1
ARTÍCULO: TIEMPO DE CALIDAD Por Sara Martínez López
En las últimas décadas, y especialmente desde la incorporación de la mujer al mercado
laboral, la mayoría de los padres y madres se agobian haciendo cálculos para poder
conciliar la vida personal, laboral y familiar. Las actividades extraescolares, las jornadas
laborales a tiempo parcial, los abuelos/as,...son algunos de los recursos que se utilizan
para poder hacerlo. Pero esa estresada vida conlleva que los padres no dediquen todo
el tiempo que necesitan sus hijos/as. Y cuando hablo de tiempo, me refiero no sólo a la
cantidad del mismo, sino sobre todo a la calidad de éste. Entendiendo calidad por una
atención educativa adecuada, consciente y responsable.
Cuando estamos con nuestros hijos, es necesario que les prestemos atención con
todos nuestros sentidos, dejándonos llevar, escuchándoles, sintiéndoles, para así
percibir lo que les hace falta en cada momento. Los niños necesitan que cuando
estemos con ellos estemos en el presente, en el aquí y ahora, entregándoles lo mejor
de nosotros. Porque en muchas ocasiones estamos con ellos pero en realidad estamos
ausentes con nuestras historias de trabajo, personales, etc.
Muchas veces los comportamientos inadecuados de un niño, como pueden ser las
rabietas, o cualquier otro problema de comportamiento, simplemente se deben a que
sus educadores no le están dedicando el tiempo de calidad suficiente.
Pero ¿Cómo conseguimos que nuestro tiempo con ellos sea de calidad? Lo primero
que debemos aprender es a ser conscientes de cómo nos sentimos en cada momento.
Pues si estamos enfadados, estresados, preocupados etc., estaremos cargando a
nuestro hijo/a con nuestras historias. Por lo tanto, antes de estar con nuestros hijos es
importante resolver nuestros problemas como adultos, pues de lo contrario, en cierta
manera estaremos utilizándolos de forma terapéutica, para sentirnos mejor, y esto
siempre trae consecuencias negativas para ellos. Otra consecuencia de estar con
nuestros hijos cuando estamos en un estado negativo es que nuestra acción educativa
estará impregnada de este estado, no seremos objetivos y por ejemplo nos molestaran
2
actitudes normales de niños, perderemos la paciencia, proyectaremos expectativas…
en definitiva no les dejaremos ser.
Si no sabemos resolver el problema que nos crea el malestar es bueno descargar con
algún tipo de ejercicio físico o escribiendo lo que nos pasa para poder mejorar nuestro
estado de ánimo. El objetivo es estar lo más neutros posible para que la atención sea
de calidad.
Después simplemente se trata de establecer el espacio “voy a estar con mi hijo la
próxima media hora” y no atiendo a nada más. Quizás haya que hacer un esfuerzo en
la organización de nuestro día a día, en priorizar lo que importa de verdad y lo que no.
Como forma orientativa de evaluar si el tiempo que prestan a sus hijos es de calidad,
pueden reflexionar con las siguientes preguntas: ¿Juega con sus hijos a menudo?
¿Cuando está jugando con ellos está pensando en otras cosas, como en el trabajo o en
qué tiene que hacer cuando llegue a casa? ¿Dedica todos los días un tiempo a saber
cómo está su hijo, cómo se siente, cómo le ha ido el día? ¿Cuando su hijo habla con
usted de cualquier tema le escucha atentamente? ¿Le escucha sin infravalorarlo, sin
juzgarlo por el hecho de ser un niño? etc.
Sé que es complicado por las circunstancias laborales-personales de cada uno,
dedicarles más cantidad de tiempo a los niños (aunque eso no quita que siempre se
debe intentar pasar el mayor posible con ellos) Pero no hay excusas para que el tiempo
que les dedicamos, mayor o menor, sea de CALIDAD.
Los niños nos fijan al presente, al aquí y ahora. Su estado es como una herramienta de
medición de cómo estamos nosotros. Si les atendemos de forma consciente no sólo
mejoraremos nuestra relación con ellos y su desarrollo madurativo sino que podremos
descubrir cómo mejorarnos a nosotros mismos y dar lo mejor como padres.
Sara Martínez López, Ésser Orientación educativa
www.esserorienta.es

Tiempo de calidad

  • 1.
    1 ARTÍCULO: TIEMPO DECALIDAD Por Sara Martínez López En las últimas décadas, y especialmente desde la incorporación de la mujer al mercado laboral, la mayoría de los padres y madres se agobian haciendo cálculos para poder conciliar la vida personal, laboral y familiar. Las actividades extraescolares, las jornadas laborales a tiempo parcial, los abuelos/as,...son algunos de los recursos que se utilizan para poder hacerlo. Pero esa estresada vida conlleva que los padres no dediquen todo el tiempo que necesitan sus hijos/as. Y cuando hablo de tiempo, me refiero no sólo a la cantidad del mismo, sino sobre todo a la calidad de éste. Entendiendo calidad por una atención educativa adecuada, consciente y responsable. Cuando estamos con nuestros hijos, es necesario que les prestemos atención con todos nuestros sentidos, dejándonos llevar, escuchándoles, sintiéndoles, para así percibir lo que les hace falta en cada momento. Los niños necesitan que cuando estemos con ellos estemos en el presente, en el aquí y ahora, entregándoles lo mejor de nosotros. Porque en muchas ocasiones estamos con ellos pero en realidad estamos ausentes con nuestras historias de trabajo, personales, etc. Muchas veces los comportamientos inadecuados de un niño, como pueden ser las rabietas, o cualquier otro problema de comportamiento, simplemente se deben a que sus educadores no le están dedicando el tiempo de calidad suficiente. Pero ¿Cómo conseguimos que nuestro tiempo con ellos sea de calidad? Lo primero que debemos aprender es a ser conscientes de cómo nos sentimos en cada momento. Pues si estamos enfadados, estresados, preocupados etc., estaremos cargando a nuestro hijo/a con nuestras historias. Por lo tanto, antes de estar con nuestros hijos es importante resolver nuestros problemas como adultos, pues de lo contrario, en cierta manera estaremos utilizándolos de forma terapéutica, para sentirnos mejor, y esto siempre trae consecuencias negativas para ellos. Otra consecuencia de estar con nuestros hijos cuando estamos en un estado negativo es que nuestra acción educativa estará impregnada de este estado, no seremos objetivos y por ejemplo nos molestaran
  • 2.
    2 actitudes normales deniños, perderemos la paciencia, proyectaremos expectativas… en definitiva no les dejaremos ser. Si no sabemos resolver el problema que nos crea el malestar es bueno descargar con algún tipo de ejercicio físico o escribiendo lo que nos pasa para poder mejorar nuestro estado de ánimo. El objetivo es estar lo más neutros posible para que la atención sea de calidad. Después simplemente se trata de establecer el espacio “voy a estar con mi hijo la próxima media hora” y no atiendo a nada más. Quizás haya que hacer un esfuerzo en la organización de nuestro día a día, en priorizar lo que importa de verdad y lo que no. Como forma orientativa de evaluar si el tiempo que prestan a sus hijos es de calidad, pueden reflexionar con las siguientes preguntas: ¿Juega con sus hijos a menudo? ¿Cuando está jugando con ellos está pensando en otras cosas, como en el trabajo o en qué tiene que hacer cuando llegue a casa? ¿Dedica todos los días un tiempo a saber cómo está su hijo, cómo se siente, cómo le ha ido el día? ¿Cuando su hijo habla con usted de cualquier tema le escucha atentamente? ¿Le escucha sin infravalorarlo, sin juzgarlo por el hecho de ser un niño? etc. Sé que es complicado por las circunstancias laborales-personales de cada uno, dedicarles más cantidad de tiempo a los niños (aunque eso no quita que siempre se debe intentar pasar el mayor posible con ellos) Pero no hay excusas para que el tiempo que les dedicamos, mayor o menor, sea de CALIDAD. Los niños nos fijan al presente, al aquí y ahora. Su estado es como una herramienta de medición de cómo estamos nosotros. Si les atendemos de forma consciente no sólo mejoraremos nuestra relación con ellos y su desarrollo madurativo sino que podremos descubrir cómo mejorarnos a nosotros mismos y dar lo mejor como padres. Sara Martínez López, Ésser Orientación educativa www.esserorienta.es