El documento describe el crecimiento del prestigio de la imagen de la Virgen de Consolación en América a partir del milagro de la lámpara de aceite de 1558 y cómo su popularidad se expandió a lo largo del siglo XVII, siendo reconocida como patrona de localidades como Utrera. Además, destaca el patrocinio del conde-duque de Olivares, quien proporcionó apoyo político y cultural al santuario, lo que favoreció su desarrollo y la ampliación del culto. A medida que la devoción creció, también lo hizo la actividad comercial y festiva en el entorno del santuario, consolidando su relevancia en la cultura religiosa española.