David Hume, figura clave del empirismo, argumenta que todas nuestras ideas provienen de percepciones obtenidas a través de la experiencia, diferenciando entre impresiones (sensaciones inmediatas) e ideas (copias difusas de impresiones). Hume clasifica las percepciones y establece leyes de asociación de ideas, explorando la relación entre causa y efecto, concluyendo que esta última no puede ser considerada necesaria, sino que surge de la habitualidad y la proyección mental. Su análisis lleva a cuestionar la validez de los juicios sobre el mundo, separándolos en relaciones de ideas, que son universales, y cuestiones de hecho, que son contingentes y verificables a través de la experiencia.