LUIS DE GÓNGORA
ÍNDICE
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Indice
- Pag 1:Portada y Índice
-Pag 2,3,4:Biografía
-Pag 5,6 y 7:Obras
-Pag 8: Influencia
-Pag 9 :Bibliografía
.
  
Biografía.
Luis de Góngora y Argote nació en
Córdoba en 1561 y murió en su ciudad
natal en 1627. Su padre era juez.La
madre de Góngora pertenecía a ilustre
familia cordobesa, al igual que su
esposo. Góngora antepuso el apellido
de su madre al de su padre.Estudió
Cánones en Salamanca entre 1576 y
1580, pero no llegó a graduarse.Recibió
hasta las órdenes menores. Más tarde
su tío le cedió el cargo de racionero de
la catedral de Córdoba, y Góngora
recibió las órdenes mayores.Ya era
conocido como poeta, en tertulias
literarias de Madrid ya se leen
composiciones suyas. En su juventud
ya era bastante famoso puesto que
Cervantes habla de él cuando Góngora
sólo tiene 24 años.
  
En 1617 consigue entrar en la Corte, gracias al favor del primer ministro, el
duque de Lerma. Luego es nombrado capellán de su Majestad, por lo que se
ordena sacerdote a los cincuenta y cinco años. La falta de vocación religiosa
del poeta fue evidente a lo largo de toda su vida y se mostró en su pasión por
las mujeres.A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni
la religión ni el amor ocupan un lugar importante en su vida o en su poesía.
Estaba dominado sólo por el sentimiento de la belleza; el amor y la naturaleza,
asuntos de los que trató con perfecto dominio, más que sentimientos en él
aparecen como pretextos para la creación poética.a muerte de Felipe III, rey de
España y Portugal (1598-1621), y sus deudas en la Corte por su afición al
juego, agravaron su situación, por lo que a la caída de Lerma se verá obligado
a buscar la sombra y el favor del omnipotente conde-duque de Olivares, quien
dirigió la política de la Monarquía Hispánica durante veinte de los años del
reinado de Felipe IV (1621-1665), concretamente desde 1623 hasta 1643.
  
Son años difíciles: el Conde-Duque lo entretiene con promesas que nunca se
materializan, lo amenazan con embargos, alguien (Quevedo según el anecdotario)
compra su casa y le obliga a desalojarla.
Enfermo y sin recursos, intenta publicar sus poemas, dispersos hasta la fecha, pero no
lo consigue. Una mejoría de la enfermedad le permite volver a Córdoba en 1626. Allí
comenzó a tener desvanecimientos y dolores de cabeza y muere a los sesenta y seis
años, víctima de una apoplejía.Toda su vida se concentró en su actividad literaria:
polémicas, amistades, enemistades literarias. Por el carácter innovador de su poesía,
Góngora tuvo en vida defensores apasionados y críticos implacables. Los “mejores”
enemigos fueron Quevedo y Lope de Vega. Lope admiraba a Góngora, pero éste le
despreciaba. Góngora dominó a Lope, pero no fue así con Quevedo: la antipatía entre
Góngora y Quevedo fue menos literaria y más profundamente personal. Ambos tenían
un temperamento agresivo, retorcido e inclinado a la mordacidad. El agudo ingenio de
Góngora para la sátira se estrellaba ante la ilimitada capacidad de Quevedo para la
caricatura, por ejemplo con su alusión a la supuesta ascendencia judía de Góngora: “Yo
te untaré mis versos con tocino porque no me los muerdas, Gongorilla”.
Góngora tuvo como partidarios al conde de Villamediana y a los humanistas Pedro de
Valencia y fray Hortensio de Paravicino. Góngora era cabeza del estilo literario conocido
por culteranismo, un término que poseyó en su origen carácter burlesco, formado a
partir de la palabra culto y que, de hecho, supone la fase final de la evolución de la
poesía renacentista española, instaurada por Garcilaso de la Vega.
  
Obras.
Aunque Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó),
éstas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron
y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías publicados con su
permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito
Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el Conde-
Duque de Olivares), ya que contiene aclaraciones del propio Góngora y la
cronología de cada poema; pero este manuscrito, habida cuenta del alto
personaje al que va destinado, prescinde de las obras satíricas y vulgares. El
mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso
del Homero español que se considera también muy fiable e importante en la
fijación del corpus gongorino; sus atribuciones suelen ser certeras; aun así, fue
recogida por la Inquisición y después superada por la de Gonzalo de Hoces en
1633.4 Por otra parte, las obras de Góngora, como anteriormente las de Juan
de Mena y Garcilaso de la Vega, gozaron el honor de ser ampliamente
glosadas y comentadas por personajes de la talla de Díaz de Rivas, Pellicer,
Salcedo Coronel, Salazar Mardones, Pedro de Valencia y otros.
  
Aunque en sus obras iniciales ya encontramos el típico conceptismo del
barroco, Góngora, cuyo talante era el de un esteta descontentadizo («el mayor
fiscal de mis obras soy yo», solía decir), quedó inconforme y decidió intentar
según sus propias palabras «hacer algo no para muchos» e intensificar aún
más la retórica y la imitación de la poesía latina clásica introduciendo
numerosos cultismos y una sintaxis basada en el hipérbaton y en la simetría;
igualmente estuvo muy atento a la sonoridad del verso, que cuidaba como un
auténtico músico de la palabra; era un gran pintor de los oídos y llenaba
epicúreamente sus versos de matices sensoriales de color, sonido y tacto. Es
más, mediante lo que Dámaso Alonso, uno de sus principales estudiosos,
llamó elusiones y alusiones, convirtió cada uno de sus poemas últimos
menores y mayores en un oscuro ejercicio para mentes despiertas y eruditas,
como una especie de adivinanza o emblema intelectual que causa placer en su
desciframiento. Es la estética barroca que se llamó en su honor gongorismo o,
con palabra que ha hecho mejor fortuna y que tuvo en su origen un valor
despectivo por su analogía con el vocablo luteranismo, Culteranismo, ya que
sus adversarios consideraban a los poetas culteranos unos auténticos herejes
de la poesía.
  
La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido
tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el
«Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como
poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados
unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las
Tinieblas», en que a partir de 1610, en que compone la oda A la toma
de Larache se vuelve autor de poemas oscuros e ininteligibles. Hasta
época romántica esta parte de su obra fue duramente criticada e incluso
censurada por el mismo neoclásico Ignacio de Luzán. Esta teoría fue
rebatida por Dámaso Alonso, quien demostró que la complicación y la
oscuridad ya están presentes en su primera época y que como fruto de
una natural evolución llegó a los osados extremos que tanto se le han
reprochado. En romances como la Fábula de Píramo y Tisbe y en
algunas letrillas aparecen juegos de palabras, alusiones, conceptos y
una sintaxis latinizante, si bien estas dificultades aparecen
enmascaradas por la brevedad de sus versos, su musicalidad y ritmo y
por el uso de formas y temas tradicionales.
  
Influencia
Góngora fue muy mal entendido por la crítica. Su estilo suscitó inmediatamente
la oposición. El humanista Francisco Calcals (1564-1642) cuando leyó las
Soledades afirmó que el príncipe de la luz —refiriéndose al poeta de las
letrillas— se había mutado en el príncipe de las tinieblas. Una actitud que se
prolongaría hasta finales del siglo XIX, cuando algunos simbolistas franceses,
en especial Verlaine, y los poetas modernistas de habla española, inician la
valoración del gongorismo. Una valoración que culmina en 1927, año del
centenario de su muerte, cuando una nueva generación de poetas españoles,
Jorge Guillén, Pedro Salinas, García Lorca, Alberti, le aclaman como a uno de
sus maestros, y Dámaso Alonso, poeta también, publica su edición crítica de
las Soledades, a la que siguen algunos estudios definitivos para la
comprensión de Góngora. Véase también Generación del 27.
  
Bibliografía
-www.wikillerato.org
-hispanoteca.eu
-es.wikipedia.org
-centros2.pntic.mec.es
  
Bibliografía
-www.wikillerato.org
-hispanoteca.eu
-es.wikipedia.org
-centros2.pntic.mec.es

Góngora

  • 1.
       LUIS DE GÓNGORA ÍNDICE  Indice - Pag 1:Portaday Índice -Pag 2,3,4:Biografía -Pag 5,6 y 7:Obras -Pag 8: Influencia -Pag 9 :Bibliografía .
  • 2.
       Biografía. Luis de Góngoray Argote nació en Córdoba en 1561 y murió en su ciudad natal en 1627. Su padre era juez.La madre de Góngora pertenecía a ilustre familia cordobesa, al igual que su esposo. Góngora antepuso el apellido de su madre al de su padre.Estudió Cánones en Salamanca entre 1576 y 1580, pero no llegó a graduarse.Recibió hasta las órdenes menores. Más tarde su tío le cedió el cargo de racionero de la catedral de Córdoba, y Góngora recibió las órdenes mayores.Ya era conocido como poeta, en tertulias literarias de Madrid ya se leen composiciones suyas. En su juventud ya era bastante famoso puesto que Cervantes habla de él cuando Góngora sólo tiene 24 años.
  • 3.
       En 1617 consigueentrar en la Corte, gracias al favor del primer ministro, el duque de Lerma. Luego es nombrado capellán de su Majestad, por lo que se ordena sacerdote a los cincuenta y cinco años. La falta de vocación religiosa del poeta fue evidente a lo largo de toda su vida y se mostró en su pasión por las mujeres.A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni la religión ni el amor ocupan un lugar importante en su vida o en su poesía. Estaba dominado sólo por el sentimiento de la belleza; el amor y la naturaleza, asuntos de los que trató con perfecto dominio, más que sentimientos en él aparecen como pretextos para la creación poética.a muerte de Felipe III, rey de España y Portugal (1598-1621), y sus deudas en la Corte por su afición al juego, agravaron su situación, por lo que a la caída de Lerma se verá obligado a buscar la sombra y el favor del omnipotente conde-duque de Olivares, quien dirigió la política de la Monarquía Hispánica durante veinte de los años del reinado de Felipe IV (1621-1665), concretamente desde 1623 hasta 1643.
  • 4.
       Son años difíciles:el Conde-Duque lo entretiene con promesas que nunca se materializan, lo amenazan con embargos, alguien (Quevedo según el anecdotario) compra su casa y le obliga a desalojarla. Enfermo y sin recursos, intenta publicar sus poemas, dispersos hasta la fecha, pero no lo consigue. Una mejoría de la enfermedad le permite volver a Córdoba en 1626. Allí comenzó a tener desvanecimientos y dolores de cabeza y muere a los sesenta y seis años, víctima de una apoplejía.Toda su vida se concentró en su actividad literaria: polémicas, amistades, enemistades literarias. Por el carácter innovador de su poesía, Góngora tuvo en vida defensores apasionados y críticos implacables. Los “mejores” enemigos fueron Quevedo y Lope de Vega. Lope admiraba a Góngora, pero éste le despreciaba. Góngora dominó a Lope, pero no fue así con Quevedo: la antipatía entre Góngora y Quevedo fue menos literaria y más profundamente personal. Ambos tenían un temperamento agresivo, retorcido e inclinado a la mordacidad. El agudo ingenio de Góngora para la sátira se estrellaba ante la ilimitada capacidad de Quevedo para la caricatura, por ejemplo con su alusión a la supuesta ascendencia judía de Góngora: “Yo te untaré mis versos con tocino porque no me los muerdas, Gongorilla”. Góngora tuvo como partidarios al conde de Villamediana y a los humanistas Pedro de Valencia y fray Hortensio de Paravicino. Góngora era cabeza del estilo literario conocido por culteranismo, un término que poseyó en su origen carácter burlesco, formado a partir de la palabra culto y que, de hecho, supone la fase final de la evolución de la poesía renacentista española, instaurada por Garcilaso de la Vega.
  • 5.
       Obras. Aunque Góngora nopublicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó), éstas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el Conde- Duque de Olivares), ya que contiene aclaraciones del propio Góngora y la cronología de cada poema; pero este manuscrito, habida cuenta del alto personaje al que va destinado, prescinde de las obras satíricas y vulgares. El mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español que se considera también muy fiable e importante en la fijación del corpus gongorino; sus atribuciones suelen ser certeras; aun así, fue recogida por la Inquisición y después superada por la de Gonzalo de Hoces en 1633.4 Por otra parte, las obras de Góngora, como anteriormente las de Juan de Mena y Garcilaso de la Vega, gozaron el honor de ser ampliamente glosadas y comentadas por personajes de la talla de Díaz de Rivas, Pellicer, Salcedo Coronel, Salazar Mardones, Pedro de Valencia y otros.
  • 6.
       Aunque en susobras iniciales ya encontramos el típico conceptismo del barroco, Góngora, cuyo talante era el de un esteta descontentadizo («el mayor fiscal de mis obras soy yo», solía decir), quedó inconforme y decidió intentar según sus propias palabras «hacer algo no para muchos» e intensificar aún más la retórica y la imitación de la poesía latina clásica introduciendo numerosos cultismos y una sintaxis basada en el hipérbaton y en la simetría; igualmente estuvo muy atento a la sonoridad del verso, que cuidaba como un auténtico músico de la palabra; era un gran pintor de los oídos y llenaba epicúreamente sus versos de matices sensoriales de color, sonido y tacto. Es más, mediante lo que Dámaso Alonso, uno de sus principales estudiosos, llamó elusiones y alusiones, convirtió cada uno de sus poemas últimos menores y mayores en un oscuro ejercicio para mentes despiertas y eruditas, como una especie de adivinanza o emblema intelectual que causa placer en su desciframiento. Es la estética barroca que se llamó en su honor gongorismo o, con palabra que ha hecho mejor fortuna y que tuvo en su origen un valor despectivo por su analogía con el vocablo luteranismo, Culteranismo, ya que sus adversarios consideraban a los poetas culteranos unos auténticos herejes de la poesía.
  • 7.
       La crítica desdeMarcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las Tinieblas», en que a partir de 1610, en que compone la oda A la toma de Larache se vuelve autor de poemas oscuros e ininteligibles. Hasta época romántica esta parte de su obra fue duramente criticada e incluso censurada por el mismo neoclásico Ignacio de Luzán. Esta teoría fue rebatida por Dámaso Alonso, quien demostró que la complicación y la oscuridad ya están presentes en su primera época y que como fruto de una natural evolución llegó a los osados extremos que tanto se le han reprochado. En romances como la Fábula de Píramo y Tisbe y en algunas letrillas aparecen juegos de palabras, alusiones, conceptos y una sintaxis latinizante, si bien estas dificultades aparecen enmascaradas por la brevedad de sus versos, su musicalidad y ritmo y por el uso de formas y temas tradicionales.
  • 8.
       Influencia Góngora fue muymal entendido por la crítica. Su estilo suscitó inmediatamente la oposición. El humanista Francisco Calcals (1564-1642) cuando leyó las Soledades afirmó que el príncipe de la luz —refiriéndose al poeta de las letrillas— se había mutado en el príncipe de las tinieblas. Una actitud que se prolongaría hasta finales del siglo XIX, cuando algunos simbolistas franceses, en especial Verlaine, y los poetas modernistas de habla española, inician la valoración del gongorismo. Una valoración que culmina en 1927, año del centenario de su muerte, cuando una nueva generación de poetas españoles, Jorge Guillén, Pedro Salinas, García Lorca, Alberti, le aclaman como a uno de sus maestros, y Dámaso Alonso, poeta también, publica su edición crítica de las Soledades, a la que siguen algunos estudios definitivos para la comprensión de Góngora. Véase también Generación del 27.
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  • 10.