El primer capítulo de 'Ciudades para un pequeño planeta' aborda la fragilidad de la Tierra, enfatizando la necesidad de un equilibrio entre población, recursos y medio ambiente para la supervivencia. Se propone fomentar una cultura urbana ecológica a través de la tecnología de comunicaciones y la automatización, creando ciudades sostenibles que prioricen el capital natural. Además, se aboga por una mayor participación ciudadana y espacios urbanos abiertos que fomenten la comunidad, en lugar de un consumismo que aísla a los individuos.