El sello de calidad de la Tarta de Santiago ha impulsado su producción, que creció de menos de 19.000 kilos en 2011 a más de 40.000 en 2012. La facturación alcanzó los 500.000 euros en 2012. La producción bajo el sello garantiza que contenga al menos un 33% de almendra, azúcar y huevo, frente a tartas similares de menor calidad y precio. El proceso para obtener el sello duró 7 años y protege la receta tradicional frente a falsificaciones.