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1.3. Memoria. C.E.O. Manuel de Falla.

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1.3. Memoria. C.E.O. Manuel de Falla.

  1. 1. MEMORIA DEL TALLER DE EXPRESIÓN PLÁSTICA CON MATERIALES ENCONTRADOS. C.E.O. "MANUEL DE FALLA" CURSO 1988 – 89 Luis J. Ferreira Se decidió que el taller se destinara a alumnas/os de Ciclo Medio y que se realizara durante dos horas semanales continuadas, a lo largo de un trimestre. Durante el curso trabajé, pues, con tres grupos de chicas/os escolarizados en los niveles de 3º, 4º y 5º de E.G.B., en una media de nueve sesiones con cada uno. Cada grupo estuvo formado por 18 alumnas/os, que optaron voluntariamente por realizar este taller, aunque hay que añadir que tenían la obligación de participar en uno de los diferentes talleres ofertados, y que se decidieron por este taller sin tener una idea mínimamente clara de lo que se iba a hacer. Aunque se organizara el taller de ese modo para ajustarlo a la dinámica de talleres del centro, considero que cada grupo era demasiado cuantioso y pocas las sesiones de trabajo que se realizaron con cada uno de ellos. Hubiera sido preferible haber trabajado con grupos menos numerosos (unos 10 alumnos/as por grupo), y durante periodos más largos o más sesiones (un curso, o de 20 a 30 sesiones de 2 horas con cada uno); de ese modo la experiencia hubiera sido más aprovechable e intensa, tanto para los alumnos como para mí. Como espacio físico utilicé un aula ordinaria, con su equipo de mobiliario convencional, que estaba habilitada para impartir clases y que se utilizó durante todo el curso para ese fin. Al comenzar cada sesión teníamos, pues, que "montar el taller" (introducir en ella los materiales y las herramientas, agrupar las mesas individuales por grupos, retirar las sillas y las mesas sobrantes, proteger las mesas con papel, etc.). Durante la sesión frecuentemente había que salir y entrar para cambiar materiales, o para procurarse otros diferentes a los que se estaban utilizando (ya que el almacén de materiales con que contábamos estaba en otro lugar), para lavar brochas, trapos, etc., para lavarse las manos, o para cambiar el agua de los cubos que usábamos con esos fines, para conseguir agua y utilizarla para la obtención de pinturas, etc.; había que cuidar de no producir demasiado ruido, ni siquiera con las herramientas, ya que en las aulas contiguas se estaban desarrollando simultáneamente otros talleres que requerían silencio (por ej. el taller de radio). Al finalizar la sesión teníamos que "desmontar el taller" (recoger los materiales, las herramientas y las obras acabadas o inacabadas, disponer las mesas y las sillas como estaban en principio y limpiar las mesas y el suelo), es decir, había que dejar la clase impecable para que al día siguiente pudiera estar en condiciones para su uso habitual o convencional. Lo propio hubiera sido haber contado solo para esta actividad con un aula taller aislada, dotada de varias mesas grandes, suficientemente altas y resistentes, de algunos bancos individuales altos para sentarse a las mesas en caso de necesidad, de 1 o 2 pilas con instalación de agua caliente y fría, de un espacio interior para almacenar ordenadamente los materiales (o de un cuarto adjunto) y de otro para colocar las obras no concluidas. También hubiera sido necesario haber contado con un panel abierto con las distintas herramientas dispuestas ordenadamente. Lo único aceptable que tenía el aula era luz natural y varias tomas eléctricas, así como su espaciosidad. 1
  2. 2. Como materiales se utilizaron desechos de distinto tipo y naturaleza, y algunos de origen natural. Es necesario consignar que los alumnos aportaron escasos materiales, y que en su mayoría los facilité yo. Podrían apuntarse como posibles causas de esta inhibición: 1. Insuficiente implicación, en general, por los alumnos en el taller, ya que la mayoría ignoraba su contenido cuando decidió hacerlo, y que el taller tenía una duración corta (un trimestre para cada grupo, que se cifró en 8, 9 o 10 sesiones de 2 horas cada una por semana, que se reducían a 1'30h.). 2. La procedencia del alumnado: zona rural diseminada, en la que no se producen tantos desechos como en otras más concentradas o urbanas, y en la que gran parte de ellos tienden a almacenarse en la propia vivienda. 3. El apuro por llevar desechos a la escuela, unido en ocasiones a la oposición de los padres. 4. El poder constatar los alumnos que aunque no aportaran materiales, se contaba con ellos en el taller y se podía trabajar. Los materiales fueron por lo general, pues, ofrecidos por mi. En ocasiones se les dio la posibilidad de que los escogieran, según sus intenciones, para trabajar con ellos, pero por lo general se los proponía yo para que compusieran con ellos a su gusto, o para que desarrollaran una idea sugerida por algún miembro del grupo o por mí, caso éste más frecuente. Pudo ser fácilmente constatable cómo en la medida en que se disponía de más cantidad y variedad de materiales, las obras eran más variadas y ricas, al tiempo que se ponía en juego más diversidad de técnicas de trabajo. Por otro lado, el tipo de materiales, sus dimensiones, así como el proyecto de composición y los espacios de exposición condicionaban bastante el tipo de obra. En cada actividad expresiva y en cada obra se pudieron considerar los siguientes aspectos: 1. Materiales de trabajo: - Propios de los alumnos. - Ofrecidos por mí: • Para ser escogidos por los alumnos y trabajar con ellos. • Para trabajar con los dados por mí. 2. Manipulación de los materiales: - Desarrollando con ellos, o a partir de ellos, la propia idea: creación. - Siguiendo una idea sugerida por mí o imitada: • desarrollo creativo de la idea: creación supeditada. • ejecución de la idea. 3. Realización: - De los propios proyectos, con materiales propios. - De los propios proyectos, con materiales ofrecidos. • Para ser escogidos por los alumnos y trabar con ellos. • Para trabajar con los materiales dados por mí. - De la idea sugerida o imitada, con materiales propios. • Desarrollo creativo de la idea: creación supeditada. • Ejecución de la idea. - De la idea por mí sugerida o imitada, con materiales ofrecidos. • Para ser escogidos por los alumnos y trabajar con ellos, desarrollando creativamente la idea. • Para ser escogidos por los alumnos y trabajar con ellos, ejecutando la idea. 2
  3. 3. • Para trabajar con los materiales dados, desarrollando creativamente la idea sugerida o imitada. • Para trabajar con los materiales ofrecidos, ejecutando la idea sugerida o imitada. La realización de las obras se hizo de dos modos fundamentales: 1. A partir de la idea originaria -propia de los alumnos o de otros autores- o de esa idea modificada, que surgía de la manipulación de materiales previos -propias u ofrecidos- o directamente de ellos sin mediar manipulación. 2. A partir de la idea previa a la tenencia de materiales, aunque pudiera modificarse al tener los materiales antes, durante o después de su manipulación. Los procedimientos seguidos en la realización de las obras fueron básicamente dos: 1. De lo concreto a lo abstracto: A partir de materiales concretos o de su manipulación se iba configurando una idea que normalmente se iba modificando, en mayor o menor medida, al realizar la obra: Materiales --- (manipulación) --- idea en transformación. 2. De lo abstracto a lo concreto: Partiendo de una idea o proyecto se procedía a su plasmación en contacto con los materiales; contacto que fácilmente podía ocasionar variaciones de la idea inicial. Idea --- materiales --- plasmación de la idea susceptible de modificaciones. En un principio plantee el taller de manera que los alumnos procedieran de lo concreto a lo abstracto y también en sentido inverso, según las posibilidades de cada cual, y que en la medida de lo posible lo hicieran con materiales propios y desarrollando las propias ideas, gustos, deseos o proyectos en definitiva; es decir, concebí el taller como medio de expresión creativa, libre, personal, en la medida de lo posible. Ya en las primeras sesiones constaté que en general no se mostraban muy capaces de crear por sí mismos, ni yo contaba con condiciones idóneas para estimular esa pretendida autosuficiencia en el ámbito puramente creativo (el grupo era demasiado numeroso, el espacio y su acondicionamiento inadecuados, se hacía necesario el control del uso de herramientas eléctricas, etc.), ni disponía de tiempo, ya que el número de sesiones era reducida; por otro lado, su aporte de materiales era muy insuficiente. Parecía evidente, pues, que la actividad creativa requería un aprendizaje y condiciones idóneas, o al menos las mínimas, para que ese aprendizaje pudiera efectuarse. Consecuentemente, en vistas de que las posibilidades de partir de los propios proyectos y materiales y de la propia expresión libre eran escasas, dado que no habían aprendido a hacerlo, opté enseguida por modificar la estrategia, intentando un mejor ajuste a nuestra realidad. Me veía obligado a hacer un trabajo dirigido, en menor o mayor medida; por consiguiente, ya no tan libre ni creativo, y mi nuevo planteamiento consistió en intervenir en cada caso cuando lo juzgase necesario, con el menor dirigismo posible. Es de suponer que con el desarrollo del taller, en la medida en que los alumnos hubieran ido realizando aprendizajes, el dirigismo hubiera ido disminuyendo y como contrapartida aumentando la expresión libre, pero este es un extremo que no pude constatar debido a la poca duración de cada taller. El taller no tuvo continuidad en cada grupo y por consiguiente no pudo haber seguimiento de su evolución. 3

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