FACULTAD DE EDUCACIÓN
METACOGNICIÓN Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA
PSP100
Serafini, T. 2012. ”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos.
Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100.
7. Las preguntas, el examen y la exposición en público
«¡Cada vez que me preguntan, me muero de miedo!»
Las presentaciones en clase, las preguntas y los exámenes son momentos importantes en la
vida del estudiante: gran parte de las evaluaciones, desde la escuela primaria hasta la
universidad, se realiza a través de exposiciones orales. Por otra parte, las pruebas escolares
no son más que un prólogo para otras ocasiones que se presenten en la vida: todos, quien
más, quien menos, se encuentran en algún momento en situación de tener que exponer sus
ideas en público, en contextos más o menos formales y más o menos difíciles. Docentes e
investigadores, pero también empresarios y comerciantes, afrontan diariamente la
experiencia de hablar en público; para ellos afrontar las pruebas orales es un buen
entrenamiento. El rendimiento de los estudiantes se ve muy influido por diversas variables
personales: en primer lugar hay que vencer la emoción y presentarse tranquilos y seguros
de sus posibilidades. Además es necesario conocer las «reglas del juego» que caracterizan a
las preguntas, los exámenes y las exposiciones en público. Por ejemplo, evitar escenas
mudas y dialogar con el maestro con la certeza de haber comprendido sus preguntas.
El conocimiento de los «trucos del oficio» puede contribuir a encauzar las energías de los
estudiantes en la dirección apropiada, y también a reducir las preocupaciones, a menudo
excesivas o injustificadas, de aquél que ha afrontado con seriedad la preparación. Luego se
dan algunos consejos acerca de cómo hablar en público; esta actividad es exigida en el
contexto Universitario en el momento de la presentación de informes en clase, por ejemplo,
al finalizar una investigación. Se identifican las diferencias entre exposición escrita y oral,
y se indica cómo utilizar recursos visuales en la presentación.
7.1. Vencer la emoción
Es normal un poco de ansiedad frente a las preguntas, sobre todo en los exámenes, y es
signo de tensión y deseo de éxito; pero una preocupación excesiva puede resultar nociva.
Algunas investigaciones han demostrado que los estudiantes universitarios más ansiosos
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tienden a tener notas más bajas y abandonan con mayor facilidad los estudios a causa de los
fracasos académicos (Pauk, 1984). La ansiedad se manifiesta a través de síntomas tales
como: manos frías o sudadas, balbuceos, dificultades para respirar y, a veces, incluso una
sensación de desmayo.
Frente a las preguntas o ante un examen hay estudiantes que sienten una ansiedad tal, que
intentan siempre postergar la prueba.
La mejor manera de superar la ansiedad es adquirir un buen método de estudio y afrontar
día a día los deberes propios de estudiante, sin posponerlos, haciéndose así cada vez más
consciente de la propia capacidad para enfrentarse a las preguntas (en la escuela) y al
examen (en la universidad), como un aspecto normal de la vida del estudiante. Como en
muchas otras situaciones de la vida es importante comenzar bien: algunos éxitos iniciales
permiten aumentar la confianza en sí mismos. No hay mucho que hacer con la ansiedad
propia de una escasa preparación (¡sólo un inconsciente puede no estar ansioso en ese
caso!), pero es posible dar algunas sugerencias para eliminar la sensación de no estar bien
preparados y el terror de los estudiantes que, aun teniendo la conciencia tranquila, no logran
juzgar el trabajo hecho de manera positiva y objetiva. Veámoslas.
a. Relajarse y respirar profundamente
A menudo, el stress se manifiesta también físicamente: los músculos se endurecen y la
respiración se produce superficialmente. Concentrándose es posible relajar los músculos
contraídos (de manera particular los hombros y las mandíbulas) y reactivar una respiración
profunda. Una respiración mejor lleva a una mejor oxigenación del cerebro, lo que a su vez
permite razonar y recordar mejor, eliminando el bloqueo debido a la emoción.
b. Construir una imagen positiva de sí
Se puede aprender gradualmente a controlar la ansiedad construyendo una imagen positiva
de sí mismo. Esta es una técnica usada por empresarios y oradores para exaltar las dotes de
su personalidad, aun cuando a menudo no se realiza conscientemente.
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c. Lanzarse
Hay que saber que el mejor entrenamiento contra el stress de las preguntas o el examen se
obtiene realizando muchos de ellos: los estudiantes universitarios saben bien que el stress
del examen se reduce con el hábito.
d. Aceptar la presencia «inevitable» de pruebas orales
Aun cuando el pensamiento pueda resultar desagradable, hay que convencerse de que no
existe manera de evitar las pruebas orales e ir preparado en la escuela; en otras palabras, no
cuenta sólo el aprender sino que hay que demostrar también que se ha aprendido. Resulta
oportuno considerar las pruebas orales como un medio para lograr los objetivos que uno se
ha propuesto: aprobar el año escolar y gozar de las merecidas vacaciones, o bien acercarse a
la meta del trabajo elegido.
7.2. Cómo afrontar las preguntas
Los maestros interrogan periódicamente a los estudiantes en la escuela no sólo para
verificar su aprendizaje sino también para darles la oportunidad de hablar frente al pequeño
auditorio que forma la clase. Las preguntas se desarrollan según dos tipologías principales
(a veces mezcladas): a través de secuencias de preguntas-respuestas específicas, y a través
de una extensa exposición de un tema. Para esta segunda tipología vale gran parte de las
sugerencias que se darán en la última sección de este capítulo: cómo presentar una
conferencia en público.
Hay estudiantes que, cuando contestan las preguntas que se les hacen, demuestran conocer
la materia, pero no están en condiciones de desarrollar un discurso propio durante más de
un minuto, aun en los umbrales de la madurez. Para hablar extensamente de modo fluido y
organizado es importante saber elaborar un temario de exposición y memorizarlo: no basta
con conocer todos los temas, es necesario también poseer una estrategia que nos permita
recordarlos uno después de otro. Este temario puede basarse en las fichas de síntesis y de
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preguntas/problemas preparadas en la fase de memorización. He aquí algunos consejos
prácticos para .responder a las preguntas:
a. Comprender la pregunta
En primer lugar hay que comprender bien la pregunta; frente a una duda, es mejor pedir
explicaciones antes que improvisar una respuesta, porque, por lo general, el maestro evalúa
como equivocada una respuesta fuera del tema. Frente a preguntas que se prestan a diversas
interpretaciones seria bueno plantear la respuesta poniendo en claro la interpretación que se
le ha dado (y también podría ser oportuno citar brevemente las otras interpretaciones, para
aclarar al que interroga la causa de la duda).
b. evitar la escena muda
Obviamente hay que evitar la llamada «escena muda», usando una estrategia de respuesta
que permita plantear la exposición sin necesidad de una larga pausa de reflexión. Un buen
método consiste en presentar en voz alta todos los razonamientos que permiten reconstruir
la respuesta. Por ejemplo, frente a una pregunta relacionada con la fecha de la «expedición
de los Mil»,* en lugar de una escena muda es correcto razonar en voz alta, diciendo que esa
expedición se desarrolla «antes de la proclamación del reino de Italia» y «después de la
segunda guerra de la independencia».
c. Iniciar la respuesta encuadrando el tema
Al comenzar a responder una pregunta es una buena costumbre encuadrar el objeto de la
pregunta en una oportuna clasificación o categoría (por ejemplo, «el romanticismo» es «un
movimiento literario del siglo xviii»). Se demuestra así al maestro que las respuestas dadas
no son «casuales» sino el resultado de un estudio sistemático. Por lo general es bueno no
prometer en las premisas lo que el estudiante no está en condiciones de mantener, pero
tampoco presentarse demasiado poco seguro.
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d. No olvidarse de responder
Finalmente, un consejo importante: después de una buena presentación de la respuesta hay
que responder efectivamente a tono, entrando de lleno en el problema planteado por el
docente, ya que no causa buena impresión aquél que se pierde en premisas que no están
dirigidas al problema principal; si el maestro nos concede cinco minutos para preparar la
respuesta, debemos evitar pasar todo el tiempo tratando temas secundarios. El riesgo es que
el docente pase a otro tema, estando íntimamente convencido de que el estudiante no sabe
responder.
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Cómo presentar una exposición en público
El orador que sube al escenario para presentar su exposición cumple sólo la última
operación del largo proceso de generación de su discurso. Una exposición obtiene mayor
consenso si el orador tiene una pronunciación clara y sin fuertes connotaciones dialectales,
si se expresa con vivacidad y humor manteniendo despierta la atención del público, si su
vestimenta y su aspecto le confieren prestigio y si está en condiciones de comportarse como
un actor con muchos recursos. El interés por la misma también depende de la importancia
de los resultados obtenidos en la investigación que la precede; por ejemplo, las conferencias
de Pons, Fleischmann y Jones sobre la fisión nuclear en frío, en abril de 1989, cortaron el
aliento a toda la comunidad científica debido a la enorme importancia de su contenido. Por
lo general, el éxito de una exposición está unido a la capacidad del orador para preparar la
intervención, para determinar a qué nivel plantear la conferencia para interesar al público y
resultar fácilmente comprensible, pero al mismo tiempo ofrecer informaciones útiles y
enriquecedoras (Bower, 1981), (Kenny, 1982), (Carnegie, 1977), (Perelman y Olbrechts-
Tyteca, 1982), (Jone, 1961), (Plebe, 1988), (Plebe y Emanuele, 1988), (Cialdini, 1989) y
(Kahane, 1980). 7.4.1. Diferencias entre exposición oral y escrita 9 Un buen texto escrito,
pronunciado sin variaciones, normalmente no genera una buena comunicación. Se
equivocan, por ejemplo, aquéllos que en un congreso se obstinan en leer el texto publicado
en las actas: lo escrito y lo oral siguen reglas diferentes. Veamos cinco reglas para elaborar
una exposición eficaz.
A. Presentar pocas ideas claras, mejor que muchas ideas de las que apenas se hace
mención.
Un escrito debe presentar las ideas de modo riguroso en un cuadro completo del problema.
Una exposición oral eficaz, en cambio, debe renunciar a lo pormenorizado para apuntar a la
selección de unas pocas ideas claras. Mientras en lo escrito es posible presentar largas y
complejas casuísticas que incluyan casos y sub casos, en una exposición oral es necesario
tener el coraje de elegir categorías efectivas que sean representativas y comprensibles en
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pocos minutos. Las ideas y los temas preseleccionados deben ser desarrollados y
ejemplificados en detalle.
B. Reforzar la comprensión mediante la repetición
Mientras un escrito debe presentar las ideas de modo exhaustivo y sin repeticiones, una
exposición oral debe contener redundancias explícitas que faciliten la elaboración de un
cuadro de las ideas y permitan recuperar las lagunas que se hayan formado en la
comprensión a causa de la normal intermitencia de la atención durante la audición. La
redundancia se obtiene, por ejemplo, repitiendo varias veces el tema principal de la
exposición, a ser posible desde diversas perspectivas. Una forma interesante es anunciar al
comienzo de la exposición un temario y mostrar luego, a medida que se avanza en la
presentación, el punto al que se ha llegado.
C. Traer a colación ejemplos y experiencias concretas antes de cada afirmación
En un escrito es posible desarrollar una idea según dos estrategias: exponiendo primero
una afirmación y agregando luego elementos de soporte; o bien partiendo de los elementos
concretos, de los ejemplos, de las experiencias del autor o de personas conocidas, para
pasar luego a las afirmaciones generales. Para mantener despierta la atención de los oyentes
durante una exposición oral es importante seguir preferentemente la segunda estrategia:
esto se debe a la mayor facilidad para seguir una aproximación inductiva durante un
examen oral.
D. Utilizar una forma y un estilo coloquiales
Los oradores que usan frases simples son seguidos con más facilidad que aquéllos que usan
períodos sintácticamente complicados y faltos de pausas y expresiones cotidianas.
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E. Iniciar la exposición con argumentos efectivos, a fin de captar la atención de los
oyentes
Mientras que un lector puede ser atraído durante el desarrollo de una lectura, en una
exposición oral gran parte del desafío se juega durante las primeras frases: el oyente
inmediatamente atraído e interesado sintoniza con el orador, manteniendo abierto el canal
de la atención y poniéndose en una posición de disponibilidad, apertura y simpatía frente a
los temas tratados. Por el contrario, es fácil perder toda confianza por parte del oyente; si el
comienzo de la exposición es poco válido, se instaura un clima de frialdad que se mantiene
durante toda la exposición.
F. Concluir una exposición volviendo a afirmar sus puntos principales
Al finalizar una exposición resulta oportuno volver a recorrer brevemente los temas
tratados, deteniéndonos sobre sus aspectos más significativos. Un profesional de la
comunicación elabora la conclusión de su exposición p. también teniendo en cuenta las
reacciones del público y su propio carácter. Por ejemplo, frente a un tema que ha suscitado
discusiones, un orador polémico retomará los conceptos más controvertidos para reforzar su
posición, mientras que un orador que quiera evitar un disenso demasiado violento preferirá
concluir la exposición sin tocarlos. Sin embargo, es útil finalizar una exposición con una
frase efectista, que vuelva a despertar la atención del público.
G. Estimular y aceptar de buen grado las preguntas del público
Especialmente en contextos informales, los oradores deberían, en lo posible, estimular
preguntas, utilísimas para «romper el hielo» y entablar relaciones de comunicación más
directa con el público. A menudo, los oradores que hacen sus primeros pinitos temen a las
preguntas porque son poco previsibles, y buscan por todos los medios evitarlas (por
ejemplo, hablando todo el tiempo que tienen a su disposición). En cambio, el éxito de una
exposición oral se puede medir a menudo por la cantidad y calidad de las preguntas finales.
Dentro del tema tratado, el orador debe sentirse al menos con la misma autoridad que aquél
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que hace las preguntas, y entonces debe plantear sus respuestas con la suficiente
tranquilidad. Frente a una pregunta que revela un error en la exposición o un tema no
tratado, es además una buena norma no obstinarse en defender posiciones evidentemente
débiles, sino intentar desviar la atención del interlocutor hacia otros aspectos.

Cómo se estudia

  • 1.
    FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓNY FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 Serafini, T. 2012. ”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. 7. Las preguntas, el examen y la exposición en público «¡Cada vez que me preguntan, me muero de miedo!» Las presentaciones en clase, las preguntas y los exámenes son momentos importantes en la vida del estudiante: gran parte de las evaluaciones, desde la escuela primaria hasta la universidad, se realiza a través de exposiciones orales. Por otra parte, las pruebas escolares no son más que un prólogo para otras ocasiones que se presenten en la vida: todos, quien más, quien menos, se encuentran en algún momento en situación de tener que exponer sus ideas en público, en contextos más o menos formales y más o menos difíciles. Docentes e investigadores, pero también empresarios y comerciantes, afrontan diariamente la experiencia de hablar en público; para ellos afrontar las pruebas orales es un buen entrenamiento. El rendimiento de los estudiantes se ve muy influido por diversas variables personales: en primer lugar hay que vencer la emoción y presentarse tranquilos y seguros de sus posibilidades. Además es necesario conocer las «reglas del juego» que caracterizan a las preguntas, los exámenes y las exposiciones en público. Por ejemplo, evitar escenas mudas y dialogar con el maestro con la certeza de haber comprendido sus preguntas. El conocimiento de los «trucos del oficio» puede contribuir a encauzar las energías de los estudiantes en la dirección apropiada, y también a reducir las preocupaciones, a menudo excesivas o injustificadas, de aquél que ha afrontado con seriedad la preparación. Luego se dan algunos consejos acerca de cómo hablar en público; esta actividad es exigida en el contexto Universitario en el momento de la presentación de informes en clase, por ejemplo, al finalizar una investigación. Se identifican las diferencias entre exposición escrita y oral, y se indica cómo utilizar recursos visuales en la presentación. 7.1. Vencer la emoción Es normal un poco de ansiedad frente a las preguntas, sobre todo en los exámenes, y es signo de tensión y deseo de éxito; pero una preocupación excesiva puede resultar nociva. Algunas investigaciones han demostrado que los estudiantes universitarios más ansiosos
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    FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓNY FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 Serafini, T. 2012. ”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. tienden a tener notas más bajas y abandonan con mayor facilidad los estudios a causa de los fracasos académicos (Pauk, 1984). La ansiedad se manifiesta a través de síntomas tales como: manos frías o sudadas, balbuceos, dificultades para respirar y, a veces, incluso una sensación de desmayo. Frente a las preguntas o ante un examen hay estudiantes que sienten una ansiedad tal, que intentan siempre postergar la prueba. La mejor manera de superar la ansiedad es adquirir un buen método de estudio y afrontar día a día los deberes propios de estudiante, sin posponerlos, haciéndose así cada vez más consciente de la propia capacidad para enfrentarse a las preguntas (en la escuela) y al examen (en la universidad), como un aspecto normal de la vida del estudiante. Como en muchas otras situaciones de la vida es importante comenzar bien: algunos éxitos iniciales permiten aumentar la confianza en sí mismos. No hay mucho que hacer con la ansiedad propia de una escasa preparación (¡sólo un inconsciente puede no estar ansioso en ese caso!), pero es posible dar algunas sugerencias para eliminar la sensación de no estar bien preparados y el terror de los estudiantes que, aun teniendo la conciencia tranquila, no logran juzgar el trabajo hecho de manera positiva y objetiva. Veámoslas. a. Relajarse y respirar profundamente A menudo, el stress se manifiesta también físicamente: los músculos se endurecen y la respiración se produce superficialmente. Concentrándose es posible relajar los músculos contraídos (de manera particular los hombros y las mandíbulas) y reactivar una respiración profunda. Una respiración mejor lleva a una mejor oxigenación del cerebro, lo que a su vez permite razonar y recordar mejor, eliminando el bloqueo debido a la emoción. b. Construir una imagen positiva de sí Se puede aprender gradualmente a controlar la ansiedad construyendo una imagen positiva de sí mismo. Esta es una técnica usada por empresarios y oradores para exaltar las dotes de su personalidad, aun cuando a menudo no se realiza conscientemente.
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    Serafini, T. 2012.”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓN Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 c. Lanzarse Hay que saber que el mejor entrenamiento contra el stress de las preguntas o el examen se obtiene realizando muchos de ellos: los estudiantes universitarios saben bien que el stress del examen se reduce con el hábito. d. Aceptar la presencia «inevitable» de pruebas orales Aun cuando el pensamiento pueda resultar desagradable, hay que convencerse de que no existe manera de evitar las pruebas orales e ir preparado en la escuela; en otras palabras, no cuenta sólo el aprender sino que hay que demostrar también que se ha aprendido. Resulta oportuno considerar las pruebas orales como un medio para lograr los objetivos que uno se ha propuesto: aprobar el año escolar y gozar de las merecidas vacaciones, o bien acercarse a la meta del trabajo elegido. 7.2. Cómo afrontar las preguntas Los maestros interrogan periódicamente a los estudiantes en la escuela no sólo para verificar su aprendizaje sino también para darles la oportunidad de hablar frente al pequeño auditorio que forma la clase. Las preguntas se desarrollan según dos tipologías principales (a veces mezcladas): a través de secuencias de preguntas-respuestas específicas, y a través de una extensa exposición de un tema. Para esta segunda tipología vale gran parte de las sugerencias que se darán en la última sección de este capítulo: cómo presentar una conferencia en público. Hay estudiantes que, cuando contestan las preguntas que se les hacen, demuestran conocer la materia, pero no están en condiciones de desarrollar un discurso propio durante más de un minuto, aun en los umbrales de la madurez. Para hablar extensamente de modo fluido y organizado es importante saber elaborar un temario de exposición y memorizarlo: no basta con conocer todos los temas, es necesario también poseer una estrategia que nos permita recordarlos uno después de otro. Este temario puede basarse en las fichas de síntesis y de
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    Serafini, T. 2012.”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓN Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 preguntas/problemas preparadas en la fase de memorización. He aquí algunos consejos prácticos para .responder a las preguntas: a. Comprender la pregunta En primer lugar hay que comprender bien la pregunta; frente a una duda, es mejor pedir explicaciones antes que improvisar una respuesta, porque, por lo general, el maestro evalúa como equivocada una respuesta fuera del tema. Frente a preguntas que se prestan a diversas interpretaciones seria bueno plantear la respuesta poniendo en claro la interpretación que se le ha dado (y también podría ser oportuno citar brevemente las otras interpretaciones, para aclarar al que interroga la causa de la duda). b. evitar la escena muda Obviamente hay que evitar la llamada «escena muda», usando una estrategia de respuesta que permita plantear la exposición sin necesidad de una larga pausa de reflexión. Un buen método consiste en presentar en voz alta todos los razonamientos que permiten reconstruir la respuesta. Por ejemplo, frente a una pregunta relacionada con la fecha de la «expedición de los Mil»,* en lugar de una escena muda es correcto razonar en voz alta, diciendo que esa expedición se desarrolla «antes de la proclamación del reino de Italia» y «después de la segunda guerra de la independencia». c. Iniciar la respuesta encuadrando el tema Al comenzar a responder una pregunta es una buena costumbre encuadrar el objeto de la pregunta en una oportuna clasificación o categoría (por ejemplo, «el romanticismo» es «un movimiento literario del siglo xviii»). Se demuestra así al maestro que las respuestas dadas no son «casuales» sino el resultado de un estudio sistemático. Por lo general es bueno no prometer en las premisas lo que el estudiante no está en condiciones de mantener, pero tampoco presentarse demasiado poco seguro.
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    Serafini, T. 2012.”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓN Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 d. No olvidarse de responder Finalmente, un consejo importante: después de una buena presentación de la respuesta hay que responder efectivamente a tono, entrando de lleno en el problema planteado por el docente, ya que no causa buena impresión aquél que se pierde en premisas que no están dirigidas al problema principal; si el maestro nos concede cinco minutos para preparar la respuesta, debemos evitar pasar todo el tiempo tratando temas secundarios. El riesgo es que el docente pase a otro tema, estando íntimamente convencido de que el estudiante no sabe responder.
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    Serafini, T. 2012.”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓN Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 Cómo presentar una exposición en público El orador que sube al escenario para presentar su exposición cumple sólo la última operación del largo proceso de generación de su discurso. Una exposición obtiene mayor consenso si el orador tiene una pronunciación clara y sin fuertes connotaciones dialectales, si se expresa con vivacidad y humor manteniendo despierta la atención del público, si su vestimenta y su aspecto le confieren prestigio y si está en condiciones de comportarse como un actor con muchos recursos. El interés por la misma también depende de la importancia de los resultados obtenidos en la investigación que la precede; por ejemplo, las conferencias de Pons, Fleischmann y Jones sobre la fisión nuclear en frío, en abril de 1989, cortaron el aliento a toda la comunidad científica debido a la enorme importancia de su contenido. Por lo general, el éxito de una exposición está unido a la capacidad del orador para preparar la intervención, para determinar a qué nivel plantear la conferencia para interesar al público y resultar fácilmente comprensible, pero al mismo tiempo ofrecer informaciones útiles y enriquecedoras (Bower, 1981), (Kenny, 1982), (Carnegie, 1977), (Perelman y Olbrechts- Tyteca, 1982), (Jone, 1961), (Plebe, 1988), (Plebe y Emanuele, 1988), (Cialdini, 1989) y (Kahane, 1980). 7.4.1. Diferencias entre exposición oral y escrita 9 Un buen texto escrito, pronunciado sin variaciones, normalmente no genera una buena comunicación. Se equivocan, por ejemplo, aquéllos que en un congreso se obstinan en leer el texto publicado en las actas: lo escrito y lo oral siguen reglas diferentes. Veamos cinco reglas para elaborar una exposición eficaz. A. Presentar pocas ideas claras, mejor que muchas ideas de las que apenas se hace mención. Un escrito debe presentar las ideas de modo riguroso en un cuadro completo del problema. Una exposición oral eficaz, en cambio, debe renunciar a lo pormenorizado para apuntar a la selección de unas pocas ideas claras. Mientras en lo escrito es posible presentar largas y complejas casuísticas que incluyan casos y sub casos, en una exposición oral es necesario tener el coraje de elegir categorías efectivas que sean representativas y comprensibles en
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    Serafini, T. 2012.”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓN Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 pocos minutos. Las ideas y los temas preseleccionados deben ser desarrollados y ejemplificados en detalle. B. Reforzar la comprensión mediante la repetición Mientras un escrito debe presentar las ideas de modo exhaustivo y sin repeticiones, una exposición oral debe contener redundancias explícitas que faciliten la elaboración de un cuadro de las ideas y permitan recuperar las lagunas que se hayan formado en la comprensión a causa de la normal intermitencia de la atención durante la audición. La redundancia se obtiene, por ejemplo, repitiendo varias veces el tema principal de la exposición, a ser posible desde diversas perspectivas. Una forma interesante es anunciar al comienzo de la exposición un temario y mostrar luego, a medida que se avanza en la presentación, el punto al que se ha llegado. C. Traer a colación ejemplos y experiencias concretas antes de cada afirmación En un escrito es posible desarrollar una idea según dos estrategias: exponiendo primero una afirmación y agregando luego elementos de soporte; o bien partiendo de los elementos concretos, de los ejemplos, de las experiencias del autor o de personas conocidas, para pasar luego a las afirmaciones generales. Para mantener despierta la atención de los oyentes durante una exposición oral es importante seguir preferentemente la segunda estrategia: esto se debe a la mayor facilidad para seguir una aproximación inductiva durante un examen oral. D. Utilizar una forma y un estilo coloquiales Los oradores que usan frases simples son seguidos con más facilidad que aquéllos que usan períodos sintácticamente complicados y faltos de pausas y expresiones cotidianas.
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    Serafini, T. 2012.”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓN Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 E. Iniciar la exposición con argumentos efectivos, a fin de captar la atención de los oyentes Mientras que un lector puede ser atraído durante el desarrollo de una lectura, en una exposición oral gran parte del desafío se juega durante las primeras frases: el oyente inmediatamente atraído e interesado sintoniza con el orador, manteniendo abierto el canal de la atención y poniéndose en una posición de disponibilidad, apertura y simpatía frente a los temas tratados. Por el contrario, es fácil perder toda confianza por parte del oyente; si el comienzo de la exposición es poco válido, se instaura un clima de frialdad que se mantiene durante toda la exposición. F. Concluir una exposición volviendo a afirmar sus puntos principales Al finalizar una exposición resulta oportuno volver a recorrer brevemente los temas tratados, deteniéndonos sobre sus aspectos más significativos. Un profesional de la comunicación elabora la conclusión de su exposición p. también teniendo en cuenta las reacciones del público y su propio carácter. Por ejemplo, frente a un tema que ha suscitado discusiones, un orador polémico retomará los conceptos más controvertidos para reforzar su posición, mientras que un orador que quiera evitar un disenso demasiado violento preferirá concluir la exposición sin tocarlos. Sin embargo, es útil finalizar una exposición con una frase efectista, que vuelva a despertar la atención del público. G. Estimular y aceptar de buen grado las preguntas del público Especialmente en contextos informales, los oradores deberían, en lo posible, estimular preguntas, utilísimas para «romper el hielo» y entablar relaciones de comunicación más directa con el público. A menudo, los oradores que hacen sus primeros pinitos temen a las preguntas porque son poco previsibles, y buscan por todos los medios evitarlas (por ejemplo, hablando todo el tiempo que tienen a su disposición). En cambio, el éxito de una exposición oral se puede medir a menudo por la cantidad y calidad de las preguntas finales. Dentro del tema tratado, el orador debe sentirse al menos con la misma autoridad que aquél
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    Serafini, T. 2012.”Cómo se estudia. La enseñanza del trabajo intelectual”. Buenos Aíres: Editorial Paidos. Páginas 123-137. Material adaptado por profesor Christian San Martin, PSP100. FACULTAD DE EDUCACIÓN METACOGNICIÓN Y FORMACIÓN UNIVERSITARIA PSP100 que hace las preguntas, y entonces debe plantear sus respuestas con la suficiente tranquilidad. Frente a una pregunta que revela un error en la exposición o un tema no tratado, es además una buena norma no obstinarse en defender posiciones evidentemente débiles, sino intentar desviar la atención del interlocutor hacia otros aspectos.