El Concordato de 1851 estableció que la religión católica continuaría siendo la única religión de España y se conservaría en todos los territorios españoles con todos sus derechos y prerrogativas. Además, la instrucción en universidades, colegios y escuelas sería conforme a la doctrina católica y el gobierno español apoyaría a los obispos para oponerse a intentos de pervertir a los fieles o corromper las costumbres. Finalmente, la Iglesia podría adquirir propied