El primer arte cristiano surgió en los últimos siglos del Imperio Romano cuando el cristianismo se desarrollaba y enfrentaba persecuciones. Era un arte clandestino con símbolos sencillos que luego se volvió el arte oficial del Imperio. Usó la arquitectura de basílicas romanas y mausoleos centralizados, y desarrolló iconografías en catacumbas, sarcófagos y lápidas para enseñar la fe a través de imágenes claras.