La propuesta de permitir el voto a los jóvenes de 16 años ha cobrado impulso en varias ciudades, destacando su potencial para incorporar a los jóvenes en el proceso democrático y fomentar su implicación cívica. A pesar del apoyo de algunos líderes y partidos, la iniciativa enfrenta resistencia y ha sido históricamente rechazada en España por los principales partidos políticos. Se argumenta que permitir el voto a los 16 años podría beneficiar a la sociedad al reflejar mejor los intereses de los jóvenes y alentar su participación política activa.