La escultura gótica en España se caracterizó por una transición desde formas románicas más rígidas hacia un mayor naturalismo e humanización de las figuras. En el siglo XIII, catedrales como las de León, Burgos y Toledo mostraron temas marianos, escenas bíblicas y figuras con gestos y movimientos más realistas, aunque todavía hieráticos. Para el siglo XIV, las esculturas reflejaban emociones humanas y se alejaban de posturas simétricas.