Breve ensayo sobre
la teoría de las ideas y la causalidad en Hume.
Por Marco Antonio Venegas Medrano.
La idea de causa y efecto no se descubre por la razón
sino por la experiencia.
---David Hume.
En las primeras páginas de su obra más madura Investigación sobre el
entendimiento humano1
, se viene a decir que en el hombre existen dos facultades
básicas: la percepción inmediata y la reflexión2
. La primera nos da impresiones
diferentes, mientras que la segunda está en condiciones de diferenciar lo distinto
que se nos da en aquellas impresiones. Ahora bien, además, la reflexión está en
condiciones de distinguir entre la forma en que se nos dan las impresiones y la
forma en que se nos dan las reflexiones. Las percepciones inmediatas se dan con
mucha fuerza y vivacidad, y pueden ser las sensaciones (impresiones de los
sentidos), las emociones y las pasiones. Las percepciones de la imaginación, por
el contrario, se nos presentan con más suavidad. A las primeras Hume las llama
impresiones, y a las segundas, ideas3
. Puede haber casos dudosos, como en la
fiebre, donde una idea se nos presenta con la fuerza violenta de la impresión, o en
el cansancio, donde una impresión parece tibia, como en un sueño. Pero es una
diferencia de fuerza y vivacidad. Nada más. Escomo un pie y su huella, un rostro y
su imagen en el espejo. Hume dice que unas se corresponden con otras. La idea
de rojo significa la impresión del rojo. Si queremos enseñar a alguien esta idea, lo
exponemos a esta impresión. Así, no podemos pensar lo que no hayamos sentido.
Ahora bien, según Hume “existe un principio de conexión entre los diversos
pensamientos o ideas de la mente”4
tal que las ideas siempre se puedan
relacionar entre sí de manera necesaria, ateniéndose a ese principio “universal”.
Hay, de hecho, sólo tres principios de conexión entre ideas: semejanza,
1
Investigación... Ediciones Istmo, Madrid, España, 2004.
2
Íbid, Sec. II, p. 54
3
Vid también , Tratado de la naturaleza humana, Parte I, Secc. I, p. 15, Edición de Porrúa, México DF, 1977.
4
Investigación... p. 67
contigüidad en el espacio y el tiempo y causa-efecto. Esta última es la de
causalidad de la cual sólo obtenemos por consideraciones empíricas y nunca
racionales1
.
La tradición filosófica racionalista consideró que la causalidad se adquiría
mediante ciertos principios estrictamente racionales de donde surgía dicha
conexión entre ideas. Sin embargo, Hume establece que “todo razonamiento no
consiste más en la comparación y en el descubrimiento de las relaciones
constantes o inconstantes que dos o más objetos mantienen entre sí”2
, donde
dicha comparación y descubrimiento de relaciones únicamente se logra por la idea
de causalidad, pues es ella la que nos asegura que existe una conexión intrínseca
entre un fenómeno pasado y uno que suponemos va a suceder en el futuro. La
causalidad contiene la consideración inseparable de la temporalidad. De tal
manera que la relación temporal de dos sucesos sólo tiene sentido por la
causalidad, aún cuando el razonamiento “vaya más allá de la experiencia”, ya que
la causalidad es la “única de las relaciones (conexiones de ideas) que puede ser
llevada más allá de los sentidos”3
.
Ahora bien, si las ideas son copias de impresiones, y éstas proceden al final
de cuentas de los sentidos, habrá que preguntar qué impresión es la causante de
la idea de causalidad. Esta conexión se da entre dos objetos, (unidos por
causalidad precisamente) de tal manera que hay por allí una conexión entre los
objetos mismos, pero que no es la de causalidad, que es lo que busca Hume. El
origen de la causalidad no puede estar en los rasgos accidentales de los objetos,
o sea, las cualidades de cada uno de ellos. Debe haber ---dice Hume--- una
relación necesaria entre ambos4
. No es la contigüidad y la semejanza, ni la
sucesión temporal, aunque dichas ideas son esenciales en la causalidad. La
necesidad de esa conexión debe establecerse atendiendo a dos consideraciones
primordiales, para poder llegar al origen de la causalidad5
a partir de alguna
1
Tratado, p. 55
2
Íbid, p. 57
3
Íbid, p. 58
4
Íbid, p. 59
5
De una vez digamos que el origen empírico de la causalidad va a estar dado por nuestros hábitos y
costumbres de ver que a partir de alguna situación particular A obtenemos ciertos resultados particulares B, de
tal manera que si hubiese esa situación particular A de nuevo ante nosotros, tendríamos la tentación de pensar
impresión sensible. Estas son: La necesidad de una causa como origen (génesis)
temporal; y razones para pensar que ciertas causas producen siempre ciertos
efectos.
La cuestión que propone Hume es crucial: ¿Es cierto que la máxima,
tradicionalmente supuesta como axioma indubitable, de que Todo lo que
comienza a existir debe tener una causa de su existencia, tiene un fundamento
racional? Hume propone 3 argumentos para demostrar que dicha máxima no ni
intuitivamente ni racionalmente obvia1
, sino que más bien “dicha opinión debe
necesariamente surgir de la observación y la experiencia”2
.
Ahora bien, ¿Cómo llegamos a suponer que algo concreto producirá un
efecto concreto? Ya se ha dicho que toda idea nace de alguna impresión directa a
los objetos. Y aunque Hume reconozca que “en cuanto a las impresiones que
surgen de los sentidos, su causa última es, en mi opinión, perfectamente
inexplicable por la razón humana y será siempre imposible decidir con certidumbre
si surgen inmediatamente del objeto o si son producidas por el poder creador del
espíritu o se derivan del autor de nuestro ser”3
; Hume da la pauta para establecer
la experiencia directa al mundo como fuente última de génesis de nuestra
comprensión de él [aunque no se sepa cómo]. La respuesta a esta pregunta
esencial, tiene que ver con la facultad de la imaginación y la memoria. Las ideas y
la impresiones sólo difieren por su fuerza y vivacidad, y la imaginación relaciona
las ideas de manera que el mundo tenga una textura coherente4
, al tiempo que la
memoria retiene dichas ideas con cierta fuerza y vivacidad (también) de modo
diferente a la imaginación. Esto es así que hay momentos en que “somos
incapaces de determinar si una imagen procede de la fantasía o la memoria
cuando no se presenta tan vivamente”5
. Pero como ya se ha dicho que la
que nuevamente va a suceder tal efecto particular B. Todo se resume a hábito y costumbre, de modo que el
futuro y las inferencias que hacemos de él, no son más que meras ilusiones de nuestra mente, pero jamás con
un fundamento racional último.
1
Uno contra Hobbes, Otro contra Clarke, y el tercero contra Locke. Íbid, p. 61 y 62.
2
Íbid, p. 63. o en Investigación, p.91. Allí dice: “El conocimiento de esta relación (de causa y efecto) no se
obtiene, en ningún caso, mediante razonamientos a priori; sino que nace completamente de la experiencia...”
3
Tratado, p. 64
4
Al punto de que para Hume la Historia y la literatura no sean esencialmente distintas entre sí. Vid.
Investigación Secc. III.
5
Tratado, p. 65
causalidad contiene esencialmente la conexión de contigüidad y la sucesión en el
tiempo, tendremos que, en ocasiones, cuando la memoria no puede retener las
impresiones directas de las ideas más vivas, éstas se van deteriorando y
perdiendo su fuerza. Así, la causalidad de un suceso, aunque proceda de la
experiencia, no podremos determinar a qué impresión se debe ni cómo es que la
conciencia establece el vínculo entre ambos datos. La consecuencia de todo esto
es que, según Hume, “la fuerza vivacidad de la percepción son tan solo las que
constituyen el primer acto del juicio y proporcionan el fundamento del
razonamiento que construimos sobre él cuando establecemos la relación de causa
y efecto”1
.
En efecto, cuando percibimos un objeto concreto, nuestra memoria
recuerda el dato de otro objeto similar en el tiempo pasado, de tal modo que hay
una conexión mental que vincula la impresión presente (fuerte y viva) con una idea
del pasado (más débil y menos viva), para inferir que va a suceder algo
[estableciendo así la conexión necesaria entre el pasado y el futuro, y la causa de
todo efecto]. Hay aquí una conexión necesaria que, por supuesto no depende de
las peculiaridades del objeto. Con ello, la causalidad sólo está dada por el hábito
de relacionar dos cosas en el tiempo, bajo la premisa de la suposición. Sólo eso.
Ante ello, la honestidad de nuestro autor es sorprendente. Sus palabras son: “no
sólo nuestra razón fracasa en el descubrimiento del último [fundamental] enlace de
causa y efecto, sino que aun después que la experiencia nos ha informado acerca
de su enlace constante es imposible para nosotros convencernos por la razón de
por qué debemos extender esta experiencia más allá de los casos particulares que
han caído bajo nuestra observación. Suponemos pero no somos jamás capaces
de probarlo. [...] No podemos penetrar en la razón del enlace”2
.
Entonces, racionalmente (¿acaso podremos hacerlo de otra manera?) no
podemos establecer un Arjé último de la causalidad en el entendimiento humano.
1
Íbid, p. 65.
2
Íbid, p. 68 y 69. Las cursivas son mías.

Causalidad en hume

  • 1.
    Breve ensayo sobre lateoría de las ideas y la causalidad en Hume. Por Marco Antonio Venegas Medrano. La idea de causa y efecto no se descubre por la razón sino por la experiencia. ---David Hume. En las primeras páginas de su obra más madura Investigación sobre el entendimiento humano1 , se viene a decir que en el hombre existen dos facultades básicas: la percepción inmediata y la reflexión2 . La primera nos da impresiones diferentes, mientras que la segunda está en condiciones de diferenciar lo distinto que se nos da en aquellas impresiones. Ahora bien, además, la reflexión está en condiciones de distinguir entre la forma en que se nos dan las impresiones y la forma en que se nos dan las reflexiones. Las percepciones inmediatas se dan con mucha fuerza y vivacidad, y pueden ser las sensaciones (impresiones de los sentidos), las emociones y las pasiones. Las percepciones de la imaginación, por el contrario, se nos presentan con más suavidad. A las primeras Hume las llama impresiones, y a las segundas, ideas3 . Puede haber casos dudosos, como en la fiebre, donde una idea se nos presenta con la fuerza violenta de la impresión, o en el cansancio, donde una impresión parece tibia, como en un sueño. Pero es una diferencia de fuerza y vivacidad. Nada más. Escomo un pie y su huella, un rostro y su imagen en el espejo. Hume dice que unas se corresponden con otras. La idea de rojo significa la impresión del rojo. Si queremos enseñar a alguien esta idea, lo exponemos a esta impresión. Así, no podemos pensar lo que no hayamos sentido. Ahora bien, según Hume “existe un principio de conexión entre los diversos pensamientos o ideas de la mente”4 tal que las ideas siempre se puedan relacionar entre sí de manera necesaria, ateniéndose a ese principio “universal”. Hay, de hecho, sólo tres principios de conexión entre ideas: semejanza, 1 Investigación... Ediciones Istmo, Madrid, España, 2004. 2 Íbid, Sec. II, p. 54 3 Vid también , Tratado de la naturaleza humana, Parte I, Secc. I, p. 15, Edición de Porrúa, México DF, 1977. 4 Investigación... p. 67
  • 2.
    contigüidad en elespacio y el tiempo y causa-efecto. Esta última es la de causalidad de la cual sólo obtenemos por consideraciones empíricas y nunca racionales1 . La tradición filosófica racionalista consideró que la causalidad se adquiría mediante ciertos principios estrictamente racionales de donde surgía dicha conexión entre ideas. Sin embargo, Hume establece que “todo razonamiento no consiste más en la comparación y en el descubrimiento de las relaciones constantes o inconstantes que dos o más objetos mantienen entre sí”2 , donde dicha comparación y descubrimiento de relaciones únicamente se logra por la idea de causalidad, pues es ella la que nos asegura que existe una conexión intrínseca entre un fenómeno pasado y uno que suponemos va a suceder en el futuro. La causalidad contiene la consideración inseparable de la temporalidad. De tal manera que la relación temporal de dos sucesos sólo tiene sentido por la causalidad, aún cuando el razonamiento “vaya más allá de la experiencia”, ya que la causalidad es la “única de las relaciones (conexiones de ideas) que puede ser llevada más allá de los sentidos”3 . Ahora bien, si las ideas son copias de impresiones, y éstas proceden al final de cuentas de los sentidos, habrá que preguntar qué impresión es la causante de la idea de causalidad. Esta conexión se da entre dos objetos, (unidos por causalidad precisamente) de tal manera que hay por allí una conexión entre los objetos mismos, pero que no es la de causalidad, que es lo que busca Hume. El origen de la causalidad no puede estar en los rasgos accidentales de los objetos, o sea, las cualidades de cada uno de ellos. Debe haber ---dice Hume--- una relación necesaria entre ambos4 . No es la contigüidad y la semejanza, ni la sucesión temporal, aunque dichas ideas son esenciales en la causalidad. La necesidad de esa conexión debe establecerse atendiendo a dos consideraciones primordiales, para poder llegar al origen de la causalidad5 a partir de alguna 1 Tratado, p. 55 2 Íbid, p. 57 3 Íbid, p. 58 4 Íbid, p. 59 5 De una vez digamos que el origen empírico de la causalidad va a estar dado por nuestros hábitos y costumbres de ver que a partir de alguna situación particular A obtenemos ciertos resultados particulares B, de tal manera que si hubiese esa situación particular A de nuevo ante nosotros, tendríamos la tentación de pensar
  • 3.
    impresión sensible. Estasson: La necesidad de una causa como origen (génesis) temporal; y razones para pensar que ciertas causas producen siempre ciertos efectos. La cuestión que propone Hume es crucial: ¿Es cierto que la máxima, tradicionalmente supuesta como axioma indubitable, de que Todo lo que comienza a existir debe tener una causa de su existencia, tiene un fundamento racional? Hume propone 3 argumentos para demostrar que dicha máxima no ni intuitivamente ni racionalmente obvia1 , sino que más bien “dicha opinión debe necesariamente surgir de la observación y la experiencia”2 . Ahora bien, ¿Cómo llegamos a suponer que algo concreto producirá un efecto concreto? Ya se ha dicho que toda idea nace de alguna impresión directa a los objetos. Y aunque Hume reconozca que “en cuanto a las impresiones que surgen de los sentidos, su causa última es, en mi opinión, perfectamente inexplicable por la razón humana y será siempre imposible decidir con certidumbre si surgen inmediatamente del objeto o si son producidas por el poder creador del espíritu o se derivan del autor de nuestro ser”3 ; Hume da la pauta para establecer la experiencia directa al mundo como fuente última de génesis de nuestra comprensión de él [aunque no se sepa cómo]. La respuesta a esta pregunta esencial, tiene que ver con la facultad de la imaginación y la memoria. Las ideas y la impresiones sólo difieren por su fuerza y vivacidad, y la imaginación relaciona las ideas de manera que el mundo tenga una textura coherente4 , al tiempo que la memoria retiene dichas ideas con cierta fuerza y vivacidad (también) de modo diferente a la imaginación. Esto es así que hay momentos en que “somos incapaces de determinar si una imagen procede de la fantasía o la memoria cuando no se presenta tan vivamente”5 . Pero como ya se ha dicho que la que nuevamente va a suceder tal efecto particular B. Todo se resume a hábito y costumbre, de modo que el futuro y las inferencias que hacemos de él, no son más que meras ilusiones de nuestra mente, pero jamás con un fundamento racional último. 1 Uno contra Hobbes, Otro contra Clarke, y el tercero contra Locke. Íbid, p. 61 y 62. 2 Íbid, p. 63. o en Investigación, p.91. Allí dice: “El conocimiento de esta relación (de causa y efecto) no se obtiene, en ningún caso, mediante razonamientos a priori; sino que nace completamente de la experiencia...” 3 Tratado, p. 64 4 Al punto de que para Hume la Historia y la literatura no sean esencialmente distintas entre sí. Vid. Investigación Secc. III. 5 Tratado, p. 65
  • 4.
    causalidad contiene esencialmentela conexión de contigüidad y la sucesión en el tiempo, tendremos que, en ocasiones, cuando la memoria no puede retener las impresiones directas de las ideas más vivas, éstas se van deteriorando y perdiendo su fuerza. Así, la causalidad de un suceso, aunque proceda de la experiencia, no podremos determinar a qué impresión se debe ni cómo es que la conciencia establece el vínculo entre ambos datos. La consecuencia de todo esto es que, según Hume, “la fuerza vivacidad de la percepción son tan solo las que constituyen el primer acto del juicio y proporcionan el fundamento del razonamiento que construimos sobre él cuando establecemos la relación de causa y efecto”1 . En efecto, cuando percibimos un objeto concreto, nuestra memoria recuerda el dato de otro objeto similar en el tiempo pasado, de tal modo que hay una conexión mental que vincula la impresión presente (fuerte y viva) con una idea del pasado (más débil y menos viva), para inferir que va a suceder algo [estableciendo así la conexión necesaria entre el pasado y el futuro, y la causa de todo efecto]. Hay aquí una conexión necesaria que, por supuesto no depende de las peculiaridades del objeto. Con ello, la causalidad sólo está dada por el hábito de relacionar dos cosas en el tiempo, bajo la premisa de la suposición. Sólo eso. Ante ello, la honestidad de nuestro autor es sorprendente. Sus palabras son: “no sólo nuestra razón fracasa en el descubrimiento del último [fundamental] enlace de causa y efecto, sino que aun después que la experiencia nos ha informado acerca de su enlace constante es imposible para nosotros convencernos por la razón de por qué debemos extender esta experiencia más allá de los casos particulares que han caído bajo nuestra observación. Suponemos pero no somos jamás capaces de probarlo. [...] No podemos penetrar en la razón del enlace”2 . Entonces, racionalmente (¿acaso podremos hacerlo de otra manera?) no podemos establecer un Arjé último de la causalidad en el entendimiento humano. 1 Íbid, p. 65. 2 Íbid, p. 68 y 69. Las cursivas son mías.