Lectura "La conquista de Hispania y el Reino Visigodo"



   La Segunda Guerra Púnica (218-202 a. C.), entre Roma y
   Cartago, dio ocasión a los romanos para intervenir en España, de
   donde expulsaron a los cartaginenses (205 a. C.). La conquista
   total de España por los romanos no se llevó a cabo hasta el año 19
   a. C., en que se somete a los cántabros y astures. Comenzaron por
   la ocupación del alto valle del Betis (Guadalquivir); fundaron
   Itálica -actual Santiponce, cerca de Sevilla-. De hecho, el Senado
   Romano consideraba a Hispania como una parte del Imperio
   Romano y, de derecho, se establecen (197 a. C.) dos provincias:
   Hispania Citerior e Hispania Ulterior.
                   Mapa de la Hispania de los Bárbaros
   Roma tuvo que hacer frente a las rebeliones de ilergetes,
   jacetanos, ausetanos y turdetanos, vencidos por Catón.
   Paralelamente se desarrollan las guerras celtibérica (153-133 a.
   C.) y lusitana (154-138 a. C.), esta última dirigida por Viriato
   contra Roma. Desde la caída de Numancia -en la proximidad de
   Soria- en 133 a. C. hasta la sublevación de Sertorio (82 a. C.), los
   romanos se dedicaron a organizar la administración de la
   Península Ibérica y a explotar sus riquezas naturales.


   Constituido el Segundo Triunvirato en Roma y eliminado de él
   Lépido, Octavio y Marco Antonio se repartieron las provincias
   romanas, correspondiendo las de la Península Ibérica a Octavio.
   Dueño éste de los destinos de Roma, después del suicidio de
   Marco Antonio, tuvo que hacer frente a la rebelión de los
   cántabros y astures (29-19 a. C.), cuyo fin señala la total
   pacificación y dominio de la Península Ibérica por los romanos.
   En el año 27 a. C., Hispania Ulterior fue dividida en Lusitania y
   Bética; la Citerior recibió en nombre de Tarraconensis. Más
   importante y duradera fue la división de Diocleciano (293 p. C.),
   por la que la Hispania -que formaba parte de la Prefectura de Las
   Galias- quedó dividida en las siguientes provincias: Bética,
   Lusitania, Gallaecia, Tarraconensis, Carthaginensis y Tingitania, a
la que se agregó la denominada Insulae Baleares. La
romanización de Hispania se llevó a cabo principalmente durante
el Imperio, es decir, desde el año 19 a. C. y se completó, por
influencia del Cristianismo, entre los siglos II y IV de nuestra Era.


Desde el año 409, los suevos, alanos y vándalos ocupaban buena
parte de la Península Ibérica. Los suevos, establecidos en Galicia,
mantuvieron su independencia durante siglo y medio (411-585). A
la caída del Imperio Romano de Occidente (476), el Reino
Visigodo quedó libre del pacto con Roma, adquiriendo plena
soberanía. Pero este reino no era netamente ibérico, sino
galohispano -pues la corte residía unas veces en Tolosa
(Toulouse) y otras en Burdeos o Arlés- hasta que dejó de existir el
llamado Reino Visigodo de Tolosa, a causa de la victoria de los
francos sobre los visigodos en Vouillé (507). Entonces el centro
político del Reino Visigodo se traslada a la Península Ibérica y la
capital se establece en Toledo. Leovigildo (573-586) intentó la
unidad territorial de la Península, luchando contra los bizantinos
-Imperio Romano de Oriente-, que se asentaban en la Bética, y
venciendo a los suevos, cuyo reino quedó convertido en una
provincia visigoda. Recaredo (586-601) realizó la unidad
religiosa, convirtiéndose él y obligando a hacerlo a su pueblo del
arrianismo al catolicismo. Con Wamba (672-680), la monarquía
visigoda alcanzó su mayor esplendor. En la batalla de Guadalete
o de La Janda (711) es derrotado el rey Rodrigo por los
beréberes, a causa de la traición de los seguidores de Vitiza, con
lo que desaparece la monarquía visigoda hispana.

Sin título 1 jj

  • 1.
    Lectura "La conquistade Hispania y el Reino Visigodo" La Segunda Guerra Púnica (218-202 a. C.), entre Roma y Cartago, dio ocasión a los romanos para intervenir en España, de donde expulsaron a los cartaginenses (205 a. C.). La conquista total de España por los romanos no se llevó a cabo hasta el año 19 a. C., en que se somete a los cántabros y astures. Comenzaron por la ocupación del alto valle del Betis (Guadalquivir); fundaron Itálica -actual Santiponce, cerca de Sevilla-. De hecho, el Senado Romano consideraba a Hispania como una parte del Imperio Romano y, de derecho, se establecen (197 a. C.) dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior. Mapa de la Hispania de los Bárbaros Roma tuvo que hacer frente a las rebeliones de ilergetes, jacetanos, ausetanos y turdetanos, vencidos por Catón. Paralelamente se desarrollan las guerras celtibérica (153-133 a. C.) y lusitana (154-138 a. C.), esta última dirigida por Viriato contra Roma. Desde la caída de Numancia -en la proximidad de Soria- en 133 a. C. hasta la sublevación de Sertorio (82 a. C.), los romanos se dedicaron a organizar la administración de la Península Ibérica y a explotar sus riquezas naturales. Constituido el Segundo Triunvirato en Roma y eliminado de él Lépido, Octavio y Marco Antonio se repartieron las provincias romanas, correspondiendo las de la Península Ibérica a Octavio. Dueño éste de los destinos de Roma, después del suicidio de Marco Antonio, tuvo que hacer frente a la rebelión de los cántabros y astures (29-19 a. C.), cuyo fin señala la total pacificación y dominio de la Península Ibérica por los romanos. En el año 27 a. C., Hispania Ulterior fue dividida en Lusitania y Bética; la Citerior recibió en nombre de Tarraconensis. Más importante y duradera fue la división de Diocleciano (293 p. C.), por la que la Hispania -que formaba parte de la Prefectura de Las Galias- quedó dividida en las siguientes provincias: Bética, Lusitania, Gallaecia, Tarraconensis, Carthaginensis y Tingitania, a
  • 2.
    la que seagregó la denominada Insulae Baleares. La romanización de Hispania se llevó a cabo principalmente durante el Imperio, es decir, desde el año 19 a. C. y se completó, por influencia del Cristianismo, entre los siglos II y IV de nuestra Era. Desde el año 409, los suevos, alanos y vándalos ocupaban buena parte de la Península Ibérica. Los suevos, establecidos en Galicia, mantuvieron su independencia durante siglo y medio (411-585). A la caída del Imperio Romano de Occidente (476), el Reino Visigodo quedó libre del pacto con Roma, adquiriendo plena soberanía. Pero este reino no era netamente ibérico, sino galohispano -pues la corte residía unas veces en Tolosa (Toulouse) y otras en Burdeos o Arlés- hasta que dejó de existir el llamado Reino Visigodo de Tolosa, a causa de la victoria de los francos sobre los visigodos en Vouillé (507). Entonces el centro político del Reino Visigodo se traslada a la Península Ibérica y la capital se establece en Toledo. Leovigildo (573-586) intentó la unidad territorial de la Península, luchando contra los bizantinos -Imperio Romano de Oriente-, que se asentaban en la Bética, y venciendo a los suevos, cuyo reino quedó convertido en una provincia visigoda. Recaredo (586-601) realizó la unidad religiosa, convirtiéndose él y obligando a hacerlo a su pueblo del arrianismo al catolicismo. Con Wamba (672-680), la monarquía visigoda alcanzó su mayor esplendor. En la batalla de Guadalete o de La Janda (711) es derrotado el rey Rodrigo por los beréberes, a causa de la traición de los seguidores de Vitiza, con lo que desaparece la monarquía visigoda hispana.