente de los Ferrocarriles Nacionales, Roberto
Amorós, al margen de la dirección sindical oficia-
lista, en el que incluían el pago de jubilaciones con
salario completo, aumento del 30 por ciento al
salario de los operadores de máquinas diesel, pago
de gastos de camino y semana laboral inglesa (con
dos días de descanso).
Añadido a la “actitud nociva” que el gerente
Amorós, en nombre del gobierno, y con el respal-
do de la iniciativa privada para “proteger la eco-
nomía nacional y el orden”, y como respuesta al
reglamento que legitimaba el “tortuguismo”, se
agregaron apresuradamente a las cláusulas del
contrato colectivo de trabajo dos en las que apa-
recía la palabra “tortuguismo”, considerándolo
como “causa de cese definitivo” al trabajador que
se valiera de él por “ocasionar intencionalmente
perjuicios materiales a la empresa”.
42
militando
castigos por su “mala conducta”. Valentín Campa,
recién excarcelado, fue señalado como el “princi-
pal instigador” de los enfrentamientos y, a juzgar
por los informes obtenidos por la dirección del
Partido Obrero-Campesino, hubo la idea del
gobierno de volverlo a encarcelar, pero la falla en
los cálculos oficiales para desatar una represión en
gran escala sirvió a Campa quien, de todos modos,
aguardaba tranquilo con su compañera María en el
sitio donde residía: el departamento número dos de
la calle de República de Chile 38, alquilado por
Luz Ofelia Guardiola y quien esto escribe.
El repliegue fue táctico
Empresa y dirigentes “charros”, incluyendo entre
estos a los amontonados en el Bloque de Unidad
Obrera pastoreado por Fidel Velázquez, esperaban
que los comunistas y sus seguidores o aliados,
como era el caso de Luis Gómez Z., arrojaran toda
la carne al asador, pero las observaciones de los
Y aunque, en efecto, no se acudió a la fuerza
pública para someter a los participantes en el
movimiento inmovilizador, los dirigentes del
mismo se equivocaron al suponer que el gobierno
no estaría en condiciones de echar mano de las
represalias. Uno de los líderes en Guadalajara,
José Natividad Pérez Reza, maquinista jubilado,
fue sancionado cancelándosele la pensión y otros
cuatro fueron encarcelados, aún cuando después
quedaron en libertad por “desvanecimiento de
datos”.
Con la misma facilidad con que habían con-
gestionado toda la red ferroviaria del país, con esa
misma facilidad los mismos autores del “desagui-
sado” la despejaron sin renunciar a su pliego de
demandas.
La causa de fondo de su actitud, no desen-
trañada por sus enemigos, quedaba clara para los
promotores: el “charrismo” dentro del Sindicato
Ferrocarrilero se resquebrajaba y crecía la
influencia de quienes lo combatían: los “agitado-
res comunistas”, en términos comunes al gobier-
no y a la iniciativa privada. En lo sucesivo,
además de las demandas inmediatas, debería
insistirse en la reconquista de la democracia sin-
dical como arma ofensiva y defensiva de los tra-
bajadores, y como fortaleza de la soberanía
nacional.
Si en 1954 una indiscutible mayoría de los
ferrocarrileros optaron por el “tortuguismo”, en
1955 la empresa y la dirección “charra”, a su vez,
pusieron a prueba a los “agitadores comunistas”, al
convenir que para el bienio 1955-1957, quedaran
congelados los salarios. La réplica no se hizo espe-
rar, más tal vez no en la dimensión esperada por los
firmantes del nuevo contrato colectivo de trabajo,
pese a que se organizaron brigadas de choque que
auxiliaron a las corporaciones policíacas en los
enfrentamientos que se sucedieron en diversas
poblaciones del país, siendo los más violentos los
habidos en la Ciudad de México, donde los enfren-
tamientos a balazos dejaron como saldo una dece-
na de heridos; la consignación de varios supuestos
“agitadores” y el despido de doce trabajadores en
distintos sitios de la República. El gerente Roberto
Amorós declaró que la actitud de la empresa fue
“aceptada por los trabajadores en lo general” por-
que los sancionados se hicieron acreedores de los
Guadalupe Tepeyac, agosto 1994 JUAN RAMÓN MARTÍNEZ LEÓN
43
militando
líderes del movimiento opositor, aunadas a las
aportaciones hechas por las direcciones del Parti-
do Obrero-Campesino y del Partido Comunista,
detuvieron la proporción de la respuesta por dos
razones en concreto: porque no se contaba con la
seguridad de que el grupo de Gómez Z. estuviera
dispuesto y en condiciones de ir al desafío final
contra los “charros”, y porque entre todos los
ferrocarrileros no existía aún el suficiente conoci-
miento de la situación salarial comparada con las
otras ramas industriales. Y tampoco tenían clari-
dad en cuanto a la importancia de los ferrocarriles
en el conjunto de la economía nacional.
Acerca de esto último, se intensificó la divul-
gación del volumen de mercancías transportadas
por la red ferroviaria y en referencia a los salarios,
en comparación con los trabajadores de la construc-
ción, los textileros, los petroleros, los electricistas,
los de las fábricas de papel y las huleras, los ferroca-
rrileros aparecían como los más rezagados porcen-
tualmente en las tasas anuales de incrementos entre
1952 y 1957, lo mismo que en las prestaciones
sociales durante igual periodo.
En enero de 1957, apenas electos “por unani-
midad” como secretario general Samuel Ortega y
como suplente Salvador Quesada, aquel llamó en
su discurso de toma de posesión a “mantener incó-
lume la unidad que prevalece dentro del gremio
ferrocarrilero, eliminando el trato y la palabra ene-
migo”, en un intento por atraerse o llegar a un
acuerdo con el grupo de Gómez Z.
Un año después el “espíritu de concordia” de
Ortega giró hacia “la empresa y sus trabajadores”,
coincidiendo con el acuerdo aprobado en asamblea
de la sección 15 (del Distrito Federal), pidiendo al
Comité Ejecutivo del Sindicato negociar con la
empresa una elevación de salarios, llamando al
resto de las secciones a apoyar dicha petición.
En refuerzo de la iniciativa, la sección 27 en
Torreón, Coahuila, propuso la creación de una
Gran Comisión Pro Aumento de salarios, integra-
da por un representante de cada una de las seccio-
nes, encontrando el pronto rechazo de los
componentes de los Comités Locales afines a
Ortega. Sin embargo, la presión desde la base de
los trabajadores obligó a Ortega a aceptar la inicia-
tiva. En la sección 13 de Matías Romero, Oaxaca,
se nombró representante a Demetrio Vallejo. Los
trabajos de la Gran Comisión se iniciaron en la
Ciudad de México el 2 de mayo de 1958.
Demetrio Vallejo era conocido dentro del
gremio y fuera de él. Ingresó al Departamento de
Express en 1934 y en 1936 se incorporó al Partido
Comunista. Comisionado por la jefatura de su
departamento en Coatzacoalcos, Veracruz, junto
con otros comunistas colaboró en la creación del
Sindicato Nacional de Petroleros y en la formación
de la Federación de Trabajadores de la Región Sur
con ferrocarrileros y petroleros. En 1940, a raíz de
las expulsiones del Partido Comunista de Hernán
Laborde y Valentín Campa, se separó de esa orga-
nización y en 1944, al fundarse Acción Socialista
Unificada, antecedente del Partido Obrero-Cam-
pesino, participa en el proceso, asistiendo al con-
greso fundacional del segundo, donde se le
nombra miembro del Comité Central y responsa-
ble de la conducción del trabajo político entre los
ferrocarrileros de Oaxaca, Chiapas y la zona sur de
Veracruz.
Guadalupe Tepeyac, agosto 1994 JUAN RAMÓN MARTÍNEZ LEÓN
44
militando
ferrocarrileros, el promedio del salario mensual
era de 583.83 pesos por trabajador en 1948 y de
916 pesos en 1958. Que en esos 10 años el costo de
la vida se elevó en 150 por ciento, por lo que el
salario mensual promedio debería ser de mil 259
pesos con 83 centavos. En contraste, la productivi-
dad promedio por trabajador había aumentado en
80 por ciento. Así, el aumento de 350 pesos resul-
taba moderado y en nada “repercutiría en la eco-
nomía de la empresa”, como lo afirmó Samuel
Ortega que, por su lado, tratando de distraer la
atención de los trabajadores, sólo solicitó un
aumento de 150 pesos mensuales.
Aquí empezaba la prueba de fuerzas llevada
no al terreno escogido por la empresa y los líderes
“charros” en 1957, sino en el señalado y delimita-
do por los “agitadores comunistas” a los que de
plano se alió Luis Gómez Z. y su grupo, muy pode-
roso en el Distrito Federal, en Jalisco, Sonora,
Querétaro y enAguascalientes.
A la invocación de que “todos somos parte
de un solo movimiento social: la Revolución”, el
gerente Roberto Amorós asistió a una reunión
con Samuel Ortega y el resto de “dirigentes”
nacionales y seccionales y recibió formalmente
la petición de aumento de 150 pesos mensuales,
aprovechando el receso acordado por los miembros
de la Gran Comisión, sin que estuviese claro si
Amorós y Ortega lo hacían para pulsar la reac-
ción ante una y otra proposición entre el conjunto
de los trabajadores, o para dar largas al problema
en medio de una campaña electoral por la presi-
dencia de la República y de la renovación del
Congreso de la Unión. Peras o manzanas, pero
todas las mañanas; melón o sandía, te lo dije el
otro día, en Tonalá, Chiapas, Federico Villalobos
esbozó lo que vendría a ser el Plan del Sureste, en
el que se rechazaba el aumento propuesto por
Ortega y el plazo de 60 días “propuesto” por la
empresa para estudiar la petición y se planteaba
deponer a todos los comités ejecutivos secciona-
les y exigir a la dirección nacional el reconoci-
miento de las nuevas direcciones locales. Sin
más, y llevando a vías de hechos el Plan del
Sureste, los trabajadores de la sección 13 de
Matías Romero, Oaxaca, destituyeron a los
incondicionales de Ortega y eligieron un nuevo
comité encabezado por Demetrio Vallejo.
Roberto Amorós gerente de los ferrocarriles,
por instrucciones del presidente Adolfo Ruiz Cor-
tines, se dio prisa tratando de cubrir el vacío que se
hacía notar en la falta de una auténtica dirección
sindical.
Paralela a los trabajos de la Gran Comisión,
inició una gira por el norte de la República, con-
cediendo a los rieleros de Tampico un aumento
extraordinario a los salarios “por tratarse de una
zona cara”. En Monterrey prometió la construc-
ción de casas para los trabajadores y el remoza-
miento técnico de instalaciones tales como las
“casas redondas”, sin olvidarse de adquirir un
compromiso para elevar salarios y en Torreón
habló de eso “teniendo en cuenta los plazos que
marcan las leyes y el Contrato Colectivo de Traba-
jo”. De regreso en la Ciudad de México, en decla-
raciones de prensa, insistió en “mejorar el nivel de
vida de los trabajadores del sistema en lo referente
a salarios y otras prestaciones”.
Los “agitadores” interpretaron los decires de
Amorós como una maniobra que tendía a apaci-
guar a los trabajadores restando importancia a los
trabajos de la Gran Comisión, presentándola como
innecesaria.
A Samuel Ortega y a los comités seccionales
con los que contaba se les encomendó ocultar o no
proporcionar la información necesaria para la ela-
boración del estudio socio-económico que susten-
tara las demandas que llegaran a presentarse a la
gerencia. Ortega llevó la obstrucción hasta el
intento de disolver la Gran Comisión, sustituyén-
dola por una reunión de los secretarios generales
de las secciones.
No obstante, con la colaboración de especia-
listas militantes de los partidos Obrero-Campesi-
no, Comunista y Popular —éste último recién
incorporado a la alianza, aún con escasos afiliados
entre los ferrocarrileros—, el estudio pudo con-
cluirse con abundancia de datos sólidos e irrefuta-
bles. La Gran Comisión concluyó su tarea el 9 de
mayo. La demanda concreta fue de un aumento de
350 pesos mensuales para todos los rieleros,
haciendo a un lado las categorías laborales.
Entre las estimaciones que se incluyeron en
el estudio, se destacaba que había una diferencia
de 60 por ciento entre los salarios generales en
vigor y el costo de la vida. Que en tratándose de los
45
militando
El 11 de junio, en asamblea de su sección,
Vallejo propuso dar un plazo de 10 días a la
gerencia y a los “charros” del comité nacional
para resolver el asunto del aumento de salarios y
el reconocimiento de la nueva directiva de la sec-
ción 13. Plazo del 16 al 25 de junio y, de no haber
respuesta positiva, abrir el día 26 una serie esca-
lonada de paros. El primero de 2 horas, agregan-
do 2 cada día hasta tener la respuesta demandada.
El acuerdo se telegrafió por la red de despachadores
a toda la República y se convirtió en una deman-
da nacional. Amorós o el presidente Ruiz Corti-
nes, o ambos, no prestaron mayor atención a ese
acuerdo ni tampoco Ortega y sus asociados,
aferrándose al mutuo compromiso de tener una
resolución a la cuestión de los salarios hasta el
22 de julio, es decir, pasadas las elecciones fede-
rales.
Vallejo y otros delegados recorrieron distin-
tas partes del país sin romper todavía de lleno con
la empresa ni con Ortega, pero sin renunciar al
acuerdo de los paros escalonados.
A las 10 de la mañana del día 26 de junio, ni
un minuto más ni uno menos, conforme a los
husos horarios que regulan el paso del sol en la
República, se inició el paro. Duró exactamente 2
horas y fue acatado lo mismo en talleres, en
patios, en estaciones, en trenes en los caminos y
en oficinas. El enojo alteró en esas dos horas el
estado de ánimo de empresarios, gobernantes y
líderes oficialistas.
El día 27 se cumplió el segundo paro. Esta
vez de 4 horas.Yel enojo se trastocó a su vez en ira
y en desesperación. Salvo aguja en un pajar, las
noticias y los comentarios periodísticos expresa-
ron la ira de los empresarios contra los “rojillos”,
los “comunistas”, los “intransigentes del trastorno
del orden público”.
En el gobierno, la acti-
tud de Amorós reflejó la
desesperación y el debilita-
miento. Citó a los miem-
bros de la Gran Comisión e
hizo asistir a la reunión a
Samuel Ortega y a Guiller-
mo Velasco. El gerente pro-
puso un aumento de 180
pesos en los salarios, res-
paldado por Ortega y Velas-
co. Los miembros de la
Gran Comisión, en boca de
Demetrio Vallejo, reviraron
con una propuesta de 250
pesos. Y allí se quedaron;
las demás peticiones ni
siquiera se mencionaron
porque Amorós hizo saber
a los de la Gran Comisión
que el presidente Ruiz Cortines deseaba entrevis-
tarse con ellos antes de la realización de las elec-
ciones federales del 4 de julio. El 28 de junio,
mientras transcurría el paro con duración de 6
horas, miles de ferrocarrileros, acompañados de
maestros del Movimiento Revolucionario del
Magisterio encabezados por Othón Salazar, por
petroleros, tranviarios y estudiantes intentaron
marchar de Buenavista al Zócalo, pero fueron
interceptados por contingentes policíacos, produ-
ciéndose feroces enfrentamientos. El doble juego:
pláticas-represión comenzaba a ser puesto en
práctica por el gobierno, según lo habían previsto
los dirigentes sindicales y políticos del movimien-
to. Ningún medio de comunicación informó del
zafarrancho.
El 29 de junio ocho; el 30, diez horas de paro.
Itinerarios y horarios de trenes de pasajeros y de
La Realidad, Chiapas, agosto 1999 TIM RUSSO
46
El 6 de julio, Demetrio Vallejo declaró que la
Gran Comisión había acordado realizar una con-
vención para proceder a la reorganización del sin-
dicato, incluyéndose la celebración de elecciones.
Ortega y sus socios acusaron el golpe y denuncia-
ron que “un grupo de agitadores asesorado por ele-
mentos de reconocida extracción comunista”
estaba “agrediendo a los legítimos representantes
del gremio” como parte de “un plan de subversión
nacional”.
Ante el inalterado acuerdo de la Gran Con-
vención convocando a la Convención Nacional
que se inició el 12 de julio, el presidente Ruiz Cor-
tines dio instrucciones a Roberto Amorós para
ordenarle a Samuel Ortega que renunciara a la
secretaría general del sindicato, cosa que hizo el
día 13, quedando en su lugar Salvador Quesada
Cortés. El presidente se daba tiempo a sí mismo.
Quería probar si con el reemplazo y recogiendo las
peticiones de la Gran Comisión, como la reduc-
ción de las cuotas sindicales, programa de cons-
trucción de viviendas, incremento en los seguros
de previsión obrera y desaparición del grupo de
pistoleros del “14 de octubre”, Quesada podía res-
tar seguidores e impulso al movimiento opositor.
No hubo tal. La afirmación de Demetrio
Vallejo de “estar en pie de lucha hasta lograr la
auténtica depuración sindical”, hecha durante el
militando
carga se trastornaban y el congestionamiento de
mercancías en los andenes correspondientes,
impelía a subir el tono de voz y las exigencias de
los empresarios que, telefónica o directamente,
demandaban a Amorós “la aplicación de la ley sin
contemplaciones”. El gerente ordenó suspender
los pagos de la segunda quincena de junio para que
“se respete el principio de autoridad”. En su despa-
cho de Palacio Nacional, el presidente Ruiz Corti-
nes recibió a los miembros de la Gran Comisión y
les propuso un aumento de
215 pesos; la media entre
los 250 de aquellos y los
180 de la gerencia. La pro-
posición fue aceptada y el
paro del día 1 de julio ya no
fue necesario. Así, por una
parte, el movimiento alcan-
zaba un indiscutible éxito al
lograr un reconocimiento
tácito del gobierno, despla-
zando a la dirección “cha-
rra”. Y, por otra, el gobierno
podía esperar el 4 de julio
con tranquilidad en el fren-
te, aunque otra forma de
hacer política estaba por
venir.
Suponiendo que quie-
nes ocupaban cargos de
representación popular hubiesen sido elegidos
democráticamente, la democracia, en el mejor de
los casos, se quedaba en su ejercicio formal. Si se
quería hacerla progresar más allá, era necesario
establecer o restablecer plenamente la democracia
en las organizaciones sindicales, en todas las
agrupaciones de trabajadores urbanos y rurales
y, dentro de éstas, las instituciones indígenas. Una
democratización concebida, generada, formada y
practicada por y desde la base. Con dirigentes
supeditados a la base y no con la base sometida a
los dirigentes.
En síntesis, de esa manera se vio la cuestión
del desplazamiento de los líderes “charros” en el
Sindicato Ferrocarrilero, al quedar a la vista esa
posibilidad, en el análisis hecho por los cuadros
sindicales y los miembros del Comité Central del
Partido Obrero Campesino Mexicano.
La Trinitaria, Chiapas, 1994 VÍCTOR MENDIOLA
47
discurso de apertura de la convención nacional,
estaba en marcha, sin que tampoco sirvieran las
histéricas denuncias contra los “conciliábulos
subversivos” sostenidos por los dirigentes de la
oposición ferrocarrilera y los de las direcciones de
los partidos Obrero-Campesino, Comunista y
Popular. Inútil también fue la convención paralela
citada por Quesada. El día 23 se emplazó a la
empresa para que reconociera a la dirección elegi-
da en la Convención Nacional promovida por la
Gran Comisión o, de lo contrario, se reanudarían
los paros. Sin respuesta, el 26 hubo un paro de 2
horas e inmediatamente el secretario de goberna-
ción, Gustavo Carvajal, llamó a los disidentes a
sostener “pláticas en privado”, pero acompañó la
invitación con una orden de disolución de todo
mitin público. Otro fracaso y nuevo paro de 3
horas el 1 de agosto. Al día siguiente, suspendidas
las labores, el presidente ordenó que contingentes
del ejército ocuparan todas las instalaciones ferro-
viarias y la empresa advirtió que los paristas serían
consignados y, por supuesto, despedidos definiti-
vamente; los que reanudaran labores recibirían
protección policíaca y militar. La mayoría de los
integrantes de la Gran Comisión, entre ellos Gil-
berto Rojo, Antonio Sánchez, Tomás Correa,
Amós Salinas y Roberto Godínez, fueron deteni-
dos. Pero los paros dejaron de ser escalonados. La
inmovilización devino en indefinida.
Sin que le conviniera el cierre, en peligro de
que le ahorcaran la mula de “seises” y con la pers-
pectiva de perder el juego, el presidente, tan hábil
en el dominó, prefirió perder puntos, una mano.
Ordenó a Amorós que se reuniera con Vallejo y
demás miembros de la Gran Comisión que estaban
libres.
En tres sesiones secretas en las que estuve
presente, dos en el domicilio de Elías Terán
Gómez, primer secretario general del sindicato, y
la última en la camioneta de Amorós estacionada
en la esquina que forman las calles de Basilio
Vadillo y Colón, se acordó que fueran retirados los
militares y policías de todas las instalaciones
ferroviarias; que quedaran en libertad y sin ningu-
na acusación penal o civil todos los detenidos; que
se levantaría lo que ya no era paro, sino huelga;
que quedaba sin efecto la objeción de Amorós,
externada en la segunda reunión, en el sentido de
militando
que Vallejo no podía ser candidato a la secretaría
general, ni a ningún otro cargo sindical, “por ser
comunista”; y que las elecciones generales
tendrían lugar dentro de un plazo de 15 días a con-
tar del 4 de agosto. El 5 se empezó a normalizar el
servicio y el 7 estaba completamente restablecido,
tras 96 horas de inactividad.
En un proceso que hasta El Nacional, en
aquel entonces órgano oficial del gobierno de la
República, describió como ejemplar por la “pureza
de las elecciones”, entre el 7 y el 22 de agosto se
escogió a los directivos de todas las secciones y del
Comité Ejecutivo Nacional, triunfando como
secretario general Demetrio Vallejo con 59 mil 759
votos contra 9 de José María Lara y 6 mil absten-
ciones.
El 27 de agosto tomaron posesión los nuevos
dirigentes. La confrontación política, de clase a
clase, entre el poder ejecutivo representativo de la
gran empresa nacional y extranjera y los dirigen-
tes sindicales y de partidos no sometidos al siste-
ma, concluía en su fase de demandas inmediatas y
de orden salarial y prestaciones sociales y, aunque
éstas seguirían presentes como avanzada de
ambas partes, lo que se dirimiría a continuación
eran dos concepciones ideológicas de proyección
histórica. O, siguiendo a Gramsci, la hegemonía
histórica, cosa nunca antes habida en la vida de
México.
Los planteamientos de los nuevos dirigentes
ferrocarrileros se acompañaban de observaciones
de rechazo a los cimientos de la política económi-
ca y social del gobierno, aunque no se desechasen
procesos e instituciones vistos como creaciones
surgidas de causas nacionales, la soberanía estaba
por delante como garante de lo nacional y de la
nación en sí.
Si se quería que los ferrocarriles sirviesen a
ese fin superior, debían ser modernizados total-
mente. Electrificarlos de todo a todo; construir
aquí locomotoras, carros, góndolas, cajas, fabricar
los rieles, dejar de importar durmientes, etcétera.
Si debían servir al desarrollo de la nación, lo que
iba de la mano con el mejoramiento ininterrumpi-
do de la calidad de vida de todos los mexicanos y
no de parcelas sobrepuestas, urgía fijar tarifas de
arrastre y traslado de mercancías a pagar por
comerciantes, industriales y especuladores, que
48
El gobierno carecía de argumentos para
negar el aumento a esos trabajadores, puesto que lo
había aceptado para todos los demás. A trabajo
igual, salario igual. Así de sencillo. Pero la direc-
ción del sindicato aparentemente perdió el control.
Mientras se negociaba un arreglo, los trabajadores
de esas líneas y los del Ferrocarril del Sureste se
fueron a la huelga el 25 de marzo. Las pláticas se
prolongaron estérilmente hasta el día 28 y enton-
ces, en todo el país, entró en acción el ejército. Los
primeros en ser detenidos fueron Demetrio Vallejo
y Hugo Ponce de León. Siguieron cientos, miles,
hasta sumar 25 mil. El paro, la huelga generalizada
fue declarada ese día 28 y continuó hasta el 13 de
abril en que se levantó, atendiendo a un llamado de
Gilberto Rojo, secretario de organización que
había eludido la persecución policíaca escondién-
dose en el domicilio de Luz Ofelia Guardiola y el
autor de este escrito en la calle delApartado núme-
ro 33. Su llamado se hizo público tras una reunión
con dirigentes de los partidos Obrero-Campesino
y Comunista. El Popular se marginó, se puede
decir que a tiempo para él.
En el trasfondo de ese movimiento, de los
paros, de las huelgas, quedaba la idea que permeó
la conducta de los dirigentes ferrocarrileros mili-
tantes del Partido Obrero-Campesino y de los diri-
gentes de esa agrupación: desarrollar entre los
trabajadores una conciencia de lucha por el poder.
De algún modo,Adolfo López Mateos dijo la
verdad cuando le planteó a Jacinto López el 30 de
marzo: “Lo que Vallejo, Campa y los demás quie-
ren, es destituirme, acabar con mi gobierno”.
No tan pronto, tal vez no era a él. Pero el
propósito era llegar al poder. Lograr que los traba-
jadores se hicieran del poder.
Nota: Edmundo Jardón Arzate fue dirigente de Acción Socia-
lista Unificada y del Partido Obrero Campesino Mexicano
(POCM). Militó luego en el Partido Comunista, en el Movi-
miento de Acción y Unidad Socialista y en el Partido Socialis-
ta Unificado de México, por el cual fue diputado federal. Fue
director del periódico Noviembre, del POCM. Dio a conocer
en la prensa, para obligar al gobierno a cumplir lo pactado, la
plática secreta entre Demetrio Vallejo y el gerente de los ferro-
carriles, Roberto Amorós. Reportero y artículista en diarios y
revistas, fue el primer director de la agencia de noticias Prensa
Latina en México entre 1959 y 1966 y el último de la revista
Política en 1967.
militando
compensasen los costos del servicio, dejasen
ganancia a la red y no como ocurría subsidiando a
esos sectores en perjuicio, entre otros, de millones
de campesinos en un extremo y de millones de
consumidores urbanos en el otro. Las tarifas fija-
das para minerales y metaloides también deberían
ser revisadas, pues prácticamente, si los concesio-
narios de las minas en su mayoría extranjeros
explotaban de muy diversas maneras a los trabaja-
dores, empezando por los salarios, también explo-
taban a los ferrocarrileros aprovechando las líneas
ferroviarias como si fueran de su propiedad, por-
que lo que pagaban por el servicio era un regalo.
Argumentos como esos molestaban lo
mismo a los gobernantes que a la llamada iniciati-
va privada.
Vino el error
Quizá exactamente dónde y por qué, ni gobierno ni
empresa sabrían decirlo, pero en los dos últimos
meses de 1958 y los dos primeros de 1959, se “res-
piraba” la inestabilidad política amenazadoramen-
te. Fidel Velázquez, dirigente principal de la CTM
y el BUO, entró al quite y se puso al frente de una
demanda por aumento de salarios. No se deseaba
que los dirigentes ferrocarrileros encabezaran un
llamamiento que de seguro podía rebasar a Veláz-
quez y a todos los “buistas”.
En postrer arreglo, el presidente Ruiz Corti-
nes concilió la demanda enarbolada por Fidel
Velázquez con el capricho de los empresarios y se
evitó que la nueva corriente sindical democrática
entrase en acción, pero no impidió que ésta, apenas
rindió protesta como presidente de la República
Adolfo López Mateos, plantease una nueva revi-
sión de los contratos colectivos de trabajo, tenien-
do en la gerencia de los Ferrocarriles Nacionales
de México a Benjamín Méndez. La demanda con-
sistía en un incremento del 16.6 por ciento a los
salarios acordados en 1958.
Las negociaciones, iniciadas a fines de
enero, se prolongaron hasta la madrugada del 25
de febrero, llegándose a un acuerdo en el que se
aceptaba el porcentaje propuesto por el sindicato,
pero quedaron fuera los trabajadores de las líneas
del Pacífico, Mexicano y Terminal de Veracruz.
Vino el error.
49
noticias de la rebeldía
Tlalnepantla:
Resistencia y tradición
Benito Juárez Ávila, Alfredo Lima Zavala y Benyosef Laguna
Entrevista realizada por Raúl Jardón
Inauguración del Aguascalientes II, Oventic, diciembre de 1995 ERNESTO RAMÍREZ
Servicio de sanidad insurgente, Prado, Chiapas, marzo de 1994 PATRICIA ARIDJIS
noticiasdelarebeldía
50
El 14 de enero la policía minis-
terial del estado de Morelos
invadió violentamente el pobla-
do de Tlalnepantla, en donde
apenas tres días antes la comuni-
dad había elegido e instalado su
Consejo Popular Autónomo
luego de mantener, desde el 6 de
julio de 2003, una larga lucha, a
primera vista contra la imposi-
ción de un alcalde priísta pero,
en el fondo, por el respeto a los
usos y costumbres democráticos
tradicionales, no sólo en el
campo político, sino en el socio-
económico e incluso religioso.
A mediados de febrero, y a
pesar de que se mantenía la ocu-
pación policíaca y el gobierno
intentaba nuevas maniobras
para aplastar o mediatizar la
lucha de la comunidad, sus inte-
grantes mantenían la resistencia
y más de 500 pobladores se
hallaban desplazados en Milpa
Alta y en poblados de Morelos
para eludir la represión.
En medio de esta situa-
ción, los compañeros Benito
Juárez Ávila, Alfredo Lima
Zavala y Benyosef Laguna,
integrantes de la Comisión de
Barrios y Pueblos de Tlalnepan-
tla, Morelos, se acercaron por
iniciativa propia a nuestra revis-
ta Rebeldía para concedernos
una entrevista en la que nos
narran por qué surgió su movi-
miento y cómo se fue desenvol-
viendo. Ellos prefirieron que sus
respuestas aparecieran como
opiniones compartidas por los
tres, para que ninguno destacara
más que otro.
Cabe resaltar que nuestros
entrevistados, y según nos con-
taron el resto de los compañeros
que han sido elegidos como
dirigentes de la Comisión y del
Consejo Popular Autónomo, no
tenían experiencias, ni forma-
ción o participación política pre-
vias. En cambio se puede
observar la fuerza y capacidad
que la participación comunitaria
y la organización productiva les
ha dado, lo mismo que la valora-
ción de sus mecanismos autóno-
mos en la selección de sus
autoridades. Todo esto los ha
dotado de una perspectiva polí-
tica democrática que les ha ser-
vido para enfrentar los retos que
ha tenido y sigue teniendo su
movimiento.
La revista Rebeldía por
medio de esta entrevista llama a
la mayor solidaridad con este
movimiento y nos pronuncia-
mos por el respeto a la auto-
nomía de esa comunidad y el
castigo a los responsables direc-
tos e indirectos de la represión
contra el pueblo de Tlanepantla,
Morelos.
Rebeldía: Los medios de comu-
nicación han presentado el
movimiento en Tlalnepantla
como un asunto que estalló de
repente y exclusivamente moti-
vado por la inconformidad de
tipo electoral, pero ¿qué antece-
dentes, situación social y expe-
riencias organizativas tiene su
movimiento?
La experiencia organizativa nos
viene desde la elección de las
mayordomías en la Iglesia Cató-
lica. Posteriormente, en lo eco-
nómico se organizan grupos de
productores de nopal verdura
(en el municipio hay seis grupos
organizados de cultivadores de
nopal). Es decir, inicialmente
nos organizamos para la defensa
de los espacios en la Central de
Abastos del Distrito Federal,
pero esa organización es la base
económica de todo el munici-
pio, pues el 80 por ciento de la
gente se dedica a la producción
de nopal y, en el caso del pueblo
de Tlalnepantla, es el 90 o el 95
por ciento.
En las mayordomías de la
iglesia la elección por usos y
costumbres de los mayordomos
es desde hace muchas décadas,
tal vez cien años. En la organi-
zación de nopaleros es más o
menos a partir de 1980.Además,
los representantes de bienes
comunales también se eligen en
asambleas desde hace unos 70
años. En todos los casos, al decir
usos y costumbres, hablamos de
elección directa en asambleas de
la comunidad que se celebran en
la mayoría de los casos en la
plaza central de Tlalnepantla.
Los grupos políticos nunca
se metieron en las elecciones
religiosas de mayordomos ni en
las de los nopaleros. Incluso la
Confederación Nacional Cam-
pesina (CNC) nunca se metió en
la elección de representantes de
bienes comunales.
De allí nos viene la tradi-
ción de que en las cosas políti-
cas también elegimos por usos y
costumbres y no aceptamos que
nos impongan las cosas desde
fuera de la decisión de la comu-
nidad.
Rebeldía: ¿Cómo se ejercían
los usos y costumbres en las
elecciones previas y desde
cuándo. Cuál fue su participa-
ción en las elecciones formales
pasadas?
51
Siempre, desde que hay munici-
pio, fue costumbre que se con-
vocaba a asamblea general en la
plaza en la que la gente hacía sus
propuestas y se elegía en voto
directo a mano alzada o apun-
tando en un pizarrón el voto de
cada quien, sin planillas ni pro-
paganda previa. Desde hace
muchas décadas el PRI sólo lle-
gaba a anotar a los elegidos por
usos y costumbres para presen-
tarlos como candidatos en las
elecciones oficiales. Como que
el PRI respetaba los usos y cos-
tumbres del pueblo y el pueblo
aceptaba la formalización del
nombramiento de los que habían
elegido por usos y costumbres
en las elecciones oficiales.
Pero ahora, en las cam-
pañas para las elecciones del 6
de julio del año pasado, hubo
por primera vez un manoseo
político de siete partidos que
llegaron a hacer discursos
demagógicos a la población y
lograron entrar al pueblo a hacer
pláticas ofreciéndole a diversas
gentes participar como candida-
tos en las planillas. Hubo alguna
división en las familias y pue-
blos y de esa división surgió que
hubiera, también por primera
vez, candidatos del PAN, el
PRD, el PVEM, Fuerza Ciuda-
dana, Convergencia y Alianza
Social. El PRI había dicho que
no iba a poner candidatos en
nuestro municipio y en otros
cuatro de Morelos, pero, a últi-
ma hora, una semana antes de
las elecciones, metió el registro
de su candidato y echó ofreci-
miento de créditos, compra de
votos, etcétera.
Pero antes se hizo la asam-
blea por usos y costumbres en
mayo del año pasado y el pueblo
eligió a Conrado Pacheco. Los
partidos no se metieron en la
asamblea y el pueblo, más de
mil personas que estuvieron en
la asamblea, esperaba que,
como era tradicional, el PRI se
acercara a ofrecerle su registro
al elegido. Y sí se lo ofrecieron
pero, por no simpatizar con ese
partido, Conrado decidió no
registrarse por el PRI, sino por
el de Fuerza Ciudadana (aunque
sabemos que el PRI ya hasta
estaba imprimiéndole propa-
ganda). Hay que decir que luego
el compañero Pacheco estuvo
activo al principio del movi-
miento pero se fue retirando
para que lo encabezara la Comi-
sión de Barrios y Pueblos.
Entonces, el PRI registró
fuera de tiempo a Elías Osorio
y el 6 de julio la gente no se
presentó a los comicios oficiales
creyendo que se iba a respetar la
elección por usos y costumbres,
todavía no había ninguna orga-
nización de la gente.
El PRI obtuvo fraudulen-
tamente 405 votos contra 402
del PAN y el PVEM con 398,
Fuerza Ciudadana 370 y el PRD
240 votos. O sea que como que
la votación estuvo muy pareja,
aunque decimos que fue fraudu-
lenta por que en realidad no votó
tanta gente, sino que se inflaron
los votos, sobre todo del PRI.
noticias de la rebeldía
Selva Lacandona, Chiapas, 1994 CECILIA CANDELARIA
noticiasdelarebeldía
52
La verdad es que hay que
reconocer que la gente pensó, se
confió, en que ya había elegido a
su candidato por usos y costum-
bres y por eso no fue a votar más
del 60 por ciento de la gente.
Fíjate compañero, en el padrón
hay alrededor de 4 mil 500 perso-
nas y la población del municipio
es de 5 mil 600 habitantes, inclu-
yendo a los menores de edad.
El PAN impugnó los resul-
tados pero fue una protesta
nomás formal y no hizo nada
por echar abajo los resultados
porque tampoco le convenía
aceptar lo decidido por el pueblo
por usos y costumbres.
El 19 de octubre se hizo
una asamblea general que origi-
nalmente era para tratar asuntos
de bienes comunales. Pero la
gente aprovechó espontánea-
mente para manifestar su incon-
formidad con Elías Osorio, y es
que nadie lo quiere porque ya lo
conoce. Él fue presidente muni-
cipal por usos y costumbres hace
nueve años y fue representante
forestal, de agua y de bienes co-
munales y en todos sus cargos fue
deshonesto, se le descubrieron
malversaciones y malos mane-
jos en todos y por eso la gente no
lo quiere y salió de ella misma
desconocerlo, sin que nadie
organizara la cosa.
En esa asamblea se ratificó
al candidato electo por usos y
costumbres Conrado Pacheco.
Ahí mismo se forma la Comi-
sión de Barrios y Pueblos, a esa
asamblea asistieron unas 2 mil
500 gentes, o sea más del doble
de los que habían hecho la elec-
ción por usos y costumbres, pero
ya sólo faltaban unos 12 días
para la toma de protesta del su-
puestamente electo Elías Osorio.
Para el 1 de noviembre
Elías Osorio toma protesta en su
casa y, por decisión de la comu-
nidad, Conrado Pacheco lo hace
enfrente de la presidencia muni-
cipal. O sea que hay dos presi-
dentes municipales paralelos,
uno por usos y costumbres y
otro oficial.
Pero es importante decir
que el presidente municipal
saliente, Donato González Flo-
res, electo por usos y costum-
bres tres años antes y registrado
por el PRI, acató la voluntad
del pueblo y le entregó las lla-
ves de todos los locales munici-
pales a la Comisión de Barrios
y Pueblos.
Otra cosa que es intere-
sante decir es que en mayo la
aplastante mayoría de los asis-
tentes a la asamblea de usos y
costumbres en que se escogió a
Pacheco eran hombres pero,
conforme crece el movimiento,
eso ya no es así, pues ya partici-
pan en las asambleas y en la
lucha muchas mujeres y jóve-
nes, cosa que antes no lo hacían
pues los activos eran los hom-
bres adultos.
Rebeldía: Si me permiten
hacerles una pregunta antes de
que sigan adelante: ¿cómo está
integrada la Comisión de
Barrios y Pueblos?
Desplazados, Polhó, Chiapas LOURDES GROBET
53
La Comisión está integrada por
dos representantes de cada uno
de los cinco barrios y de cada
uno de los tres pueblos del
municipio, o sea que somos 16
representantes en total. Los
barrios del municipio son San
Pedro, San Felipe, San Nicolás,
San Bartolomé y Santiago y los
pueblos son El Pedregal, El
Vigía y Felipe Neri. La Comi-
sión surgió como una forma de
organizarse de las comunidades
para combatir la imposición de
Elías Osorio.
Rebeldía: Otros medios de
comunicación han hablado del
problema del nopal como tras-
fondo del movimiento ¿qué hay
de real en eso y cuáles son los
principales problemas sociales
de la zona?
El principal problema es el de la
educación, pues Tlalnepantla
está entre los municipios de
mayor analfabetismo de More-
los. Otro es que tenemos pocos
servicios de salud. Otro proble-
ma principal es que hay mucha
falta de agua potable, por ejem-
plo, Felipe Neri y El Vigía no
tienen más que la que juntan de
la lluvia.
Hace dos años el goberna-
dor se comprometió a perforar
pozos para dotar al municipio de
agua, pero ni los perforó, aun-
que sí hizo una gran campaña
publicitaria anunciando que iba
a hacerlo.
No hay apoyos del gobier-
no para la producción del nopal,
sólo el esfuerzo de los seis gru-
pos organizados de productores
del nopal consiguió espacios
para comercializar directamente
el producto del municipio en la
Central de Abastos del DF y en
otros estados. Ese esfuerzo ha
sido tanto que incluso ya vende-
mos nopal en los Estados Uni-
dos desde hace cuatro años.
El gobierno de Morelos,
por el contrario, en lugar de bus-
car mercados para la producción
de nopales de otros municipios
se ha dedicado a promover la
invasión de los mercados logra-
dos por los de Tlalnepantla, o
sea que quiere enfrentar a cam-
pesinos con campesinos en las
ventas, en lugar de preocuparse
por abrir mercados para todos.
Hay que aclarar que, apar-
te del nopal, en Felipe Neri se
cultiva trigo y avena, y en El
Vigía jitomate, maíz y frijol,
pero tampoco ellos reciben
apoyo del gobierno estatal; ni
los que trabajan la madera, el
carbón y la leña.
Rebeldía: ¿Cómo surgió la
organización del movimiento
actual, cómo funciona para
representar a los pobladores?
La Comisión y la comunidad, o
sea unas mil personas que asis-
ten a una asamblea, deciden ir al
Congreso del estado el 3 de
noviembre para informarle que
la comunidad no acepta a Elías
Osorio y solicitar su destitución.
Los diputados emitieron una
minuta de los coordinadores de
todos los partidos PAN, PRD y
hasta el PRI, y el secretario de
gobierno la aceptó, en la que
dicen que mientras revisan la
situación no se le entregarán
recursos a Elías y que quien
queda a cargo de las instalacio-
nes es la comunidad, o sea se le
otorgó el resguardo de las insta-
laciones a la Comisión. En la
minuta dijeron que el 6 de
noviembre en la sesión del Con-
greso estatal ventilarían el asun-
to. El 4 de noviembre, la
Comisión fue con el secretario
de gobierno, Eduardo Becerra,
quien dijo que si por él fuera
Elías saldría y se comprometió a
revisar la situación.
El 6 de noviembre, la
comunidad acuerda estar pre-
sente con mil 500 personas en la
sesión del Congreso. Elías se
hace presente acompañado de
300 simpatizantes priístas, pero
de otras comunidades llevados
por la diputada local y lideresa
del PRI en Morelos, Marisela
Sánchez.
Pero en la orden del día de
la sesión no se incluye el caso de
Tlalnepantla y, en el momento
en que algunos compañeros tra-
tan de preguntar a un diputado la
razón, los legisladores salen
huyendo y se suspende la sesión.
En los días siguientes se
planteó en la comunidad que
una forma de presionar al gober-
nador es enviarle cartas primero
y se le mandan unas 550; luego
llevar a cabo un plebiscito, que
se realiza el 16 de noviembre
aunque hubo obstáculos, como
la negativa a asistir de un notario
público para que diera fe. En el
plebiscito transparente y limpio
participó la gente con credencial
de elector, llevando su CURP y
acta de nacimiento y dejando
copia de todo eso.
Se emitieron mil 312 votos
para Conrado Pacheco y sólo
uno para Elías Osorio. Los
resultados fueron entregados al
gobernador y al Congreso del
noticias de la rebeldía
noticiasdelarebeldía
54
estado. En esos días también se
les entrega a los mismos un ofi-
cio solicitando, con apego a
derecho, la desaparición de
poderes en el ayuntamiento.
Después de todas estas
acciones, se realiza la marcha del
26 de noviembre. La gente deci-
de ir de Tlalnepantla a Cuernava-
ca y encuentra el Palacio y la
Cámara de Diputados cerrados y
nadie atiende sus demandas.
Ante esa cerrazón del
gobierno estatal, se decidió tras-
ladarse a la autopista a Acapulco
y bloquearla a la altura del
poblado de Chamilpa. Se hace el
bloqueo unos 30 minutos y se
decide la retirada porque hay una
llamada del gobierno diciendo
que va a haber un acercamiento
al día siguiente, o sea el 27 de
noviembre, pero cuando prácti-
camente ya habíamos desalojado
la carretera las mil personas que
participábamos, se produce la
agresión policíaca, incluso con
disparos de armas de fuego.
Hubo un herido y 60 detenidos,
robos y daños.
En esa situación acudimos con
los diputados del PRD para que
ayudaran a liberar a los presos.
La gente, unas 3 mil personas,
se reunió en la plaza de la comu-
nidad y quería ir a Cuernavaca,
pero se acordó no hacerlo para
que no hubiera otra represión.
Pero en la madrugada llegaron
al pueblo cinco patrullas con
granaderos y la gente los obligó
a retirarse.
Las familias de los presos y
la gente en general formaron una
comisión para sacar a los presos,
lograr la desaparición de poderes
y el levantamiento de las órdenes
de aprehensión. Al mismo tiem-
po, todas las fracciones parla-
mentarias, excepto la del PRI,
hacen un pronunciamiento seña-
lando que es necesario desapare-
cer los poderes. Pero en la mesa
de diálogo del día 27 el gobier-
no, por medio del subsecretario
de gobierno Germán Castaño,
dijo delante de los diputados que
está dispuesto a aceptar las de-
mandas, pero que la comunidad
no ponga demanda al gobierno
por la agresión del día 26 y que
no se hagan comentarios a la
prensa. Nuestra comisión, en
prueba de buena voluntad,
aceptó y el gobernador Estrada
Cajigal dijo en declaraciones
públicas que puede darse la
desaparición de poderes, pero el
día 28 se desdice.
El 30 de noviembre, el Tri-
bunal Estatal Electoral envió una
comunicación manifestando que
no se daría la desaparición de
poderes y empeazron los rumo-
res de la entrada de la fuerza
pública a Tlalnepantla. Previ-
niendo eso, el pueblo coloca
barricadas el 15 de diciembre y el
presidente de la Comisión Estatal
de Derechos Humanos, Francis-
co Coronato, se presenta en el
pueblo y se ofrece como interme-
diario para un diálogo con Elías
Osorio. La comunidad pidió que
el diálogo sea ahí y con el Con-
greso y el gobierno estatal, sin
Elías Osorio, pero Coronato dijo
que fuera en Cuautla. De todos
modos, esa plática evitó la entra-
da de la fuerza pública.
Amador Hernández, Chiapas, abril de 1998 GILDARDO MAGAÑA
55
Se hizo el diálogo los días
17, 18 y 21 de diciembre y la
Comisión de Barrios y Pueblos
propuso que se realizara otro
plebiscito, con participación del
gobierno estatal, diputados y
medios de comunicación o que
hubiera una asamblea en la
comunidad y ahí se definan las
cosas, aparte de la desaparición
de poderes. La gente de Elías
Osorio propuso darle al movi-
miento ocho direcciones de la
administración pública, y que lo
dejáramos gobernar seis meses
y luego lo evaluáramos en asam-
blea, lo que fue rechazado. La
polémica fue legalidad oficial
contra legitimidad popular.
Es interesante destacar que
en esos diálogos se dijo que
mientras se mantuvieran las plá-
ticas se suspendían las órdenes
de aprehensión.
Las fiestas decembrinas
motivaron un paréntesis en el
conflicto, pero, el 5 de enero, la
comunidad realizó otra asam-
blea general y decidió romper el
diálogo por su falta de resulta-
dos y que no se asistiera a la
mesa del día 7 porque no se veía
en el gobierno voluntad de
resolver el conflicto, sino nomás
de encontrar el modo de soste-
ner a Elías Osorio. Ante esto se
decidió formar el Consejo Popu-
larAutónomo.
Hay que aclarar que no se
acordó formar un Municipio
Autónomo, sino nombrar al Con-
sejo Popular Autónomo y que
esto se hizo sencillamente por-
que, en medio de la inexistencia
de un gobierno municipal se
habían venido acumulando nece-
sidades impostergables del pue-
blo, como la de obtener agua
potable. Esa necesidad, lo mismo
que la recolección de basura y
otras cosas se venía haciendo,
pero desorganizadamente, por
cooperación de la gente, por
ejemplo para pagar la electrici-
dad para el bombeo de agua.
Otra cosa es que, de hecho,
se forma el Consejo porque no
había otra alternativa luego de
haber usado todos los medios
para lograr la desaparición de
poderes. El Consejo se instala el
11 de enero como una respuesta
a la falta de respeto a la demo-
cracia y a la libertad para elegir
a los representantes. El Consejo
PopularAutónomo es integrado,
entre otros compañeros, por
Rolando Alvarado Colín, Ray-
mundo Rodríguez Riegos y
Pedro Pérez, todos ellos gente
de respeto entre la gente de los
barrios y pueblos.
En la asamblea se acordó,
con la aprobación de todos, que
cada familia aportara 20 pesos
semanales para los trabajos del
Consejo, sobre todo en lo del
suministro de agua y el Consejo
comenzó luego, luego, a echar a
andar los recorridos de pipas de
agua y otras tareas urgentes
antes de que se produjera la
invasión policíaca del día 14.
Rebeldía: Los políticos, sobre
todo en Morelos, se quejan de la
intervención de organizaciones
externas en el movimiento.
¿Cuál es la relación del movi-
miento con otras organizaciones,
noticias de la rebeldía
Amador Hernández, Chiapas, abril de 1998 GILDARDO MAGAÑA
noticiasdelarebeldía
56
qué es lo que ustedes solicitan de
quienes se solidarizan y que
cosas no aceptan?
Las organizaciones no guberna-
mentales llegaron a solidarizarse
a partir del 26 de noviembre,
pero sólo para dar su apoyo
incondicional. Quedó claro
desde el principio que su partici-
pación era sólo hasta donde la
comunidad lo permitiera y que
es la comunidad la que toma las
decisiones, que sólo la asamblea
general puede tomar decisiones.
Se ha dicho demasiado que las
organizaciones externas nos
influyen, pero eso es falso.
Nadie ha condicionado su
apoyo, y nosotros escuchamos a
todo mundo para enriquecer
nuestros puntos de vista, pero la
información se baja a las bases
para que ellas decidan. No acep-
tamos ni hay injerencias, ni de
radicales ni de no radicales, ni de
partidos ni de grupos políticos.
Rebeldía: ¿Cuales son sus
demandas actuales y de más
largo plazo y cuál es la estrate-
gia que ustedes se plantean para
obtener su solución?
Antes que nada, como una
muestra de voluntad política del
gobierno, exigimos que se reti-
ren las órdenes de aprehensión y
de presentación y los cargos por
supuestas responsabilidades
contra los compañeros deteni-
dos el 26 de noviembre y el 14
de enero. Demandamos que se
retire la policía de todo el muni-
cipio y que cese el hostigamien-
to y amenazas contra los
integrantes del Consejo Popular
Autónomo y de la Comisión de
Barrios y Pueblos, pues la perse-
cución en contra nuestra se man-
tiene y ha habido incursiones de
la policía ministerial morelense
incluso en el DF, como ocurrió
el 6 de febrero.
Luego, nuestra demanda
es primeramente que se convo-
que a una mesa de diálogo en el
Palacio Legislativo de San
Lázaro en la que participen
representantes de la Secretaría
de Gobernación dotados de
capacidad para resolver el con-
flicto; diputados locales y fede-
rales y representantes del
gobierno de Morelos; que se
acepte que en el diálogo haya
observadores de la sociedad
civil, los medios de comunica-
ción y los intelectuales y que
estén también representantes de
las organizaciones de derechos
humanos pero, en este caso, sólo
en calidad de testigos. No esta-
mos de acuerdo en la participa-
ción de Elías Osorio.
Planteamos que es necesa-
rio el castigo a los responsables
de las agresiones del 26 de
noviembre y del 14 de enero, a
quienes las realizaron material-
mente y a quienes las ordenaron.
Exigimos indemnización a
los familiares del compañero
Gregorio Sánchez Mercado,
asesinado el 14 de enero; el cas-
tigo a los responsables de su
muerte y que no se fabriquen
culpables, como se quiere hacer
en el caso de Benjamín Medina
Barrera, aunque las autoridades
no tienen pruebas reales.
Pedimos que se implemen-
te un programa de apoyo agro-
pecuario y de servicios para
resarcir los daños que ha sufrido
la comunidad por la represión y
por los robos de nopales hechos
por la gente de Elías Osorio.
En la mesa de diálogo exi-
giremos la desaparición de
poderes del ayuntamiento y que
se forme un Consejo Municipal
para convocar a elecciones
extraordinarias oficiales, pero
respetando las decisiones de la
comunidad tomadas y que se
tomen por el método de los usos
y costumbres.
Rebeldía: ¿Hay algo más que
quieran agregar?
Sí, que el gobierno estatal y
federal deben tener claro que
nuestro movimiento se mantie-
ne aún bajo la represión y la per-
secución. Seguimos realizando
asambleas con cuando menos
500 personas, y muchas veces
con más de 800, y mantenemos
la consulta por diversos medios
con la gente en los pueblos y
barrios para tomarla en cuenta
aún cuando no pueden ir a esas
asambleas. Necesitamos y valo-
ramos la solidaridad de todos,
pero sabemos que la fuerza del
movimiento es el respaldo de la
comunidad.
Alos compañeros y organi-
zaciones que quieran apoyarnos
de algún modo, que tengan pre-
guntas o tengan opiniones que
quieran darnos o que, al revés,
nos quieran contar de sus expe-
riencias o problemas, les pedi-
mos que se comuniquen a los
siguientes correos electrónicos:
conpopautonomo@hotmail.com
tlanepalntlautonoma@yahoo.
com.mx, o bien que consulten
nuestra página de Internet en la
dirección: htttp://.www.laneta.
apc.org/tlalnepanlta/
57
Hace dos décadas, dio inicio un
gran proyecto neoliberal: con
democracia y mercado, Haití
debía convertirse en el “Taiwán
del Caribe”. Para ello, se precisó
de la intervención militar de
Estados Unidos y del Consejo
de Seguridad de las Naciones
Unidas; de la concurrencia de
asesores del Banco Mundial, el
Fondo Monetario Internacional
y la agencia norteamericana
USAID, entre otros organismos;
de promesas de ayuda económi-
ca, así como de pactos y proyec-
tos políticos.
Desde entonces, todas las
acciones del poder han tenido el
las perlas del neoliberalismo
H
a
i
t
í
Dos carascaras en la intervención
Guadalupe Tepeyac en el exilio, Chiapas, 1996 ENIAC MARTÍNEZ
Construcción de Guadalupe Tepeyac en el exilio, Chiapas, 1996 ENIAC MARTÍNEZ
lasperlasdelneoliberalismo
mismo sello. En el Pentágono,
llamaron a la invasión de Haití
“Uphold Democracy” y local-
mente la propaganda oficial
anuncia que las políticas neoli-
berales son en beneficio de la
“sociedad civil”. Por su parte, el
Departamento de Estado diseñó
un programa llamado “Demo-
cracy Enhanced”, destinado a
financiar al espectro de la clase
política. Otras agencias esta-
dounidenses, como Internatio-
nal Republican Institute, el
National Endowment for Demo-
cracy, Haiti Democracy Project
y la Cámara Americana de
Comercio, también han propor-
cionado financiamiento a los
grupos políticos de Haití.
Así, primero, Jean Bertrand
Aristide aceptó un programa
económico neoliberal como con-
dición de Estados Unidos para
ser reinstalado en el gobierno y,
más tarde, también con apoyo
de Washington, nació la unión
opositora de centro, derecha e
izquierda haitiana, que adoptó
el nombre de “Convergencia
Democrática”. En diciembre del
año 2002, también surgió el
Grupo de los 184, una coalición
orquestada con la intervención
directa de James Morrell, ex-
oficial del Departamento de
Estado que encabeza Haiti
Democracy Project.
En ese gran proyecto neoliberal y
contrainsurgente, sin embargo,
no todo ha funcionado según lo
previsto. En 1997, por ejemplo,
sólo el 5 por ciento de los electo-
res haitianos acudió a votar y,
desde entonces, los analistas del
Pentágonosequejan.Unprofesor
del Instituto de Estudios Estraté-
gicos escribió en aquel año que
“los americanos han moderniza-
do cualquier cosa, excepto Haití
y los haitianos”… que siguen
siendo rebeldes.
De cualquier modo, en
Washington no se considera que
todo esté perdido. El proyecto
Democracy Enhancement se
aplica también en países como
El Salvador, Nicaragua o
Colombia. ¿Pensarán crear uno,
dos, tres, muchos Taiwanes?
Al término de la II Guerra Mun-
dial, en Alemania, como tam-
bién en la ciudad de Kuwait,
durante la Guerra del Golfo Pér-
sico, eran pocas las organizacio-
nes civiles presentes en el teatro
de operaciones. El ejército era la
única organización en condicio-
nes operativas.
Por el contrario, en Haití
los elementos militares fueron
en realidad los últimos en llegar
al escenario. Una diversidad de
organizaciones de la ONU, la
Agencia para el Desarrollo
Internacional, y otras organiza-
ciones llevaban ya mucho tiem-
po en el terreno cuando llegaron
las fuerzas armadas estadouni-
denses. Desde varios años antes,
las organizaciones privadas con-
ducían operaciones en el país.
(Margaret Daly Hays y contraal-
mirante Gary F. Weatley, Inter-
agency and Political-Military
Dimensions of Peace Opera-
tions: Haiti. A Case Study).
Bajo los apremios de la Casa
Blanca, el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mun-
dial, hace dos décadas, el Estado
haitiano inició el programa ace-
lerado de “liberalización del
comercio”. El impuesto a las
importaciones de arroz —cultivo
básico del país— se redujo del 50
al 3 por ciento. En consecuencia,
más de la mitad del arroz que se
58
Bases de apoyo zapatistas, Chiapas, agosto de 1996 ELSA MEDINA
59
consume en Haití se compra hoy
en Estados Unidos, la produc-
ción interna está en quiebra y la
pobreza se ha agravado.
En Jamaica sucedió algo
semejante con la producción de
leche, sólo que las compañías que
se beneficiaron son nativas de la
Unión Europea. Entre 1996 y
2000, Ghana aumentó tres veces
su producción de cocoa, pero
obtuvo ingresos tres veces meno-
res. Por cada dólar de “ayuda
extranjera”, los países pobres
pierden dos dólares en el robo
del “comercio liberal”, explicó
un organismo canadiense.
En cierto modo, se puede
decir que Haití es la estrella del
neoliberalismo. Allí, el desem-
pleo es superior al 70 por ciento,
más de la mitad de los niños
están severamente desnutridos,
la mortalidad infantil y materna
son las más altas del hemisferio,
la población rural vive en condi-
ciones apenas imaginables de
pobreza y emigra.
Uno de los videojuegos más
vendidos actualmente en Esta-
dos Unidos trata de un narcotra-
ficante que se propone recuperar
el dinero y la droga que perdió
en una transacción. “Vas a
encontrar a los que nos quitaron
nuestra cocaína y los vas a
matar”, dice la voz que invita a
dar inicio en cada partida. Entre
las distintas opciones, el jugador
puede disparar sobre personas,
golpearlas con bates de béisbol,
cortarlas con machete en rodajas
o las puede arrollar. También
puede recoger a una prostituta y
tener relaciones sexuales con
ella en la parte trasera de un
coche robado, luego, la puede
asesinar a golpes. El jugador
obtiene puntos extra, para ser
ganador, matando haitianos.
A finales del 2003, la com-
pañía neoyorkina que produjo el
“juego infantil” había vendido
11 millones de copias. Tras una
demanda judicial de organiza-
ciones haitianas, Rockstar Games
anunció que no lanzaría nuevas
versiones del videojuego.
“La sociedad norteameri-
cana es racista, aun si existen
leyes anti-racistas”, declaró un
ministro religioso de Nueva
York. “Se funda en una antigua
sociedad de propietarios de
esclavos que ha dejado su huella
y hay gente que cree que puede
hacer dinero con el racismo”…
(The Guardian)
El FMI nos exigió reducir el
tamaño del Estado en 50 por
ciento, manifestó un economista
haitiano. Sin embargo, sólo
tenemos 49 mil empleados esta-
tales para una población de siete
millones de habitantes. Compa-
re con la República Dominica-
na: con la misma población,
ellos tienen 400 mil.
Fuera de la capital, Puerto
Príncipe, podría decirse que el
Estado no existe. Apenas hay
unos pocos hospitales y escue-
las. En Haití, el Estado ha sido
una fuerza presente sólo por su
terror. En esas condiciones,
agregó, apoyar al sector privado
significa apoyar a diez o quince
familias que controlan gran
parte de la economía. Ese sector
privado no invierte en el país,
sólo se encarga del pillaje y la
especulación. Ellos compran
café en Haití, lo venden en algún
lugar, y ponen el dinero en un
banco extranjero (la familia del
dictador, Papá Doc, amasó una
fortuna de 900 millones de dóla-
res que conserva en Suiza).
Por su parte, los políticos
hablan de austeridad, pero hay
gente en el gobierno que gana de
10 a 15 mil dólares al mes.
Usualmente —concluye— des-
pués que estas personas salen de
los ministerios se convierten en
asesores del Banco Mundial o
del FMI y ganan elevados suel-
dos por el resto de su vida…
como Zedillo y Salinas.
A pesar de la oposición de cam-
pesinos, el gobierno de Haití
estableció una zona de libre
comercio en la frontera con la
República Dominicana, para
favorecer el establecimiento de
talleres de maquila. “Aunque
sean salarios malos, eso es
mejor que nada”, declaró el
ministro de Economía. “Esos
que nos critican, mejor deberían
de buscar dónde poner a trabajar
a unos cuantos pobres”, agregó.
En la empresa Gilanex, un
trabajador a destajo que cose
ropa Disney para niño, gana poco
más de dos dólares al día, menos
de lo que cuesta la comida fami-
liar de arroz con frijoles y pan.
En 1997, otro contratista de
Disney salió de Haití a causa de
la protesta de los trabajadores por
los bajos salarios. El taller de
maquila se estableció entonces
en Ciudad Acuña, México, para
producir la ropa Hércules, Rey
León y 101 Dálmatas. Dicen que
éste es un “país maravilloso”.
las perlas del neoliberalismo
lasperlasdelneoliberalismo
Parece que hubiera un principio
en el proyecto neoliberal: alejar
a la mayor cantidad de gente de
la política y, a la vez, dar “realce
a la democracia” con armas y
dinero. Un haitiano lo expone
así: El punto de vista estadouni-
dense es que “si los dejamos a su
propia decisión, vendría la anar-
quía total”. Los poderosos llega-
ron a esa conclusión porque a la
caída de la dictadura de Duva-
lier se desplegó un fuerte movi-
miento popular en Haití, que se
orientó hacia una democracia
radical. Un movimiento en el
que la gente pudo participar
realmente, un movimiento que
no se basaba en la práctica usual
de que unos cuantos políticos
toman las decisiones del país,
mientras todos los demás se
mantienen como espectadores.
Tenemos muchas manifes-
taciones concretas de lo que esto
significa. Tras la caída de Duva-
lier, en muchos lugares del país,
la población creó tribunales
populares para enjuiciar a los
Tonton Macoutes y duvalieris-
tas. Esta práctica fue muy acti-
va, pero no encajaba en el
concepto estadounidense de la
democracia. El enfoque nortea-
mericano es crear una “demo-
cracia” sin la participación de la
gente. Suponen que la gente no
sabe cómo gobernarse a sí
misma. Su idea es construir una
“democracia” que saque al pue-
blo del escenario político.
El golpe de Estado de 1991
tuvo un rol significativo para al-
canzar ese objetivo: asesinando,
destruyendo la organización po-
pular, dando el estatuto de resi-
dentes en Estados Unidos a
líderes de las organizaciones
populares. Durante el golpe, co-
mo forma de decapitar al movi-
miento popular, las agencias de
Estados Unidos hicieron entre-
vistas con mucha gente; cerca de
12 mil luchadores destacados de
las organizaciones populares
fueron sacados de Haití y se les
dio el estatuto de residencia per-
manente en Estados Unidos.
Este es un aspecto impor-
tante de la crisis política que se
manifiesta desde el año de 1997.
Los organismos internacionales
trataron de imponer institucio-
nes moldeadas, sin la participa-
ción de la gente. Así, se produjo
una gran brecha entre la dinámi-
ca de ese movimiento popular y
las nuevas instituciones que los
organismos internacionales han
tratado de imponer.
Un gigantesco muro está siendo
construido en el Tercer Mundo
para ocultar la realidad de las
mayorías pobres.
Se construye un muro
entre ricos y pobres para que la
pobreza no moleste a los pode-
rosos, así los pobres son obliga-
dos a morir en el silencio de la
historia. La desinformación es
el muro para distorsionar lo que
pasa en el Tercer Mundo.
(Noam Chomsky, Democracy
Enhancement).
60
Bases de apoyo zapatistas, Chiapas, agosto de 1996 ELSA MEDINA

Revista Rebeldia N* 16

  • 1.
    1 En las últimassemanas, dos movimientos sociales han creado diversos niveles de polarización social en México la lucha del pueblo de Tlanepantla, Morelos, por que se reconozca su derecho a elegir a sus gobernantes con su propias leyes, sus tradiciones y su cultura, y la lucha de los braceros mexicanos de la década de los 40 por que s lesdevuelvaeldineroqueentrelosbanquerosnorteamericanosyloscorruptosgobernantesmexicanoslesrobaron Ambos movimientos han sacado a la luz la impresionante incapacidad de la clase política mexicana. Lo cual ha significado abonar más en la ausencia de legitimidad de los actos de gobierno. En Tlanepantla hemos visto cómo la actuación de los partidos políticos ha sido el factor esencial par generar una división en una comunidad que se distinguía por haber logrado una serie de consensos para crea una relación democrática entre gobernantes y gobernados. Al no respetarse los usos y costumbres de la comunidad y al registrar todos los partidos diversos candidato a la presidencia municipal esa lógica se rompió, lo cual ha permitido la escisión en la comunidad y la posterio represión en contra de ese pueblo por parte del gobierno del estado y los diversos cuerpos policíacos. E d i t o r i a l Primero de enero de 1994, San Cristóbal de las Casas, Chiapas ANTONIO TURO Altamirano, Chiapas, 3 de enero de 1994 MARCO ANTONIO CRU
  • 2.
    Atrás se dejaver esa innegable vocación de los partidos políticos por pisotear los derechos conquistados en su angustia por obtener unos puntos más en los resultados electorales. Y, al mismo tiempo, su vocación por impedir expresiones de autonomía que permitan sacar la conclusión de que la sociedad se puede gobernar por sí misma, sin intermediarios. El caso de los braceros es igualmente revelador: desde el poder se han dado muestras permanentes para dejar claro dónde se ubican sus prioridades. Han decidido utilizar el dinero público para “rescatar” a los banque- ros por medio del Fobaproa y a los grandes constructores por medio del rescate carretero; para no hablar del botín que han puesto en manos privadas por medio de los Pidiriegas, con lo que se avanza en la privatización de los sec- tores energéticos (en especial el petróleo y la electricidad) y al mismo tiempo se están pagando intereses suma- mente altos por medio de los impuestos de la ciudadanía. Entre estas tres deudas estamos hablando de alrededor de 125 mil millones de dólares, es decir el 20 por ciento del Producto Interno Bruto de México. Pero, no están dispuestos a reconocer la deuda que tienen con decenas de miles de braceros mexicanos. Cuando se trata de rescatar a los dueños del dinero y verdaderos hombres de poder, entonces no hay tardanza. Destaca también la reacción de Andrés Manuel López Obrador al criticar la acción de uno de los grupos de braceros de tomar el rancho de la familia Fox, señalando que no hay que minar lo más sagrado de las institu- ciones del país: la investidura presidencial, y que “no hay que astillar la silla del poder”. Con esta declaración, este señor que se da por muerto para la contienda electoral del 2006, deja en claro cuáles son sus auténticas preo- cupaciones: la investidura presidencial y la silla del poder. Nadie puede decir que no habla claro. Hace unos meses, en las páginas de nuestra revista Durito nos dijo lo siguiente: “Sólo hay una variación, cuando el rebelde topa con la Silla del Poder (así, con mayúsculas), la mira detenidamente, la analiza, pero en lugar de sentarse va por una lima de ésas para las uñas y, con heroica paciencia, le va limando las patas hasta que, a su entender, quedan tan frágiles que se rompan cuando alguien se siente, cosa que ocurre casi inmediatamente”. Estas son las dos lógicas: cuando la izquierda tradicional comienza a ver la posibilidad de sentarse en la silla del poder entonces se preocupa por que nadie la astille, que nadie la lime. Su idea es sencilla, si antes fue necesa- rio el movimiento social para acercarse a la posibilidad de “tomar” el poder (que para ellos es una silla, una casa o un palacio), cuando ya se piensa que se acerca ese momento, el movimiento social no tan sólo es inútil sino moles- to; “hay que ganar sin que se molesten los rivales, es más, mejor sin que se den cuenta”.Así piensan. Por eso, López Obrador se escandaliza porque un grupo de campesinos tome el rancho del presidente, no por el actual sino por el próximo que sueña que va a ser él. Tlanepantla y los braceros son otros síntomas de lo que está pasando abajo y muchas veces más abajo que abajo. Estos síntomas nos hablan de un rencor acumulado en el pecho, de gente que también ha dicho ¡Basta! Mientras tanto la clase política se regodea en sí misma. Inventa y crea un escenario político en el que todo se define por una especie de feria de las vanidades. Se regodean en pensar que la agenda nacional se mueve en función de esas vanidades; se parecen a esos señores obesos que van a la playa, se acuestan y solamente ven su ombligo. Y cuando regresan hacen una larga narración sobre los colores que tenía el mar y el tipo de oleaje que había. Creen conocer el mar y lo único que realmente conocen es su ombligo. Pues bien hay que dejarlos que sigan obsesionados con esa parte de su cuerpo. Lo fundamental se encuentra abajo. Abajo los colores son cada vez más diversos y por lo tanto, cada vez más ricos y la marea está subiendo. Los caracoles zapatistas dieron la señal de arranque para dar un salto cuali- tativo en el proceso de organización social. Lo que veremos en el futuro próximo será el estallido de más sínto- mas, colectivos que, con sus propias ideas, cultura, política y tradición, harán su experiencia en el proceso de organizar su vida sin intermediarios.Autonomía es la palabra. Rebeldía.Año 2, número 16, febrero del 2004. Director: Sergio Rodríguez Lascano. Subdirectora: Adriana López Monjardin Consejo editorial: Javier Elorriaga Berdegué, Raúl Jardón, Gloria Muñoz Ramírez, Fernando Yáñez Muñoz. Fotografías: En este número se muestra la primera parte de la Exposición Fotográfica Colectiva “69 Miradas contra Polifemo”. En internet: www.revistarebeldia.org y correo electrónico: redaccion@revistarebeldia.org Impresa en: 2
  • 3.
    La campaña EZLN:20 y 10, el fuego y la palabra cul- minó el 12 de enero con el Encuentro “El zapatismo y la sociedad civil”, convoca- do por la revista Rebeldía y realizado en el Museo de la Ciudad de México. A través de 22 intervenciones se ex- presaron distintas voces que provienen de los mundos del pensamiento, la poesía, la música, la historia, la cultu- ra, las creencias religiosas, la participación política, los pueblos indígenas, la inves- tigación, e incluso de las opiniones críticas que han surgido en el seno del propio EZLNEZLN 20 y10 EEll zzaappaattiissmmoo yy llaa ssoocciieeddaadd cciivviill Yo no soy pesimista, no quiero ser pesimista, no puedo ser pesimista. Soy poseedora de una gran fe y una gran esperanza. Quiero luchar, quiero seguir luchando a pesar de todos los años que ya cargan mis espaldas, que no son pocos; quiero seguir luchando con optimismo, sin amargura, con alegría, como lo hacen los hermanos zapatistas, que han sufrido por muchísimo tiempo, mucho más que nosotros. Palabras de Rosario Ibarra, integrante del Comité Eureka y madre de un desaparecido político. Destrucción del Palacio Municipal de Altamirano, Chiapas, 3 de enero de 1994 FRANCISCO MATA 3 Destrucción del Palacio Municipal de Altamirano, Chiapas, 3 de enero de 1994 MARCO ANTONIO CRUZ
  • 4.
    es marcha, esmanifestación, es caravana, es plantón y es fies- ta. La palabra zapatista nos invita a bailar. ¿Bailaremos, sociedad civil? Bailaremos. La palabra zapatista y el zapatis- mo nos invitan a hacer música con ellos. ¿Haremos música con ellos? Haremos música con ellos. El poder del dinero nos dice: la palabra no importa, no tiene valor, utilízala solamente para conseguir lo que necesi- tas, lo que quieres; utilízala para ganar dinero; di libertad cuando quieras esclavizar, di democracia cuando quieras imponer tu dictadura, di libertad cuando quieras tener a la gente como autómatas. El zapatismo ha regresado el valor a la palabra, que la palabra tenga corazón, que nos haga sentir, que la palabra nos haga pensar, que tenga cabeza, que la pala- bra nos haga actuar, que vuelva, que siga caminando como palabra. La poesía es palabra zapatista también, pues su pala- bra no solamente nombra, también sugiere, transforma, tiene cabeza, tiene corazón y también hace actuar. El poder del dinero nos dice: no pintes, la pintura no exis- te; vende, vende, anuncia, vende. El zapatismo es creación, son las pinturas murales que podemos ver en Bonampack, en la pintura mural que cuenta las historias, son la infinidad de carte- les, de murales que pueblan todas las paredes de los Aguasca- lientes y ahora de los Caracoles; son los graffiteros que están luchando y diciéndole a la gente: si la calle es un espacio públi- co, si la calle es de todos, ¿por qué solamente nos venden cosas? ¿por qué no podemos llenarla de dibujos, de preguntas, de sueños? ¿por qué no podemos contar nuestra historia? La palabra zapatista es celebración, es celebración de la vida en resistencia, es un baile de todos los que sobran, los que sobran para el poder del dinero; es un baile de los que somos más, de todos los que somos más en el mundo. ejército mexicano. La conmemora- ción de los diez años del levantamien- to zapatista fue también un espacio de reflexión acerca de la emergencia de la sociedad civil, que en 1994 se encontró en las plazas y las calles, empeñada en detener la guerra y la barbarie del gobierno contra los pue- blos indígenas chiapanecos. En las siguientes páginas recogemos algu- nas de estas intervenciones y frag- mentos de otras más, buscando dar a conocer las que siguen inéditas. Palabras de Roco, vocalista del grupo Maldita Vecindad: La palabra zapatista es flor y canto, In xóchitl, In cuícatl, flor y canto del que hablaba Nezahualcóyotl, flor y canto, palabra sagrada, vivencia cotidiana de los hombres, como lo dice el poeta náhuatl Natalio Hernández. Flor y canto es la concepción indígena de la vida como acto creativo, la vida como celebración, como acto colectivo de celebración; la vida entonces es danza, la vida es música, la vida es poesía, la vida es pintura, la vida es una fiesta, una fiesta cotidiana. El poder del dinero nos dice: la música es aquella tonada machacona que se repite hasta el cansancio, esa tonada que a fuerza de repetirse acaba por gustarnos. La palabra zapatista es música, que como toda buena música está formada de sonidos y de silen- cios, como toda buena música nos invita a participar, haciéndola junto con ellos. El poder del dinero nos dice: no bailes, marcha disciplinada- mente a la guerra; no bailes, fórmate en la fila del banco; no bailes, vete con prisa, corre por las calles, trabaja. La palabra zapatista es danza, es baile de marimba toda la noche, es caminata, ¿Bailaremos, sociedad civil? Vivimos en el mundo de la comunicación masiva, la era electrónica de fibras ópticas, era en que la noticia es divulgada al instante... Ojalá esto realmente nos acercara unos a los otros, pero estamos en un proceso de deshumaniza- ción aterrador, no nos conocemos, no sabemos el nombre de nuestro vecino, no nos saludamos en la calle, y dicen nuestros compañeros en los altos de Chiapas que así como el que viene de la ciudad no conoce la montaña, el que está en la montaña tampoco conoce la ciudad y no puede moverse bien en ella. En este gran país pluricultural, no nos conocemos los mexicanos. El movimiento zapatista ha sido un movimiento de orientación, de acercamien- to, de cohesión, de hermanamiento de nuestra sociedad, en el momento pre- ciso en que el mundo es víctima de ese golpe devastador, aniquilador de culturas y costumbres que nos ha dado la globalización. El movimiento zapatista ha logrado el rescate de nuestra fortaleza y unión, que es nuestra identidad, el orgullo de ser quienes somos y de saber quiénes somos. AngélicaAragón, actriz. 4
  • 5.
    5 El zapatismo nosinvita a entrar a este baile, a esta cele- bración, y junto con la poesía nos hace una pregunta que sigue estando en nuestros corazones: ¿podemos imaginarnos un mundo donde quepan muchos mundos? ¿podemos, al ver la semilla, ver claramente al árbol que vive dentro de ella? El zapatismo, como flor y canto, como la vida, como un acto creativo, colectivo, nos invita a vivir y a reflexionar cada uno de nuestros segundos en arte. El tiempo es dinero, dice el poder. No. El tiempo es arte, el tiempo es vida, contestan los zapatistas, y es por eso tal vez que la palabra zapatista, donde más resonancia ha tenido es en todo lo que es el medio cultural: los poetas, los músicos, los pintores. También donde más incide es en los jóvenes, en los jóvenes urbanos, en todos estos jóvenes que sabemos y senti- mos que la manera como vivimos, como hablamos, como nos vestimos, todos nuestros usos y costumbres, son nuestra vida en sí. No queremos luchar por un mundo donde eso sea acepta- do, es nuestra vida misma la que va construyendo ese mundo. Como es desde la música desde donde ha tocado la pala- bra zapatista el corazón de muchas gentes y en especial el mío y el de los músicos con los que he trabajado, traigo una can- ción para celebrar, así como vimos en esa manifestación de hace diez años que estaba llena de canciones y de pinturas y de música y de tambores y de alegría. Bien dicen los zapatis- tas: la rebeldía, la resistencia, es una fiesta, es una celebra- ción. Y yo traigo una canción para celebrar, en memoria de esos diez años, con todos ustedes, la presencia y la continui- dad de esa memoria del porvenir que es el zapatismo. Esto se llama “Caracol”. Palabras del filósofo Luis Villoro, quien participó en el encuentro con un mensaje enviado por escrito: Hace diez años resonó un grito: “¡Ya basta!” El “¡Ya basta!” zapatista no era sólo una exclamación de rebeldía contra un sis- tema que se negaba a escuchar, era también un llamado al des- pertar de una nación. La voz del zapatismo era el anuncio de un giro radical en nuestra manera de sentir y pensar la nación. Su llamado hacía callar la algarabía discordante en las disputas en las cámaras; con un gesto de desdén, hacía a un lado el lamentable espectáculo de la rebatinga por un pedazo de poder. El grito zapatista de hartura daba un portazo a la farsa. A la vez, era un llamado al despertar del verdadero México que ocultaba la farsa. Frente a la lucha de partidos y facciones, frente al apego a sus intereses, el llamado del zapatismo descubría de nuevo Desgajar la voluntad de dominación el México auténtico: el país real, for- mado por comunidades de hombres y mujeres concretos, que se relacionan en redes de servicio recíproco, en la realización compartida de valores comunes, cotidianos. Es el pueblo real, el que desdeña participar en la farsa, el que aún guarda la dignidad como un valor, el que rechaza el poder disfrazado de codicia. Porque hay un México real, vivo aún en la solidaridad de los pueblos, en la moral social de la convivencia y del respeto recíproco. Es el México que opone el afán de lucro y el interés por dominar, al “mandar obedecien- do” de las comunidades. El grito zapatista era una afirma- ción de rebeldía. Pero no por querer remplazar un poder por otro. La clave que distingue al zapatismo de cualquier otro movimiento rebelde es el rechazo radical de todo afán de poder. Su men- saje más profundo es la negación del poder para sí. Al no querer el poder para sí, desgaja de cuajo la voluntad de dominación. El poder que postula es el de los hombres y mujeres en comuni- dades concretas; es el que reside en la sociedad real, ajena a toda dominación. “Para todos todo, nada para nosotros”. Esa es la significación profunda del mensaje zapatista. Dice que la comunidad real sólo se alcanza en la medida en que pueda rechazarse el poder.Yla realización de la comunidad es el fin que da sentido a una nación. ¿Utopía? No. Rebeldía perma- nente contra una realidad desgarrada. Afirmación de la voluntad de cons- truir una auténtica nación. Tal es el proyecto ético que debe orientar la marcha paulatina hacia una sociedad sin dominación, en el reco- nocimiento a todas sus diferencias. Ese es el proyecto de una comu- nidad ajena al poder, el proyecto del zapatismo.
  • 6.
    personas ajenas, perohoy estamos recuperando poco a poco nuestro territorio, gracias también a nuestros hermanos zapa- tistas, que nos han encendido una luz del sur hacia el norte. Por eso queremos agradecer a nuestros hermanos zapa- tistas ese entusiasmo, porque sin ellos, la organización de ellos, todavía no encontraríamos el camino por dónde salir. Las Juntas de Buen Gobierno hasta allá nos han llegado, lo hemos analizado, traducido a nuestra lengua, para adaptarlo en nuestro pueblo. Y nosotros apenas estamos renaciendo, nos falta mucho por aprender, pero aquí estamos, aún segui- mos vivos después de 500 años de resistencia. Palabras de José Carrillo de la Cruz, wixárika de la Comunidad San Sebas- tián Teponazhuatlán, Municipio Mez- quitic, Jalisco: Yo les traigo la palabra y el sentimiento de mi pueblo, mi región, mi comunidad. Hace diez años, éramos pueblos muertos, no tenía- mos voz ni voto en las comunidades. Si no fuera por nuestros hermanos zapatistas, hoy estuviéra- mos como antes. Hoy me ven vestido, porque esto es mi vestuario, pero antes no nos atrevíamos a salir así de nuestro pueblo por temor a ser objeto de curiosidad. Estaban nuestras comuni- dades tan pisoteadas por ¿Por qué estamos aquí? ¿Para celebrar los 20 y 10 años de la lucha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional? ¿Para conmemorar la marcha del 12 de enero de 1994, esta movilización masiva de la sociedad civil? Sí, sí, claro que sí, pero eso no es lo importante. No estamos aquí solamente para festejar la lucha de los indígenas de Chiapas, para expresar nuestra solidaridad con ellos. Estamos aquí más bien porque reconocemos que su lucha por la dignidad es nuestra lucha por la dignidad, su lucha para vivir es nuestra lucha para vivir. John Holloway, pensador y escritor crítico. A diez años de la erupción del volcán indígena en Chiapas Nosotros también llevamos más de un año viviendo en resistencia, eso quiere decir que estamos impulsando el mismo proyecto histórico de los pueblos indígenas. Estamos impulsando en los hechos los derechos que tenemos como pueblos originarios. En nuestras comunidades hay dos tipos de gobierno, el gobierno tradicional y el gobierno constitucional. Nosotros supuestamente estamos fuera del Estado, pero en nuestras comunidades gobiernan nuestras autoridades tradicionales elegidas en asambleas comunitarias. Estoy viendo que hay mucha gente que le gusta pensar, que le gusta reflexionar la realidad y qué bueno, está bien; pensamos noso- tros, pues, que la teoría debe de surgir de la práctica. Entonces es tiem- po de actuar nuestro papel como actores de nuestro destino, como actores principales para el desarrollo de nuestras comunidades. David Valtierra, amusgo del municipio autónomo de Xochistlahuaca, Guerrero. FRIDA HARTZ 6 Toma del Palacio Municipal, Las Margaritas, Chiapas, enero de 1994
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    7 Mensaje escrito, enviadopor el politólogo Lorenzo Meyer al Encuentro “El zapatismo y la sociedad civil”: El trasfondo. Desde el arranque mismo de la construcción del Estado nacional mexicano al inicio del siglo XIX los cimientos fue- ron mal puestos. Los diseñadores de la nueva nación esta- blecieron, como principio fundamental, la igualdad jurídica de todos los miembros de la comunidad nacional recién crea- da, pero desde el inicio y hasta hoy esa igualdad resultó una ficción, una construcción ideológica que chocó con una añeja realidad social donde la desigualdad en todos los órdenes era la gran regla política, económica, social y cul- tural. Por trescientos años, la Nueva España —pieza clave del imperio español deAmérica— se estructuró partiendo de una dicotomía tan básica como brutal: por un lado estaba la lla- mada “república de los españoles” o gente de razón y por el otro las “repúblicas de indios” con personas que por su natu- raleza estaban, supuestamente, impedidas de alcanzar un grado de desarrollo moral e intelectual similar al de los euro- peos. Los mestizos no estaban contemplados en el orden ini- cial pero en la práctica fueron situados en algún punto intermedio de los dos polos originales, el de “los de razón” y los “rústicos” permanentes. Formalmente México dejó de ser un país de indios, pero en la práctica estos permanecieron y dieron una gran lucha por preservar su identidad y propiedades comunales e incluso por extender su autonomía. Al doctor Luis Mora, el ideólogo del liberalismo mexicano original, y como a tantos otros libe- rales, le pareció apropiado que en la nueva república se elimi- nara el concepto de “indio”. Al final, esta visión se impuso pero no logró eliminar del todo eso que consideró un elemen- to de atraso y premodernidad: lo indígena. La Revolución Mexicana insistió en la igualdad políti- ca y jurídica de todos los mexicanos, pero reconoció la pro- piedad comunal de la tierra y diseñó programas especiales para esos descendientes de los “mexicanos originales” que se encontraban hasta el fondo de la pirámide social, progra- mas elaborados por no indígenas e impuestos casi sin con- sulta con los destinatarios. En todo caso, la idea era asimilar a los indios al México mestizo hasta que la “moderniza- ción” exitosa los hiciera desaparecer y lo indio quedara simplemente como historia y símbo- lo pasado de la identidad. Hace diez años. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hizo su aparición justo cuando el proceso de “moderni- zación” mexicana en su fase neolibe- ral se encontraba en la cúspide, en su momento de gloria nacional e interna- cional. Y por eso y de inmediato hizo dos contribuciones fundamentales y muy positivas al proceso de desarro- llo político del país. Por un lado, la crisis política desatada por el EZLN en un año electoral (1994) obligó al gobierno de Carlos Salinas a aceptar una reforma electo- ral que, por primera vez, abrió la posi- bilidad de que en México hubiera un órgano electoral autónomo que per- mitiera que el proceso electoral pasa- ra de ser una formalidad a algo realmente sustantivo. Si el PRI fue obligado a dejar “Los Pinos” en el año 2000, una parte de la explicación se encuentra en el EZLN y en la movili- zación política que impulsó en una amplia zona geográfica y social del país. La otra contribución del EZLN fue hacer visible e insoslayable la per- sistencia de la injusticia histórica ori- ginal sobre la que se había fundado la república: la división entre un país sobrexplotado, humillado en extremo y discriminado de manera sistemática —el México del 10 por ciento más pobre, el México de los indios— y el otro país, donde también campea la explotación, la humillación y la dis- criminación, pero no en el grado extremo que los indicadores de la pobreza y atraso social muestra que prevalece en las zonas indígenas de Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Hidalgo, Nayarit o Chihuahua, por sólo mencionar algunos ejemplos dramáticos. Los cimientos de México fueron mal puestos
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    8 Fragmentos de lodicho por el general Francisco Gallardo: ¿Por qué llama la atención de la opinión pública inter- nacional la insurrección chiapaneca? ¿En qué se distingue de otros conflictos o movimientos armados del resto del mundo? Las condiciones de pobreza y marginación no explican por sí solas el surgimiento de una insurrección armada. Una situación de opresión y autoritarismo tampoco basta para que El EZLN ha hecho ya una gran contribución al desarrollo político, social y cultural de México, pero ni la democratización de México ha avan- zado más allá del ámbito electoral — necesario e indispensable pero absolutamente insuficiente— ni lo que queda de las comunidades indíge- nas ha recibido de la autoridad el cambio que justamente ha demanda- do en sus condiciones económicas, sociales y jurídicas. Todo ha sido insuficiente. El EZLN ni puede ni debe ser el responsable del cambio. Esa socie- dad urbana que con tanto entusiasmo se movilizó en el inicio del 2001 por el llamado de los nuevos zapatistas a favor de una autonomía indígena real, es a la que le corresponde hacer ahora el esfuerzo mayor. El esfuerzo del 2001 fracasó, pero es una obliga- ción de todo el México democrático insistir en apoyar la demanda de una autonomía indígena real y, sobre todo, en exigir las grandes reformas del Estado y del modelo económico, para superar la injusticia original. Dentro de seis años se cum- plirán dos siglos de que se iniciara en México la lucha por la inde- pendencia, pero el proyecto del cura de Carácuaro y Necupétaro, don José María Morelos, de hacer de la recuperación de la soberanía mexi- cana la palanca para disminuir en nuestro país los extremos entre la opulencia y la pobreza extrema —la realidad creada por el sistema colo- nial— aún es sólo una meta y muy distante. El EZLN, en medio de enormes carencias y a un costo social demasiado alto, ya hizo su tarea por lograr enmendar el error de origen con que nació México. Ese esfuerzo nos obliga al resto a hacer más de lo que hasta ahora hemos hecho al respecto. “Pero no sólo dijeron ¡Ya Basta! con los fierros. También se organi- zaron para darse sus propias leyes, gobernarse a sí mismos, educarse, cuidar su salud, garantizar el abasto y practicar la autogestión. Para hacer realidad sus sueños, pues.” Luis Hernández Navarro, analista político. ¿Qué trataba de ocultar el alto mando militar? 1 de enero de 1994, Subcomandante Insurgente Marcos, San Cristobal de las Casas, Chiapas CARLOS CISNEROS/LA JORNADA
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    se levanten enrebeldía grupos sociales. Para que se diera el levantamiento armado en Chiapas, se conjuntaron dos tradicio- nes de lucha. De un lado, la herencia de la guerrilla de los seten- ta, curtida por la experiencia de la opresión. Del otro, la resistencia indígena chiapaneca que se mantiene desde el siglo XVI.Ambas tradiciones coincidieron en un momento histórico caracterizado por una pérdida de expectativas, propiciada por la farsa salinista de que ingresábamos al primer mundo. Pero no se trata de una vanguardia revolucionaria que se monta en una clase social oprimida para abanderar una revo- lución, sino de un movimiento de sublevación en el que la sociedad civil organizada y su élite que la dirige vivieron un proceso de fusión que, a través de un aprendizaje mutuo, con- siguieron estructurar un ejército simbólico que, con rifles de madera cargados con proyectiles de razón, hirieron mortal- mente al sistema político mexicano. Quiero platicarles una anécdota del impacto que tuvie- ron las armas que utilizaron los zapatistas en contra del ejér- cito mexicano, donde varios de mis compañeros perdieron la vida. Un día de abril de 1994, aparece en todas las instalaciones del ejército y en la prisión militar del Campo número Uno —lugar donde estaba realizando un estudio de campo para elaborar mi tesis de maestría sobre la reforma del ejército— una pancarta de difusión mensual llamada Tres de Diana. En ella aparecían fotografías de una veintena de militares que serían condecorados por decreto pre- sidencial, con bombo y platillo en ceremonia militar, por haber muerto en combate en Chiapas. El evento fue presidido por el coamandante supremo de las Fuerzas Armadas, Carlos Salinas de Gortari; el general Antonio Riviello Bazán, secretario de la Defensa; el almirante Ruano Angulo, secretario de Marina; el Dr. Jorge Carpizo Mc Gregor, secretario de Gobernación, el gabine- te en pleno, los familiares que iban a recibir la orden de honor y más de 20 mil efectivos militares. Poco después de este gran acon- tecimiento donde se enarboló el honor del ejército y la memoria de los caídos por la patria, llegaron a la prisión varios militares procesados por diver- sos delitos. Decepcionados del ejérci- to, platicaban sus tribulaciones y las persecuciones de que eran objeto. ¿Qué era lo que trataba de ocul- tar el alto mando militar con este encarcelamiento masivo? Concluí que varios de los caídos habían sido muertos en un enfrenta- miento entre dos batallones de infan- tería, provocado por negligencia o con toda intención desde el Estado Mayor de la Defensa Nacional, en esa época a cargo del general Tomás Enrique Sal- gado Cordero, secretario de Seguridad Pública en la gestión del regente Oscar Espinoza Villarreal y responsable directo del asesinato de los jóvenes de la colonia BuenosAires. 9 Carretera a Rancho Nuevo, Chiapas, 3 de enero de 1994 FERNANDO CASTILLO
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    supuestamente muertos encombate con los zapatistas, para sorpresa del Consejo de Guerra y de los asistentes militares, quienes son llevados a ese gran circo para recibir un mensa- je ejemplificador. El militar en el patíbulo fue absuelto y dado de baja por indigno de pertenecer al ejército, además con la advertencia de no hablar porque socavaba la discipli- na militar y la “honorabilidad” del alto mando. Tanto el militar liberado, como los muertos y sus deu- dos condecorados quedaron abandonados a su suerte. Los políticos y militares responsables, viven en la impunidad bajo el manto protector del gobierno federal. Con todo respeto a los muertos y deudos de un lado y de otro, compañeros, compañeras, esto se los comento para que vean en manos de quién está la defensa de la soberanía nacional. Finalmente, vaya un reconocimiento a la lucha indíge- na, que ha permitido la apertura de espacios democráticos en nuestro país, y un absoluto repudio al poder corrupto e insen- sible que nos gobierna. Fragmentos de las palabras del poeta chiapaneco Juan Bañuelos, quien fue integrante de la Comisión Nacional de Intermediación, Conai. En el año 2004 no hay más opciones intermedias, no hay izquierdas ni derechas, sólo pobrísimos y multimillona- rios. No existe más, en esta nueva confrontación, el tér- mino mediación: o se está a favor o se está en contra de los indígenas. Quiere el gobierno reeditar la batalla ideoló- gica y de medios de comunicación que bien maneja (y mejor que el PRI de hace una década), sin atender las causas que lo originaron y sin reconocer como interlo- cutores a sus principales actores, los indígenas, porque según el gobierno ya no existe un conflicto armado. Pero al contrario, hoy el ejército mexicano es un actor político, a veces visible otras veces invisible en la gue- rra de Chiapas, y si crecen la tensiones en la región y a nivel internacional, no nos extrañe la influencia de los militares norteamericanos en la estrategia y acción de nuestra armada, como está sucediendo en otros países, no vaya a ser que los indígenas mayas sean convertidos en terroristas. El colmo del cinismo y la sir- vengüenzada; uno de los militares encarcelados estaba acusado de insu- bordinación causando la muerte al superior, se acercó a que lo asesorara, … me dio su expediente, al revisarlo, me percaté que al superior a quien le había causado la muerte aparecía en la lista de los condecorados. Entonces, ¿cómo que caído en combate? Al confirmar esta gran bajeza de la autoridad militar me dio una gran rabia, por estar bajo el mando de una caterva de mentirosos y cri- minales. Durante el procedimiento, se aportó como prueba la pancarta del acuerdo presidencial que conde- coraba con gran pompa a los militares En el 2004, ya no existe el término mediación Carretera San Cristóbal de las Casas-Rancho Nuevo, Chiapas, 3 de enero 10 FABRIZIO LEÓN/LA JORNADA
  • 11.
    Según sabemos también,el Congreso de la Unión no supervisa los presupuestos militares para la defensa nacional, menos sabe o intenta investigar de los grupos paramilitares y de las guardias blancas de los caciques chiapanecos o de otro grupo civil militarizado. Si ya hay paz en Chiapas ¿qué espe- ran para actuar el señor Fox y el señor Salazar Mendiguchía en el estado, para que regresen esos miles de soldados a sus cuarteles? Los mexicanos bien sabemos que es la continuación del racismo, de la corrupción y del despotismo del poder sin ningún respeto a la dignidad humana. Este es el momento en que la sociedad civil debe actuar como ya ha empezado, creo, en Monterrey, para reforzar la iniciativa de los indíge- nas mayas que se inició hace diez años, para luchar contra un gobierno que está vendiendo nuestra soberanía al mejor postor. Cuando en las comunidades del sureste oímos frases, quejas, demandas, que se han vuelto trilladas para el gobier- no o que no las oye: “él me cortó la oreja izquierda”, “yo le quité el ojo derecho”, “él me sacó siete dientes”, “esos mili- tares violaron a mi hija”, “esos soldados le cosieron el culo a mis dos sobrinas”, “esos tipos quemaron nuestros culti- vos”, “él me cosió los labios para que no hablara”, “a ese le saqué el corazón y se lo puse boca abajo”, “con su machete, aquél me sacó el hígado”, “me bebí su sangre”. Somos, somos todavía los huérfanos de Acteal, cuando oímos todo esto al recorrer las comunidades de los Altos de Chiapas, situación mantenida por militares y paramilitares gobiernis- tas, y descubrimos que en Chiapas la vida del hombre ha dejado de ser la medida de la existencia y de que hay una guerra, una guerra que el gobierno niega, argumentando que la causa son “los conflictos interco- munitarios”, que son parte de la gue- rra de baja intensidad que el gobierno promueve. En Chiapas se vive una tragedia, lo quieren borrar, pero aún así, para los habitantes de la Selva y de los Altos de mi estado, el origen de la libertad todavía está en la respiración, por eso luchan por la igualdad, el aire es para todos y la libertad de respirar es la primera acción notable de la dig- nidad. Amigos de la sociedad civil de México y del mundo, no temamos ser tocados por lo desconocido, aprenda- mos a defender una y otra vez los derechos humanos de todo el país y del planeta. En este momento sobre todo, no temamos tocar la carne inde- fensa del agredido, cuando nos mez- clamos entre la gente por una causa justa se pierde el temor al agravio y nace la comprensión por los demás. Amigos de la sociedad civil, hoy nos toca reiniciar lo que empezaron los indígenas. La aparición de la sociedad civil ciertamente es enigmática, pero de pronto nace donde antes no había nada. Cuando un gobierno traiciona la voluntad popular y vulnera los Sin ser el factor único, el levantamiento del EZLN y su posterior evolución política favoreció la conciencia y la organización de muchos de los pueblos indios de México; faci- litó el surgimiento de una nueva conciencia en el país respecto a los derechos y significado de los indígenas; animó el crecimiento y la participación de la sociedad civil; retó a la sociedad política a buscar caminos nuevos; incidió en algunos de los pocos avances en la reforma del Estado. Hizo más visible la necesidad de transformación de la situación de las instituciones y de las relaciones sociales y económicas, evidenció las graves deficiencias del sistema político mexicano y el largo camino que falta por recorrer para tener una demo- cracia digna. Exigió una respuesta responsable, todavía pospuesta, a las causas del conflic- to, por parte de los poderes del Estado. Cuestionó a las iglesias sobre su disponibilidad histórica en la búsqueda de la justicia; puso en la palestra internacional el tema de los pue- blos indios y la denuncia del sistema neoliberal y sus consecuencias. Samuel Ruiz, ex-obispo de San Cristóbal de las Casas, quien presidió la Comisión Nacional de Intermediación. 11
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    12 Una democracia desdeabajo El EZLN, a fuerza de dirigirse a la sociedad civil, ha hecho de ella un sujeto social, un actor político, un protagonista de acon- tecimientos nuevos. La sociedad civil ha devenido el principal espacio para la potencial expansión y transformación cualitati- va de la democracia, en países con regímenes formalmente democrático-liberales.Porello,aldirigirsealasociedadcivil,el Ejército Zapatista está indicando el espacio donde se encuen- tran las mayores posibilidades de democratización del país. La idea de democracia elitista está emparentada más con la noción de mercado que con la de ciudadanía. En ella la socie- dad civil está integrada por votantes, esto es, por consumidores cautivos, y los partidos políticos desempeñan el papel de empresarios que ofrecen personal distinto en cada elección, previamente seleccionado por ellos. En el modelo elitista, la democracia se agota en el voto y a partir de ese momento la sociedad civil no vuelve a interesarle a los líderes políticos. A esta concepción de democracia de las élites, para las élites y por las élites, el EZ propone una propuesta de conceptos articu- lados que combina democracia social, democracia directa, democracia participativa, y democracia representativa, en otras palabras: los zapatistas proponen una democracia desde abajo, desde las comunidades indígenas y los poblados rurales, desde los barrios y las colonias, desde los sindicatos y las orga- nizaciones urbanas, desde los grupos ciudadanos y las ONG, o sea, una democracia del pueblo, de la sociedad civil. Dra. Paulina Fernández, politóloga. derechos, las calles, todas las calles, adquieren una sola dirección, la direc- ción espontánea del pueblo reunido y su crecimiento es la primera carac- terística de ese pueblo reunido, por- que la Nación no soporta más engaño ni miseria. Por ultimo, que debió ser el pri- mer punto en esta conmemoración de los diez años de la erupción volcánica indígena, el poder económico sigue en manos de la oligarquía y de la potencia del norte, la pobreza aumen- ta en México y en el mundo, por lo tanto, la sociedad debe transformar su acción mas allá de lo partidos políti- cos, en luchas de liberación nacional en contra de las oligarquías con apa- riencias de legitimidad y combatien- do el totalitarismo imperialista del señor Bush y sus limpiabotas enAmé- rica Latina. Empecemos amigos, por favor, por descubrir dentro de la sociedad civil una ética política de los mexicanos y hagamos entre todos un proyecto auténtico de Nación, todos, todos juntos. Esas son mis palabras, gracias. Pero el EZLN hizo mucho más, y de lo mucho que hizo queremos destacar dos triunfos para el camino de la humanidad. Organizó el primer movimiento de los pueblos llamados etnias, o considerados como minorías étnicas, o conocidos como “nacionalidades”, el pri- mer movimiento mundial de los pueblos indios por un mundo mejor en que prive la demo- cracia, la justicia y la libertad. E hizo otra aportación más, también de carácter mundial: con los Caracoles esbozó la práctica de un gobierno que es potencialmente mucho más que regional, mucho más que nacional o continental. El 6 de julio de 2003 anunció el fin de los Aguascalientes, esos magníficos foros de discusión de lo universal y lo local, y su sustitu- ción por los Caracoles, nuevas estructuras de poder regional hechas para fortalecer las autonomías de pueblos que antes estaban separados y que se unen a fin de decidir sobre su destino en materia de educación y cultura, de alimentación y vivienda, de salud, seguridad y “buen gobierno”, proyecto que llevan a la práctica hoy en una región de Chiapas, y que mañana otros y otros y otros más llevarán también a la práctica en distintas partes de Méxi- co y el mundo, con las más variadas aportaciones de los pueblos indios y no indios, minori- tarios y mayoritarios, sean de los países periféricos o centrales. Dr. Pablo González Casanova, investigador universitario, quien fue también integrante de la Conai.
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    Mensaje enviado alEncuentro “El zapatismo y la sociedad civil” por José Saramago, Pilar del Río, Eduardo Galeano, Danielle Miterrand, Manu Chao y Ramón Chao: La tierra se nos rompe por muchos sitios. A las terribles catástrofes naturales que asuelan regiones enteras hay que sumar las que causan algunos hombres ante el silencio pavoroso de tantos otros: éstas, las evitables, pretenden reducirnos a todos a la condición de siervos y a la más espectacular de las sumisiones. El poder ha comprendido que sembrando miedo controla hombres y pueblos, economías y beneficios. Nos quieren insta- lar en la era de la resignación silenciosa, del acata- miento de sus injustas leyes, en la decrepitud de un sistema que para persuadir tiene que utilizar el pánico y la amenaza sistemática ante la falta de otros argu- mentos. Sin embargo, no todos los hombres han bajado la cabeza ante las patrañas del poder: los zapatistas, que hace diez años nos mostraron que México y el continen- te americano eran mayores de lo que oficialmente se enseñaba y nos querían hacer creer, están ahí, y hoy, como hace años, son un ejemplo de que la insurgencia es posible, de que no todo está perdido. Los hombres y las mujeres que en Chiapas empe- zaron a hablar para asombro de quienes tenían planifi- cado el decenio, hoy tienen existencia y voz ante el mundo, son ellos y por ellos, y está lección sostenida no puede acallarse. Porque la tierra se rompe cada día por muchos sitios, sí, pero en algunos se construye. Ojalá que el silencio que quieren imponernos no ahogue la voz de los indígenas zapatistas, de los pueblos que luchan. Ojalá que los demás, los que estamos fuera, no perdamos la capacidad de oír, entender, colaborar, agradecer. Como humildemente agra- decemos diez años después. Tal parece que las luchas de los explotados y oprimidos no han servi- do para nada. Es precisamente esto lo que los poderosos nos quieren hacer creer. Y no es cierto… Veo el enorme papel que desempeña el EZLN, la repercusión mundial de su actuación, en un momento en que los poderosos quieren hacernos creer que ya se acabó la historia, que ya no hay posibilidad de pugnar por un mundo de todos y para todos. Ahí veo y saludo el gran mérito del EZLN, con sus 20 y 10 años de lucha, con su fuego y su palabra. Juan Brom, investigador universitario. La tierra se nos rompe 13 Ocosingo, Chiapas, 4 de enero de 1994 FERNANDO CASTILLO
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    14 que son gruposterroristas además, que son unas cuantas personas que no tienen base social. Ejemplos claros que los puedo dar: desde el 1 de enero de 1994, los medios de comunicación, algunos publicaban la verdad, pero también hubo otros quienes inventa- ban mentiras y así mal informaban a la gente y diciéndonos que nosotros no somos mexicanos, que somos extranjeros, que somos un grupo terrorista.Yya más después aquí en lo años más adelante del 1 de enero tam- bién empezaban a informar, a decir en los radios, en la televisión, en los periódicos, en las revistas, que ya los zapatistas ya se murieron, que ya no existen, que ya no tenemos credibili- dad, que ya no tenemos base social, que el subcomandante Marcos ya está muerto, que ya se murió, que los comandantes David, Tacho y otros comandantes que ya se rajaron, que ya están trabajando pues su tierra, El sistema de televisión intergaláctica, presenta al compañero Insurgente Adolfo del servicio de transmisiones del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en la mesa “Zapatismo y medios de comunicación”. Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Hermanos y hermanas de México y del mundo: Soy el Insurgente Adolfo del servicio de radio transmi- sión, también soy locutor de Radio Insurgente allá de la zona selva fronteriza. Nosotros los de Radio Insurgente es nuestro deber recordarles a los trabajadores de los medios de comuni- cación del planeta tierra que nosotros los zapatistas luchamos por el derecho a la información. Esto es una de nuestras trece demandas. Sabemos muy bien que los malos gobernantes tratan de comprar a los medios de comunicación para que informen mentiras y oculten la verdad, beneficiando al poder del dine- ro. Por eso, les pedimos a los medios de comunicación que no se dejen de comprar, que ya es tiempo de hablar e informar la verdad, lo que sucede en México y en el mundo. Por ejemplo, las luchas por la libertad que se hacen en otros países pobres. En estas luchas por la libertad que se hacen en otros rincones del mundo, no lo informan toda la verdad. En la radio, la tele- visión, el periódico, comienzan a publicar de una manera muy diferente, diciendo que no son luchas revolucionarias, EZLNEZLN 20 y10 Habla el Insurgente Adolfo Carretera San Cristóbal de las Casas-Rancho Nuevo, Chiapas, 3 de enero de 1994 FABRIZIO LEÓN/LA JORNADA
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    dedicándose a laproducción, que ya dejaron a un lado la lucha zapatista. Esto ustedes lo saben muy bien, a los que lo hicieron que esto es una menti- ra, son cosas falsas pues, que prepara el mal gobierno junto con los medios de comunicación como para despres- tigiar al EZLN. Por eso hoy les hacemos un lla- mado a todos los trabajadores de los medios de comunicación: que trabajen por el interés del pueblo y que no tra- bajen por el interés del gobierno — porque todo esto lo hacen porque son comprados y son controlados por el mal gobierno—, y así serán queridos porque van a publicar, van anunciar noticias de la situación real sin inven- tar ni ocultar nada, absolutamente nada. Así serán bienvenidos en todas partes. Estoy haciendo este llamado a los medios de comunicación: la radio, la televisión, la prensa y los otros medios que existen, que ya es tiempo de hablar la verdad y no inventar más mentiras. Nosotros los de Radio Insurgente decimos cosas reales, publicamos cosas que le interesan a la gente, que le sirvan para desarrollar su mentalidad y su pensamiento, que ayuden pues a desarrollar en todo tipo de pensamien- to que ellos quieran pensar para hacer sus trabajos. Allá donde yo trabajo en la zona selva fronteriza, pues realmen- te el programa en que yo trabajo a la gente le ha gustado muchísimo, por- que hablamos no sólo de los zapatistas, hablamos de las diferentes organiza- ciones o partidos políticos y de las diferentes comunidades zapatistas y no zapatistas. Sabemos muy bien que a la gente el programa donde trabajo les ha gustado muchísimo. Hasta los sol- dados también comentan de que qui- sieran pues que trabaje Radio Insurgente las 24 horas, que no sola- mente por horas que esté trabajando; y también a los soldados hemos enviado mensajes para ellos especialmente, también canciones revolucionarias que les dedicamos a los soldados para que se den cuenta de la situación real, que ellos también están sometidos sólo por ganar dinero, mientras su familia también quiere la liberación; que también ellos son pobres. Aunque ahorita allá donde yo trabajo en la zona selva fronteriza, en las montañas, los pueblos y los animales, las aves, los tigres, los changos, etcétera, están de luto, porque el día 4 de octubre del año 2003, como a las 21 horas empezaba a llover y entre relámpagos y rayos, pues le tocó la desgracia a los aparatos de Radio Insurgente. Entonces la causa de su des- gracia y de su muerte de los aparatos de Radio Insurgente, que en esos momentos fue porque un rayo persiguió un radio comunicación, impactando sobre la antena y pasando sobre el radio, también las instalaciones de Radio Insurgente le tocó; o sea, todos los aparatos quedaron totalmente quemados y esto lo sentimos mucho, porque los pueblos realmente ya estaban acostumbrados de escuchar Radio Insurgente; ya saben exacta- mente qué hora iniciamos y qué horas terminamos. Entonces todos los días sábado y domingo estaban totalmente pendien- tes, porque esos días transmitíamos nosotros en la zona selva fronteriza. Porque realmente Radio Insurgente —comentan los compañeros y no compañeros—, es diferente que otras esta- ciones, porque todo lo que hace Radio Insurgente en otras esta- ciones no se escucha, ahí no pasa ese tipo de programa. Porque este es un programa que está interesado para el bien de todos los hermanos y hermanas que viven en el planeta tierra. El único problema es que no logramos llegar, mandar nuestra señal en todo el mundo, pero adonde llegaba, sí hicimos todo lo posible para hacer que se alegre la gente, porque ustedes saben que nosotros los zapatistas estamos en resistencia, estamos en guerra. Pero cuando escuchas una música en un radio que te levanta el ánimo, entonces, también nos ayuda muchísimo y eso es lo que hacía Radio Insurgente y, es ahí como entonces desgraciadamente ahorita, pues no está funcionando ahí en esa zona lo que es Radio Insurgente. Pero no se pongan tristes, ya conseguimos otro aparato y vamos seguir transmitiendo lo que quedó pendiente. En ese radio donde transmitíamos allá por la zona selva fronteriza era la frecuencia del 99.7 mega hertz en FM, entonces de todo esto no nos hace rendirnos, no le tenemos miedo de lo que sea de la muerte, de por sí todos somos unos pasajeros en este mundo. Pero lo más importante es morir luchando y no rendirse jamás. Dondequiera que nos sorprenda la muerte bienvenida sea. Esto fue la voz de Radio Insurgente que transmite desde algún lugar de las montañas del sureste mexicano, gracias hermanos y hermanas. 15
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    EZLNEZLN 20 y10 16 Habla laInsurgenta Angelina Rancho Nuevo, Chiapas, 14 de febrero de 1994 EMILIANO THIBAUT Los Altos, Chiapas, febrero de 1994 ANTONIO TUROK
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    17 El Sistema Zapatistade Televisión Intergaláctica presenta a la compañera Insurgenta Angelina, del Servicio de Transmi- siones del EZLN en la mesa zapatismo y medios de comuni- cación. Muy buenos días, buenas tardes y buenas noches. Hermanas y hermanos de México, soy una compañera Insurgenta Angelina, soy locutora de la Radio Insurgente, que transmite desde algún lugar de las montañas del sureste mexicano. Es un trabajo en la Radio Insurgente, pues cuan- do iniciamos la transmisión así con el enchufe muy pobre, no tenemos buenos equipos pero sí sirve para el pueblo. Ya después fue mejorando poco a poco y como yo, como mujer, soy locutora, ni conozco ningún equipo, ni una grabadorita. Ya después iba aprendiendo poco a poco, pues espero que sí voy a valer mi trabajo y sirve para el pueblo. Entonces como ahorita trabajamos más y ahorita escuchan varias personas: escuchan los zapatistas o no zapatistas, hasta los soldados y tienen volumen en sus radios, les gustan las canciones revo- lucionarias, músicas tradicionales y otras canciones tam- bién como cumbias, tropicales, todas las transmitimos, también de amores y esas sí les gustan a los muchachos, los jóvenes. Y es la que solicitan cuando mandan sus saludos, hasta mandan sus saludos a sus novias a Radio Insurgente y se alegran bastante escuchando todos los días. Hasta llegan 20, 25 saludos; saludan a sus familiares, a sus mamás, a sus papás los que no están cerca ahí, y nosotros como locutor, locutora, transmitimos todos. Y así es la Radio Insurgente, como en otras radios estaciones no lo transmiten así, ni lo pasan las canciones, ni lo pasan todos sus saludos, o sea, nada pues. En la Radio Insurgente sí lo pasamos todos, por eso a los compañeros zapatistas o no zapatistas les gusta bastante. También lo producimos nuestro propio programa, lo editamos, lo armamos, hasta cuentos también los arma- mos, le ponemos ruidos o todo pues, lo que le conviene a un cuento. Así trabajamos en la Radio Insurgente, y también traba- jamos un locutor cada día, y un locutor-locutora tiene queha- cer, tiene que buscar su canción, las complacencias, las que piden los compañeros y compañeras. Y estamos así mezclan- do pues, como poner músicas, seleccionar las canciones, pasando saludos, pues así alegre. Y esperamos también que ustedes así lo hagan; formen su radio que sirva para el pueblo, que no sea para el gobierno; es lo que queremos pues como indígenas. Y transmitimos noticias, son las mejores noticias pues, en la Radio Insurgente no transmitimos como quiera, transmitimos donde son ciertos, comunicados, demandas; todo lo que sucede en el pueblo sí lo transmiti- mos. Es así pues lo que hacemos en la Radio Insurgente, y también como mandan sus saludos y le pasamos todo en un día, hasta 20, 25 como digo, los pasamos todos. Hasta piden sus canciones revolucionarias, can- ciones revolucionarias que les gustan bastante, hasta los priístas. Sí pues, así escuchan en la Radio Insurgente y pues por eso, me da mucho gusto decirles, contarles cómo trabajamos, y para que sepan también ustedes cómo trabajamos, cómo nos organiza- mos. Y así trabajamos cada día, y transmitimos quince horas cada día. La gente no quiere que lo apagamos la transmisión, quiere que esté así trans- mitiendo diario hasta en la noche, pues como tiene el horario y lo apaga- mos. Hasta el siguiente día otra vez se transmite, pues como ya saben qué hora inicia, qué hora se cierra, pues la gente también está… ya saben pues a que hora termina la transmisión. Pues así, hasta mandan saludos al Subco- mandante Insurgente Marcos, y man- dan saludos a los niños chiquitos, y las niñas también hasta mandan flores para él. Pues así les gusta muchísimo, hasta los comandantes, comandantas y mandan saludos y para que escu- chen pues sus saludos donde quiera que estén —dicen los niños—, esos sí mandan los saludos, pues los com- pañeros donde trabajamos en la Radio Insurgente. Es así compañeros y compañe- ras. Me da mucho gusto de platicarles este día, pues espero que sí estén muy contentos y alegres. Muy buenas noches y buenas tar- des o buenos días. Pues me da mucho gusto saludarles a todas y todos, muchísimas gracias por escuchar mi voz. Soy la compañera que soy Insur- genteAngelina. Muchísimas gracias.
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    Algunas tendencias del neoliberalismo SergioRodríguez Lascano Selva Lacandona, Chiapas, insurgentes zapatistas, 1994 ARTURO TALAVERA Comandante Tacho, Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 ARACELI HERRERA 18
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    Desde hace yavarios años se ha veni- do desarrollando una polémica — algunas veces implícita y otras explícitamente— para tratar de desentrañar la lógica con la que fun- ciona esta nueva fase del capitalismo (neoliberalismo). No tanto a partir de sus “grandes” paradigmas (limitación del papel del Estado, en especial en el terreno de la regulación; proceso de privatizaciones; eliminación del Esta- do social o benefactor; desregulación de la fuerza de trabajo; etcétera), sino en función de su ubicación en rela- ción con otras fases del capitalismo. Esto ha generado una inflación de interpretaciones: la que plantea que el proceso de globalización de la producción y del mercado generó una reestructuración productiva, política y social que ya concluyó y, por lo tanto, que lo que hoy estamos vivien- do es el surgimiento de un nuevo Imperio, nada más que éste no tiene a ningún Estado o grupo de Estados como fuerza dominante sino a la nueva organización del capital (Negri-Hardt). O la de aquellos que, reivindi- cando la vieja idea braudeliana del sistema-mundo, no consideran que se viva una nueva fase de la organiza- ción del capital y analizan lo que está pasando como una continuidad de ese sistema-mundo (Walerstein,Arrighi). O la de aquellos que consideran que el neoliberalismo no es otra cosa que el perfeccionamiento del sistema imperialista y que las características esenciales de éste se mantienen como tales (Amin, Petras). Esto no nos debería sorprender mucho; normalmente la teoría marcha siempre con retraso de las grandes transformaciones sociales. El problema es trabajar con sis- temas cerrados que busquen la conse- cución de un nuevo concepto teórico, acabado, cuando lo que se está viviendo es el fin de una era pero no está claro todavía el inicio de qué. O bien, fortificar nuestras ciudadelas para impedir que nada nuevo se cuele al interior del castillo y simplemente repetimos las mismas con- cepciones, en una historia circular carente de novedad. Quizá sería preferible ir despacio y, en lugar de caracte- rizar, tratar de desentrañar las tendencias fundamentales que hoy se están expresando en el marco de la dominación del capital, siguiendo el método propuesto por los zapatistas: “En nuestras reflexiones teóricas hablamos de lo que nosotros vemos como tendencias, no hechos consumados e inevita- bles. Tendencias que no sólo no se han convertido en homogéneas y hegemónicas (aún) sino que pueden (y deben) ser revertidas”1. La declinación estadounidense y los ciclos del capital En el marco del debate del que hemos hablado se ubica otro: en cada fase que ha vivido el capital ha existido una locomo- tora que ha jalado al resto del ferrocarril. El problema es que varios de los teóricos que están escribiendo sobre la situación actual del capitalismo hacen énfasis en el proceso prolongado de declinación del imperio norteamericano, incluso algunos de ellos llevan treinta años repitiendo esta visión. Efectivamente, si uno analiza los datos fríos del com- portamiento de la economía de ese país no habría duda en lle- gar a esa conclusión: “En 1950, EEUU proveía la mitad del producto bruto mundial, contra sólo el 21% actual. El 60% de la producción manufacturera en 1950 venía de EEUU, y en 1999 sólo el 25%. La proporción de EEUU en el comercio —la parte de más rápido crecimiento en la economía mundial— era del 24% en 2001, mientras la Unión Europea tenía el 23% —un 40%, si se contaban las exportaciones intra-Unión Europea (…) “De las cien mayores corporaciones del mundo en el año 2000, evaluadas según sus inversiones extranjeras, 23 eran americanas. Juntos, Alemania, Francia, Reino Unido y Holanda, con un producto bruto combinado, de siete déci- mos del de los EEUU, tenían 40, Japón tenía 16. Durante los 1990s, la participación de las multinacionales de EEUU en las ventas al extranjero de las cien más grandes multina- cionales decrecieron del 30 al 25 %, y la participación de las compañías con base en la Unión Europea creció del 40 al 46%. “En el 2001, el 21% de los stocks mundiales de inver- sión directa eran norteamericanos, comparados con el 47% 19
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    20 propias del capitalismo.Estamos hablando de todo lo que fue conocido bajo el nombre de “socialismo real” en el centro y el este de Europa, pero no únicamente, sino también de China. Un poco menos de una tercera parte de la humanidad ha sido reinte- grada a las leyes del mercado generándose un mercado mundial capitalista como nunca antes se había visto. El resultado está a la vista: tan sóloAlemania, hasta 1999, ha inverti- do 10,025 millones de euros en la industria manufacturera de la Repú- blica Checa, Hungría, Polonia, Eslo- vaquia, Rumania, Bulgaria y la ex-Yugoslavia; de los cuales 3,071 están destinados a la industria auto- motriz. Con una mano de obra de 341 mil obreros, de los cuales 68 mil están ubicados en la industria automotriz, el 75 por ciento de los cuales —con excepción de Polonia— son exporta- dos hacia Europa occidental. El otro ejemplo lo podemos ubicar en China donde la inversión japonesa pasó de 5 mil millones de yenes en 1985, a 159 mil millones de yenes en el 20013. Si bien en un inicio una buena parte de las inversiones fueron destinadas a la producción de bicicletas, desde hace cinco años estamos viendo cómo esa inversión se diversifica, incluso hacia sectores claves como la industria automotriz. China es ahora el merca- do más grande, afuera de Alemania, de los automóviles Volkswagen. Si una de las características fundamenta- les que permiten los reascensos de la economía capitalista es la transforma- ción de las relaciones no capitalistas (precapitalistas o poscapitalistas) en función de la relación trabajo asala- riado-capital, como nunca antes en la historia del capitalismo eso ha sucedi- do en los últimos diez años y, sin embargo, eso no ha repercutido en un nuevo ciclo del capital. de 1960. Durante 1996-2001, el 17% de toda la nueva inversión directa en el exterior vino de EEUU y el 16% de Gran Bretaña; juntos, Francia, Bélgica y Luxemburgo tenían el 21%. De las 25 grandes fusiones y adquisiciones (M&As) en los EEUU en 1998-2000, cinco fueron capturadas por multi- nacionales extranjeras (tres británicas, dos alemanas). De las veinte mayores corporaciones comprometidas en M&As internacionales entre 1987 y 2001, sólo dos fueron norteame- ricanas (General Electric y Citigroup)”2. Sin embargo, esta declinación se da en medio del mayor dominio hegemónico que se haya expresado en la historia del capitalismo. Efectivamente, en el terreno de la competencia económica, la caída del Muro de Berlín liberó a los grandes capitales de las viejas ataduras y se inicio una lucha sin cuar- tel por los mercados. La inexistencia de una locomotora que jale al conjunto de los vagones está íntimamente relacionada con la inexistencia de un “nuevo orden mundial”. Esa inexistencia explica la otra inflación de interpreta- ciones sobre el ámbito de los conflictos: se inició con la visión eufórica del “fin de la historia” (entendida como el fin del conflicto), para pasar posteriormente a la “guerra de civi- lizaciones”, y llegar finalmente a la “guerra de globalizacio- nes”, entre otras. Desde luego, todas estas visiones tienen como común denominador un interés particular de alguna agencia del gobierno norteamericano. La realidad es, sin embargo, más compleja. La declina- ción del imperio norteamericano es quizá el elemento factual más evidente, pero no es el único ni el más importante. El hecho más significativo es que estamos viviendo una larga fase de declinación mundial del capitalismo como tal, en lo que tiene que ver con sus tasas de crecimiento, sus tasas de acumulación y sus tasas de ganancias. Si comparamos las tasas de crecimiento del capitalismo mundial veríamos cómo estamos lejos de los años de gloria. De 1914 a 1945 el creci- miento económico promedio de los países industrializados fue de 2 por ciento, de 1945 a 1970 se viven los años dorados del capitalismo y la tasa de crecimiento fue de 5 por ciento, mientras que de 1973 a la actualidad el crecimiento ha sido de 1.8 por ciento. La teoría de los ciclos largos de la economía también está en cuestión. Más aún si tomamos en consideración que una serie de elementos fundamentales que siempre fueron vistos como la clave para el relanzamiento del ciclo económi- co se han cumplido: a. La existencia de un proceso de reorganización del capital a partir de la integración al mercado mundial capita- lista de una gigantesca región que no funcionaba con las leyes
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    b. Una nuevareorganización del trabajo. El proceso de flexibilización laboral para crear nuevos estándares productivos —por medio de la intro- ducción de la polivalencia y de la eli- minación de una serie de conquistas obreras y desde luego de un ataque formidable al salario real de los traba- jadores—, junto con la puesta en pie de una nueva división internacional del trabajo —que ha significado un proceso de dislocación de la fuerza de trabajo—, han sido los mecanismos esenciales para lograr un incremento sustancial de la tasa de explotación y la tasa de beneficio. En primer lugar, ese proceso de dislocación permitió que las trasnacionales crearan una serie de fábricas de punta en varios países subdesarrollados. Los ejem- plos son variados: las fábricas de la Ford en Hermosillo o de la General Motors en Ramos Arizpe, Coahui- la; o las fábricas de bicicletas en Ghana o en China; o las acereras en Corea, que generaron la crisis y quiebra de varias acereras en el Estado Español o en Francia; o las fábricas textiles en China, nos hablan de ese proceso. Por otro lado, el mismo Claude Pottier nos da una serie de datos reveladores: mientras que en 1983 las empresas trasnacionales con base en los Estados Unidos conta- ban con 2,871,900 trabajadores, sus filiales en los países subdesarrolla- dos contaban con 1,357,700 traba- jadores. En el año 2000, estas mismas empresas contaban con 2,904,500 trabajadores en Estados Unidos —lo que significó un incre- mento de únicamente el 1.1 por cien- to—, mientras que la mano de obra de esas empresas en los países subdesa- rrollados fue de 2,162,900, lo que sig- nificó un incremento de 59.3 por ciento4. La ansiedad por buscar mano de obra barata para garantizar niveles de explotación más altos ha significado el traslado de una buena parte de las industrias hacia países con niveles salariales muy bajos (México con salarios de 1.3 dólares la hora; el Caribe y Cen- troamérica con salarios de 1 a 1.5 dólares y más espectacular- mente China y la India con salarios de 60 centavos de dólar la hora). A pesar de ese proceso de sobreexplotación esto no se ha traducido en un nuevo relanzamiento del capitalismo. c. La introducción de nueva tecnología que acorte los procesos productivos y sustituya el trabajo vivo por el trabajo muerto. La biotecnología, la informática, la ingeniería gené- tica, etcétera, junto con la nueva organización del trabajo han acortado como nunca los tiempos de producción de las mer- cancías. Muchas veces nos encontramos con inventos que ni siquiera tienen el tiempo suficiente para su introducción al proceso productivo, porque en el ínterin entre su creación y aplicación se descubren otros más avanzados. Como nunca la ciencia y la educación están subordinadas a los procesos pro- ductivos, haciendo realidad las palabras de Federico Engels, cuando dijo: “Hasta ahora se ha alardeado de lo que la pro- ducción le debe a la ciencia pero es infinitamente más lo que la ciencia le debe a la producción”. d. Y el punto esencial en los análisis de los ciclos que planteaba que la fase creciente del capitalismo solamente se podía explicar en función de grandes derrotas de los trabaja- dores, en especial de los que estaban en el centro del proce- so productivo. Estas derrotas se produjeron, no sólo en lo que tiene que ver con la caída del muro de Berlín (no porque añoremos a esos viejos regímenes dictatoriales sino porque 21 Bases de apoyo zapatistas, Chiapas, agosto de 1994 ARACELI HERRERA
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    22 Pues bien, apesar de todo esto no se ha podido desencadenar una nueva fase de crecimiento generaliza- do de la economía capitalista y mucho menos la edificación de un nuevo orden mundial. Creo que las causas son muy variadas: a. Por un lado, todo ese impre- sionante proceso de reestructuración productiva está limitado por la misma esencia de esta fase del capi- talismo. Atrás se encuentra un típico proceso de sobreacumulación y de sobreproducción de mercancías. Un ejemplo claro lo podemos observar en el sector automotriz. Como ya señalamos, la dinámica de creación de fábricas de automóviles se ha extendido por todo el mundo, en especial hacia Europa del este y China. Sin embargo, este sector clave para el crecimiento económico por su carácter multiplicador vive, desde 1990, un incremento que no tiene comparación con la creciente inversión. De 1961 a 1970 el creci- miento de este sector fue de 6.2 por el muro se cayó aplastando a millones de seres humanos, en especial a los trabajadores del campo y la ciudad), sino tam- bién en lo que tiene que ver con las condiciones de vida de los trabajadores de todo el mundo. La reorganización del trabajo ha implicado la pérdida de una serie de conquistas de los trabajadores en el terreno salarial, contractual y en la vida cotidiana (seguridad social, servicios, habitación, edu- cación, etcétera). La ofensiva global del capital no fue para- da en su momento y esto ha significado una afectación global a los trabajadores y a los pobres del mundo. Simple- mente pensemos en ejemplos como la situación social en los Estados Unidos: “A nivel social, sin embargo, el sueño nor- teamericano, lejos de recuperarse, ha dado paso a una socie- dad más dividida social y racialmente. El 1 por ciento de la población recibe el 12.2 por ciento de los ingresos y contro- la el 34 por ciento de la riqueza; el 9 por ciento siguiente, el 21 por ciento de los ingresos y posee el 34.7 por ciento de la riqueza; mientras que el 90 por ciento restante (y hay que tomar en cuenta que el peso del tercio superior es determinante) sólo recibe el 66.6 por ciento de los ingresos y posee el 31.3 por ciento de la riqueza. Si se aplica el índice Gini —el índice Gini mide la desi- gualdad, de 0 (igualdad absoluta) a 1 (todo en manos de una única perso- na)— el resultado es de 0.496 para la renta y 0.366 para el patrimonio (…). El 12.7 por ciento de la pobla- ción de los Estados Unidos vive por debajo del índice de pobreza absoluta, cifra que llega al 36.7 de todos los niños negros y el 34.4 de todos los niños hispanos”5. La búsqueda por los salarios bajo no sólo ha significa- do un proceso de sobreexplotación de la mano de obra de los países pobres, sino un empobrecimiento absoluto de los trabajadores de las grandes metrópolis. A esto hay que agre- gar el persistente y constante proceso de integración a la lógica del capital y la construcción de la gramática de la resignación de la inmensa mayoría de la izquierda mundial: de Blair a Lula, de Jospin a Fernández Huidobro, de Schröeder a López Obrador. Selva Lacandona, Chiapas, 1994 ÁNGELES TORREJÓN
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    ciento anual enpromedio, mientras que de 1990 a 2000 el crecimiento fue de únicamente 1.3 por ciento y de esa fecha a la actualidad se ubica por debajo del 1 por ciento. Esto a pesar de que se producen más automóviles que nunca. Así, por ejemplo, se cal- cula que entre 2003 y 2006 llegarán a los Estados Unidos 708 mil nuevos automóviles de las fábricas trasna- cionales de Asia, lo cual incremen- tará el ya de por sí alto número de automóviles que no se venden en ese país. Se calcula que de los 16 millo- nes de automóviles que año con año llegan al mercado norteamericano, 4 millones no son vendidos; lo que implica una sobrecapacidad del 25 por ciento6. En la revista The Econo- mist, imposible de ser acusada de anticapitalista, se señaló lo siguien- te: “Debido a la enorme sobre inver- sión, especialmente en Asia, el mundo está saturado de sobrecapaci- dad productiva de chips para compu- tadoras, acero, coches, textiles y productos químicos (…) la industria automovilística, por ejemplo, tiene ya una capacidad no uti- lizada del 30 por ciento, pero se siguen construyendo nue- vas fábricas en Asia (…) No parece que este exceso de capacidad vaya a desaparecer rápidamente, porque las empresas con problemas financieros siguen teniendo incen- tivos para mantenerse en funcionamiento, incluso con pér- didas. El exceso de oferta mundial está empujando a la baja de los precios. La devaluación no puede desaparecer la sobreproducción, simplemente traslada el problema a otros”7. Los incentivos de los que nos habla esa revista tie- nen que ver con los procesos de corrupción que los gobier- nos de todos los países llevan a cabo para favorecer a tal o cual empresa, partiendo de la idea de que el incremento en la competencia lo que ha creado es la idea de que no se puede abandonar el mercado, a lo más que se puede llegar es a la dislocación de la fábrica de un país a otro para buscar mejores condiciones y mejores “incentivos”. b. La burbuja finan- ciera, desde hace ya algu- nos años, comienza a ser un grave problema del capital. La autonomía del capital rentista creó la imagen de que lo que se estaba vivien- do era un nuevo ascenso del capitalismo mundial. Aún más tomando en con- sideración que el proceso de privatizaciones que se vivió en el ámbito interna- cional favoreció el desarro- llo de la burbuja financiera. Sin embargo, se trataba de un gigante con pies de barro. Ya con la crisis de México en diciembre de 1994, o del sudeste asiático y Rusia en 1997, pero más claramente en el crash del Nasdaq (índice que mide las acciones de lo que se ha llamado pomposamente como la “nueva economía”, o sea los sectores productores de alta tecnología) en el año 2000, la crisis comenzó a desplazarse hacia los Estados Unidos y las metrópolis europeas. “Entiéndase que la reproducción ampliada del capital y la acumulación se hacen más lentamente, pero no el movi- miento de centralización y concentración del capital. Favo- recidos por las políticas de liberalización, de desregulación y de privatizaciones, los grandes grupos industriales han 23 Subcomandante Insurgente Marcos, 17 de noviembre de 1994, Guadalupe Tepeyac, Chiapas JESÚS RAMÍREZ
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    24 En cuanto auna teoría sobre el capitalismo actual, la cuestión es que el proceso es todavía muy inicial. Sacar conclusiones terminantes y definitivas no sólo es apresurado, sino profundamente equivocado. El mundo se mueve en medio de una gran inestabilidad; las certezas de ayer se muestran como limitadas y al mismo tiempo no es posible sacar conclusiones finales. Más aún si tomamos en consideración que, como nunca, la teoría del derrumbe del capitalismo por sus propias contradic- ciones internas es totalmente ilusoria. Efectivamente, lo abrumador de la dinámica y de estas tendencias nos puede llevar a buscar refugio en teorías pasadas o a la búsqueda de nuevas, que cuentan con una carga ideológica profunda pero que no resisten la prueba de los hechos. Es preferible tener una paciencia impa- ciente. En tanto entendamos que el movimiento antagónico al capital está, todavía, en una fase inicial. Lo más probable es que de los nuevos conflictos y las nuevas movilizacio- nes salgan las herramientas teóricas no sólo para elaborar una teoría, sino para algo más trascendental: cambiar al mundo. Notas: 1.Subcomandante Insurgente Marcos: “El mundo: Siete pensamientos en mayo del 2003”. Revista Rebeldía No 7. 2. Richard B. Du Boff: “La hegemonía de EEUU: declinación constante y peligro perma- nente”. Monthly Review. Traducción de F. García M. para Globalización, Sociedad y Cultura. 3. Claude Pottier: “Les multinationales et la mise en concurrente des salaries”. Editorial L’Harmattan 2003. 4. Claude Pottier: (ídem.). 5. G. Búster: “My name is Dubya and I’m my father’s son”. Viento Sur No 55. 6. The Economist: “The world in 2004”. 7. The Economist: 22 de febrero de 1999. 8. Francoise Chesnais: Herramienta No 23. 9. Subcomandante Insurgente Marcos: “Otra geografía” Revista Rebeldía No 5. podido retrasar el momento en que los efectos de la baja tasa de acumulación se hagan sentir. Las quiebras espectaculares que se suceden en los Estados Unidos deben ser considera- das a la luz de este hecho (…) Para estimular la cotización bursátil de sus empresas, los dirigentes de los grandes gru- pos norteamericanos no han vacilado en endeudarse y ocul- tar la magnitud del endeudamiento para inflar sus ganancias trimestrales. Lo hicieron con la activa complicidad de los banqueros, analistas financieros y auditores de cuentas y con la complicidad activa de los organismos reguladores. Una especie de gangrena relacionada con el carácter rentista de las finanzas recorre a los Estados Unidos”8. Con el caso de Parmalat y Danone es obvio que el asunto no se restringe a los Estados Unidos. La captación bursátil que fue vista como un motor de la economía capitalista se está convir- tiendo, poco a poco, en uno de sus mayores problemas. La posible conjunción de una fuerte recesión productiva con un crash financiero se plantea como una de las posibilidades viables de esta nueva fase del capitalismo. En ese escenario, quien menos pinta es el viejo Estado-Nación. c. Todo esto en medio de una competencia a rajatabla de las diversas empresas trasnacionales. Esa competencia no apunta a un nuevo orden mundial, sino a un gran desorden. Los mecanismos regulatorios, tanto nacionales como interna- cionales, evidencian su total incapacidad. La Organización Mundial del Comercio ha fracasado constantemente en llegar a una serie de acuerdos mínimos que permitan la creación de una lógica interna. El mundo se asemeja más al paisaje previo a la primera guerra mundial que al bucólico que intentó diseñar George Bush a principios de los años 90. Frente a esta dinámica, en esta fase del capitalismo se está utilizando la guerra como el mecanismo de definición de los procesos. La guerra busca solventar las contradiccio- nes en el seno de los grandes capitales (de eso se trata la guerra en Afganistán y en Irak; responder a la pregunta: ¿Qué empresas o grupos de empresas controlan las reservas estratégicas del petróleo y del gas?). Y también, de una manera fundamental, es una guerra contra la rebeldía, la insumisión, contra el “otro”. “En las épocas modernas el Estado Nacional es un castillo de naipes frente al viento neoliberal. Las clases políticas locales juegan a que son soberanas en la decisión de la forma y altura de la construc- ción, pero el Poder económico hace tiempo que dejó de inte- resarse en ese juego y deja que los políticos locales y sus seguidores se diviertan… con una baraja que no les pertene- ce (…) En la nueva Torre, la arquitectura es la guerra al dife- rente, las piedras son nuestros huesos y la argamasa nuestra sangre”9.
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    Luis de laPeña Martínez la rebelión discursiva del zapatismo La voz alzada: 25 Bases de apoyo zapatistas, primero de enero 2003, San Cristóbal de las Casas, Chiapas YAZMÍN ORTEGA CORTÉS Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 RICARDO DENEKE
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    26 priísta de Zedilloy, luego, el panista de Fox) habrían de seguir. Así, el Hoy decimos: ¡Basta!, se convirtió lo mismo en un llamado fraternal y combativo a los muchos mexica- nos que se encontraban en desacuerdo con el gobierno de Salinas de Gortari y el sistema político que representaba, pero además se hizo a nombre de esos muchos. Se levantó la voz de unos para hablar (más que gritar) en voz alta por, para, y a esos muchos. La insurrección iniciada el 1 de enero de 1994 en Chiapas, aparte de ser un levantamiento armado, fue, y ha sido desde esa fecha, una insurrección de las palabras. Una rebelión contra el orden discursivo impe- rante en el ámbito sociopolítico de México. La toma del poder de la palabra por aquellos a quienes durante muchos años les había sido negada la posibilidad de usarla para mostrarse ellos mismos como sujetos “de palabra” (así como durante la época de la Conquista se discutía si los indígenas eran sujetos de “razón” y, por tanto, susceptibles de ser evan- gelizados). Los indígenas chiapanecos del EZLN, más que decir que se “empoderaron“, se “empa- labraron” (si se me permi- te acuñar este otro cacofónico neologismo). Y desde entonces, el zapatismo ha ido definien- do su voz junto a otras voces. Ha creado un len- guaje propio y diferente a la vez, porque ha sabido conjugar la multiplicidad de las voces (en ocasiones discordantes) de distintos sectores y agrupaciones en su propio discurso. Tal es el caso del vocero (o portavoz) de la Comandan- cia del EZLN, el Subcomandante Marcos, quien en sus dis- tintos textos ha llevado a través de su voz la voz de los otros. ¿Quién habla (y escribe) en realidad bajo el seudónimo de Marcos? ¿Un único sujeto que algunos identifican con un profesor de filosofía? ¿Aquién pertenece esa voz enmascara- da? Las “máscaras discursivas” de Marcos, como por ejem- plo esos personajes como El Viejo Antonio y Durito, ¿a quiénes representan? Ya que de eso se trata, precisamente: de la representación de los otros por medio de un tipo de discurso La insurreción de las palabras y las muchas voces del zapatismo Desde su irrupción en enero de 1994, el movimiento zapatista ha generado un proceso de producción discursiva va-riado y prolífico. De este modo, una de las características del discurso zapatista es su heterogeneidad, esto es, la diversidad de sus orígenes, por lo que tendríamos que referirnos a sus “mu-chas voces”. Ya en la Primera Declaración de la Selva Lacandona (en realidad, una declaración de gue- rra en contra del gobierno de Carlos Salinas de Gortari) firmada por la Comandancia General del EZLN, se hablaba en nombre de los millones de explotados y desposeídos del país. Todo esto en el marco socioeco- nómico que representaba el ingreso de México al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, con lo que se daba inicio al proceso de “globalización” de nuestra economía y a las políticas “neolibera- les” que los gobiernos (primero, el Guadalupe Tepeyac, Chiapas, octubre de 1994 MARCO UGARTE
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    “polifónico”, donde lavoz del “autor” se entrecruza con la de sus personajes, o donde su voz es la de uno más de esos per- sonajes. Es la de Marcos, en su anonimato (o seudoanonima- to) una palabra multiplicada, amplificada, que aunque parezca hablar a nombre propio (como lo indica su firma al final de los textos), en verdad funciona como otra voz más en ese coro de las muchas voces. Red, malla o tejido de voces que conforman la textu- ra, o sea, el entramado o trama de los textos. Como esa red que el zapatismo ha ido tejiendo de a poquito (paciente o testarudamente, como se quiera ver) con las otras voces que han sido convocadas por ellos para participar en las distintas acciones dialógicas como las Consultas Públicas (que hasta antes de las de ellos, nadie se atrevía a imple- mentar), las Convenciones Democráticas o los Encuentros Intergalácticos, las Mesas de Diálogo, la creación de los Aguascalientes o los Caracoles, o la asistencia a las mar- chas multitudinarias como la “Del color de la Tierra”, etcétera. Pluralidad discursiva que surge desde abajo y transversalmente, y que busca, a través del intercambio de la palabra, llegar al acuerdo, a los acuerdos. Con todo, la variedad discursiva del zapatismo es el resultado de una mezcla de distintos lenguajes (y de len- guas, por supuesto) que han dado origen a la aparición de este singular fenómeno comunicativo y cuya combinatoria parece obedecer más a una lógica de lo fragmentario y polimorfo (como la lógica propia del deseo) que a la homogeneidad autoritaria de la institución, para emplear un oposición señalada por Michel Foucault en relación con el funcionamiento de los discursos y sus mecanismos de control. En estos discursos el lenguaje de la política se acerca al de la literatura subversivamente, y viceversa: las fronteras entre distintos “géneros discursivos” tienden a desaparecer. El lenguaje de los mitos y las leyendas se actualiza por medio de textos en los que lo oral y lo escrito se empalman, así como éstos lo hacen con el lenguaje de los modernos medios audiovisuales. Y sin embargo, esta significación dispersa y derramada que rebasa los límites impuestos a las formas y el sentido de los discursos, no es un mero capricho estilístico o de ornamentación, sino que representa una actitud madura hacia las implicaciones y las consecuencias éticas y políticas del uso de los discur- sos no sólo como una forma de referencia a los hechos de la realidad social sino ante todo como una forma de trans- formación radical de esta misma realidad. Por lo que, más que descubrir la “eficacia de los discursos”, podemos decir que el zapatismo ha entendido que hay que ponerla en práctica. Apalabrarse o dar (una oportunidad a) la palabra: la concepción dialógica del discurso zapatista La palabra es causa, medio y fin: a partir de ella, a través de ella y orien- tados hacia ella es que nos comunica- mos, es decir, formamos una comunidad. La palabra es el puente que nos conecta, que nos hace transi- tar de una a otra persona, de una colectividad a otra. Somos un diálogo constante, aun cuando monologamos, como M. Bajtín nos lo ha revelado, al definir a la palabra desde una pers- pectiva trans-linguística más que lingüística. En nuestro léxico contamos con una palabra que es utilizada tradicio- nal y popularmente para designar una forma de compromiso o acuerdo ver- bal: apalabrar. Así, al dar nuestra palabra, quizá el más preciado de todos los bienes (y el más peligroso, según la fórmula enunciada por Höl- derlin y retomada por Heidegger), nos comprometemos, que significa que hacemos una promesa a alguien o con alguien. Donar la palabra, darla en prenda, empeñarla, entregarla, endeu- darla, supone una relación de inter- cambio y reciprocidad. Doy mi palabra, recibo la palabra y devuelvo la palabra de y a los otros (como lo plantea el esquema propuesto por Marcel Mauss en su Ensayo sobre el don). Me apalabro siempre con otro. Estoy de acuerdo, pacto, trato y con- trato con mi palabra y con la de otros (verbos compromisorios denominará a éstos Austin, o comisorios, Searle). Por eso, los llamados Acuerdos de San Andrés (nombre de la población chiapaneca donde se signaron dichos acuerdos el 16 de Febrero de 1996) fueron deshonrados por el gobierno federal al faltar a su palabra. Y por 27
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    28 largo de diezaños de comenzada la insurrección que los diera a conocer en todo el mundo. Han sabido que el diálo- go es un proceso complejo, que la simetría del diálogo implica también, para decirlo con I. Lotman, su asimetría. O por lo menos, esa forma de simetría especular, como la llama el mismo Lotman, como la del verso palíndromo, o la de esa figura retórica preferida por el zapatismo como lo es el oxímoron, donde los contrarios se funden y el silencio habla, la oscuridad brilla, las máscaras muestran y la resis- tencia es una forma de vida que hace de los zapatistas “sím- bolos vivientes”, que parecen encarnar a su modo la propuesta de Pierce de que “todo símbolo es un ente viviente”. La palabra como espejo o cristal, como materia refle- jante (y reflexiva) o refractora, o como Marcos escribe en su Introducción a un texto titulado “El mundo: siete pensamien- tos en Mayo del 2003”, originalmente aparecido en la revista Rebeldía y publicado después por La Jornada: “Conforme se van deteriorando los calendarios del poder y las grandes corporaciones de los medios de comuni- cación titubean entre los ridículos y las tragedias que prota- goniza y promueve la clase política mundial, abajo, en el gran y extendido basamento de la Torre de Babel moderna, los movimientos no cesan, y aunque aún balbuceantes, empiezan a recuperar la palabra y su capacidad de espejo y cristal. Mientras arriba se decreta la política del desencuen- tro, en el sótano del mundo los otros se encuentran a sí mis- mos y al otro que, siendo, diferente, es otro abajo”. Es el “excedente del otro”, para volver a Bajtín, quien en un “borrador”, conocido como “El hombre ante el espejo” afirmaba: “Yo no miro al mundo con mis propios ojos y desde mi interior, sino que yo me miro a mí mismo con los ojos del mundo, estoy poseído por el otro”. Y así más adelante del texto ya citado, Marcos señalará las consecuencias de comprometer la palabra: “Nosotros creemos que la palabra deja huella, las hue- llas marcan rumbos, los rumbos implican definiciones y com- promisos. Quienes comprometen su palabra a favor o en contra de un movimiento, no sólo tienen el deber de hablarla, también el de “agudizarla” pensando en sus objetivos. “¿Para qué” y “¿contra qué” son preguntas que deben acompañar a la palabra”. Esto supone a su vez una crítica a eso que Marcos ha denominado, en un texto titulado “Otra geografía”, precisa- mente, como la “otra geografía de las palabras”, y en el que se indica el papel que los medios de comunicación juegan como aliados del poder: eso, los zapatistas han preferido en varias ocasiones el silencio que dialo- gar con quien no cumple con su pala- bra. O mejor dicho, con su silencio es que le responden. Y así es como el zapatismo ha hecho de su palabra (pero también de su silencio) no sólo un arma de lucha sino además un motivo para la lucha. Los zapatistas nos han hecho ver y oír (sobre todo a quienes nos dedicamos a los estudios del discurso) el funcio- namiento de la palabra, las conse- cuencias y efectos de hablar, de simplemente hablar unos con otros. Cuestión en apariencia banal pero que supone no pocos riesgos, tal como se lo pregunta Foucault en su Orden del discurso: “…¿qué hay de peligroso en el hecho de que las gentes hablen y de que sus discursos proliferen indefini- damente?” Y es el mismo Foucault quien nos recuerda que se puede hablar de cualquier cosa y que no cualquiera lo puede hacer (“tabú del objeto, ritual de la circunstancia y derecho exclu- sivo o privilegiado de quien habla” llamará a esta tripleta de prohibicio- nes que controlan los discursos en toda sociedad). Como sucedió con la polémica generada cuando los zapa- tistas y otros grupos de indígenas intentaban (y finalmente lo lograron el 28 de Marzo del 20001) hablar en la tribuna principal del Congreso de la Unión para defender la “Iniciativa de Ley de los Derechos y la Cultura Indígenas” propuesta por la Cocopa (siglas de la Comisión para la Con- cordia y Pacificación), luego de una marcha que recorrió parte del país, conocida como la Marcha del Color de la Tierra. ¿En qué condiciones es pues posible dialogar? O mejor, cómo, con quién y para qué dialogar? Esto lo han aprendido los zapatistas a lo
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    “Las palabras cambiany también las imágenes (…) Hoy es en las portadas de las revistas, periódicos y noticieros televisivos y radiales, que el dogma guarda la memoria de sí mismo en las hemerotecas, y se asegura de servir de coartada para los continuadores de la pesadilla fundamentalista…” “…las palabras cambian su geografía, no dicen ya lo que dicen, sino lo que quieren ellos, los que son poder, que digan”. Es pues este el panorama discursivo al que se enfrenta el zapatismo: por un lado buscar el acercamiento con aquellos que buscan también desde sus propias realidades e intereses el cambio social que beneficie a los muchos, y por otra, la confrontación con el discurso de esa minoría de poderosos y sus aliados ideológicos, todo ello, en diferentes espacios, que llevan de lo local y regional a lo nacional e internacional (y viceversa). Sin embargo, lo anterior no implica un proceso sencillo y cómodo, donde la noción de “diálogo” estuviera definida desde siempre, sino que se ha ido construyendo en la práctica cotidiana de los zapatistas, lo que no excluye tampoco errores o conflictos con aquellos con quienes se intente o se ha inten- tado dialogar. Como ocurrió cuando bajo el lema de “Darle una oportunidad a la palabra”, a propósito de la posibilidad de un debate entre Marcos y el juez español Baltazar Garzón, se propuso un encuentro entre los diferentes actores sociales y políticos del país vasco. Ni el debate ni el encuentro fueron realizados, pero quizá esto sirvió para mostrar la forma como el zapatismo ha buscado interlocutores incluso a nivel inter- nacional al solidarizarse con otros movimientos sociales, como es el caso de los piqueteros argentinos o los distintos movimientos “globalifóbicos” (o si se quiere mejor llamarlos “altermundistas”) que luchan porque saben que “otro mundo es posible”, o por “un mundo donde quepan muchos mun- dos” para decirlo en lenguaje zapatista (o para decirlo tam- bién con el título del libro de John Holloway, por Cambiar el mundo sin tomar el poder). De este modo, el lema “Darle una oportunidad a la palabra” (no exento de ecos lennonianos por aquello del Give peace a chance) podría significar: crear las condiciones (subjetivas y objetivas) para poder apalabrarse y llegar así a acuerdos. Y esto sucede hasta entre los mismos zapatistas y en relación con quienes se han propuesto dialogar con ellos. El diálogo no ha sido fácil, aunque lo parezca. Porque para hablar unos con otros hay también que aprender a escuchar y a ser escuchado. Quizá ésta sea la lección que el zapatismo ha aprendido y ha hecho aprender a otros. Lo que Marcos ha definido como “el principal acto fundamental del EZLN”. O sea, el aprender a escuchar y hablar. Proceso que describe 29 tanto con respecto a su vinculación con la “sociedad civil” como con los pueblos indígenas, en uno de los tex- tos de la serie de comunicados titu- lada “Chiapas: la treceava estela” donde se replantea la estrategia de diálogo de los zapatistas con las agru- paciones, en especial con las orga- nizaciones no gubernamentales asistencialistas, que se han solidariza- do con ellos: “Nosotros aprendimos a escu- char y hablar, al igual, imagino, que la sociedad civil. También imagino que el aprendizaje fue menos arduo para nosotros. Después de todo ése había sido el origen fundamental del EZLN (…) ¿Cuánto tiempo tardamos en dar- nos cuenta de que teníamos que aprender a escuchar y después a Subcomandante Insurgente Marcos, Guadalupe Tepeyac, Chiapas, octubre de 1994 MARCO UGARTE
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    30 como las posibilidadesque presupone todo diálogo (sea este interpersonal, intergrupal, intercultural o internacional) y que permite cruzar o por lo menos rozar las fronteras semióticas, como las llama Lotman. Y así es como Marcos nos detalla la forma como se toman los acuerdos entre los zapatistas, a propósito de la creación de los “Caracoles”, que sustituyen a los “Aguas- calientes”: “…desde la curva más externa del caracol se piensa en palabras como ‘globalización’, ‘guerra de domi- nación’, ‘resistencia’, ‘economía’, ‘ciudad’, ‘campo’, ‘situación política’ y otras que el borrador va eliminando después de la pregunta de rigor: ‘¿está claro o hay pre- gunta?’. Al final del camino de fuera hacia adentro, en el centro del caracol sólo quedan unas siglas: ‘EZLN’. Des- pués hay propuestas y se dibujan, en el pensamiento y en el corazón, ventanas y puertas que sólo ellos ven (…) La palabra dispar y dispersa empieza a hacer camino común y colecti- vo. Alguien pregunta: ‘¿Hay acuerdo?’ ‘Hay’, responde hablar? No estoy seguro, han pasado ya no pocas lunas, pero yo calculo unos dos años al menos. Es decir, lo que en 1984 era una guerrilla revolu- cionaria de corte clásico (…) para 1986 ya era un grupo armado, abru- madoramente indígena, escuchando con atención y balbuceando apenas sus primeras palabras con un nuevo maestro: los pueblos indios”. Esta dificultad y com- plejidad del diálogo quedará representada mediante la figura del caracol, una ima- gen metafórica que sintetiza un proyecto ético-político a la vez que una concepción simbólica de la comunidad y de la comunicación entre quienes la conforman, la que es expuesta por Marcos utili- zando una mezcla de recur- sos retóricos y estilísticos que van de la reiteración léxica y rítmica (que produ- ce una suerte de eco, simu- lando el sonido del caracol) hasta la sinestesia donde los sentidos se confunden: “…dicen que dicen que decían que con el cara- col se llamaba al colectivo para que la palabra fuera de uno a otro y naciera el acuer- do. Y también dicen que dicen que decían que el cara- col era ayuda para que el oído escuchara incluso la palabra más lejana. Eso dicen que dicen que decían. Yo no lo sé. Yo camino contigo de la mano y te muestro lo que ve mi oído y escucha mi mirada. Y veo y escucho un caracol, el pu´y, como dicen en lengua de acá”. La espiral del caracol marca un recorrido que lleva de afuera hacia adentro y de adentro hacia fuera, Selva Lacandona, Chiapas, 1994 EMILIANO THIBAUT Mayor Moisés, Guadalupe Tepeyac, Chiapas
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    afirmando la vozcolectiva. De nuevo se traza el caracol, pero ahora en camino inverso hasta que sólo queda, llenan- do el viejo pizarrón, una frase que para muchos es delirio, pero para estos hombres y mujeres es una razón de lucha ‘un mundo donde quepan muchos mundos’. Más despueci- to una decisión se toma”. De este modo, en la práctica discursiva del zapatismo se concibe al diálogo no sólo en su aspecto “polifónico” y “heteroglósico” (para abusar un poco del buen Bajtín), como entrecruzamiento de las múltiples y hasta encontradas voces que participan en la toma de decisiones políticas, sino también el diálogo es considerado en función de los distintos destinatarios a quienes el discurso va dirigido, o para decirlo con Ch. Perelman, la “heterogeneidad de los auditorios”, o como la ha denominado el español Tomás Albaladejo, la poliacroacis. Según este último: “La oratoria política se caracteriza por la poliacroacis, es decir por la audición múltiple, por la multiplicidad de posiciones de la interpretación que es llevada a cabo por el auditorio retórico”. Y muestra de ello fue la serie de discursos pronunciados por los comandantes zapatistas en la inau- guración de los Caracoles en agosto de este 2003, en la que se dedicó un determinado discurso a un tipo de destinatario específico como lo fue- ron los pueblos indios de México, los campesinos, las muje- res, los jóvenes, y los pue- blos del mundo en general, una buena costumbre que el zapatismo tiene de iden- tificar y de identificarse con sus posibles recepto- res. De tal manera que el movimiento zapatista ha generado con sus discursos (que también son acciones) una situación inédita, por lo menos en nuestro país, al hacer de su palabra y con su palabra, como ya se dijo, una forma de interacción social y política eficaz, que convoca y provoca a otros a participar con sus propios discursos (lo que no es poca cosa) en la toma de decisiones colectivas: una de las características de una auténtica vida democrática. Nos ha enseñado a escu- char y a reconocer el poder de la palabra más que la palabra del poder, el poder de poder apalabrarnos, y también nos ha enseñado a darle una oportunidad a la palabra de cada uno de nosotros, que a la vez somos otros. Nota: Luis de la Peña Martínez es Profesor de Teoría del Discurso en la Escuela Nacional de Antro- pología e Historia (apalabrar@yahoo.com). as, 2 de febrero de 1995 JESÚS RAMÍREZ Subcomandante Insurgente Marcos, Selva Lacandona, Chiapas, junio de 1994 RAÚL ORTEGA/LA JORNADA 31
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    culturayzapatismo 32 Hace 10 añosnos levantamos contra el gobierno que decía que no existíamos, y cuando hablamos nos quiso callar con sus cañones. Pero aquí estamos. Ni nos callamos ni nos fuimos. Representante comunitario, en territorio rebelde. En estos festejos de los 20 y 10 años del EZLN, a final de cuentas, lo que estamos celebrando son los 10 y 20 años de la renovación de la vieja lucha con- tra la cultura dominante, contra esa cultura de ado- ración al dinero y desprecio por la dignidad humana. Después de haber pasado por un largo periodo histórico de desaliento en el que los dueños del capital proclamaban a los cuatro vientos el fin de la historia y nos aseguraban que vivíamos en el Antonio Ramírez Chávez Zapatismo y Creatividad Convención Nacional Democrática, Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 JORGE CLARO
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    cultura y zapatismo 33 mejorde los mundos posibles y que no había posi- bilidad ni cabida de otros mundos, ahora, en esta nueva etapa, vemos en la lucha que renació en la Selva Lacandona, que la imaginación y la poesía son posibles y tienen un lugar, incluso en el queha- cer político mismo. El EZLN ha planteado y aplica- do una nueva manera de hacer política. Esta forma ha crecido y, desde hace tiempo ya, rebasa las fron- teras del país como un viento esperanzador. Pero, aunque respiremos estos aires de esperanza, no debemos, como se dice, bajar la guardia. En ese ánimo quiero ofrecer aquí algunos puntos acerca del artista y su quehacer. Espero que, aunque sea modestamente, aporten algo para una necesaria discusión y, por tanto, sirvan para la reflexión colectiva. Existen muy variadas ideas de lo que el artis- ta es, pero desde que la burguesía puso el pie en el escenario de la historia, ha venido incubando una idea muy peculiar de este hacedor. La imagen del artista que la clase dominante nos viene transmi- tiendo a lo largo ya de varios siglos, aquel sencillo trabajador, el hábil artesano de carne y hueso, a devenido en un ser especial, casi divino: un “sabe- lotodo” que no requiere de vivir otra realidad que la del arte mismo, pero entendiendo el arte como un producto ajeno al suceder social y político. A la fecha, no pocos productores artísticos abrazan esta concepción justificando así el desinterés que manifiestan por lo que acontece en la sociedad que les tocó vivir. Pero el artista, si artista es, de alguna forma estará absorbiendo su entorno y, si el arte es cultura, y la cultura siempre ha requerido de criti- carse a sí misma para no sufrir estancamiento, entonces el artista verdadero es un agente de con- tracultura. De la misma manera, frente a la cultura impuesta por los señores del dinero, el zapatismo es una fortísima expresión contracultural. Es bien sabido que la actividad del arte está intrínsecamente ligada al concepto de libertad, y que así como la libertad es una necesidad humana irrenunciable, también lo es el arte. Para nosotros queda claro que éste no sólo es derecho y necesi- dad de un grupo de elegidos porque, igual que de aire y de alimento, todos requerimos de eso que llamamos “arte”, o sea, todos necesitamos decir- nos, y decirle poéticamente al otro, cómo vemos el mundo... y cómo lo quisiéramos. Por medio de esa crítica poética nos humanizamos. El poder es ene- migo de toda crítica y para él no hay más poética que la máxima ganancia; es por eso que poder y cultura se contraponen. En la medida en que uno se fortalece, proporcionalmente el otro se debilita. Así, todos los días vemos que el poder no puede Construcción del Aguascalientes, Guadalupe Tepeyac, Chiapas, julio de 1994 RAÚL ORTEGA/LA JORNADA
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    culturayzapatismo 34 ver más alláde la cerviz doblada de sus apologis- tas; y el agraviado por él a veces no es escuchado ni por sus iguales. Esto lo digo tomando prestadas por unos momentos algunas ideas de Luis Hernán- dez Navarro; en esta línea, pensemos en los miles de zapatistas que se presentaron ante la nación y el mundo aquel 1 de enero de 1994. Desde entonces ellos tuvieron que derrumbar tremendas barreras para comunicarnos las ofensas sufridas. Desde los primeros días pudimos ver en los indios rebeldes de Chiapas la generosidad, la creatividad en sus acciones y palabras. Los rebeldes lograron ser escuchados y vistos por nosotros en virtud de la manera de decir las cosas; nos sacaron del letargo y, ante la imposibilidad de diálogo con el mal gobierno —ese viejo sordo y ciego—, su imagina- ción política construyó un puente de comunica- ción con la otra parte del pueblo agraviado. Y así, en ese diálogo nos ha contado viejas cosas con un lenguaje sorprendentemente nuevo que bien haría- mos en analizarlo quienes nos movemos en el terreno del arte. Ellos, los zapatistas de Chiapas, han generado con su andar creativo amplísimas redes de comunicación en las que, a la vuelta de los últimos diez años, hemos visto crecer un cúmulo de manifestaciones realizadas por colectivos, organizaciones sociales, grupos e individuos. Música, fotografía, páginas web, videos, radios independientes, carteles, literatura, teatro, poesía y pintura, han venido surgiendo del propio movi- miento zapatista, en la zona de guerra y fuera de ella, dentro del país y en el extranjero y, a pesar de esta avalancha cultural, el gobierno mexicano se ha empeñado en ignorarlos, e ignorarnos a todos los inconformes, a pesar de la nitidez de las demandas planteadas. Pero la resistencia sigue. Ahora, me parece importante y necesario que revisemos qué tan a fondo estamos yendo en esa resistencia los que intentamos hacer arte. Quisiera señalar, al menos, algunos problemas que percibo en el ámbito de la pintura: una primera reflexión es que no pocos compañeros han hecho innumerables trabajos, kilómetros de pinceladas y brochazos que no hacen sino repetir esquemáticamente la imagen de todo un ejército de personajes-símbolos sin aportar nada nuevo en cuanto a su factura. Este tipo de obras no va más allá de la incorporación del tema del zapatismo; se ha producido un verdadero aluvión de pinturas que repiten hasta la saciedad un montón de imágenes descriptivas, con una lamentable pobreza de recursos plásticos al repre- sentar encapuchados, Zapatas, Marcos (con pipa para que no sea confundido), Ches, etcétera, etcé- tera, en un discurso visual que está estancado en las viejísimas maneras de la “Escuela mexicana de pintura” o del “Taller de gráfica popular” (por cier- to, muy otros y aportadores son, en general, los resultados en los murales colectivos realizados por los no-pintores de las comunidades de la zona zapatista). Me permito decirlo así: más vale hacer un verso bien sentido y construido de manera que conmueva, que hacer mil cuartillas que repitan hasta el aburrimiento lo que la realidad a secas nos muestra con mayor elocuencia. De este modo, independientemente de las buenas intenciones que desde luego existen en los autores de dichos traba- jos, en la casi omnipresencia de sus obras se perci- be el engolosinamiento con la cantidad en detrimento de la calidad. Siempre es bueno dete- nerse, aunque sea por un momento, para mirar y pensar sobre lo que está uno haciendo. En el arte como en la política es sumamente necesario anali- zar lo ya hecho para discutir, con más y mejores elementos, planteamientos nuevos. Hay otra vertiente sumamente importante a desarrollar por el artista plástico. Me refiero a que, independientemente de plasmar el sentir indivi- dual o grupal del pintor, hay que avanzar el trabajo en el sentido de generar entre la población no pin- tora el entusiasmo por pintar su sentir; con activi- dades concretas el pintor profesional puede destapar, hacer visible esa necesidad del arte que, insisto, está allí, aunque atrofiada por mil factores que, como virus, flotan en los aires del sistema. Urge seguir reivindicando espacios para la expre- sión artística; comunicarnos con el otro en las calles de las ciudades y los pueblos con formas renovadas, esto es algo que se necesita para tentar a los demás, al hombre y la mujer que no tiene al arte como su forma de expresión cotidiana, para que también ellos nos digan su sentir. Dentro de esta idea, en la ciudad de Guadalajara, nos pareció importante convocar a hombres, mujeres, niñas y niños a pintar una macro-manta de 1.80 de ancho por 400 metros de largo en marzo del año pasado. La gente atendió al llamado y, acompañada por
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    cultura y zapatismo 35 algunospintores profesionales, con material con- seguido en donación aquí y allá, se puso con pres- teza a pintar toda la mañana repudiando la invasión de Estados Unidos a Irak. Por la tarde se realizó una nutrida marcha por las principales calles de la ciudad mostrando la enorme serpiente de manta pintada (nuestra obra colectiva), hasta llegar al consulado norteamericano y envolverlo materialmente por sus cuatro costados entre el fuerte estruendo de las percusiones de jóvenes músicos, consignas, el danzar vigoroso de bailari- nas y un sin fin de figuras emblemáticas de cartón y hule-espuma. De esa manera la gente se sumó en aquella ocasión al repudio mundial contra el mayor poder militar y económico del mundo. En una de las ciudades que tanta fama tiene de conser- vadora, la gente envolvió con coraje y rebeldía hechas pintura, música y palabra, a la representa- ción “diplomática” del poder imperial. Este es sólo un ejemplo que nos tocó vivir de manera directa, sólo un ejemplo. Por último, veamos lo siguiente. Rehuir al tema para evitar caer en el “panfleto” es la actitud que ciertos artistas plásticos adoptan, es por eso tal vez que algunos prefieren relacionarse con el movimiento zapatista de una manera extra- artística, por la vía de diversos tipos de apoyos. Una actitud solidaria, plausible desde luego, pero ciega en cuanto a ver al zapatismo como un movi- miento cargado de propuestas creativas, que lanza retos a la imaginación y al arte. Aparte de todo, no hay que dejar de señalar que el panfleto tiene una función específica y que a todo movimiento social le es necesario en determinado nivel... pero la dinámica de las necesidades no tiene porqué ago- tarse en él. Con riesgo de ser reiterativo hay que decir que el tema no es el problema; finalmente, si pinto al subcomandante Marcos, al comandante David, a Zapata o a Votán, lo que hay que ver es cómo lo hago. Importa el qué, pero el cómo es fundamental. Lo importante es profundizar, afir- mar la vida en el arte... y el arte en la vida. A mi modo de ver allí tenemos una gran tarea por reali- zar. Porque al poder hay muchas formas de enfren- tarlo, y una de ellas es con nuestro trabajo, por eso debemos empeñarnos en crecer nuestra obra en calidad, es decir en profundidad, y reafirmarnos con ella como seres humanos. Ante el poder, que siempre está ocupado en controlar nuestras mentes y nuestros corazones, no veo otra alternativa que resistir: Contra la destrucción, la actividad creadora. Guadalajara, Jal., enero de 2004 Convención Nacional Democrática, Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 OMAR MENESES
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    36 militando Las huelgas de1958-559: una confrontación de ccllaasseeccllaassee Edmundo Jardón Arzate Convención Nacional Democrática, Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, agosto de 1994 RICARDO DENEKE Selva Lacandona, Chiapas, 1994 JULIO CANDELARIA
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    37 militando La historia delos ferrocarriles en México no se resume, aunque sí es un presagio, en aquella con- cesión de la última etapa de Antonio López de SantaAnna en el poder, consistente en la construc- ción de un “camino de fierro” que cruzaría el Istmo de Tehuantepec —comunicando el litoral del Golfo de México con el del Pacífico—, bajo el control del ejército de los Estados Unidos deAmé- rica, cuyas tropas tendrían en todo el tiempo el derecho de transitar la zona. Presagio porque ese “camino de fierro” está dentro de los proyectos de modernización englo- bados en el Plan Puebla-Panamá que, de materiali- zarse, no sólo partirá a nuestra República en dos, sino que dejará del otro lado —junto con Centro- américa— a un apreciable número de etnias, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional o a sus sucesores y, por supuesto, a codiciadas riquezas naturales, como los hidrocarburos, las selvas tropi- cales, las corrientes fluviales y sus potenciales energéticos, el uranio, etcétera. Los ferrocarriles sirven para transportar mer- cancías y personas; para abatir la economía de autoconsumo y estimular la economía mercantil; para ir del mercado local al regional y de ahí al nacional; para impulsar la producción manufactu- rera y ampliarla y para incrementar y diversificar el consumo de bienes o servicios. La construcción y el funcionamiento de los ferrocarriles represen- taban, al entrar el siglo XX, la generación de la mitad del ingreso per capita de los mexicanos. Atodo esto hay que añadir un elemento sin el que todo lo anterior carecería de sentido: los traba- jadores. Si de los ferrocarriles hablamos, hable- mos de los trabajadores ferrocarrileros. Como otros de su clase —de la hoy desapare- cida del lenguaje cotidiano y político-sociológico y filosófico, clase trabajadora, obrera o proleta- ria—, los ferrocarrileros mexicanos se organiza- ron en sociedades mutualistas cuya finalidad principal era ahorrar colectivamente para auxiliar individualmente al socio que lo requiriese en casos de enfermedad. Pero la relación originada en el tra- bajo común conduce a algo más que a la solidari- dad elemental; lleva a la identificación de problemas no individuales, sino colectivos, comu- nes, originados por lo que el patrón, el empresario, el dueño, impone como reglas laborales sin tomar en cuenta a los trabajadores, que son quienes tie- nen que acatarlas hasta que descubren la trampa y deciden luchar para salirse de ella. Así, se dieron las tempranas huelgas de los ferrocarrileros de la estación de Toluca en 1877 contra los capataces yanquis y la de los rieleros del Ferrocarril Central a los que se obligaba a trabajar después de la hora convenida. Los trabajadores lo entendieron bien: a nuevas condiciones, nuevas organizaciones. De las mutualidades se pasó a las uniones y a los círculos y esa entonces llamada “plebe intelectual” esparció peligrosas ideas con- tra Porfirio Díaz y sus “científicos”, calificando al régimen de “extranjerismo desmesurado”. El 26 de mayo de 1911 por la noche, acom- pañado del presidente del Ferrocarril Mexicano, Porfirio Díaz subió al “carro pullman” del tren que los transportó al puerto de Veracruz para abando- nar el país. A partir de ese momento, no sería uno, sino muchos quienes viajarían en tren: “los de abajo”, los de “la bola”, “los revoltosos”, “los pelados”, “la plebe”, “los gañanes”, “los payos”, “la india- da”, sin la compañía de ningún presidente de nin- guna empresa ferrocarrilera. Y hasta vendría a haberlos quienes dejaron de ser rieleros y decidie- ron hacer el viaje cono revolucionarios. El más renombrado de entre ellos, el por muchos motivos temible Rodolfo Fierro. Las concesiones a las empresas estadouni- denses para que construyesen, manejasen y explo- tasen los ferrocarriles dejaron secuelas inesperadas. Los ferrocarrileros recibieron la influencia directa de los gringos en dos sentidos: Por un lado estaba la acentuada discriminación en los salarios, en el otorgamiento de viviendas y en los servicios médicos; muy por encima en favor de los extranjeros de los que por esos y otros concep- tos se otorgaba a los mexicanos. O, mejor dicho, no les otorgaban porque, aparte de los salarios hasta diez veces inferiores a los percibidos por los extranjeros y del disfrute que tenían ellos de los cargos de mayor responsabilidad administrativa, de manejo de equipos complicados y de conoci- mientos y responsabilidades tecnológicas, los mexicanos eran relegados al desempeño de labo- res secundarias, carecían de cualquier prestación. Eso fue un aporte a la actitud en un principio de
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    38 militando En 1933, losferrocarrileros constituían el estamento más numeroso entre los de carácter industrial de toda la República y su radio de influencia se dejaba sentir en todo el movimiento obrero. Entre 1932 y 1933, se celebró el IV Con- greso Nacional Ferrocarrilero, y en febrero de ese último año se fundó el Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana que tuvo como secretario general a Elías Terán Gómez, un comunista. Luego, el primer acto de nacionalización en gran escala y en el área industrial realizado por el gobierno de Lázaro Cárdenas fue el de la nacionali- zación de todas las líneas ferroviarias existentes en el país en 1937, encomendando la administración de las mismas a Margarito Ramírez, el maquinista que ayudó a escapar a Álvaro Obregón, disfrazado de fogonero, de la Ciudad de México, cuando los carrancistas se le venían encima en 1920. Con la creación del sindicato ferroviario, las tendencias socialistas proliferaron causando alar- ma en los centros del poder económico y político de Estados Unidos y en los que tenían como capitán indiscutible en lo político a Plutarco Elías Calles, y en lo económico al “grupo Monterrey”, con los Garza Sada, los Elizondo, los Lagüera, los Salinas, los Prieto, etcétera. Y, en estante aparte, a los concesionarios anglo-holandeses-estadouni- denses del petróleo y a los accionistas de los fun- dos mineros. Pero los tiempos cambiaron con la decisión de Lázaro Cárdenas de nombrar como su sucesor a Manuel Ávila Camacho y el giro a la derecha llegó al extremo cuando, en 1948, el gobierno de MiguelAlemán decidió deshacerse de los dirigen- tes nacionales del sindicato ferroviario, que habían promovido diversas acciones apoyando a los sectores populares que luchaban contra la carestía de la vida.Arbitrariamente, y con la inter- vención de contingentes policíacos, fueron expul- sados de sus oficinas sindicales en la Avenida Hidalgo 59 de la Ciudad de México, Rogelio Flo- res Zaragoza y Emilio Pineda, así como decenas de dirigentes en todas las secciones del país. Jesús Díaz de León, dueño de un rancho de cría de caba- llos de raza, de donde le venía el apodo de “el cha- rro”, queda al frente de la secretaría general, sujeto a la “asesoría” de Alfredo Navarrete, un antiextranjerismo, luego de antiyanquismo y, en el extremo, entre quienes recogieron una porción del anarquismo floresmagonista y le adicionaron los elementos de que disponían de socialismo, a una posición antiimperialista. El otro lado fue el reverso de la medalla. Entre los trabajadores gringos había quienes en su país pertenecían a organizaciones sindicales y, aún más, quienes militaban políticamente en el socialismo estadounidense que, influido por las ideas de Marx y Engels, llegó a tener importancia a fines del siglo XIX y principios del XX. De ellos los trabajadores ferrocarrileros mexicanos apren- dieron las formas de organización, de agrupa- miento, que iban más allá de las mutualidades. En 1912 se creó la Confederación Obrera de Mecáni- cos; en 1913, la Unión de Conductores, Maquinis- tas, Garroteros y Fogoneros. Poco más adelante la Confederación de Gremios Mexicanos, un avance hacia la desaparición de los agrupamientos por gremios, tendencia que se reforzó en la década de los 20, a raíz de la huelga de 1926-27, encabezada por Hernán Laborde, quien logró la incorporación de los rieleros del Ferrocarril del Sudpacífico a esa huelga y a la Confederación de Transportes y Comunicaciones. Detenido en Altamira, Tamaulipas, Laborde fue traído a la prisión de Santiago Tlatelolco como paso previo a la aplicación de la "ley fuga" contra él. Pero se declaró en huelga de hambre, lo que suscitó el reforzamiento de las movilizaciones populares e intervenciones de Adalberto Tejeda, Lázaro Cárdenas, Heriberto Jara y Francisco J. Múgica ante Emilio Portes Gil, intervenciones que sirvieron para que éste convenciera al presidente Plutarco Elías Calles para que renunciara al turbio plan de matar a Laborde. Una vez libre, el mismo año de 1928, Labor- de ganó la diputación federal por el distrito de Jala- pa, Veracruz, postulado y apoyado por el Partido Ferrocarrilero Unitario y por una fracción del Par- tido Laborista. Después, sería desaforado por haber mostrado desde la tribuna de la Cámara la bandera que César Augusto Sandino envió con un mensaje escrito en la misma exaltando al Partido Comunista, y porque se opuso a la visita a México del entonces presidente electo de Estados Unidos deAmérica, Herbert Hoover.
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    39 militando instrumento de lapresidencia de la República que, en tiempos de Cárdenas, fue uno de los que enca- bezaron las luchas contra los empresarios y contra Calles. Ese año de 1948 todavía no se creaba el Par- tido Obrero Campesino Mexicano (POCM), pero su núcleo representativo ya existía integrado por Hernán Laborde, Miguel Ángel Velasco, Valentín Campa, Consuelo Uranga, Máximo Correa, Pedro Reséndiz, Juan Gallardo, Francisco Sánchez, Guadalupe López, Vicente Ojeda, Ricardo Gue- rra, Miguel Miriedas, Luciano Cedillo, Francisco Leal Zamora, Rogelio Flores Zaragoza, Emilio Pineda, Amós Salinas, Manuel Martínez, Luis Chávez Orozco, Alberto Bremaunz, Demetrio Vallejo y el autor de estas líneas, todos ellos miembros del Comité Central de Acción Socialis- ta Unificada. Mientras tanto, el régimen alemanista reformó el artículo 27 Constitucional, ampliando los lími- tes de la “pequeña propiedad” para encubrir lati- fundios y creando el “amparo agrario” para que los latifundistas tuvieran más armas legales para evi- tar ser afectados. Fue una contrarreforma agraria que luego sería imitada y llevada a su clímax con las nuevas “reformas” constitucionales impuestas por el señor Salinas de Gortari. Lombardo Toledano, Enrique Ramírez y Ramírez, Rafael Carrillo, Luis Torres, al lado de Dionisio Encinas, Jorge Fernández Anaya, Carlos Sánchez Cárdenas y Fernando Granados Cortés (los cuatro últimos del Partido Comunista), asu- mieron la defensa de esos actos del gobierno de Miguel Alemán, aduciendo que se creaban nuevas condiciones legales para impulsar la reforma agra- ria y que interrumpir la producción de cualquiera de las ramas de la industria petrolera equivalía a ayudar a desbrozar el camino para el retorno de las empresas imperialistas. Las reformas al artículo 27 pronto presiona- ron y en todas direcciones a la economía nacional. La imposición de Fernando Amilpa en la Secre- taría General de la CTM, condujo a la separación del sindicato ferrocarrilero de esa central y a la creación de la Central Única de Tra- bajadores (CUT). La inter- vención del ejército contra los petroleros en Azcapo- zalco presentó como “nor- mal” —con los medios periodísticos justificando el suceso— el “charrazo” del 24 de octubre de 1948, con militares disfrazados de civiles y con decenas de auténticos agentes policía- cos. La ofensiva contra los “conspiradores comunis- tas” iba en serio. Se trataba de expulsarlos de todos los sindicatos y de todas las centrales de trabajadores, ferrocarrileros por delante. Y siguieron mineros, petroleros, telefonis- tas, electricistas, azucareros, etcétera, quedando pequeños núcleos en la industria hulera, ya fun- dado el Partido Obrero-Campesino; en la de texti- les del DF y en Veracruz junto a los estibadores incorporados al recién fundado Partido Popular, el de “nuevo tipo” anunciado por Lombardo, cuya organización quedó a cargo de cuadros del Partido Comunista que nunca retornaron al gru- po dirigido por Encinas, lo mismo que los del La Realidad, Chiapas, octubre de 1995 YURIRIA PANTOJA MILLÁN
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    40 militando reconsideración entre losmaestros de las escue- las primarias y secundarias, militantes del PCM, de los planteamientos de Lombardo avalados por la dirección encabezada por Dionisio Encinas. Con Othón Salazar como su líder, poco a poco se fue gestando en el magisterio un movimiento en demanda de mejores salarios y una inevitable confrontación con los líderes oficiales. El “tortuguismo” Y entre los ferrocarrileros las cosas también se iban moviendo, cambiando. En el auge de la cons- trucción de vías férreas, durante la dictadura de Porfirio Díaz, se expidió un reglamento destinado a regular los desplazamientos de los trenes en camino, según fuesen de pasajeros o de carga e, igualmente, para su manejo en los patios adjuntos a las estaciones más importantes de la red, mismas que aumentaron en la medida en que el medio de transporte más avanzado de la época adquiría pre- ponderancia en la vida económica del país. En ese reglamento se disponía que los desplazamientos de las locomotoras de camino o de patio, así como los convoyes o trenes, no debían rebasar la veloci- dad de 10 kilómetros por hora dentro de las áreas de los patios. noroeste de la República en los estados de Naya- rit y Sonora, con notable ascendiente entre peo- nes agrícolas y cañeros. De pilón, apenas en proceso de formación el partido de “nuevo tipo”, Lombardo fue expulsado de la CTM y, aunque nunca se oficializó, del PRI. Tenía que rectificar y aceptar, como siempre a regañadientes, algún entendimiento con los comunistas. No con los del Partido Comunista que lo seguían, sino con los comunistas de Acción Socialista Unificada — cuando la Mesa Redonda de Marxistas— y, en 1949, del Partido Obrero-Campesino. Lo hizo tangencialmente. Fue a la prisión de Lecumberri a visitar a Luis Gómez Z., —secretario general de la CUT, cuyo sindicato más importante era el de los ferrocarrileros, y contra el que se centraba la ofensiva gubernamental— preso junto con Valentín Campa. Tangencialmente, pues, la visita a Gómez Z. fue entendida por quienes tenían como secretario general a Hernán Laborde, como una propuesta de alianza opuesta a los ya para entonces conocidos como “líderes charros”, por la generalización del apodo de Jesús Díaz de León, conservado por el sistema como secretario general ferrocarrilero. Siguieron seis años de “charrismo”, de dóciles y bien retribuidos dirigentes sindicales que se apresuraron a “cerrar filas” en apoyo al gobierno deAdolfo Ruiz Cortines. Pero otros fenómenos se iban gestando. La dura experiencia de los mineros de Nueva Rosita, Cloete y Barroterán, todavía en la etapa de Miguel Alemán; la liberación de Gómez Z. a un año de su encarcelamiento; la prolongación del proceso y de la privación de la libertad de Valentín Campa, junto con el encarcelamiento de Carlos Sánchez Cárdenas, del POCM, y de Mario Rivera, del PCM, tras la agresión militar- policíaca del 1 de mayo de 1952, condujeron a la Selva Lacandona, Chiapas, insurgentes zapatistas, 1994 CECILIA CANDELARIA
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    41 militando Nadie se acordabade ese reglamento y en la práctica, las mejores técnicas tanto en carros de pasajeros y de carga, lo mismo que en las locomo- toras, condujeron a acelerar el manejo del equipo, tal vez desde que el pueblo en armas se percató de la utilidad de los ferrocarriles. Nadie, no. En las reuniones de activistas y dirigentes del POCM, Luciano Cedillo, trenista de Torreón, mostró un ejemplar del reglamento y, puesto que seguía estando en vigor, lo único que había que hacer era respetarlo tal cual como un arma de lucha que por delante planteaba un aumento en los salarios, pero que tenía como obje- tivos principales probar el grado de aceptación que se tenía entre todos los trabajadores del gremio, o, visto desde otro ángulo, el desgaste de los dirigen- tes “charros”. Fue el “tortuguismo”. Simultánea- mente, en Monterrey y en Torreón, los trabajadores de patio, peones de vía, guardacruce- ros, garroteros, maquinistas, comenzaron a seguir el reglamento. Y en una hora, los patios estaban congestionados no sólo por la inmovilidad de locomotoras y convoyes, sino porque los tapones impidieron la entrada y salida de trenes de pasaje- ros y de carga.Aesas plazas se incorporaron en las siguientes horas las estaciones de México, Queré- taro, Morelia, Guadalajara, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo, etc. En 24 horas todo el sistema ferroviario del país estaba paralizado, sin que en las gerencias, ni en el sindicato, ni en la Secretaría del Trabajo, ni en la presidencia de la República se supiera qué hacer. Menos todavía desde que se hizo saber al encargado del poder ejecutivo federal que los “agi- tadores”, soliviantaron a los trabajadores usando un reglamento de la época de Porfirio Díaz. Los informes del espionaje policíaco no servían para entender el porqué de esa sorpresiva y generalizada paralización. Los ferrocarrileros que- daron incluidos entre los millones de trabajadores que recibieron un aumento de 10 por ciento en sus salarios, al que accedieron empresarios y gober- nantes que, aunque no compensaba la deprecia- ción de los sueldos reales originada por la inflación particularmente aguda en los precios de los artículos alimenticios populares, se esperaba sirviera para menguar el efecto de la devaluación monetaria. Tras la devaluación y los estira y afloja en los meses de mayo, junio y julio, el secretario del Tra- bajo, Adolfo López Mateos, tuvo que vérselas con una inconformidad que amenazaba con romper el control ejercido sobre los trabajadores urbanos y rurales pues, con todo y el mismo, hubo 32 mil emplazamientos a huelga en todo el país, aunque nada más estallaron 160, los de mayor trascenden- cia en las industrias textil y cinematográfica y, en el área rural, superando las objeciones de Lombar- do Toledano, trabajadores de la Unión General de Obreros y Campesinos, dirigida por Jacinto López y Lázaro Rubio Félix, afín al Partido Popular, ocu- paron miles de hectáreas de tierras en poder de los latifundistas de Sinaloa y Sonora. Todo eso lo entendían y pudieron dominarlo, cada cual en su ámbito de acción: el presidente de la República, sus colaboradores y achichincles en los sindicatos, igual que los empresarios, pero el “tortu- guismo” legal de los ferrocarrileros era un problema que se salía del marco. Se le vio como extemporáneo, ya que se inició en septiembre, cuando quedaban atrás las marejadas de la inconformidad y los dirigentes “charros”, para alivio del gobierno y de la iniciativa privada, habían podido reunir a más de 250 mil trabajadores en torno al Monumento a la Revolución, en respaldo a la política del presidente Ruiz Cortines. Tampoco era suficiente para desentrañar su propósito real, el pliego de demandas hecho llegar al gerente de los Ferrocarriles Nacionales, Roberto Amorós, al margen de la dirección sindical oficia- lista, en el que incluían el pago de jubilaciones con salario completo, aumento del 30 por ciento al salario de los operadores de máquinas diesel, pago de gastos de camino y semana laboral inglesa (con dos días de descanso). Añadido a la “actitud nociva” que el gerente Amorós, en nombre del gobierno, y con el respal- do de la iniciativa privada para “proteger la eco- nomía nacional y el orden”, y como respuesta al reglamento que legitimaba el “tortuguismo”, se agregaron apresuradamente a las cláusulas del contrato colectivo de trabajo dos en las que apa- recía la palabra “tortuguismo”, considerándolo como “causa de cese definitivo” al trabajador que se valiera de él por “ocasionar intencionalmente perjuicios materiales a la empresa”.
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    42 militando castigos por su“mala conducta”. Valentín Campa, recién excarcelado, fue señalado como el “princi- pal instigador” de los enfrentamientos y, a juzgar por los informes obtenidos por la dirección del Partido Obrero-Campesino, hubo la idea del gobierno de volverlo a encarcelar, pero la falla en los cálculos oficiales para desatar una represión en gran escala sirvió a Campa quien, de todos modos, aguardaba tranquilo con su compañera María en el sitio donde residía: el departamento número dos de la calle de República de Chile 38, alquilado por Luz Ofelia Guardiola y quien esto escribe. El repliegue fue táctico Empresa y dirigentes “charros”, incluyendo entre estos a los amontonados en el Bloque de Unidad Obrera pastoreado por Fidel Velázquez, esperaban que los comunistas y sus seguidores o aliados, como era el caso de Luis Gómez Z., arrojaran toda la carne al asador, pero las observaciones de los Y aunque, en efecto, no se acudió a la fuerza pública para someter a los participantes en el movimiento inmovilizador, los dirigentes del mismo se equivocaron al suponer que el gobierno no estaría en condiciones de echar mano de las represalias. Uno de los líderes en Guadalajara, José Natividad Pérez Reza, maquinista jubilado, fue sancionado cancelándosele la pensión y otros cuatro fueron encarcelados, aún cuando después quedaron en libertad por “desvanecimiento de datos”. Con la misma facilidad con que habían con- gestionado toda la red ferroviaria del país, con esa misma facilidad los mismos autores del “desagui- sado” la despejaron sin renunciar a su pliego de demandas. La causa de fondo de su actitud, no desen- trañada por sus enemigos, quedaba clara para los promotores: el “charrismo” dentro del Sindicato Ferrocarrilero se resquebrajaba y crecía la influencia de quienes lo combatían: los “agitado- res comunistas”, en términos comunes al gobier- no y a la iniciativa privada. En lo sucesivo, además de las demandas inmediatas, debería insistirse en la reconquista de la democracia sin- dical como arma ofensiva y defensiva de los tra- bajadores, y como fortaleza de la soberanía nacional. Si en 1954 una indiscutible mayoría de los ferrocarrileros optaron por el “tortuguismo”, en 1955 la empresa y la dirección “charra”, a su vez, pusieron a prueba a los “agitadores comunistas”, al convenir que para el bienio 1955-1957, quedaran congelados los salarios. La réplica no se hizo espe- rar, más tal vez no en la dimensión esperada por los firmantes del nuevo contrato colectivo de trabajo, pese a que se organizaron brigadas de choque que auxiliaron a las corporaciones policíacas en los enfrentamientos que se sucedieron en diversas poblaciones del país, siendo los más violentos los habidos en la Ciudad de México, donde los enfren- tamientos a balazos dejaron como saldo una dece- na de heridos; la consignación de varios supuestos “agitadores” y el despido de doce trabajadores en distintos sitios de la República. El gerente Roberto Amorós declaró que la actitud de la empresa fue “aceptada por los trabajadores en lo general” por- que los sancionados se hicieron acreedores de los Guadalupe Tepeyac, agosto 1994 JUAN RAMÓN MARTÍNEZ LEÓN
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    43 militando líderes del movimientoopositor, aunadas a las aportaciones hechas por las direcciones del Parti- do Obrero-Campesino y del Partido Comunista, detuvieron la proporción de la respuesta por dos razones en concreto: porque no se contaba con la seguridad de que el grupo de Gómez Z. estuviera dispuesto y en condiciones de ir al desafío final contra los “charros”, y porque entre todos los ferrocarrileros no existía aún el suficiente conoci- miento de la situación salarial comparada con las otras ramas industriales. Y tampoco tenían clari- dad en cuanto a la importancia de los ferrocarriles en el conjunto de la economía nacional. Acerca de esto último, se intensificó la divul- gación del volumen de mercancías transportadas por la red ferroviaria y en referencia a los salarios, en comparación con los trabajadores de la construc- ción, los textileros, los petroleros, los electricistas, los de las fábricas de papel y las huleras, los ferroca- rrileros aparecían como los más rezagados porcen- tualmente en las tasas anuales de incrementos entre 1952 y 1957, lo mismo que en las prestaciones sociales durante igual periodo. En enero de 1957, apenas electos “por unani- midad” como secretario general Samuel Ortega y como suplente Salvador Quesada, aquel llamó en su discurso de toma de posesión a “mantener incó- lume la unidad que prevalece dentro del gremio ferrocarrilero, eliminando el trato y la palabra ene- migo”, en un intento por atraerse o llegar a un acuerdo con el grupo de Gómez Z. Un año después el “espíritu de concordia” de Ortega giró hacia “la empresa y sus trabajadores”, coincidiendo con el acuerdo aprobado en asamblea de la sección 15 (del Distrito Federal), pidiendo al Comité Ejecutivo del Sindicato negociar con la empresa una elevación de salarios, llamando al resto de las secciones a apoyar dicha petición. En refuerzo de la iniciativa, la sección 27 en Torreón, Coahuila, propuso la creación de una Gran Comisión Pro Aumento de salarios, integra- da por un representante de cada una de las seccio- nes, encontrando el pronto rechazo de los componentes de los Comités Locales afines a Ortega. Sin embargo, la presión desde la base de los trabajadores obligó a Ortega a aceptar la inicia- tiva. En la sección 13 de Matías Romero, Oaxaca, se nombró representante a Demetrio Vallejo. Los trabajos de la Gran Comisión se iniciaron en la Ciudad de México el 2 de mayo de 1958. Demetrio Vallejo era conocido dentro del gremio y fuera de él. Ingresó al Departamento de Express en 1934 y en 1936 se incorporó al Partido Comunista. Comisionado por la jefatura de su departamento en Coatzacoalcos, Veracruz, junto con otros comunistas colaboró en la creación del Sindicato Nacional de Petroleros y en la formación de la Federación de Trabajadores de la Región Sur con ferrocarrileros y petroleros. En 1940, a raíz de las expulsiones del Partido Comunista de Hernán Laborde y Valentín Campa, se separó de esa orga- nización y en 1944, al fundarse Acción Socialista Unificada, antecedente del Partido Obrero-Cam- pesino, participa en el proceso, asistiendo al con- greso fundacional del segundo, donde se le nombra miembro del Comité Central y responsa- ble de la conducción del trabajo político entre los ferrocarrileros de Oaxaca, Chiapas y la zona sur de Veracruz. Guadalupe Tepeyac, agosto 1994 JUAN RAMÓN MARTÍNEZ LEÓN
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    44 militando ferrocarrileros, el promediodel salario mensual era de 583.83 pesos por trabajador en 1948 y de 916 pesos en 1958. Que en esos 10 años el costo de la vida se elevó en 150 por ciento, por lo que el salario mensual promedio debería ser de mil 259 pesos con 83 centavos. En contraste, la productivi- dad promedio por trabajador había aumentado en 80 por ciento. Así, el aumento de 350 pesos resul- taba moderado y en nada “repercutiría en la eco- nomía de la empresa”, como lo afirmó Samuel Ortega que, por su lado, tratando de distraer la atención de los trabajadores, sólo solicitó un aumento de 150 pesos mensuales. Aquí empezaba la prueba de fuerzas llevada no al terreno escogido por la empresa y los líderes “charros” en 1957, sino en el señalado y delimita- do por los “agitadores comunistas” a los que de plano se alió Luis Gómez Z. y su grupo, muy pode- roso en el Distrito Federal, en Jalisco, Sonora, Querétaro y enAguascalientes. A la invocación de que “todos somos parte de un solo movimiento social: la Revolución”, el gerente Roberto Amorós asistió a una reunión con Samuel Ortega y el resto de “dirigentes” nacionales y seccionales y recibió formalmente la petición de aumento de 150 pesos mensuales, aprovechando el receso acordado por los miembros de la Gran Comisión, sin que estuviese claro si Amorós y Ortega lo hacían para pulsar la reac- ción ante una y otra proposición entre el conjunto de los trabajadores, o para dar largas al problema en medio de una campaña electoral por la presi- dencia de la República y de la renovación del Congreso de la Unión. Peras o manzanas, pero todas las mañanas; melón o sandía, te lo dije el otro día, en Tonalá, Chiapas, Federico Villalobos esbozó lo que vendría a ser el Plan del Sureste, en el que se rechazaba el aumento propuesto por Ortega y el plazo de 60 días “propuesto” por la empresa para estudiar la petición y se planteaba deponer a todos los comités ejecutivos secciona- les y exigir a la dirección nacional el reconoci- miento de las nuevas direcciones locales. Sin más, y llevando a vías de hechos el Plan del Sureste, los trabajadores de la sección 13 de Matías Romero, Oaxaca, destituyeron a los incondicionales de Ortega y eligieron un nuevo comité encabezado por Demetrio Vallejo. Roberto Amorós gerente de los ferrocarriles, por instrucciones del presidente Adolfo Ruiz Cor- tines, se dio prisa tratando de cubrir el vacío que se hacía notar en la falta de una auténtica dirección sindical. Paralela a los trabajos de la Gran Comisión, inició una gira por el norte de la República, con- cediendo a los rieleros de Tampico un aumento extraordinario a los salarios “por tratarse de una zona cara”. En Monterrey prometió la construc- ción de casas para los trabajadores y el remoza- miento técnico de instalaciones tales como las “casas redondas”, sin olvidarse de adquirir un compromiso para elevar salarios y en Torreón habló de eso “teniendo en cuenta los plazos que marcan las leyes y el Contrato Colectivo de Traba- jo”. De regreso en la Ciudad de México, en decla- raciones de prensa, insistió en “mejorar el nivel de vida de los trabajadores del sistema en lo referente a salarios y otras prestaciones”. Los “agitadores” interpretaron los decires de Amorós como una maniobra que tendía a apaci- guar a los trabajadores restando importancia a los trabajos de la Gran Comisión, presentándola como innecesaria. A Samuel Ortega y a los comités seccionales con los que contaba se les encomendó ocultar o no proporcionar la información necesaria para la ela- boración del estudio socio-económico que susten- tara las demandas que llegaran a presentarse a la gerencia. Ortega llevó la obstrucción hasta el intento de disolver la Gran Comisión, sustituyén- dola por una reunión de los secretarios generales de las secciones. No obstante, con la colaboración de especia- listas militantes de los partidos Obrero-Campesi- no, Comunista y Popular —éste último recién incorporado a la alianza, aún con escasos afiliados entre los ferrocarrileros—, el estudio pudo con- cluirse con abundancia de datos sólidos e irrefuta- bles. La Gran Comisión concluyó su tarea el 9 de mayo. La demanda concreta fue de un aumento de 350 pesos mensuales para todos los rieleros, haciendo a un lado las categorías laborales. Entre las estimaciones que se incluyeron en el estudio, se destacaba que había una diferencia de 60 por ciento entre los salarios generales en vigor y el costo de la vida. Que en tratándose de los
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    45 militando El 11 dejunio, en asamblea de su sección, Vallejo propuso dar un plazo de 10 días a la gerencia y a los “charros” del comité nacional para resolver el asunto del aumento de salarios y el reconocimiento de la nueva directiva de la sec- ción 13. Plazo del 16 al 25 de junio y, de no haber respuesta positiva, abrir el día 26 una serie esca- lonada de paros. El primero de 2 horas, agregan- do 2 cada día hasta tener la respuesta demandada. El acuerdo se telegrafió por la red de despachadores a toda la República y se convirtió en una deman- da nacional. Amorós o el presidente Ruiz Corti- nes, o ambos, no prestaron mayor atención a ese acuerdo ni tampoco Ortega y sus asociados, aferrándose al mutuo compromiso de tener una resolución a la cuestión de los salarios hasta el 22 de julio, es decir, pasadas las elecciones fede- rales. Vallejo y otros delegados recorrieron distin- tas partes del país sin romper todavía de lleno con la empresa ni con Ortega, pero sin renunciar al acuerdo de los paros escalonados. A las 10 de la mañana del día 26 de junio, ni un minuto más ni uno menos, conforme a los husos horarios que regulan el paso del sol en la República, se inició el paro. Duró exactamente 2 horas y fue acatado lo mismo en talleres, en patios, en estaciones, en trenes en los caminos y en oficinas. El enojo alteró en esas dos horas el estado de ánimo de empresarios, gobernantes y líderes oficialistas. El día 27 se cumplió el segundo paro. Esta vez de 4 horas.Yel enojo se trastocó a su vez en ira y en desesperación. Salvo aguja en un pajar, las noticias y los comentarios periodísticos expresa- ron la ira de los empresarios contra los “rojillos”, los “comunistas”, los “intransigentes del trastorno del orden público”. En el gobierno, la acti- tud de Amorós reflejó la desesperación y el debilita- miento. Citó a los miem- bros de la Gran Comisión e hizo asistir a la reunión a Samuel Ortega y a Guiller- mo Velasco. El gerente pro- puso un aumento de 180 pesos en los salarios, res- paldado por Ortega y Velas- co. Los miembros de la Gran Comisión, en boca de Demetrio Vallejo, reviraron con una propuesta de 250 pesos. Y allí se quedaron; las demás peticiones ni siquiera se mencionaron porque Amorós hizo saber a los de la Gran Comisión que el presidente Ruiz Cortines deseaba entrevis- tarse con ellos antes de la realización de las elec- ciones federales del 4 de julio. El 28 de junio, mientras transcurría el paro con duración de 6 horas, miles de ferrocarrileros, acompañados de maestros del Movimiento Revolucionario del Magisterio encabezados por Othón Salazar, por petroleros, tranviarios y estudiantes intentaron marchar de Buenavista al Zócalo, pero fueron interceptados por contingentes policíacos, produ- ciéndose feroces enfrentamientos. El doble juego: pláticas-represión comenzaba a ser puesto en práctica por el gobierno, según lo habían previsto los dirigentes sindicales y políticos del movimien- to. Ningún medio de comunicación informó del zafarrancho. El 29 de junio ocho; el 30, diez horas de paro. Itinerarios y horarios de trenes de pasajeros y de La Realidad, Chiapas, agosto 1999 TIM RUSSO
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    46 El 6 dejulio, Demetrio Vallejo declaró que la Gran Comisión había acordado realizar una con- vención para proceder a la reorganización del sin- dicato, incluyéndose la celebración de elecciones. Ortega y sus socios acusaron el golpe y denuncia- ron que “un grupo de agitadores asesorado por ele- mentos de reconocida extracción comunista” estaba “agrediendo a los legítimos representantes del gremio” como parte de “un plan de subversión nacional”. Ante el inalterado acuerdo de la Gran Con- vención convocando a la Convención Nacional que se inició el 12 de julio, el presidente Ruiz Cor- tines dio instrucciones a Roberto Amorós para ordenarle a Samuel Ortega que renunciara a la secretaría general del sindicato, cosa que hizo el día 13, quedando en su lugar Salvador Quesada Cortés. El presidente se daba tiempo a sí mismo. Quería probar si con el reemplazo y recogiendo las peticiones de la Gran Comisión, como la reduc- ción de las cuotas sindicales, programa de cons- trucción de viviendas, incremento en los seguros de previsión obrera y desaparición del grupo de pistoleros del “14 de octubre”, Quesada podía res- tar seguidores e impulso al movimiento opositor. No hubo tal. La afirmación de Demetrio Vallejo de “estar en pie de lucha hasta lograr la auténtica depuración sindical”, hecha durante el militando carga se trastornaban y el congestionamiento de mercancías en los andenes correspondientes, impelía a subir el tono de voz y las exigencias de los empresarios que, telefónica o directamente, demandaban a Amorós “la aplicación de la ley sin contemplaciones”. El gerente ordenó suspender los pagos de la segunda quincena de junio para que “se respete el principio de autoridad”. En su despa- cho de Palacio Nacional, el presidente Ruiz Corti- nes recibió a los miembros de la Gran Comisión y les propuso un aumento de 215 pesos; la media entre los 250 de aquellos y los 180 de la gerencia. La pro- posición fue aceptada y el paro del día 1 de julio ya no fue necesario. Así, por una parte, el movimiento alcan- zaba un indiscutible éxito al lograr un reconocimiento tácito del gobierno, despla- zando a la dirección “cha- rra”. Y, por otra, el gobierno podía esperar el 4 de julio con tranquilidad en el fren- te, aunque otra forma de hacer política estaba por venir. Suponiendo que quie- nes ocupaban cargos de representación popular hubiesen sido elegidos democráticamente, la democracia, en el mejor de los casos, se quedaba en su ejercicio formal. Si se quería hacerla progresar más allá, era necesario establecer o restablecer plenamente la democracia en las organizaciones sindicales, en todas las agrupaciones de trabajadores urbanos y rurales y, dentro de éstas, las instituciones indígenas. Una democratización concebida, generada, formada y practicada por y desde la base. Con dirigentes supeditados a la base y no con la base sometida a los dirigentes. En síntesis, de esa manera se vio la cuestión del desplazamiento de los líderes “charros” en el Sindicato Ferrocarrilero, al quedar a la vista esa posibilidad, en el análisis hecho por los cuadros sindicales y los miembros del Comité Central del Partido Obrero Campesino Mexicano. La Trinitaria, Chiapas, 1994 VÍCTOR MENDIOLA
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    47 discurso de aperturade la convención nacional, estaba en marcha, sin que tampoco sirvieran las histéricas denuncias contra los “conciliábulos subversivos” sostenidos por los dirigentes de la oposición ferrocarrilera y los de las direcciones de los partidos Obrero-Campesino, Comunista y Popular. Inútil también fue la convención paralela citada por Quesada. El día 23 se emplazó a la empresa para que reconociera a la dirección elegi- da en la Convención Nacional promovida por la Gran Comisión o, de lo contrario, se reanudarían los paros. Sin respuesta, el 26 hubo un paro de 2 horas e inmediatamente el secretario de goberna- ción, Gustavo Carvajal, llamó a los disidentes a sostener “pláticas en privado”, pero acompañó la invitación con una orden de disolución de todo mitin público. Otro fracaso y nuevo paro de 3 horas el 1 de agosto. Al día siguiente, suspendidas las labores, el presidente ordenó que contingentes del ejército ocuparan todas las instalaciones ferro- viarias y la empresa advirtió que los paristas serían consignados y, por supuesto, despedidos definiti- vamente; los que reanudaran labores recibirían protección policíaca y militar. La mayoría de los integrantes de la Gran Comisión, entre ellos Gil- berto Rojo, Antonio Sánchez, Tomás Correa, Amós Salinas y Roberto Godínez, fueron deteni- dos. Pero los paros dejaron de ser escalonados. La inmovilización devino en indefinida. Sin que le conviniera el cierre, en peligro de que le ahorcaran la mula de “seises” y con la pers- pectiva de perder el juego, el presidente, tan hábil en el dominó, prefirió perder puntos, una mano. Ordenó a Amorós que se reuniera con Vallejo y demás miembros de la Gran Comisión que estaban libres. En tres sesiones secretas en las que estuve presente, dos en el domicilio de Elías Terán Gómez, primer secretario general del sindicato, y la última en la camioneta de Amorós estacionada en la esquina que forman las calles de Basilio Vadillo y Colón, se acordó que fueran retirados los militares y policías de todas las instalaciones ferroviarias; que quedaran en libertad y sin ningu- na acusación penal o civil todos los detenidos; que se levantaría lo que ya no era paro, sino huelga; que quedaba sin efecto la objeción de Amorós, externada en la segunda reunión, en el sentido de militando que Vallejo no podía ser candidato a la secretaría general, ni a ningún otro cargo sindical, “por ser comunista”; y que las elecciones generales tendrían lugar dentro de un plazo de 15 días a con- tar del 4 de agosto. El 5 se empezó a normalizar el servicio y el 7 estaba completamente restablecido, tras 96 horas de inactividad. En un proceso que hasta El Nacional, en aquel entonces órgano oficial del gobierno de la República, describió como ejemplar por la “pureza de las elecciones”, entre el 7 y el 22 de agosto se escogió a los directivos de todas las secciones y del Comité Ejecutivo Nacional, triunfando como secretario general Demetrio Vallejo con 59 mil 759 votos contra 9 de José María Lara y 6 mil absten- ciones. El 27 de agosto tomaron posesión los nuevos dirigentes. La confrontación política, de clase a clase, entre el poder ejecutivo representativo de la gran empresa nacional y extranjera y los dirigen- tes sindicales y de partidos no sometidos al siste- ma, concluía en su fase de demandas inmediatas y de orden salarial y prestaciones sociales y, aunque éstas seguirían presentes como avanzada de ambas partes, lo que se dirimiría a continuación eran dos concepciones ideológicas de proyección histórica. O, siguiendo a Gramsci, la hegemonía histórica, cosa nunca antes habida en la vida de México. Los planteamientos de los nuevos dirigentes ferrocarrileros se acompañaban de observaciones de rechazo a los cimientos de la política económi- ca y social del gobierno, aunque no se desechasen procesos e instituciones vistos como creaciones surgidas de causas nacionales, la soberanía estaba por delante como garante de lo nacional y de la nación en sí. Si se quería que los ferrocarriles sirviesen a ese fin superior, debían ser modernizados total- mente. Electrificarlos de todo a todo; construir aquí locomotoras, carros, góndolas, cajas, fabricar los rieles, dejar de importar durmientes, etcétera. Si debían servir al desarrollo de la nación, lo que iba de la mano con el mejoramiento ininterrumpi- do de la calidad de vida de todos los mexicanos y no de parcelas sobrepuestas, urgía fijar tarifas de arrastre y traslado de mercancías a pagar por comerciantes, industriales y especuladores, que
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    48 El gobierno carecíade argumentos para negar el aumento a esos trabajadores, puesto que lo había aceptado para todos los demás. A trabajo igual, salario igual. Así de sencillo. Pero la direc- ción del sindicato aparentemente perdió el control. Mientras se negociaba un arreglo, los trabajadores de esas líneas y los del Ferrocarril del Sureste se fueron a la huelga el 25 de marzo. Las pláticas se prolongaron estérilmente hasta el día 28 y enton- ces, en todo el país, entró en acción el ejército. Los primeros en ser detenidos fueron Demetrio Vallejo y Hugo Ponce de León. Siguieron cientos, miles, hasta sumar 25 mil. El paro, la huelga generalizada fue declarada ese día 28 y continuó hasta el 13 de abril en que se levantó, atendiendo a un llamado de Gilberto Rojo, secretario de organización que había eludido la persecución policíaca escondién- dose en el domicilio de Luz Ofelia Guardiola y el autor de este escrito en la calle delApartado núme- ro 33. Su llamado se hizo público tras una reunión con dirigentes de los partidos Obrero-Campesino y Comunista. El Popular se marginó, se puede decir que a tiempo para él. En el trasfondo de ese movimiento, de los paros, de las huelgas, quedaba la idea que permeó la conducta de los dirigentes ferrocarrileros mili- tantes del Partido Obrero-Campesino y de los diri- gentes de esa agrupación: desarrollar entre los trabajadores una conciencia de lucha por el poder. De algún modo,Adolfo López Mateos dijo la verdad cuando le planteó a Jacinto López el 30 de marzo: “Lo que Vallejo, Campa y los demás quie- ren, es destituirme, acabar con mi gobierno”. No tan pronto, tal vez no era a él. Pero el propósito era llegar al poder. Lograr que los traba- jadores se hicieran del poder. Nota: Edmundo Jardón Arzate fue dirigente de Acción Socia- lista Unificada y del Partido Obrero Campesino Mexicano (POCM). Militó luego en el Partido Comunista, en el Movi- miento de Acción y Unidad Socialista y en el Partido Socialis- ta Unificado de México, por el cual fue diputado federal. Fue director del periódico Noviembre, del POCM. Dio a conocer en la prensa, para obligar al gobierno a cumplir lo pactado, la plática secreta entre Demetrio Vallejo y el gerente de los ferro- carriles, Roberto Amorós. Reportero y artículista en diarios y revistas, fue el primer director de la agencia de noticias Prensa Latina en México entre 1959 y 1966 y el último de la revista Política en 1967. militando compensasen los costos del servicio, dejasen ganancia a la red y no como ocurría subsidiando a esos sectores en perjuicio, entre otros, de millones de campesinos en un extremo y de millones de consumidores urbanos en el otro. Las tarifas fija- das para minerales y metaloides también deberían ser revisadas, pues prácticamente, si los concesio- narios de las minas en su mayoría extranjeros explotaban de muy diversas maneras a los trabaja- dores, empezando por los salarios, también explo- taban a los ferrocarrileros aprovechando las líneas ferroviarias como si fueran de su propiedad, por- que lo que pagaban por el servicio era un regalo. Argumentos como esos molestaban lo mismo a los gobernantes que a la llamada iniciati- va privada. Vino el error Quizá exactamente dónde y por qué, ni gobierno ni empresa sabrían decirlo, pero en los dos últimos meses de 1958 y los dos primeros de 1959, se “res- piraba” la inestabilidad política amenazadoramen- te. Fidel Velázquez, dirigente principal de la CTM y el BUO, entró al quite y se puso al frente de una demanda por aumento de salarios. No se deseaba que los dirigentes ferrocarrileros encabezaran un llamamiento que de seguro podía rebasar a Veláz- quez y a todos los “buistas”. En postrer arreglo, el presidente Ruiz Corti- nes concilió la demanda enarbolada por Fidel Velázquez con el capricho de los empresarios y se evitó que la nueva corriente sindical democrática entrase en acción, pero no impidió que ésta, apenas rindió protesta como presidente de la República Adolfo López Mateos, plantease una nueva revi- sión de los contratos colectivos de trabajo, tenien- do en la gerencia de los Ferrocarriles Nacionales de México a Benjamín Méndez. La demanda con- sistía en un incremento del 16.6 por ciento a los salarios acordados en 1958. Las negociaciones, iniciadas a fines de enero, se prolongaron hasta la madrugada del 25 de febrero, llegándose a un acuerdo en el que se aceptaba el porcentaje propuesto por el sindicato, pero quedaron fuera los trabajadores de las líneas del Pacífico, Mexicano y Terminal de Veracruz. Vino el error.
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    49 noticias de larebeldía Tlalnepantla: Resistencia y tradición Benito Juárez Ávila, Alfredo Lima Zavala y Benyosef Laguna Entrevista realizada por Raúl Jardón Inauguración del Aguascalientes II, Oventic, diciembre de 1995 ERNESTO RAMÍREZ Servicio de sanidad insurgente, Prado, Chiapas, marzo de 1994 PATRICIA ARIDJIS
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    noticiasdelarebeldía 50 El 14 deenero la policía minis- terial del estado de Morelos invadió violentamente el pobla- do de Tlalnepantla, en donde apenas tres días antes la comuni- dad había elegido e instalado su Consejo Popular Autónomo luego de mantener, desde el 6 de julio de 2003, una larga lucha, a primera vista contra la imposi- ción de un alcalde priísta pero, en el fondo, por el respeto a los usos y costumbres democráticos tradicionales, no sólo en el campo político, sino en el socio- económico e incluso religioso. A mediados de febrero, y a pesar de que se mantenía la ocu- pación policíaca y el gobierno intentaba nuevas maniobras para aplastar o mediatizar la lucha de la comunidad, sus inte- grantes mantenían la resistencia y más de 500 pobladores se hallaban desplazados en Milpa Alta y en poblados de Morelos para eludir la represión. En medio de esta situa- ción, los compañeros Benito Juárez Ávila, Alfredo Lima Zavala y Benyosef Laguna, integrantes de la Comisión de Barrios y Pueblos de Tlalnepan- tla, Morelos, se acercaron por iniciativa propia a nuestra revis- ta Rebeldía para concedernos una entrevista en la que nos narran por qué surgió su movi- miento y cómo se fue desenvol- viendo. Ellos prefirieron que sus respuestas aparecieran como opiniones compartidas por los tres, para que ninguno destacara más que otro. Cabe resaltar que nuestros entrevistados, y según nos con- taron el resto de los compañeros que han sido elegidos como dirigentes de la Comisión y del Consejo Popular Autónomo, no tenían experiencias, ni forma- ción o participación política pre- vias. En cambio se puede observar la fuerza y capacidad que la participación comunitaria y la organización productiva les ha dado, lo mismo que la valora- ción de sus mecanismos autóno- mos en la selección de sus autoridades. Todo esto los ha dotado de una perspectiva polí- tica democrática que les ha ser- vido para enfrentar los retos que ha tenido y sigue teniendo su movimiento. La revista Rebeldía por medio de esta entrevista llama a la mayor solidaridad con este movimiento y nos pronuncia- mos por el respeto a la auto- nomía de esa comunidad y el castigo a los responsables direc- tos e indirectos de la represión contra el pueblo de Tlanepantla, Morelos. Rebeldía: Los medios de comu- nicación han presentado el movimiento en Tlalnepantla como un asunto que estalló de repente y exclusivamente moti- vado por la inconformidad de tipo electoral, pero ¿qué antece- dentes, situación social y expe- riencias organizativas tiene su movimiento? La experiencia organizativa nos viene desde la elección de las mayordomías en la Iglesia Cató- lica. Posteriormente, en lo eco- nómico se organizan grupos de productores de nopal verdura (en el municipio hay seis grupos organizados de cultivadores de nopal). Es decir, inicialmente nos organizamos para la defensa de los espacios en la Central de Abastos del Distrito Federal, pero esa organización es la base económica de todo el munici- pio, pues el 80 por ciento de la gente se dedica a la producción de nopal y, en el caso del pueblo de Tlalnepantla, es el 90 o el 95 por ciento. En las mayordomías de la iglesia la elección por usos y costumbres de los mayordomos es desde hace muchas décadas, tal vez cien años. En la organi- zación de nopaleros es más o menos a partir de 1980.Además, los representantes de bienes comunales también se eligen en asambleas desde hace unos 70 años. En todos los casos, al decir usos y costumbres, hablamos de elección directa en asambleas de la comunidad que se celebran en la mayoría de los casos en la plaza central de Tlalnepantla. Los grupos políticos nunca se metieron en las elecciones religiosas de mayordomos ni en las de los nopaleros. Incluso la Confederación Nacional Cam- pesina (CNC) nunca se metió en la elección de representantes de bienes comunales. De allí nos viene la tradi- ción de que en las cosas políti- cas también elegimos por usos y costumbres y no aceptamos que nos impongan las cosas desde fuera de la decisión de la comu- nidad. Rebeldía: ¿Cómo se ejercían los usos y costumbres en las elecciones previas y desde cuándo. Cuál fue su participa- ción en las elecciones formales pasadas?
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    51 Siempre, desde quehay munici- pio, fue costumbre que se con- vocaba a asamblea general en la plaza en la que la gente hacía sus propuestas y se elegía en voto directo a mano alzada o apun- tando en un pizarrón el voto de cada quien, sin planillas ni pro- paganda previa. Desde hace muchas décadas el PRI sólo lle- gaba a anotar a los elegidos por usos y costumbres para presen- tarlos como candidatos en las elecciones oficiales. Como que el PRI respetaba los usos y cos- tumbres del pueblo y el pueblo aceptaba la formalización del nombramiento de los que habían elegido por usos y costumbres en las elecciones oficiales. Pero ahora, en las cam- pañas para las elecciones del 6 de julio del año pasado, hubo por primera vez un manoseo político de siete partidos que llegaron a hacer discursos demagógicos a la población y lograron entrar al pueblo a hacer pláticas ofreciéndole a diversas gentes participar como candida- tos en las planillas. Hubo alguna división en las familias y pue- blos y de esa división surgió que hubiera, también por primera vez, candidatos del PAN, el PRD, el PVEM, Fuerza Ciuda- dana, Convergencia y Alianza Social. El PRI había dicho que no iba a poner candidatos en nuestro municipio y en otros cuatro de Morelos, pero, a últi- ma hora, una semana antes de las elecciones, metió el registro de su candidato y echó ofreci- miento de créditos, compra de votos, etcétera. Pero antes se hizo la asam- blea por usos y costumbres en mayo del año pasado y el pueblo eligió a Conrado Pacheco. Los partidos no se metieron en la asamblea y el pueblo, más de mil personas que estuvieron en la asamblea, esperaba que, como era tradicional, el PRI se acercara a ofrecerle su registro al elegido. Y sí se lo ofrecieron pero, por no simpatizar con ese partido, Conrado decidió no registrarse por el PRI, sino por el de Fuerza Ciudadana (aunque sabemos que el PRI ya hasta estaba imprimiéndole propa- ganda). Hay que decir que luego el compañero Pacheco estuvo activo al principio del movi- miento pero se fue retirando para que lo encabezara la Comi- sión de Barrios y Pueblos. Entonces, el PRI registró fuera de tiempo a Elías Osorio y el 6 de julio la gente no se presentó a los comicios oficiales creyendo que se iba a respetar la elección por usos y costumbres, todavía no había ninguna orga- nización de la gente. El PRI obtuvo fraudulen- tamente 405 votos contra 402 del PAN y el PVEM con 398, Fuerza Ciudadana 370 y el PRD 240 votos. O sea que como que la votación estuvo muy pareja, aunque decimos que fue fraudu- lenta por que en realidad no votó tanta gente, sino que se inflaron los votos, sobre todo del PRI. noticias de la rebeldía Selva Lacandona, Chiapas, 1994 CECILIA CANDELARIA
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    noticiasdelarebeldía 52 La verdad esque hay que reconocer que la gente pensó, se confió, en que ya había elegido a su candidato por usos y costum- bres y por eso no fue a votar más del 60 por ciento de la gente. Fíjate compañero, en el padrón hay alrededor de 4 mil 500 perso- nas y la población del municipio es de 5 mil 600 habitantes, inclu- yendo a los menores de edad. El PAN impugnó los resul- tados pero fue una protesta nomás formal y no hizo nada por echar abajo los resultados porque tampoco le convenía aceptar lo decidido por el pueblo por usos y costumbres. El 19 de octubre se hizo una asamblea general que origi- nalmente era para tratar asuntos de bienes comunales. Pero la gente aprovechó espontánea- mente para manifestar su incon- formidad con Elías Osorio, y es que nadie lo quiere porque ya lo conoce. Él fue presidente muni- cipal por usos y costumbres hace nueve años y fue representante forestal, de agua y de bienes co- munales y en todos sus cargos fue deshonesto, se le descubrieron malversaciones y malos mane- jos en todos y por eso la gente no lo quiere y salió de ella misma desconocerlo, sin que nadie organizara la cosa. En esa asamblea se ratificó al candidato electo por usos y costumbres Conrado Pacheco. Ahí mismo se forma la Comi- sión de Barrios y Pueblos, a esa asamblea asistieron unas 2 mil 500 gentes, o sea más del doble de los que habían hecho la elec- ción por usos y costumbres, pero ya sólo faltaban unos 12 días para la toma de protesta del su- puestamente electo Elías Osorio. Para el 1 de noviembre Elías Osorio toma protesta en su casa y, por decisión de la comu- nidad, Conrado Pacheco lo hace enfrente de la presidencia muni- cipal. O sea que hay dos presi- dentes municipales paralelos, uno por usos y costumbres y otro oficial. Pero es importante decir que el presidente municipal saliente, Donato González Flo- res, electo por usos y costum- bres tres años antes y registrado por el PRI, acató la voluntad del pueblo y le entregó las lla- ves de todos los locales munici- pales a la Comisión de Barrios y Pueblos. Otra cosa que es intere- sante decir es que en mayo la aplastante mayoría de los asis- tentes a la asamblea de usos y costumbres en que se escogió a Pacheco eran hombres pero, conforme crece el movimiento, eso ya no es así, pues ya partici- pan en las asambleas y en la lucha muchas mujeres y jóve- nes, cosa que antes no lo hacían pues los activos eran los hom- bres adultos. Rebeldía: Si me permiten hacerles una pregunta antes de que sigan adelante: ¿cómo está integrada la Comisión de Barrios y Pueblos? Desplazados, Polhó, Chiapas LOURDES GROBET
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    53 La Comisión estáintegrada por dos representantes de cada uno de los cinco barrios y de cada uno de los tres pueblos del municipio, o sea que somos 16 representantes en total. Los barrios del municipio son San Pedro, San Felipe, San Nicolás, San Bartolomé y Santiago y los pueblos son El Pedregal, El Vigía y Felipe Neri. La Comi- sión surgió como una forma de organizarse de las comunidades para combatir la imposición de Elías Osorio. Rebeldía: Otros medios de comunicación han hablado del problema del nopal como tras- fondo del movimiento ¿qué hay de real en eso y cuáles son los principales problemas sociales de la zona? El principal problema es el de la educación, pues Tlalnepantla está entre los municipios de mayor analfabetismo de More- los. Otro es que tenemos pocos servicios de salud. Otro proble- ma principal es que hay mucha falta de agua potable, por ejem- plo, Felipe Neri y El Vigía no tienen más que la que juntan de la lluvia. Hace dos años el goberna- dor se comprometió a perforar pozos para dotar al municipio de agua, pero ni los perforó, aun- que sí hizo una gran campaña publicitaria anunciando que iba a hacerlo. No hay apoyos del gobier- no para la producción del nopal, sólo el esfuerzo de los seis gru- pos organizados de productores del nopal consiguió espacios para comercializar directamente el producto del municipio en la Central de Abastos del DF y en otros estados. Ese esfuerzo ha sido tanto que incluso ya vende- mos nopal en los Estados Uni- dos desde hace cuatro años. El gobierno de Morelos, por el contrario, en lugar de bus- car mercados para la producción de nopales de otros municipios se ha dedicado a promover la invasión de los mercados logra- dos por los de Tlalnepantla, o sea que quiere enfrentar a cam- pesinos con campesinos en las ventas, en lugar de preocuparse por abrir mercados para todos. Hay que aclarar que, apar- te del nopal, en Felipe Neri se cultiva trigo y avena, y en El Vigía jitomate, maíz y frijol, pero tampoco ellos reciben apoyo del gobierno estatal; ni los que trabajan la madera, el carbón y la leña. Rebeldía: ¿Cómo surgió la organización del movimiento actual, cómo funciona para representar a los pobladores? La Comisión y la comunidad, o sea unas mil personas que asis- ten a una asamblea, deciden ir al Congreso del estado el 3 de noviembre para informarle que la comunidad no acepta a Elías Osorio y solicitar su destitución. Los diputados emitieron una minuta de los coordinadores de todos los partidos PAN, PRD y hasta el PRI, y el secretario de gobierno la aceptó, en la que dicen que mientras revisan la situación no se le entregarán recursos a Elías y que quien queda a cargo de las instalacio- nes es la comunidad, o sea se le otorgó el resguardo de las insta- laciones a la Comisión. En la minuta dijeron que el 6 de noviembre en la sesión del Con- greso estatal ventilarían el asun- to. El 4 de noviembre, la Comisión fue con el secretario de gobierno, Eduardo Becerra, quien dijo que si por él fuera Elías saldría y se comprometió a revisar la situación. El 6 de noviembre, la comunidad acuerda estar pre- sente con mil 500 personas en la sesión del Congreso. Elías se hace presente acompañado de 300 simpatizantes priístas, pero de otras comunidades llevados por la diputada local y lideresa del PRI en Morelos, Marisela Sánchez. Pero en la orden del día de la sesión no se incluye el caso de Tlalnepantla y, en el momento en que algunos compañeros tra- tan de preguntar a un diputado la razón, los legisladores salen huyendo y se suspende la sesión. En los días siguientes se planteó en la comunidad que una forma de presionar al gober- nador es enviarle cartas primero y se le mandan unas 550; luego llevar a cabo un plebiscito, que se realiza el 16 de noviembre aunque hubo obstáculos, como la negativa a asistir de un notario público para que diera fe. En el plebiscito transparente y limpio participó la gente con credencial de elector, llevando su CURP y acta de nacimiento y dejando copia de todo eso. Se emitieron mil 312 votos para Conrado Pacheco y sólo uno para Elías Osorio. Los resultados fueron entregados al gobernador y al Congreso del noticias de la rebeldía
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    noticiasdelarebeldía 54 estado. En esosdías también se les entrega a los mismos un ofi- cio solicitando, con apego a derecho, la desaparición de poderes en el ayuntamiento. Después de todas estas acciones, se realiza la marcha del 26 de noviembre. La gente deci- de ir de Tlalnepantla a Cuernava- ca y encuentra el Palacio y la Cámara de Diputados cerrados y nadie atiende sus demandas. Ante esa cerrazón del gobierno estatal, se decidió tras- ladarse a la autopista a Acapulco y bloquearla a la altura del poblado de Chamilpa. Se hace el bloqueo unos 30 minutos y se decide la retirada porque hay una llamada del gobierno diciendo que va a haber un acercamiento al día siguiente, o sea el 27 de noviembre, pero cuando prácti- camente ya habíamos desalojado la carretera las mil personas que participábamos, se produce la agresión policíaca, incluso con disparos de armas de fuego. Hubo un herido y 60 detenidos, robos y daños. En esa situación acudimos con los diputados del PRD para que ayudaran a liberar a los presos. La gente, unas 3 mil personas, se reunió en la plaza de la comu- nidad y quería ir a Cuernavaca, pero se acordó no hacerlo para que no hubiera otra represión. Pero en la madrugada llegaron al pueblo cinco patrullas con granaderos y la gente los obligó a retirarse. Las familias de los presos y la gente en general formaron una comisión para sacar a los presos, lograr la desaparición de poderes y el levantamiento de las órdenes de aprehensión. Al mismo tiem- po, todas las fracciones parla- mentarias, excepto la del PRI, hacen un pronunciamiento seña- lando que es necesario desapare- cer los poderes. Pero en la mesa de diálogo del día 27 el gobier- no, por medio del subsecretario de gobierno Germán Castaño, dijo delante de los diputados que está dispuesto a aceptar las de- mandas, pero que la comunidad no ponga demanda al gobierno por la agresión del día 26 y que no se hagan comentarios a la prensa. Nuestra comisión, en prueba de buena voluntad, aceptó y el gobernador Estrada Cajigal dijo en declaraciones públicas que puede darse la desaparición de poderes, pero el día 28 se desdice. El 30 de noviembre, el Tri- bunal Estatal Electoral envió una comunicación manifestando que no se daría la desaparición de poderes y empeazron los rumo- res de la entrada de la fuerza pública a Tlalnepantla. Previ- niendo eso, el pueblo coloca barricadas el 15 de diciembre y el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Francis- co Coronato, se presenta en el pueblo y se ofrece como interme- diario para un diálogo con Elías Osorio. La comunidad pidió que el diálogo sea ahí y con el Con- greso y el gobierno estatal, sin Elías Osorio, pero Coronato dijo que fuera en Cuautla. De todos modos, esa plática evitó la entra- da de la fuerza pública. Amador Hernández, Chiapas, abril de 1998 GILDARDO MAGAÑA
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    55 Se hizo eldiálogo los días 17, 18 y 21 de diciembre y la Comisión de Barrios y Pueblos propuso que se realizara otro plebiscito, con participación del gobierno estatal, diputados y medios de comunicación o que hubiera una asamblea en la comunidad y ahí se definan las cosas, aparte de la desaparición de poderes. La gente de Elías Osorio propuso darle al movi- miento ocho direcciones de la administración pública, y que lo dejáramos gobernar seis meses y luego lo evaluáramos en asam- blea, lo que fue rechazado. La polémica fue legalidad oficial contra legitimidad popular. Es interesante destacar que en esos diálogos se dijo que mientras se mantuvieran las plá- ticas se suspendían las órdenes de aprehensión. Las fiestas decembrinas motivaron un paréntesis en el conflicto, pero, el 5 de enero, la comunidad realizó otra asam- blea general y decidió romper el diálogo por su falta de resulta- dos y que no se asistiera a la mesa del día 7 porque no se veía en el gobierno voluntad de resolver el conflicto, sino nomás de encontrar el modo de soste- ner a Elías Osorio. Ante esto se decidió formar el Consejo Popu- larAutónomo. Hay que aclarar que no se acordó formar un Municipio Autónomo, sino nombrar al Con- sejo Popular Autónomo y que esto se hizo sencillamente por- que, en medio de la inexistencia de un gobierno municipal se habían venido acumulando nece- sidades impostergables del pue- blo, como la de obtener agua potable. Esa necesidad, lo mismo que la recolección de basura y otras cosas se venía haciendo, pero desorganizadamente, por cooperación de la gente, por ejemplo para pagar la electrici- dad para el bombeo de agua. Otra cosa es que, de hecho, se forma el Consejo porque no había otra alternativa luego de haber usado todos los medios para lograr la desaparición de poderes. El Consejo se instala el 11 de enero como una respuesta a la falta de respeto a la demo- cracia y a la libertad para elegir a los representantes. El Consejo PopularAutónomo es integrado, entre otros compañeros, por Rolando Alvarado Colín, Ray- mundo Rodríguez Riegos y Pedro Pérez, todos ellos gente de respeto entre la gente de los barrios y pueblos. En la asamblea se acordó, con la aprobación de todos, que cada familia aportara 20 pesos semanales para los trabajos del Consejo, sobre todo en lo del suministro de agua y el Consejo comenzó luego, luego, a echar a andar los recorridos de pipas de agua y otras tareas urgentes antes de que se produjera la invasión policíaca del día 14. Rebeldía: Los políticos, sobre todo en Morelos, se quejan de la intervención de organizaciones externas en el movimiento. ¿Cuál es la relación del movi- miento con otras organizaciones, noticias de la rebeldía Amador Hernández, Chiapas, abril de 1998 GILDARDO MAGAÑA
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    noticiasdelarebeldía 56 qué es loque ustedes solicitan de quienes se solidarizan y que cosas no aceptan? Las organizaciones no guberna- mentales llegaron a solidarizarse a partir del 26 de noviembre, pero sólo para dar su apoyo incondicional. Quedó claro desde el principio que su partici- pación era sólo hasta donde la comunidad lo permitiera y que es la comunidad la que toma las decisiones, que sólo la asamblea general puede tomar decisiones. Se ha dicho demasiado que las organizaciones externas nos influyen, pero eso es falso. Nadie ha condicionado su apoyo, y nosotros escuchamos a todo mundo para enriquecer nuestros puntos de vista, pero la información se baja a las bases para que ellas decidan. No acep- tamos ni hay injerencias, ni de radicales ni de no radicales, ni de partidos ni de grupos políticos. Rebeldía: ¿Cuales son sus demandas actuales y de más largo plazo y cuál es la estrate- gia que ustedes se plantean para obtener su solución? Antes que nada, como una muestra de voluntad política del gobierno, exigimos que se reti- ren las órdenes de aprehensión y de presentación y los cargos por supuestas responsabilidades contra los compañeros deteni- dos el 26 de noviembre y el 14 de enero. Demandamos que se retire la policía de todo el muni- cipio y que cese el hostigamien- to y amenazas contra los integrantes del Consejo Popular Autónomo y de la Comisión de Barrios y Pueblos, pues la perse- cución en contra nuestra se man- tiene y ha habido incursiones de la policía ministerial morelense incluso en el DF, como ocurrió el 6 de febrero. Luego, nuestra demanda es primeramente que se convo- que a una mesa de diálogo en el Palacio Legislativo de San Lázaro en la que participen representantes de la Secretaría de Gobernación dotados de capacidad para resolver el con- flicto; diputados locales y fede- rales y representantes del gobierno de Morelos; que se acepte que en el diálogo haya observadores de la sociedad civil, los medios de comunica- ción y los intelectuales y que estén también representantes de las organizaciones de derechos humanos pero, en este caso, sólo en calidad de testigos. No esta- mos de acuerdo en la participa- ción de Elías Osorio. Planteamos que es necesa- rio el castigo a los responsables de las agresiones del 26 de noviembre y del 14 de enero, a quienes las realizaron material- mente y a quienes las ordenaron. Exigimos indemnización a los familiares del compañero Gregorio Sánchez Mercado, asesinado el 14 de enero; el cas- tigo a los responsables de su muerte y que no se fabriquen culpables, como se quiere hacer en el caso de Benjamín Medina Barrera, aunque las autoridades no tienen pruebas reales. Pedimos que se implemen- te un programa de apoyo agro- pecuario y de servicios para resarcir los daños que ha sufrido la comunidad por la represión y por los robos de nopales hechos por la gente de Elías Osorio. En la mesa de diálogo exi- giremos la desaparición de poderes del ayuntamiento y que se forme un Consejo Municipal para convocar a elecciones extraordinarias oficiales, pero respetando las decisiones de la comunidad tomadas y que se tomen por el método de los usos y costumbres. Rebeldía: ¿Hay algo más que quieran agregar? Sí, que el gobierno estatal y federal deben tener claro que nuestro movimiento se mantie- ne aún bajo la represión y la per- secución. Seguimos realizando asambleas con cuando menos 500 personas, y muchas veces con más de 800, y mantenemos la consulta por diversos medios con la gente en los pueblos y barrios para tomarla en cuenta aún cuando no pueden ir a esas asambleas. Necesitamos y valo- ramos la solidaridad de todos, pero sabemos que la fuerza del movimiento es el respaldo de la comunidad. Alos compañeros y organi- zaciones que quieran apoyarnos de algún modo, que tengan pre- guntas o tengan opiniones que quieran darnos o que, al revés, nos quieran contar de sus expe- riencias o problemas, les pedi- mos que se comuniquen a los siguientes correos electrónicos: conpopautonomo@hotmail.com tlanepalntlautonoma@yahoo. com.mx, o bien que consulten nuestra página de Internet en la dirección: htttp://.www.laneta. apc.org/tlalnepanlta/
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    57 Hace dos décadas,dio inicio un gran proyecto neoliberal: con democracia y mercado, Haití debía convertirse en el “Taiwán del Caribe”. Para ello, se precisó de la intervención militar de Estados Unidos y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; de la concurrencia de asesores del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la agencia norteamericana USAID, entre otros organismos; de promesas de ayuda económi- ca, así como de pactos y proyec- tos políticos. Desde entonces, todas las acciones del poder han tenido el las perlas del neoliberalismo H a i t í Dos carascaras en la intervención Guadalupe Tepeyac en el exilio, Chiapas, 1996 ENIAC MARTÍNEZ Construcción de Guadalupe Tepeyac en el exilio, Chiapas, 1996 ENIAC MARTÍNEZ
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    lasperlasdelneoliberalismo mismo sello. Enel Pentágono, llamaron a la invasión de Haití “Uphold Democracy” y local- mente la propaganda oficial anuncia que las políticas neoli- berales son en beneficio de la “sociedad civil”. Por su parte, el Departamento de Estado diseñó un programa llamado “Demo- cracy Enhanced”, destinado a financiar al espectro de la clase política. Otras agencias esta- dounidenses, como Internatio- nal Republican Institute, el National Endowment for Demo- cracy, Haiti Democracy Project y la Cámara Americana de Comercio, también han propor- cionado financiamiento a los grupos políticos de Haití. Así, primero, Jean Bertrand Aristide aceptó un programa económico neoliberal como con- dición de Estados Unidos para ser reinstalado en el gobierno y, más tarde, también con apoyo de Washington, nació la unión opositora de centro, derecha e izquierda haitiana, que adoptó el nombre de “Convergencia Democrática”. En diciembre del año 2002, también surgió el Grupo de los 184, una coalición orquestada con la intervención directa de James Morrell, ex- oficial del Departamento de Estado que encabeza Haiti Democracy Project. En ese gran proyecto neoliberal y contrainsurgente, sin embargo, no todo ha funcionado según lo previsto. En 1997, por ejemplo, sólo el 5 por ciento de los electo- res haitianos acudió a votar y, desde entonces, los analistas del Pentágonosequejan.Unprofesor del Instituto de Estudios Estraté- gicos escribió en aquel año que “los americanos han moderniza- do cualquier cosa, excepto Haití y los haitianos”… que siguen siendo rebeldes. De cualquier modo, en Washington no se considera que todo esté perdido. El proyecto Democracy Enhancement se aplica también en países como El Salvador, Nicaragua o Colombia. ¿Pensarán crear uno, dos, tres, muchos Taiwanes? Al término de la II Guerra Mun- dial, en Alemania, como tam- bién en la ciudad de Kuwait, durante la Guerra del Golfo Pér- sico, eran pocas las organizacio- nes civiles presentes en el teatro de operaciones. El ejército era la única organización en condicio- nes operativas. Por el contrario, en Haití los elementos militares fueron en realidad los últimos en llegar al escenario. Una diversidad de organizaciones de la ONU, la Agencia para el Desarrollo Internacional, y otras organiza- ciones llevaban ya mucho tiem- po en el terreno cuando llegaron las fuerzas armadas estadouni- denses. Desde varios años antes, las organizaciones privadas con- ducían operaciones en el país. (Margaret Daly Hays y contraal- mirante Gary F. Weatley, Inter- agency and Political-Military Dimensions of Peace Opera- tions: Haiti. A Case Study). Bajo los apremios de la Casa Blanca, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mun- dial, hace dos décadas, el Estado haitiano inició el programa ace- lerado de “liberalización del comercio”. El impuesto a las importaciones de arroz —cultivo básico del país— se redujo del 50 al 3 por ciento. En consecuencia, más de la mitad del arroz que se 58 Bases de apoyo zapatistas, Chiapas, agosto de 1996 ELSA MEDINA
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    59 consume en Haitíse compra hoy en Estados Unidos, la produc- ción interna está en quiebra y la pobreza se ha agravado. En Jamaica sucedió algo semejante con la producción de leche, sólo que las compañías que se beneficiaron son nativas de la Unión Europea. Entre 1996 y 2000, Ghana aumentó tres veces su producción de cocoa, pero obtuvo ingresos tres veces meno- res. Por cada dólar de “ayuda extranjera”, los países pobres pierden dos dólares en el robo del “comercio liberal”, explicó un organismo canadiense. En cierto modo, se puede decir que Haití es la estrella del neoliberalismo. Allí, el desem- pleo es superior al 70 por ciento, más de la mitad de los niños están severamente desnutridos, la mortalidad infantil y materna son las más altas del hemisferio, la población rural vive en condi- ciones apenas imaginables de pobreza y emigra. Uno de los videojuegos más vendidos actualmente en Esta- dos Unidos trata de un narcotra- ficante que se propone recuperar el dinero y la droga que perdió en una transacción. “Vas a encontrar a los que nos quitaron nuestra cocaína y los vas a matar”, dice la voz que invita a dar inicio en cada partida. Entre las distintas opciones, el jugador puede disparar sobre personas, golpearlas con bates de béisbol, cortarlas con machete en rodajas o las puede arrollar. También puede recoger a una prostituta y tener relaciones sexuales con ella en la parte trasera de un coche robado, luego, la puede asesinar a golpes. El jugador obtiene puntos extra, para ser ganador, matando haitianos. A finales del 2003, la com- pañía neoyorkina que produjo el “juego infantil” había vendido 11 millones de copias. Tras una demanda judicial de organiza- ciones haitianas, Rockstar Games anunció que no lanzaría nuevas versiones del videojuego. “La sociedad norteameri- cana es racista, aun si existen leyes anti-racistas”, declaró un ministro religioso de Nueva York. “Se funda en una antigua sociedad de propietarios de esclavos que ha dejado su huella y hay gente que cree que puede hacer dinero con el racismo”… (The Guardian) El FMI nos exigió reducir el tamaño del Estado en 50 por ciento, manifestó un economista haitiano. Sin embargo, sólo tenemos 49 mil empleados esta- tales para una población de siete millones de habitantes. Compa- re con la República Dominica- na: con la misma población, ellos tienen 400 mil. Fuera de la capital, Puerto Príncipe, podría decirse que el Estado no existe. Apenas hay unos pocos hospitales y escue- las. En Haití, el Estado ha sido una fuerza presente sólo por su terror. En esas condiciones, agregó, apoyar al sector privado significa apoyar a diez o quince familias que controlan gran parte de la economía. Ese sector privado no invierte en el país, sólo se encarga del pillaje y la especulación. Ellos compran café en Haití, lo venden en algún lugar, y ponen el dinero en un banco extranjero (la familia del dictador, Papá Doc, amasó una fortuna de 900 millones de dóla- res que conserva en Suiza). Por su parte, los políticos hablan de austeridad, pero hay gente en el gobierno que gana de 10 a 15 mil dólares al mes. Usualmente —concluye— des- pués que estas personas salen de los ministerios se convierten en asesores del Banco Mundial o del FMI y ganan elevados suel- dos por el resto de su vida… como Zedillo y Salinas. A pesar de la oposición de cam- pesinos, el gobierno de Haití estableció una zona de libre comercio en la frontera con la República Dominicana, para favorecer el establecimiento de talleres de maquila. “Aunque sean salarios malos, eso es mejor que nada”, declaró el ministro de Economía. “Esos que nos critican, mejor deberían de buscar dónde poner a trabajar a unos cuantos pobres”, agregó. En la empresa Gilanex, un trabajador a destajo que cose ropa Disney para niño, gana poco más de dos dólares al día, menos de lo que cuesta la comida fami- liar de arroz con frijoles y pan. En 1997, otro contratista de Disney salió de Haití a causa de la protesta de los trabajadores por los bajos salarios. El taller de maquila se estableció entonces en Ciudad Acuña, México, para producir la ropa Hércules, Rey León y 101 Dálmatas. Dicen que éste es un “país maravilloso”. las perlas del neoliberalismo
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    lasperlasdelneoliberalismo Parece que hubieraun principio en el proyecto neoliberal: alejar a la mayor cantidad de gente de la política y, a la vez, dar “realce a la democracia” con armas y dinero. Un haitiano lo expone así: El punto de vista estadouni- dense es que “si los dejamos a su propia decisión, vendría la anar- quía total”. Los poderosos llega- ron a esa conclusión porque a la caída de la dictadura de Duva- lier se desplegó un fuerte movi- miento popular en Haití, que se orientó hacia una democracia radical. Un movimiento en el que la gente pudo participar realmente, un movimiento que no se basaba en la práctica usual de que unos cuantos políticos toman las decisiones del país, mientras todos los demás se mantienen como espectadores. Tenemos muchas manifes- taciones concretas de lo que esto significa. Tras la caída de Duva- lier, en muchos lugares del país, la población creó tribunales populares para enjuiciar a los Tonton Macoutes y duvalieris- tas. Esta práctica fue muy acti- va, pero no encajaba en el concepto estadounidense de la democracia. El enfoque nortea- mericano es crear una “demo- cracia” sin la participación de la gente. Suponen que la gente no sabe cómo gobernarse a sí misma. Su idea es construir una “democracia” que saque al pue- blo del escenario político. El golpe de Estado de 1991 tuvo un rol significativo para al- canzar ese objetivo: asesinando, destruyendo la organización po- pular, dando el estatuto de resi- dentes en Estados Unidos a líderes de las organizaciones populares. Durante el golpe, co- mo forma de decapitar al movi- miento popular, las agencias de Estados Unidos hicieron entre- vistas con mucha gente; cerca de 12 mil luchadores destacados de las organizaciones populares fueron sacados de Haití y se les dio el estatuto de residencia per- manente en Estados Unidos. Este es un aspecto impor- tante de la crisis política que se manifiesta desde el año de 1997. Los organismos internacionales trataron de imponer institucio- nes moldeadas, sin la participa- ción de la gente. Así, se produjo una gran brecha entre la dinámi- ca de ese movimiento popular y las nuevas instituciones que los organismos internacionales han tratado de imponer. Un gigantesco muro está siendo construido en el Tercer Mundo para ocultar la realidad de las mayorías pobres. Se construye un muro entre ricos y pobres para que la pobreza no moleste a los pode- rosos, así los pobres son obliga- dos a morir en el silencio de la historia. La desinformación es el muro para distorsionar lo que pasa en el Tercer Mundo. (Noam Chomsky, Democracy Enhancement). 60 Bases de apoyo zapatistas, Chiapas, agosto de 1996 ELSA MEDINA