La población española creció de 10,5 millones en 1797 a 18,6 millones en 1900, un aumento del 80% en un siglo. Sin embargo, la tasa de mortalidad se mantuvo alta durante todo el siglo XIX debido a las malas condiciones sanitarias, crisis alimentarias y epidemias frecuentes. A pesar de esto, la natalidad también fue elevada, lo que permitió el crecimiento de la población.