La Bolsa de Comercio de Santiago, establecida en 1840 y activa desde 1884, ha estructurado el mercado bursátil chileno al conectar oferentes y demandantes de fondos. Proporciona una plataforma para la transacción de valores, facilitando el flujo de capitales y la optimización de recursos. Su regulación y funcionamiento son esenciales para promover la transparencia y la equidad en el mercado financiero.