Santo Tomás de Aquino creía que el alma es el principio de vida del ser humano y está compuesta de tres potencias: vegetativa, sensitiva y racional. El alma racional es inmortal e incluye la mente y la voluntad, mientras que el cuerpo es el instrumento del alma y depende de ella para funcionar. Juntos, el alma y el cuerpo forman al ser humano, aunque el alma es la parte más importante porque es lo que nos permite pensar y razonar.