Este documento argumenta que la educación artística y visual debería centrarse más en la cultura visual que en el arte, ayudando a los estudiantes a construir sus identidades y comprender el mundo a través de imágenes. Propone que las imágenes no son autosuficientes ni estables, y que la educación artística no debería enfocarse exclusivamente en el análisis formal sino en temas más amplios como la política, la ética y la construcción de la realidad.