El documento analiza cómo ciertas narraciones bíblicas atribuyen la responsabilidad de actos crueles a Dios, en lugar de a los verdaderos responsables, como Satanás o el propio corazón humano. Se presentan ejemplos de figuras bíblicas, como Job, Moisés y Abraham, donde se sugiere que se limpia el nombre de Dios al presentar estas historias, pero en realidad reflejan falacias sobre Su carácter. En última instancia, se argumenta que Dios es completamente bueno y no se contradice en Sus propósitos, enfatizando que la muerte y la destrucción son acciones atribuidas a Satanás y no a Él.