El estructuralismo latinoamericano es una corriente filosófica que surgió en la década de 1950, centrada en el análisis de las estructuras culturales y económicas de la región. Esta escuela, fundamentada por Raúl Prebisch y la CEPAL, propone cambios estructurales en la distribución de tierras, ingresos y comercio para fomentar el desarrollo y aborda la desigualdad entre el 'centro' y la 'periferia' en el contexto de la globalización. Además, se caracteriza por su evolución a través de las escuelas estructuralista, dependendista y neo-estructuralista, que reflexionan sobre el impacto de la globalización en las políticas de desarrollo en América Latina.