LA PALABRA ES VIDA 
Para ti… La vida que nace del Evangelio 
CÁRITAS DIOCESANA DE ALCALÁ DE HENARES 
XXXII Domingo Tiempo Ordinario. Evangelio (Mateo 25, 1-13). 9 de noviembre 2014 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a 
diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran 
necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, 
las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a 
todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" 
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las 
necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las 
lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y 
nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el 
esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la 
puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero 
él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la 
hora.» 
¿Saber morir, o saber vivir? 
¿Qué es la muerte? Para los que no tienen fe, es el punto final, una puerta que se cierra. 
“Todo tiene arreglo menos la muerte”, dicen. En cambio, a la luz de la fe, la muerte es todo lo 
contrario: una puerta que se abre. Es la entrada al “banquete de bodas”, el paso a la Vida. 
Esta vida de aquí podrá ser larga o corta, alegre o desgraciada; pero nunca dejará de ser 
espera. 
¿Qué hacer, pues, ante la muerte? 
Unos, ya se sabe, se agarran con las dos manos a la vida; para sacarle jugo, para disfrutar a 
tope. Es lo más lógico, ya que piensan que no hay más vida que ésta. Palabras como renuncia, 
entrega, solidaridad… no tienen demasiado sentido para ellos. Estas personas, cuando la 
muerte les roza, o les llega, caen en la desesperación, en el dolor sin salida. 
Es otra, en cambio, la enseñanza de Jesús. Ante lo inevitable e inesperado de la muerte –“no 
sabéis el día ni la hora”-, nos dice una palabra clave: “¡Velad!”. 
¿Será entonces la nuestra una religión para aprender a morir? Así parecen entenderlo algunos. 
Por eso esperan a encender su lámpara cuando llegue el esposo; confiando en que alguien, si 
les falta el aceite, les prestará el suyo. Ante la incertidumbre de la hora y del día, buscan 
salidas de picaresca: un santo que les avise, o un “seguro” que les ponga a cubierto; o se 
limitan a pedir al Señor que la muerte no les “pille” en pecado. Como si con la muerte se 
pudiera jugar al escondite, o la vida cristiana se redujera a un golpe de suerte, a un “buen 
morir”. 
Muy al contrario, lo importante para un cristiano es saber vivir. Es cuidar que nunca nos falte 
el aceite de la fe, para que nuestra lámpara se mantenga siempre encendida. Es aprender a 
vivir a la manera de Jesús: amando, o sea, quemándose para dar luz. Y el que lucha y pide 
cada día su ración de fuerza para vivir así, no tiene por qué temer que la muerte “le coja” con 
la luz apagada. Sabe muy bien que esa luz no se paga por culpa de un golpe fortuito de 
viento; esa luz sólo acaba apagándose cuando, a lo largo de nuestra vida, hemos ido dejando 
que el amor se nos muera poco a poco, a fuerza de no alimentarlo. 
Esta es la “sabiduría” de la muerte. Os lo decimos de parte del Señor; para que, ante ella, “no 
os aflijáis como los hombres sin esperanza”. 
PARA TU REFLEXIÓN Y COLOQUIO: 
¿Es la fe para morir o para vivir cada día? 
¿En qué notas que la fe es para vivir cada día? 
Publicado por LMV en http://erealcala.blogspot.com por el Departamento de Jóvenes de Cáritas Diocesana de Alcalá de Henares.

VIVIR O MORIR

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    LA PALABRA ESVIDA Para ti… La vida que nace del Evangelio CÁRITAS DIOCESANA DE ALCALÁ DE HENARES XXXII Domingo Tiempo Ordinario. Evangelio (Mateo 25, 1-13). 9 de noviembre 2014 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.» ¿Saber morir, o saber vivir? ¿Qué es la muerte? Para los que no tienen fe, es el punto final, una puerta que se cierra. “Todo tiene arreglo menos la muerte”, dicen. En cambio, a la luz de la fe, la muerte es todo lo contrario: una puerta que se abre. Es la entrada al “banquete de bodas”, el paso a la Vida. Esta vida de aquí podrá ser larga o corta, alegre o desgraciada; pero nunca dejará de ser espera. ¿Qué hacer, pues, ante la muerte? Unos, ya se sabe, se agarran con las dos manos a la vida; para sacarle jugo, para disfrutar a tope. Es lo más lógico, ya que piensan que no hay más vida que ésta. Palabras como renuncia, entrega, solidaridad… no tienen demasiado sentido para ellos. Estas personas, cuando la muerte les roza, o les llega, caen en la desesperación, en el dolor sin salida. Es otra, en cambio, la enseñanza de Jesús. Ante lo inevitable e inesperado de la muerte –“no sabéis el día ni la hora”-, nos dice una palabra clave: “¡Velad!”. ¿Será entonces la nuestra una religión para aprender a morir? Así parecen entenderlo algunos. Por eso esperan a encender su lámpara cuando llegue el esposo; confiando en que alguien, si les falta el aceite, les prestará el suyo. Ante la incertidumbre de la hora y del día, buscan salidas de picaresca: un santo que les avise, o un “seguro” que les ponga a cubierto; o se limitan a pedir al Señor que la muerte no les “pille” en pecado. Como si con la muerte se pudiera jugar al escondite, o la vida cristiana se redujera a un golpe de suerte, a un “buen morir”. Muy al contrario, lo importante para un cristiano es saber vivir. Es cuidar que nunca nos falte el aceite de la fe, para que nuestra lámpara se mantenga siempre encendida. Es aprender a vivir a la manera de Jesús: amando, o sea, quemándose para dar luz. Y el que lucha y pide cada día su ración de fuerza para vivir así, no tiene por qué temer que la muerte “le coja” con la luz apagada. Sabe muy bien que esa luz no se paga por culpa de un golpe fortuito de viento; esa luz sólo acaba apagándose cuando, a lo largo de nuestra vida, hemos ido dejando que el amor se nos muera poco a poco, a fuerza de no alimentarlo. Esta es la “sabiduría” de la muerte. Os lo decimos de parte del Señor; para que, ante ella, “no os aflijáis como los hombres sin esperanza”. PARA TU REFLEXIÓN Y COLOQUIO: ¿Es la fe para morir o para vivir cada día? ¿En qué notas que la fe es para vivir cada día? Publicado por LMV en http://erealcala.blogspot.com por el Departamento de Jóvenes de Cáritas Diocesana de Alcalá de Henares.