El salmo pide a Dios que no se quede callado ante las amenazas de los enemigos de Israel y que manifieste su poder derrotándolos, como hizo en el pasado. Aunque los enemigos mencionados pertenecen a épocas diversas, representan simbólicamente la constante oposición de los paganos contra el pueblo de Dios. El salmista expresa su confianza en que Dios cumplirá su plan de llevar la salvación a toda la tierra a través de su Iglesia.