La segunda epístola de Pablo a los corintios destaca su ministerio personal y las dificultades enfrentadas, defendiendo su autoridad apostólica y exhortando a la reconciliación con Dios. A través de un tono emocional, Pablo busca motivar a la iglesia a actuar con generosidad y rectitud, en contraste con los falsos maestros. La carta se divide en tres secciones: su autodefensa, la colecta para los santos de Judea y la respuesta a sus críticos, subrayando la importancia del testimonio personal en el ministerio.