La educación chilena enfrenta una crisis por el bajo aporte estatal a la educación superior, lo que obliga a los estudiantes a autofinanciarse con altos créditos y aranceles. La dictadura académica limita la participación en la administración de recursos, y los jóvenes se están organizando para movilizarse y exigir un sistema educativo equitativo y gratuito. La unión de federaciones estudiantiles es fundamental para promover la democracia y fiscalizar al gobierno universitario.